S?bado, 21 de mayo de 2011
Testimonio personal del P. Evaristo Sada, L.C., en el Encuentro de Juventud y Familia de M?xico (2010), sobre la situaci?n actual de los Legionarios de Cristo
?
?C?mo caminar sobre agua sin hundirse?
?C?mo caminar sobre agua sin hundirse?
M?xico, 20 de febrero de 2010. En el marco del Encuentro de Juventud y Familia que se lleva a cabo en la Ciudad de M?xico, el P. Evaristo Sada, L.C., secretario general de la Congregaci?n de los Legionarios de Cristo y del Regnum Christi, ofreci? el siguiente testimonio personal donde comenta su experiencia sacerdotal durante este momento concreto en que atraviesa la Legi?n de Cristo. Semejantes intervenciones han sido impartidas ya por el padre en otros lugares.

Agradezco mucho a la Sra. Inmacul?e Llibagiza su testimonio. Nos ha dado una grande y hermosa lecci?n de fe y misericordia. Cuando uno escucha cosas as?, cuando ve a las personas con tanto sufrimiento f?sico y moral en lugares como Hait?, uno dice: realmente, lo que yo he sufrido es relativo.

Estamos en el a?o sacerdotal, me pidieron un testimonio que afrontara el tema del sacerdocio y de c?mo estoy viviendo la situaci?n actual de la Legi?n de Cristo y el Regnum Christi. Preparando el testimonio fui a que me cortaran el pelo. El hermano peluquero se extra?? y me pregunt?: Padre ?de verdad lo necesita? Le expliqu? que es un recurso sicol?gico para mantener la autoestima?: a?n me cortan el pelo. Mientras ?l hac?a ruido con las tijeras como si estuviera cortando algo, me encontr? delante esta pintura de Rembrandt (Jes?s que calma la tormenta) y dije: esto me sirve, all? est? todo.

Pero antes de comentar la pintura, voy a leerles una escena de la vida de Cristo que sucedi? tambi?n en una barca.

Mt 14,22-34

Inmediatamente oblig? a los disc?pulos a subir a la barca y a ir por delante de ?l a la otra orilla, mientras ?l desped?a a la gente. Despu?s de despedir a la gente, subi? al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo all?. La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. Y a la cuarta vigilia de la noche vino ?l hacia ellos, caminando sobre el mar. Los disc?pulos, vi?ndole caminar sobre el mar, se turbaron y dec?an: ?Es un fantasma?, y de miedo se pusieron a gritar. Pero al instante les habl? Jes?s diciendo: ??Animo!, que soy yo; no tem?is?. Pedro le respondi?: ?Se?or, si eres t?, m?ndame ir donde ti sobre las aguas?. ??Ven!?, le dijo. Baj? Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jes?s. Pero, viendo la violencia del viento, le entr? miedo y, como comenzara a hundirse, grit?: ??Se?or, s?lvame!? Al punto Jes?s, tendiendo la mano, le agarr? y le dice: ?Hombre de poca fe, ?por qu? dudaste?? Subieron a la barca y amain? el viento. Y los que estaban en la barca se postraron ante ?l diciendo: ?Verdaderamente eres Hijo de Dios?. Terminada la traves?a, llegaron a tierra en Genesaret. (Mt 14,22-34)

Este pasaje refleja muy bien la vocaci?n sacerdotal. Normalmente el sacerdote escucha las confidencias de las personas. Hoy un sacerdote les va a abrir su intimidad. M?s que dar doctrina y consejos, creo que es mejor abrir el coraz?n y compartir la propia experiencia de vida. Lo hago porque me siento en familia con ustedes.

El sacerdocio encierra un misterio

Jes?s est? sobre el agua y le dice a Pedro: ?Ven?. Es un eco de aqu?l: ?Ven y s?gueme?. Ir hacia Jes?s significa ser su disc?pulo. Ser como ?l. Hacer las cosas que ?l hace. En este caso significa caminar sobre agua. Jes?s pide a Pedro algo sobrehumano. Pedro dud?. Claro que dud?, pero no de Jes?s, sino de s? mismo. Como sacerdote conoces tu miseria y tus limitaciones. Eres un hombre como los dem?s. Cristo espera de ti que seas como ?l, que le representes. Las personas esperan de ti que seas como Cristo. Y t? sabes bien que eso te desborda, te excede. Las personas vienen a ti para conocer la voz de Dios, para recibir el perd?n de Jes?s. No puedes defraudarlos. Tienes que aprender a convivir con esta paradoja en tu interior y en tu conciencia. Caminar sobre las aguas sin hundirte. Pasas a ser parte de ese misterio en el que siempre has cre?do y delante del cual te has arrodillado toda tu vida. El sacerdocio es algo grande, encierra un misterio de amistad y de confianza entre Dios y ese hombre que ?l eligi?.

La vocaci?n sacerdotal est? llena de contrastes:

- En algunos lugares vas por la calle y te escupen, algunas veces te desprecian. A la vuelta de la esquina te dicen: ?Padre, usted es Cristo en persona para m?.
- Te levantas sinti?ndote muy limitado, sin capacidad para tantas cosas. Y a los pocos minutos est?s celebrando misa y diciendo: ?Esto es mi cuerpo que ser? entregado por vosotros?. Y m?s tarde: ?Yo te absuelvo de tus pecados??.
- Conoces tu miseria y que no eres siempre virtuoso. Y a la vez debes predicar el evangelio aunque a veces t? lo vives de manera tan imperfecta.
- Est?s emocionalmente deshecho por dentro, y tienes que consolar y sostener a los dem?s.
- No tienes fuerzas, sientes que no puedes. Y tienes que dar testimonio de que la fortaleza viene de la fe.
- Est?s humanamente solo, o te parece que Dios se te ha escondido. Y debes acompa?ar a las almas y asegurarles que la estrella est? all? aunque no la vean.
- Experimentas una necesidad urgente de soledad, de m?s oraci?n y tu ministerio no te lo permite. La gente est? hambrienta y t? tienes que llevarles pan. No tienes tiempo?

Y en medio de estos contrastes experimentas la fuerza de Dios, ves que ?l obtiene frutos que son desproporcionados a tus posibilidades. Una y otra vez constatas con toda claridad: Dios actu?, se vali? de m?, pero eso no es m?o Y nosotros creemos: eso no es obra de un hombre, es
obra de Dios. Te sientes como ese barro con el que Jes?s cur? al ciego. Barro hecho con saliva y tierra.

El sacerdocio es felicidad

Todo esto es duro. Pero no tiene precio saber que sin merecerlo eres amigo de Dios. Que ?l pens? en ti. Que te tiene tanta confianza. Cuando entras al confesonario, constatas la debilidad y miseria del ser humano, y te das cuenta de c?mo Jes?s toma posesi?n de tus sentimientos y sientes verdadera compasi?n y misericordia, y le transmites como puedes el gran amor que Dios le tiene. Y las personas se van liberadas, en paz. Absuelves a un moribundo y despu?s de darle los sacramentos muere en tus brazos. Abrazas a un joven sin esperanza, o miras a una chica deprimida y encuentra en tu mirada y en tu actitud que Dios la ama as? como es.

En un viaje de avi?n se sent? junto a m? un hombre que me dijo que era pensador y que ten?a inter?s en compartir conmigo su filosof?a de la vida. Comenz? narrando lo que para ?l hab?a sido el inicio del universo: ?Todo comenz? con una gran energ?a que explot? y de all? se produjo el universo, los astros, la tierra, los animales, el hombre? Pero la energ?a se detuvo ante el ser humano, pues result? con libertad y la libertad no pod?a violentarla?. Una vez que desentra?? su teor?a le dije que yo pensaba un poco como ?l? Que yo cre?a que efectivamente el universo hab?a comenzado por una gran explosi?n, una explosi?n de amor: el amor de Dios se desbord? y por amor cre? el universo, los astros, la tierra, toda la creaci?n, y el ser humano. Al hombre lo am? tanto que lo hizo a su imagen y semejanza: lo hizo libre. Y al hacerlo libre lo respet? y esper? de ?l que le reconociera como su Creador y le diera una respuesta de amor al Amor con que ?l lo hab?a creado. Le pregunt? si ?l hablaba con la energ?a. Me respondi? que no, que la energ?a merec?a respeto. Yo le dije que a lo que ?l llamaba energ?a, para m? es un Padre. Y como un hijo habla con su padre, as? hablaba yo con ?l. Y ese era el trato que ten?amos entre nosotros, de Padre a hijo, de hijo a Padre. A lo largo del d?a me acordaba de ?l, le ped?a consejo, le ofrec?a mi trabajo, y ?l estaba siempre presente, a mi lado, trat?ndome con ese mismo amor y misericordia con que me hab?a creado. En ese momento mi compa?ero de viaje me dijo: ?Padre, me interesa su enfoque?. Efectivamente, nuestra relaci?n con Dios depende de qui?n y c?mo es ?l para nosotros. Y es maravilloso poder compartir con otros que Dios es Padre y que te ama.

La Santa Sede ha promovido en el a?o sacerdotal que las personas adopten espiritualmente a los sacerdotes, ofreciendo sus oraciones y sacrificios por ellos: a m? me adoptaron varias personas. Abigail, una ni?a de Kansas de 8 a?os, me escribi? diciendo que cuando se cepilla el cabello y se tropieza con un nudo le duele mucho, pero lo ofrece por mi sacerdocio. Celerino, un hombre ciego muy pobrecito que pas? los ?ltimos 12 a?os de su vida en cama; Magdalena su esposa me dijo que ?l ofrec?a sus oraciones y sacrificios para acompa?arme cuando anduviera por el mundo predicando el amor de Dios. Acaba de morir. Ahora est? con Dios. Me dec?a: ?Ya quiero morir, porque all? arriba s? ver? bonito?. La Sra. Susana que tiene c?ncer y antes de entrar al quir?fano me avisa que lo ofrece por mi sacerdocio. Varias de mis hermanas consagradas que este a?o han querido adoptarme. Se lo agradezco de todo coraz?n.

La tempestad en el mar de Galilea y en nuestra vida

Este a?o ha sido muy dif?cil, se nos han juntado muchas cosas: la crisis econ?mica, los graves des?rdenes de la vida de nuestro fundador y cada uno conoce sus sufrimientos en su vida matrimonial, familiar, laboral? Al inicio mencion? la pintura de Rembrandt que ten?a delante cuando me cortaron el pelo. Aqu? la tienen. Este cuadro representa la tempestad calmada en el mar de Galilea. Vean los personajes: Uno se ha mareado y est? echando todo para fuera. Otro est? orando. Otros dos est?n reclam?ndole a Jes?s. ?Qu? est? pasando? ?C?mo permitiste esto? Adelante hay un grupo parti?ndose la cara por salir adelante. Uno est? ?esperando? y acusa a los dem?s de luchar como si nada pasara. Estos le preguntan qu? est? esperando como si en la santidad y en la misi?n se pudieran hacer pausas. Unos a otros se dicen: ?Es que no me entiendes?. Los de adelante le gritan al de la n?usea que venga a ayudarles; y el otro responde: ?es que no puedo?. Otro mirando, reclamando, culpando, quej?ndose y diciendo a los dem?s lo que est?n haciendo mal. Otro no se entera pues el miedo le ha hecho negar la dura realidad. All? est? Pedro llevando el tim?n, siguiendo las instrucciones de Cristo. Posiblemente alguno que se ha ca?do al mar, se est? ahogando, y est? esperando a que lo rescaten y suban de nuevo al barco.

En nuestro proceso interior todos hemos estado en diversas actitudes. La tormenta en que nos hemos visto envueltos no se la hubiera imaginado nadie. Es tremenda. Como en todo momento dif?cil, debemos ayudarnos, comprendernos, respetarnos, reconciliarnos, estar con los m?s afectados, cansados, confundidos o heridos. Sobrellevando las cargas del otro (Gal 6,2). Comprendo que haya decepci?n, tristeza y desconcierto. No es para menos.

Petici?n de perd?n

De todo coraz?n quiero pedir perd?n a las personas a las que nuestro fundador haya afectado a causa de los actos inmorales en su vida personal y a las personas que se hayan sentido heridas por sus consecuencias. El P. Alvaro lo ha hecho y lo est? haciendo en p?blico y en lo personal, pero de nuevo pedimos perd?n porque nos pesa sinceramente lo que la Iglesia y estas personas han sufrido.

Jes?s est? en la barca

Cuando est?s en medio de la tormenta no ves las cosas claras, hasta que puedes tomar un poco de distancia, reflexionas, ves tus errores, comprendes mejor a los dem?s, vas recobrando fuerza para rehacerte y cumplir con tus responsabilidades sin evadir los problemas. No sabemos cu?nto va a durar. ?La vida no es dejar que pase la tormenta. Es aprender a bailar en la lluvia? (Vivian Greene). Esto va a tomar tiempo; vayamos aprendiendo a bailar y cantar en la lluvia con fe, con confianza y con amor. Ya hemos visto que con la gracia de Dios, es posible.

Lo m?s importante es que Jes?s est? en la barca, trata de mantenernos a todos a bordo, unidos y en confianza. Quiere llevarnos a la otra orilla, donde est? Dios Padre esper?ndonos con los brazos abiertos.

Confianza sobrenatural

Despu?s de darle muchas vueltas, llegu? a la convicci?n de que debo tener confianza, pues fue Jes?s quien me invit?. La barca son las mism?simas manos del Padre. En esas manos veo la Legi?n y el Regnum Christi, veo mi vida. En sus manos estamos seguros y en paz. Jes?s nos dice: ?Animo, soy yo. No teng?is miedo?. No se trata de no turbarse: Mar?a se turb?, Jes?s se angusti? en Getseman?. Sino de aprender a sufrir con Jes?s y a su estilo.

Me recomendaron un libro donde aparece un ejemplo que me gust? y lo aplico a nuestra situaci?n. Si tiro esta pelota de front?n rebota, y rebota m?s alto del punto donde estaba. Si tiro un tomate, se queda all? aplastado, paralizado. Si tiro un huevo, se rompe. Las crisis en la vida pueden provocar un rompimiento, una par?lisis o superaci?n.

Puedes aplicar esto a cualquier circunstancia de tu vida: una enfermedad, la muerte de un ser querido, un asalto o un robo, caer en bancarrota, la traici?n de tu esposo o esposa, el enga?o de un socio, tus propios pecados, cualquier desgracia que hayas tenido en la vida?. Ante las pruebas y desgracias, te puedes romper o puedes crecer. Con las virtudes teologales ? fe, esperanza y caridad - : m?s fuerte es el golpe, m?s te superas. Si no, m?s fuerte el golpe, m?s seguro que te rompes. Las virtudes teologales son la vida de Dios en nosotros. Ver como ?l ve, sentir como El siente. Si te dejas vencer por la desconfianza, te rompes y te hundes. Si tienes confianza s?lo humana, no te rompes, pero tampoco creces. Si tienes confianza sobrenatural, te superas. Y si te has quebrado, no te sientas solo. Jes?s ha estado siempre a tu lado cuando todo esto te sucedi?. ?l te ayudar? a rehacerte. ?l puede hacer nuevas todas las cosas.

Un viejo indio Cherokee le habl? a su nieto sobre una batalla que se libra en el interior de las personas. Le dijo: ?Hijo m?o, la batalla es entre dos lobos que llevamos dentro. Un lobo es el pecado: la rabia, la impaciencia, la decepci?n, el rencor, el resentimiento, el odio, el deseo de venganza, el ego, el orgullo. El otro lobo es el bien: es el perd?n, la misericordia, la paz, el respeto, la esperanza, la bondad, la compasi?n, la confianza, la humildad, el amor??. El ni?o se qued? pensando y luego le pregunt? a su abuelo: ?Abuelo, ?cu?l lobo gana la batalla??. El anciano le respondi?: ?Aqu?l al que t? alimentas?. ?Cu?l es el lobo que yo alimento?

En la entrevista que tuve con uno de los visitadores que nos asign? la Santa Sede, me pregunt?: Cuando sus superiores le informaron a usted sobre los comportamientos inmorales en la vida de su fundador, ?usted perdi? el piso? ?se le desmoron? todo? Le respond?: yo no estaba fundado en la persona de nuestro fundador. Se me desmoronaron las agarraderas humanas y eso es duro, pero la roca sobre la que estoy fundado est? firme. Es la roca del amor de Dios. Estoy fundado sobre la certeza de que esta obra es de Dios y es a Dios a quien me he consagrado. Tengo el ancla echada para arriba. Y all? arriba hay roca firme. No perd? el norte. Mi modelo es uno: Jesucristo. Amo a Cristo m?s que nunca.

Hace dos a?os cay? en mis manos un video que me ha hecho un bien inmenso y quiero compartirlo con ustedes. Dura 10 minutos. Es de Rob Bell. Se titula Rain. Terminado el video les voy a traer aqu? al estrado a un Amigo. Un Gran Amigo m?o y de todos ustedes. V?anlo y luego continuaremos.

(El P. Evaristo, terminado el v?deo, expuso el Sant?simo Sacramento, despu?s, prosigui? diciendoSonrisa

Continuamos esta reflexi?n ante Jesucristo, realmente presente en la Eucarist?a.

Perd?n si les hemos hecho el camino m?s dif?cil.

Me imagino cu?ntos momentos habr?n tenido en la vida como esta caminata del video. Dios y cada uno de ustedes saben cu?les han sido sus momentos m?s dif?ciles.

En este contexto quiero decirles a todos que si alg?n sacerdote les ha hecho m?s dif?cil el camino de la vida, como hermano en el sacerdocio les pido sincero y profundo perd?n por ello. Perd?n por cualquier cosa que hayamos hecho o hayamos dejado de hacer que les haya provocado sufrimiento y desconcierto. Pidan por nosotros, para que Dios nos ayude, que Dios supla nuestra debilidad y seamos lo que tenemos que ser. Pidan mucho, para que cada sacerdote sea como Cristo, el Buen Pastor.

Lecciones que Dios me ha dado:

Les cuento de mi ?tempestad en medio del mar?, mi ?caminata en el bosque en d?a de tormenta? y algunas de las lecciones que Dios me ha ense?ado.

Primera lecci?n: Dios es un Padre bueno y puedo confiar en ?l.

Me cost? much?simo seguir la vocaci?n sacerdotal. Me fi? de Dios. No entiendo algunas cosas que han pasado en mi camino, hay cosas muy desconcertantes, pero creo en la Providencia. Dios sabe m?s que yo. Yo no estoy aqu? para darle lecciones a Dios de lo que debi? o no permitir en mi vida y en la vida de Su Iglesia y de Su Legi?n. Dios se ha comportado conmigo como un Padre. Ha sido un padre bueno y comprensivo. Me veo en sus brazos y lo contemplo sanando mis heridas y las de quienes me rodean. Si ahora estamos donde estamos es gracias a Dios. Es ?l quien nos ha sostenido. Dios conoce mejor que nadie nuestras miserias, nos tiene paciencia y compasi?n. ?l comprende, el sabe. Dios es fiel, puedo confiar en ?l. Dios me ama como soy y cree en m?. No tengo que merecer su amor. Es gratuito. Esto me da una profunda paz. Tengo un amor seguro que ha venido a buscarme y no me fallar? jam?s.

Segunda lecci?n: Humildad.

Reconocer con humildad que hemos cometido errores. Debemos identificar las causas, asumir las consecuencias y corregir con determinaci?n lo que haya que corregir para que no vuelva a suceder.

Reconocer con humildad tambi?n que Dios ha bendecido a la Legi?n de Cristo y al Regnum Christi en muchas cosas y que a nosotros corresponde cuidar esos talentos. No son para enterrarlos bajo tierra.

Humildad para aceptar que hay espacio para el misterio, que hay cosas que no entiendo ni podr? entender.

Humildad para aceptar que cuando viv? con nuestro fundador, no vi las cosas negativas que ahora conocemos; no las vi, s?lo fui capaz de ver lo bueno y no me di cuenta de lo malo. Dios as? lo permiti?. Ahora que las conozco, me duele mucho constatarlo, me duele por las personas que han sufrido, me duele que se haya provocado desprestigio al sacerdocio cat?lico. Oro por ?l, oro mucho por ?l. Lo acepto tambi?n como parte de mi historia aunque me haga sufrir el ser blanco de sospechas y desconfianza. Pero se lo ofrezco a Dios como reparaci?n. Reparar es parte importante en la vida del sacerdote. Cuando el sacerdote ve pecados debe ser un est?mulo para amar m?s y entregarse a Dios con m?s generosidad. Lo ofrezco por aquellas personas que han sufrido m?s y que se han sentido incomprendidas por poco o mucho tiempo. Lo ofrezco por la Iglesia que se ha visto da?ada.

Humildad para reconocer el dolor tan grande que siento cuando me doy cuenta de que el instrumento del que Dios se vali? para darme tantas cosas buenas, hizo tambi?n da?o a otras personas. Tal vez algunas personas pueden sentirse inc?modas con lo que voy a decir ahora y las comprendo: Humildad para reconocer y agradecer los bienes recibidos de Dios a trav?s de ?l, que es lo m?s valioso que tengo en la vida: mi amor a Cristo, mi familia que son ustedes, la Legi?n de Cristo y el Regnum Christi. Mi vocaci?n sacerdotal la recib? de Dios a trav?s de ?l. Soy un sacerdote legionario feliz. Profundamente feliz. Debo ver las dos cosas, ambas son objetivas, ver con los dos ojos. Pero sobre todo ver desde la fe, ver con amor.

Una de las cosas que m?s me ha ayudado para ver la verdad en el amor, es la oraci?n. He pasado muchas horas arrodillado frente a Cristo Eucarist?a, he reclinado la cabeza sobre ?l, en completo abandono, y le he suplicado: ?Se?or, dame fuerza; no quiero un coraz?n de piedra, darme un coraz?n de carne para amar como t? amas? (Ez 11,19). Esta es una de mis resoluciones: ser un sacerdote de m?s oraci?n.

En la Legi?n y el Regnum Christi nos proponemos formar ap?stoles que vayan por el mundo predicando el amor de Dios, con sencillez, con pasi?n, con coherencia. Pero lo primero y m?s importante es el punto de partida: conocer el amor de Dios, conocerlo por experiencia personal, hacer la experiencia del amor de Dios. En la pr?ctica hemos dado mucha importancia a la dimensi?n conquistadora y apost?lica, y est? bien, pero tenemos que poner m?s medios para ayudarnos y ayudarles a crecer en la vida de oraci?n.

Cuaresma: tiempo de conversi?n. El Santo Padre nos lo record? el mi?rcoles pasado en la audiencia: ?La conversi?n no est? solo en el inicio de la vida cristiana, sino que acompa?a todos sus pasos, permanece renov?ndose y se difunde ramific?ndose en todas sus expresiones?. Hemos aprendido tantas lecciones y hemos visto cosas que debemos corregir y mejorar. Cada uno debe examinarse y tomar resoluciones. Aqu? les comparto algunas.

Con humildad buscaremos tener un mayor sentido de servicio en todo lo que hagamos. Que todas las personas, sin distinciones de ninguna clase, encuentren por parte nuestra la atenci?n personal que merecen. Ser sacerdotes cercanos, que escuchan, buenos amigos, bondadosos, asequibles, como Cristo Buen Pastor. Seguir insistiendo en la centralidad de la persona. La persona est? al centro, no las instituciones. Queremos amar sin buscar nada a cambio. El amor no puede ser nunca una estrategia. Queremos tener exquisito cuidado en que ninguna persona se sienta usada o no debidamente valorada. Por esto buscaremos acomodarnos a cada uno, buscarlos donde est?n, no pedir m?s de lo que est? a su alcance. Ser muy comprensivos con todos. Comprender que hay una gradualidad en la entrega. Queremos purificar ese esp?ritu pragm?tico que a veces nos invade en nuestra forma de afrontar las cosas. No dar tanta importancia a los n?meros y a los resultados por s? mismos.

Con humildad nos toca reconocer que en ocasiones hemos dado pasos m?s largos de nuestra capacidad, con el deseo de hacer mucho por Dios y por la sociedad, hemos buscado realizar muchas obras e iniciativas, pero debemos medir nuestras fuerzas y recortar donde haga falta.

Nos proponemos ser m?s humildes en nuestra forma de relacionarnos con todos. Ser transparentes en la comunicaci?n. Queremos seguir aprendiendo a colaborar cada vez mejor, con humildad y sencillez, con otras instituciones, con las di?cesis, parroquias y otras iniciativas de laicos comprometidos. Debemos dar m?s confianza a las personas, ser menos controladores. En nuestra pastoral, es urgente dar m?s atenci?n al matrimonio y a la familia como familia.

Esto no es cosa s?lo de los padres, esto es tarea de todos nosotros.

Tercera lecci?n: Misericordia.

Juan Pablo II dice que el amor en la vida terrena (que es una vida de pecado y de muerte) se manifiesta como misericordia. La misericordia es el nombre del amor en la tierra. El l?mite del mal es la misericordia.

He aprendido a comprender mejor la debilidad de la condici?n humana y a no juzgar a las personas. Esto es algo que corresponde s?lo a Dios. Aqu? me permito dar un consejo que va a tono con el tema de este encuentro: Si en el matrimonio o en la familia no se perdonan, el mal sigue avanzando. Tienes que poner un alto, un l?mite, con la misericordia. Dios perdona y olvida a trav?s de la confesi?n. El sacrificio del amor es el olvido. Sacrificio por la persona amada no es s?lo perdonarla sino olvidar. Tantas veces nosotros no olvidamos sino que nos las guardamos y nos recome por dentro o la sacamos una y otra vez, y es otra vez romper, herir. Eso no es amar. Preg?ntale a Dios: ?Qu? pasar?a si perdonara del modo en que t? lo haces? Elegir el perd?n es renunciar al rencor y al resentimiento. Renunciar al orgullo y poner humildad. Renunciar a la dureza de coraz?n y poner misericordia. Tenemos una oportunidad de oro para dejar que el amor de Dios saque bien de aqu?. La Providencia de Dios sabe por qu? permite las cosas.

Compromiso:

Alguien puede decir: no es que no quiera, es que no puedo, no me sale. Lo que pasa entonces es que Cristo est? a?n dormido en tu barca. Gr?tale: ?Despierta, Se?or. S?lvame, Se?or, que me hundo, me quiebro, la vida se me ha hecho amarga?. Dile que quieres. Si te has quedado sin vino o el vino se te ha hecho amargo, gr?tale que necesitas vino nuevo. Mar?a va a interceder por ti como en las bodas de Can?. El vino nuevo que necesitamos es el del perd?n, de la reconciliaci?n, de la humildad, de la misericordia, una vida de amor y reparaci?n. Entender verdaderamente el poder de la misericordia puede cambiar nuestra vida para siempre.

?Se?or, T? fuiste capaz de multiplicar los panes, fuiste capaz de convertir el agua en vino. Ahora te pido que conviertas mi coraz?n?.

Es exigente. S?. Es que el evangelio es exigente. Esta es una maravillosa oportunidad para dar testimonio de que el amor es m?s fuerte.

En la pintura vieron c?mo hab?a un rayo de luz en el horizonte. Est? siendo un invierno crudo y largo, pero ya viene la primavera. La luz se ve en el horizonte. Creo que nuestra experiencia va a ayudarnos a todos a ver c?mo Dios puede hacer muchas cosas con personas d?biles. Les veo a ustedes y digo: realmente me entusiasma mi vocaci?n y misi?n en el sacerdocio cat?lico en la Legi?n de Cristo, su espiritualidad centrada en el amor de Dios, su amor al Papa, su fuerte sentido de misi?n. Me entusiasma nuestro carisma, nuestra misi?n de formar ap?stoles para ponernos al servicio de la Iglesia. Ap?stoles que conozcamos, vivamos y transmitamos el amor de Dios con pasi?n.

Esta es mi familia. La familia a la que Dios me ha llamado. Debemos valorar con humildad las cosas buenas que Dios nos ha dado y en un clima de mucha oraci?n, de obediencia y unidad, afrontar con honestidad lo que sea necesario para superarnos. Nos necesitamos los unos a los otros. Hemos entendido que aqu? nos toca a todos arrimar el hombro. Este es un nuevo cap?tulo de nuestra historia. El panorama que tenemos por delante es apasionante aunque nada f?cil. Y la responsabilidad est? en nuestras manos. Jesucristo nos ha dicho: ?ven?. Y si lo hace es porque ?l nos cree capaces de caminar sobre el agua. Dios no se burla de nosotros, Dios no quiere hacernos quedar mal, no quiere que nos quebremos o hundamos. Si te ha llamado y te dice, ven, es porque puedes. No te ha hecho ping?ino con alas que no te permiten volar. Te ha hecho ?guila para volar muy alto. Vivamos este momento con virtud para subir m?s alto como la pelota y no ser fr?giles como el huevo, ni quedarnos all? como un tomate aplastado. No est?s solo. Dios te ayuda: ?Te basta mi gracia, que mi fuerza se manifiesta en tu debilidad? (2Cor 12,9). Conf?a en ?l, conf?a en ti mismo al menos tanto cuanto Dios conf?a en ti.

Damos gracias al Papa y a la Iglesia. Como el Papa acaba de decir la semana pasada: ?La maternidad de la Iglesia es reflejo del amor sol?cito de Dios? (Benedicto XVI, 11 de febrero de 2010). Damos fe de que es as?.

Termino d?ndoles las gracias tambi?n a todos ustedes por su apoyo. Su compa??a humana y espiritual ha sido muy importante para nosotros. No se imaginan cu?nto. Agradezco a mis hermanos sacerdotes, consagrados y consagradas, que est?n aqu? dejando sus vidas. Se sacrifican todos los d?as por servir de la mejor manera posible a la sociedad y a la Iglesia. Gracias de coraz?n.

Y hoy renovamos nuestro compromiso de servirles mejor. Les amamos tanto a cada uno de ustedes y a sus familias, que queremos servirles mejor.

Hay una canci?n a Mar?a que me gusta mucho. Aqu?, frente a Jesucristo Sacramentado, frente a este reto tan grande que tenemos delante, le digo a la Virgen de Guadalupe como dice la canci?n: ?S?, acepto Madre. Acepto tomar tu mano, subir al monte, besar la cruz, morir con Cristo. S?, aunque es de noche, te estoy mirando, acepto Madre, morir por ellos, sembrar el mundo, si voy contigo. S?, como t? Mar?a, a El le digo s?.

Muchas gracias.

Ahora vamos a dialogar unos minutos con Cristo Eucarist?a. Hag?moslo con sentido de reparaci?n ofreci?ndolo muy especialmente por los que m?s sufren. Rezaremos las letan?as de la humildad y luego les dar? la bendici?n con el Sant?simo.

(Se tuvo el canto: ?Acepto, Madre?).

S?, acepto Madre, s?,
tomar tu mano, s?,
Subir el monte, besar la cruz,
?morir con Cristo!

S?, aunque es de noche, s?,
si te estoy mirando,
acepto Madre, morir por ellos,
sembrar el mundo,
si voy contigo?

S?, acepto Madre, s?,
tomar tu mano, s?,
Subir el monte, besar la cruz,
?morir con Cristo!

S?, aunque es de noche, s?,
si te estoy mirando,
acepto Madre, morir por ellos,
sembrar el mundo,
si voy contigo?
S?, como t? Mar?a, a ?l le digo, ?S?!

(Y la lectura de 1Cor 13, 1-8).

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ?ngeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o c?mbalo que reti?e. Aunque tuviera el don de profec?a, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar monta?as, si no tengo caridad, nada soy. Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha. La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engr?e; es decorosa; no busca su inter?s; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. La caridad no acaba nunca

Para descargar este Testimonio Personal del P. Evaristo Sada, en formato PDF, haz click
aqu?

Publicado por mario.web @ 10:43
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios