S?bado, 21 de mayo de 2011
Los malentendidos entre personas de recta intenci?n muestran de un modo a?n m?s patente la virtud de los santos
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III: La incomprensi?n de los eclesi?sticos
III: La incomprensi?n de los eclesi?sticos
Dificultades espec?ficas

Como consecuencia de la "contradicci?n de los buenos", en algunas ocasiones determinados miembros de la Jerarqu?a, mal informados sobre la actuaci?n de los hombres de Dios, o influidos por algunas campa?as denigratorias promovidas contra ellos, han puesto notables inconvenientes para el desarrollo de sus labores apost?licas.

Podr?an citarse, entre otros muchos ejemplos, las dificultades que tuvieron que superar santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Jos? de Calasanz, san Juan Bosco, san Jos? Benito Cottolengo, santa Mar?a Micaela, san Josemar?a Escriv?,... La lista es ampl?sima y nos referiremos s?lo a algunos ejemplos significativos.


Si sabiendo lo que ahora s?...

San Juan Bosco, Fundador de la Sociedad Salesiana, se encontr?, como tantos otros fundadores, con la urgente necesidad de encontrar colaboradores fijos para su labor apost?lica. Concentr? entonces sus energ?as -como se?ala Pietro Stella-, en la formaci?n "de los j?venes que frecuentaban su instituto en d?as festivos o que estaban all? acogidos como alumnos internos. Form? el primer n?cleo de salesianos en privado el 26 de enero de 1854, pero s?lo el 9 de diciembre de 1859 anunci? p?blicamente su deseo de constituir una Congregaci?n religiosa, fortalecido por el consejo recibido en audiencia privada de P?o IX, en abril de 1858"

Don Bosco educaba "con un optimismo radicado en la certeza de que Dios providente guiaba tanto la suerte de la Iglesia en los tiempos que aparec?an sumamente borrascosos, como tambi?n a ?l mismo y a su obra. Con resoluci?n vivi? e hizo vivir su fe cristiana, seguro de que respond?a de lleno a las aspiraciones humanas.

?Se hizo promotor de la Confesi?n y Comuni?n frecuentes, del rezo del Rosario a la Virgen, de la m?sica sacra, del teatro recreativo y sagrado, de la prensa religiosa popular. De modo que la religi?n entr? en su sistema educativo y pastoral como fin y como instrumento, elemento fundamental de la pedagog?a y de la metodolog?a pedag?gica".

Educaba tambi?n a sus colaboradores en un esp?ritu de libertad, que no dejaba de extra?ar a algunos, como cuenta Gustavo Mart?nez Zuvir?a, bajo el pseud?nimo de Hugo Wast, en su popular biograf?a sobre el Santo:

"-?C?mo les ense?a a ense?ar? -le preguntaban. Y ?l, con su frescura habitual, respond?a:

-Los echo al agua, y as? aprenden a nadar" .


Nuevos conflictos

Al Arzobispo de Tur?n, Mons. Ricardi, no le convenc?a demasiado aquel sistema, porque pensaba que esos futuros sacerdotes, volcados en sus tareas pedag?gicas, acabar?an descuidando sus estudios de Teolog?a. Determin? por tanto que todos los colaboradores de don Bosco que siguieran la carrera eclesi?stica, estudiaran en su Seminario; y que los que eran ya sacerdotes, fueran a perfeccionarse en el Convictorio.

La decisi?n del Arzobispo significaba en aquellos momentos, en la pr?ctica, un golpe de muerte para la obra sa lesiana, que se encontraba en un momento decisivo de crecimiento, ya que don Bosco necesitaba urgentemente de esos brazos para educar a millares de alumnos. Aquella labor apost?lica, sin unos sacerdotes que la atendieran debidamente, no podr?a cuajar.

Fue a ver al Arzobispo y le suplic? que cambiara de actitud. Ricardi se neg?, y la situaci?n se complic? a?n m?s: otros Obispos le reclamaron a don Bosco los cl?rigos, que colaboraban con ?l, y le ordenaron que regresaran a sus respectivas di?cesis.

"En mis escuelas -ped?a don Bosco- se despiertan muchas vocaciones sacerdotales. La gran mayor?a se dispersan por todas las di?cesis del Piamonte. S?lo unos cuantos quedan conmigo. ?Dej?dmelos pues, a cambio de los que os doy!".

El Obispo no escatimaba sus elogios por la obra de don Bosco; pero se mostraba intransigente en este punto: no aceptaba que esos sacerdotes se preparasen fuera de los muros del Seminario. Don Bosco quer?a que se formasen a su lado, para infundirles su esp?ritu, conforme a unos planes de ense?anza propios. Pero el Obispo pensaba que aquella ense?anza ser?a notoriamente m?s pobre que la que se le pod?a dar en las aulas del Seminario, enriquecidas por siglos de experiencia.

Adem?s, ?y si en el futuro algunos dejaban de ser salesianos?, argumentaba el Prelado. Se ver?a dispuesto a acoger en su di?cesis a unos sacerdotes poco doctos sin haberlos podido formar convenientemente. Por lo tanto...

Un Obispo amigo de don Bosco, Mons. Gastaldi, intercedi? para que pudiesen ordenarse tres sacerdotes. Pero el Obispo de Tur?n sigui? inflexible y no cambi? de actitud ni siquiera cuando trece novicios salesianos se presentaron a sus ex?menes de Teolog?a en el Seminario y obtuvieron unas calificaciones excelentes.

Al final don Bosco se vio obligado a ceder, y envi? sus novicios al Seminario. El resultado no pudo ser peor: "De diez estudiantes m?os en Teolog?a -le escrib?a a P?o X- que han frecuentado los cursos del Seminario, no me ha quedado uno solo en la Sociedad".

"El conflicto no ten?a otra soluci?n -escribe Wast- que el que la Santa Sede aprobase definitivamente las reglas de la P?a Sociedad salesiana, d?ndole vida independiente de los Obispos diocesanos, y, sobre todo, la facultad precios?sima de las dimisorias, esto es, acordando al Superior diocesano el derecho de conceder a los cl?rigos que hubieran concluido sus estudios, letras habilitantes para recibir de cualquier Obispo cat?lico las ?rdenes menores y mayores".

El Santo no tuvo otra soluci?n que apelar a Roma. Ten?a en su poder numerosas cartas laudatorias de Obispos que conoc?an de cerca el instituto salesiano, escritas por los Cardenales Arzobispos de Pisa, Ancona, Fermo; los Arzobispos de Lucca y G?nova; los Obispos de Alejandr?a, Novara, Susa, Mondovi, Albenga, Guastalla...

Pero a Roma llegaban tambi?n opiniones contrarias acerca de su Instituto y por si fuera poco, Mons. Svegliati, Secretario de la Congregaci?n de Obispos y Regulares, que estudiaba el asunto, era un decidido adversario de don Bosco. Este eclesi?stico consideraba que aquel proyecto albergaba demasiadas novedades; opinaba que hab?a excesiva "democracia" en los colegios; estudios deficientes...

Pidi? un informe secreto a Mons. Torlone, encargado oficioso de la Santa Sede ante el Gobierno italiano, que resid?a en Tur?n, y ?ste le confirm? en sus opiniones.

Aquel informe fue un golpe mortal: el 2 de octubre de 1868, Mons. Svegliati le comunic? a don Bosco que ni le aprobaban sus reglas ni le conced?an las facultades que solicitaba. El Santo acept? aquella decisi?n humildemente, y se encontr? de la noche a la ma?ana con miles de ni?os a su cargo, y en un callej?n sin salida. "?Si, sabiendo lo que ahora s? -comentaba a?os m?s tarde-, tuviese que recomenzar el trabajo de fundar la Sociedad, no s? si tendr?a valor para ello!" .

Volvi? a intentar, lleno de fe en Dios, que le concedieran lo que ped?a y en enero de 1869 viaj? de nuevo a Roma para tantear el terreno. "Era demasiado cierto -escribe en una Memoria- que muy pocos Prelados me secundar?an. Todos estaban fr?os, desconfiando del ?xito, y las personas m?s influyentes me eran hostiles. Hab?an llegado a Roma cartas muy contrarias a la P?a Sociedad... Vi que era necesario un verdadero milagro para cambiar los corazones... Cada palabra de nuestras pobres reglas suscitaba una dificultad insuperable. Pero yo confiaba en la Virgen y en las oraciones que se hac?an en el Oratorio...".

Hizo falta, efectivamente, que por intercesi?n de la Virgen se produjeran varios sucesos milagrosos -la curaci?n repentina de un ni?o gravemente enfermo, sobrino del Cardenal y la remisi?n espont?nea de varias enfermedades de algunos eclesi?sticos muy influyentes- para que el 19 de febrero de 1869 el Papa se decidiese a aprobar la P?a Sociedad Salesiana y, con ella, la facultad de conceder las dimisorias.

A fines de 1870 falleci? Mons. Ricardi y, mientras se deliberaba qui?n podr?a ser su sucesor, don Bosco acudi? al Papa para decirle que aquel buen amigo suyo, Mons. Gastaldi, ser?a una persona id?nea para ocupar el puesto. Don Bosco y Gastaldi se conoc?an desde hac?a veinte a?os y gozaban de una gran amistad; hasta tal punto que Gastaldi hab?a pedido a su propia madre que reemplazara a la madre de don Bosco, Mam? Margarita, tras su muerte, el cuidado de los biricehini, los chicos que atend?a don Bosco. Gastaldi era un hombre bueno y piadoso, apasionado por la jerarqu?a y la disciplina, aunque quiz? excesivamente impulsivo y dominante...

-"?Vos lo quer?is? -le dijo el Papa a don Bosco- ?Sea!"

"Yo no confi? bastante en la Providencia, cuando quiso poner medios humanos para facilitar mi obra" -comentar?a don Bosco a?os m?s tarde-. Y escribi? en otra ocasi?n: "Si debo decir lo que pienso, creo que el demonio previ? el bien que monse?or Gastaldi habr?a podido hacer a nuestra Congregaci?n, sembr? ciza?a secretamente, y consigui? que cundiera. Perturbaci?n inmensa, chismes y comentarios; disminuci?n de sacerdotes, disgustos graves al mismo monse?or que, por treinta a?os, fue mi mejor confidente."

Una vez nombrado, el nuevo Arzobispo comenz? a tomar en su di?cesis determinaciones de una gran severidad. Una de ellas afect? especialmente a don Bosco: fue la suspensi?n a divinis de su viejo profesor del Seminario, don Calosso, un anciano sacerdote que cuando se vio en aquella situaci?n acudi? a don Bosco, que lo aloj? en un colegio que ten?a en Alassio.


Relaci?n con el Arzobispo

La actitud comprensiva de don Bosco hacia don Calosso comenz? a envenenar las relaciones entre el Arzobispo y el Fundador. Y adem?s, poco tiempo despu?s de acceder al episcopado, Gastaldi se encontr? sumergido de repente, como apunta Wast, en un entorno que propiciaba una atm?sfera hostil a don Bosco. "?Tem?a, tal vez, el Arzobispo -se pregunta don R?a, primer sucesor de don Bosco, hoy tambi?n en los altares- que se creyese que, habiendo sido promovido a la di?cesis de Tur?n por obra de don Bosco, se dejase guiar por ?l? Hubo quien lo supuso. ?Tem?a, quiz?, que don Bosco atrajese a su naciente Congregaci?n j?venes estudiantes de la carrera eclesi?stica con perjuicio de los seminarios diocesanos?".

No lo sabemos. Lo cierto es que a los pocos meses el Arzobispo de Tur?n adopt? la misma postura contraria ante don Bosco que su predecesor. Y comenz? una larga historia de incomprensiones. Mons. Gastaldi se opuso decididamente al proyecto del Seminario de vocaciones tard?as que don Bosco hab?a emprendido con el aliento del Papa; lo prohibi? en su di?cesis; retras? tres a?os la aceptaci?n de las dimisorias para la ordenaci?n de nuevos sacerdotes salesianos y puso todos los inconvenientes posibles para que se llevasen a cabo esas ordenaciones.

En esa situaci?n, totalmente inesperada, don Bosco acudi? de nuevo a la Congregaci?n de Obispos y Regulares pidiendo que se le concedieran los privilegios sobre este particular de los que gozaban algunas congregaciones. Pero, a pesar de que el Papa se mostraba favorable, los ?nimos se encontraban divididos en torno a esa cuesti?n. Acudi? a la comisi?n de Cardenales. Y mientras se deliberaba el caso, uno de los Cardenales m?s influyentes, Mons. Bizzarri, recibi? esta carta de Mons. Gastaldi:

"Espero que la Sagrada Congregaci?n, antes de conceder al se?or don Bosco lo que pide en perjuicio de los Obispos, tendr? la bondad de hacerme conocer su petitorio para formular mis observaciones.

"El esp?ritu de independencia, casi dir? de superioridad que el se?or don Bosco viene desplegando hace a?os contra el Arzobispo de Tur?n..., si fuese apoyado con nuevos privilegios contrarios a mi jurisdicci?n, acrecentar?a mis disgustos y tribulaciones.

"Si el se?or don Bosco ha merecido y merece bien de la Iglesia, yo pienso no haber desmerecido, y no veo por qu? se le deben conferir privilegios que importar?an castigo para m?.

"Y si se le han de conferir, en da?o de mi jurisdicci?n, agu?rdese al menos mi muerte, que no tardar? mucho, o d?seme tiempo de retirarme de este puesto."

Publicado por mario.web @ 16:21
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