S?bado, 21 de mayo de 2011

Toda situaci?n adversa nos hace volver el rostro a Dios, recordarlo y amarlo.

?


Despu?s de varios a?os de estar fuera de mi pa?s, regres? para visitar a mis padres. En esta breve visita mi madre me present? una amiga suya llamada Amalia. Amalia es, en muchos sentidos, muy especial, no s?lo por sus limitaciones f?sicas sino, sobre todo, por su gran coraz?n. Los pies torcidos, casi deformes, le dificultaban mucho el caminar. Las manos, en una situaci?n muy similar, hac?an que algo tan normal como cortarse las u?as fuera heroico. Esta situaci?n le obligaba a tener que valerse de otra persona para hacer las acciones m?s elementales y las necesidades b?sicas.

El lenguaje de Amalia era un conjunto de sonidos nasales atropellados uno con otro. Su lengua no alcanz? a desarrollarse lo suficiente como para permitirle comunicarse normalmente. La ?nica persona que se ocupaba de Amalia era su madre, lo ?nico que le quedaba en la vida. Cierto d?a mi madre, que pasaba por all?, decidi? ir a visitarla. Amalia, que casi siempre ten?a una sonrisa en sus labios retorcidos por la enfermedad, mir? esta vez con cierta tristeza a la se?ora que hoy la visitaba.

-?Qu? pasa, Amalia? - pregunt? confundida mi madre.
-Mi? mam? mu?ri? hace? una se? mana.

A mi madre se le cort? la voz en aquel momento, se llev? las manos a la boca y dej? escapar unas l?grimas mientras la abrazaba. ?Dios m?o, ?c?mo permites que esto le suceda a una criatura tan indefensa??- fue la primera idea que se le vino a la cabeza. Despu?s sinti? que Dios le respondi? en su interior: ?Para eso te puse a ti?.

?Qu? quiere decir esto? Es normal hacernos la pregunta: ?por qu? Dios no quit? el sufrimiento del mundo? ?Por qu? dej? algo que nos molesta tanto? Muchas respuestas han querido darse a estos interrogantes. Por desgracia, la m?s normal es la del que sienta a Dios en el banquillo de los acusados y, despu?s de un juicio acalorado, lo condena por ser el ?causante? o simplemente por haberlo permitido.

Sin embargo, esta posici?n de la criatura que juzga al creador no es en nada justa. Decirle a Dios lo que debe hacer y lo que no debe hacer suena a broma, pero es muchas veces la manera en la que reaccionamos. Nuestra actitud ante el dolor no debe ser la de juzgar a Dios y darle consejos de c?mo ser Dios, sino m?s bien la de buscar encontrar lo qu? quiere ense?arnos, las lecciones que quiere que saquemos. ?Se puede sacar tanto bien de las situaciones adversas y de los sufrimientos!

El dolor, que toca nuestra puerta siempre, implica una p?rdida de algo que estimamos, algo que am?bamos: p?rdida de la salud, de un ser querido, de algo material, etc. El sentirnos vac?os de algo que am?bamos nos hace vernos necesitados. ?Qu? fr?giles, impotentes y d?biles nos sentimos cuando sufrimos! Es en esta soledad cuando miramos a Dios y reconocemos nuestra dependencia de ?l. Un hombre que no sufre, f?cilmente terminar? por considerarse a s? mismo como un dios. Toda situaci?n adversa nos hace volver el rostro a Dios, recordarlo y amarlo. Por ello oramos cuando sufrimos.

El dolor en la vida nos lleva a mirar a Dios. ?l lo permite para que nos acerquemos y reconozcamos que la verdadera felicidad no est? en aquello en lo que confi?bamos tanto. El sufrimiento nos quita aquello en lo que estaba apoyado el coraz?n, nos hace buscar una respuesta en Dios. ?l es el ?nico que puede responder, que puede llenar el vac?o que ha dejado aquello que se ha perdido.

Esta manera en la que Dios nos acerca a ?l, nos lleva hacia la verdadera felicidad. S?lo en Dios nuestro coraz?n encontrar? lo que busca.

Incluso cuando el dolor no nos afecta directamente, como en el caso de Amalia, esconde perlas que podemos descubrir. Este es el sentido de aquella inspiraci?n interior: ?para eso te puse a ti?. A todo hombre que se queja de la violencia que envuelve el mundo, de los desastres naturales, del sufrimiento de los inocentes, Dios le contesta: ?Para eso te puse a ti?. No hay tiempo para lamentarnos, Dios nos quiere ver trabajar por ?vencer el mal con el bien? (Rm 12,21). La joya preciosa que podemos sacar de estas situaciones es la caridad, el verdadero amor a nuestro pr?jimo.

?Qu? podemos sacar del sufrimiento? El sufrimiento nos puede ense?ar a amar. Es un gran maestro del amor a Dios y nos ayuda a tenerle a ?l como el ?nico apoyo. Es un gran instructor de caridad hacia el pr?jimo. La Madre Teresa de Calcuta no se sent? a contar cu?ntos pobres hab?a en la India y a suspirar por esta triste situaci?n. No, ella se puso a trabajar y aprendi? a amar.

Ante la realidad del dolor podemos vivir amargados, renegando o incluso odiando a Dios toda la vida o puede convertirse en una oportunidad para ejercitarnos en el amor.

Dios es bueno, pero esto no significa que no exista el sufrimiento y el dolor. Dios es tan bueno, que incluso de lo malo puede sacar un bien mayor. Incluso del mal, del dolor m?s atroz, Dios puede sacar algo mejor. Es cuesti?n de estar atentos a descubrirlo.


Publicado por mario.web @ 11:37
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios