S?bado, 21 de mayo de 2011

La verdad es la realidad de las cosas...
Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net
Curso: Las 54 virtudes atacadas
Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero
Lecci?n 18 y 19 La Gratitud y la Veracidad

La gratitud

La virtud de la gratitud ?tiene por objeto recompensar de alg?n modo al bienhechor por el beneficio recibido?. (1)

Hija potencial de la justicia y de la humildad, la gratitud es el sentimiento por el cual nos sentimos obligados a estimar el beneficio o favor recibido y a corresponder a ?l de alguna manera. El bienhechor, d?ndonos gratuitamente alguna cosa a la que ten?amos derecho o no, se hace acreedor de nuestra gratitud y, en todo coraz?n noble, brota espont?neamente la necesidad de demostr?rselo cuando tengamos ocasi?n de hacerlo. La gratitud nos hace tomar conciencia de que somos deudores y nos lleva a admitir que los dones, gracias, favores y ayudas recibidas cada d?a merecen un reconocimiento Esta virtud por lo tanto, valora la generosidad de quien nos lo ha dado y mueve nuestra voluntad para corresponder a estos dones, aprovech?ndolos, desarroll?ndolos y poni?ndolos al servicio de los dem?s. De ah? que sea vil y nos degrade el feo pecado de la ingratitud.

La verdadera gratitud no es s?lo decir gracias. Es agradecer con el coraz?n es la respuesta que brindan las personas nobles ante los beneficios recibidos. Hay algo innoble en el permanecer impasible ante un beneficio recibido. S?neca, que era pagano, ya dec?a que: ?Es ingrato el que niega el beneficio recibido; ingrato es quien lo disimula; m?s ingrato quien no lo descubre y m?s ingrato de todos quien se olvida de ?l?. Tambi?n reza el refr?n popular: ?No es bien nacido quien no es agradecido?. La gratitud tambi?n nos mover? a valorar lo que tenemos y no a enumerar lo que nos faltaAgradecer lo que se tiene y lo que se ha recibido debiera ser una actitud inteligente y positiva ante la vida. Primero Dios (con quien tenemos contra?da la mayor deuda) que nos ha dado la vida sac?ndonos de la nada. Agradecerle que si bien nuestro hijo est? mirando televisi?n en el sof? y su cuarto no est? todo lo ordenado que quisi?ramos, signifique que est? en casa y no en la calle... Que todo el trabajo que tengo en mi hogar significa que tengo una familia con seres queridos de quienes tengo que ocuparme... Que si los pantalones me quedan ajustados y me ponen de mal humor significa que tengo mas para comer de lo que realmente necesito... Que si tengo que cortar el c?sped, podar la enredadera y arreglar las persianas significa que tengo una casa... Que si a la noche estoy cansada de trabajar significa que tengo trabajo... Que si no tolero a la se?ora que desafina en el banco de atr?s cuando canta en misa significa que puedo o?r... Que si no soporto el despertador a la ma?ana es porque significa que estoy vivo... Agradecer a Dios que nos permiti? la maravilla de poder ver... de poder caminar... De poder o?r el murmullo de las olas y el canto de los p?jaros... De poder experimentar la inigualable experiencia de enamorarnos... De disfrutar de los sentidos mientras que otros muchos no pueden.

Sirva esta an?cdota como ejemplo a lo que digo. Hab?a un ciego sentado en la vereda con una gorra a sus pies y una tabla de madera donde se le?a: ?Por favor, ay?deme. Soy ciego.? Una persona que pasaba se detuvo delante de ?l y vi? las pocas monedas que hab?a en la gorra. Le pidi? permiso para escribir algo distinto. Tom? la tabla de madera, borr? el anuncio y escribi? otro con una tiza, volviendo a ponerlo sobre los pies del ciego y se fue. Al d?a siguiente, al pasar por el mismo lugar frente al ciego, vi? que la gorra estaba llena de monedas y billetes. El ciego, que reconoci? sus pasos le pregunt? que hab?a escrito en el cartel: ?Nada que no sea tan cierto como tu anuncio, s?lo que con otras palabras?. El ciego nunca lo supo pero su cartel ahora dec?a: ??Hoy es primavera y no la puedo ver!?...

En segundo lugar, debemos sentir gratitud hacia nuestros padres que nos trajeron al mundo, que nos cuidaron, que nos alimentaron y que seguramente nos han brindado afecto, seguridad, protecci?n y educaci?n. En el caso de que nada de esto nos hayan dado, igualmente les debemos la vida. Este sentimiento tan noble de la gratitud hacia su padre qued? maravillosamente expresado en la carta que el teniente Roberto N?stor Est?vez, muerto en 1982 en la guerra de Malvinas, dej? plasmado en una carta de despedida escrita a su padre:

?Querido Pipo:
Cuando recibas esta carta, yo ya estar? rindiendo cuentas de mis acciones a Dios nuestro Se?or. ?l que sabe lo que hace, as? lo ha dispuesto: que muera en el cumplimiento de mi misi?n; pero fij?te vos ?qu? misi?n! ?No es cierto? ?Te acord?s cuando era chico y hac?a planes, dise?aba veh?culos y armas para recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas nuestra soberan?a?. Dios, que es un Padre generoso, ha querido que este su hijo, totalmente carente de m?ritos, viva esta experiencia ?nica y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria. Lo ?nico que a todos quiero pedirles es: 1) Que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. 2) Que me recuerden con alegr?a y no que mi evocaci?n sea la apertura a la tristeza. Y muy importante. 3) Que recen por m?. Pipo, hay cosas que, en un d?a cualquiera, no se dicen entre hombres, pero hoy debo dec?rtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tener tu apellido, gracias por ser cat?lico, argentino e hijo de sangre espa?ola, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria ?o Muerte!

Roberto?(1).

De camino hacia Jerusal?n, Jes?s pasaba entre Samaria y Galilea. Al entrar a una aldea vinieron a su encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y comenzaron a gritar: ?Jes?s, maestro, ten piedad de nosotros!?. ?l, al verlos, les dijo: ?Vayan a presentarse a los sacerdotes?. Y, mientras iban de camino quedaron limpios. Uno de ellos, al verse curado, volvi? alabando a Dios en alta voz y se postr? a los pies de Jes?s d?ndole gracias. Era un samaritano. Jes?s pregunt?: ?No quedaron limpios los diez? ?D?nde est?n los otros nueve? Tan solo ha vuelto a dar gracias a Dios este extranjero? Y le dijo: ?Lev?ntate, vete: Tu fe te ha salvado?. (Luc. 17, 11- 19). Jes?s lo puso de ejemplo pero se entristeci? por los otros nueve. Los otros nueve se fueron con el cuerpo sano a rehacer su vida, seguramente abrazar a los suyos y recomenzar una vida nueva, pero el samaritano no s?lo qued? curado en el cuerpo sino en el alma: ?Tu fe te ha salvado?.

La narraci?n es m?s impresionante si recordamos lo que significaba la lepra en el siglo primero. No s?lo era repugnante, destructiva e incurable. Era tambi?n temible por sus efectos sociales. El leproso era aislado de su familia y del resto de la sociedad junto con los otros leprosos. Tan riguroso era este aislamiento f?sico y el terror de contagiarse que el leproso deb?a gritar al acercarse a cualquiera: ?Inmundo!. Padecer lepra en aquella ?poca era como estar muerto en vida. Ning?n m?dico humano pod?a curarla. Pero un d?a hubo 10 leprosos que se encontraron con Jes?s y fueron curados. Tan s?lo uno se dio vuelta a agradecerle, lo cual marca una proporci?n de un 10% de personas que son agradecidas. ?Qu? explicaci?n tiene el comportamiento de los otros nueve? La falta de humildad de reconocerse deudores del bien recibido, que a veces nos resulta insufrible. Desgraciadamente el comportamiento de estos nueve desagradecidos tendr? millones de seguidores en el resto de los siglos. La gratitud hace la convivencia humana m?s pac?fica y armoniosa, introduce la cortes?a, el buen orden y la serenidad, llev?ndonos a valorar los sacrificios ajenos. Desde actos cotidianos y sencillos como qui?n cocin? la torta que comemos, qui?n nos trajo un regalo de cumplea?os o hasta qui?n nos cuida cuando estamos enfermos.

Es un deber moral el sentir y demostrar nuestra gratitud hacia los sacerdotes que nos administraron los Sacramentos y nos reconciliaron tantas veces con Cristo, hacia las catequistas que nos ense?aron durante horas y en salones muchas veces fr?os y destemplados las bases de nuestra fe (que nos han servido para vivir). Hacia los amigos y colaboradores que nos hacen la vida tanto m?s agradable con su compa??a y sus experiencias agradables compartidas. Hacia los maestros que nos sacaron de la ignorancia y nos facilitaron el apasionante mundo del saber, muchos de ellos por m?seros sueldos o llegando a la escuela rural despu?s de haber hecho dedo en la ruta por horas y diariamente. Hacia nuestros soldados que nos defendieron del enemigo en las g?lidas aguas y tierras de las Malvinas cuando estuvimos en guerra. Agradecer y sentirse en deuda con todo esto y con todos ellos nos har?n mejores personas y m?s felices.

El tema es entender que lo que nos ennoblece y nos mejora como personas no es el exigir sino el agradecer. El tener una actitud siempre de gratitud nos llevar? a cuidar tambi?n las cosas (desde los muebles del colegio, mi cartuchera y mi mochila, hasta los ?rboles y los bancos de la plaza p?blica) porque alguien hubo en alg?n momento que se ocup? de comprarlos y (en el caso de los ?rboles) de ponerlos para que nosotros disfrut?ramos de ellos. Tomar conciencia adem?s que hay millones de personas que no los tienen. Tantas veces las personas que hemos sido beneficiadas no hemos sabido detenernos y darnos vuelta para agradecer los beneficios recibidos como aquellos nueve leprosos y nos resulta m?s f?cil decir superficialmente que fue ?la vida? quien nos lo dio todo y no alguien en concreto que nos har? deudores. O?mos decir muchas veces: ?La vida me ha dado mucho?, pero la vida es solamente un camino por el cual transitamos, y lo que vamos recibiendo en ella no es circunstancial sino providencial. Dios est? detr?s del don de la vida, de los padres que nos educaron y nos generaron un hogar y un bienestar, de los profesores que nos ense?aron, de los amigos que nos ayudaron, de los dones recibidos como el poder ver, o?r, caminar, entender, amar.

La gratitud ni humilla ni esclaviza, simplemente es la memoria del alma. Es grandeza de esp?ritu, es magnanimidad. Entre la persona que da y la que recibe se establece una corriente de afecto que une y enriquece a las personas. De ah? que no se trata de transitar por la vida crey?ndonos merecedores de todo, llenos de exigencias, insatisfechos y desagradecidos, sino recordando la sentencia: ?Si das olv?dalo, si recibes recu?rdalo?.

Lo que nos esclaviza es nuestro orgullo, de ah? que empieza por ?ponerte de rodillas para agradecer a Dios que est?s de pie?. ?Por qu? esa resistencia a reconocernos en deuda? ?Por qu? nuestra ingratitud, nuestra falta de reconocernos deudores? Muchas veces es por falta de formaci?n y por ende de educaci?n, pero otras muchas veces es por soberbia, por falta de humildad. En reconocer que nos han ayudado y estamos en deuda.


Notas
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g. 583.
(4) ?Dios en las trincheras?. Rev. Padre Vicente Mart?nez Torrens. Ediciones Sapienza. P?g.




La Veracidad



La veracidad es la virtud que ?inclina a decir siempre la verdad y de manifestarnos al exterior tal como somos interiormente? (1)

Es la virtud que marca el amor a la verdad, que nos lleva a decir y manifestar siempre la realidad que hemos descubierto con la inteligencia y aplicarla primeramente a nosotros mismos. Principio b?sico para confesarnos bien, el de llamar a las cosas por su nombre. A?n a costa de nuestra propia imagen (principal motivo por el cual generalmente mentimos).

La existencia de la Verdad superior (que es Dios) es la m?xima aspiraci?n de la inteligencia humana y marca la vida del hombre, seg?n la aceptamos o la rechazamos. Lo m?s profundo, las decisiones m?s importantes y radicales en la vida de una persona, siempre tendr?n que ver con la postura que el hombre tome frente a la Verdad, que no nace ni naci? de la cabeza de ning?n fil?sofo sino del mismo Jesucristo que se autodefini?: ?Yo soy la Verdad?.

Hubo ?pocas (a?n paganas) en que las mejores inteligencias estaban dedicadas a la b?squeda de la verdad, concretamente a la filosof?a. Estaba ?de moda? buscar la verdad. Era la propuesta social. En la ?poca de los griegos (que eran paganos) 500 a?os antes de que el Hijo de Dios se proclamara como ?La Verdad?, los griegos ya la buscaron, la intuyeron y la descubrieron con Arist?teles como su m?ximo exponente. Los griegos dieron lo m?ximo de s?. Faltaba la encarnaci?n y la revelaci?n.

Aquella persona plena y de pie, con su inteligencia desarrollada, dec?a: ?esto ?es? una flor?. Con el paso de los siglos los hombres comenzaron a dudar y decir: ?yo ?creo? que es una flor?. Ya la flor no impuso m?s la verdad objetiva al intelecto. Ahora, con nuestro intelecto en decadencia decimos: ?Yo ?siento que es una flor?... Esto muestra la decadencia que ha sufrido la persona.

?Sentir? es una tarea de los sentidos, cuyo fin es infirmar (si es suave, ?spero, caliente o fr?o) y no juzgar. Sobre lo que es falso y verdadero. El juicio sobre lo que es falso y verdadero es tarea propia de la inteligencia. Si voy a misa, no es porque los sentidos me dicen que me ?gusta? y porque tengo ganas, sino porque el intelecto, mi inteligencia adhiere al mandato de la Iglesia de rendir culto externo a Dios y mi voluntad lo ejecuta. Si no ?sentimos? nada, pero cumplimos con el mandamiento de dar culto p?blico a Dios, tiene igual valor, o m?s. Quien conoce la Verdad, (que es Dios), y se somete a ella, no es una persona que se cree superior, sino una persona que conoce mejor la compleja naturaleza de la persona humana y su destino trascendente. Conocerla, aceptarla y predicarla tampoco significa que encarnemos a la perfecci?n lo que predicamos. Nosotros no somos la medida de la verdad. Podemos y debemos transmitir m?s de lo que encarnamos. Haremos con nuestras vidas privadas lo que podamos o lo que queramos pero, si conocemos la Verdad, debemos transmitirla intacta a los dem?s. Los consagrados, especialmente los sacerdotes y religiosas, como han optado p?blicamente por el modelo de Jesucristo, (que es la Verdad), tienen mucho m?s compromiso y responsabilidad que el resto de los fieles de transmitirla tal cual es con el testimonio de sus vidas.

A partir de la aceptaci?n de la Verdad, reconoceremos las verdades objetivas que derivan de la ley de Dios. Dios es la verdad. Todo lo que El ense?a es verdadero. Lo que El ense?a como bueno es lo bueno y lo que El ense?a como malo es malo. Dios nos ense?a lo que las cosas son en s?. Las cosas no son malas porque Dios las proh?be, sino que Dios las proh?be porque son malas para nosotros. Por ejemplo: me est? prohibido darle un beso apasionado al se?or que tengo al lado. ?El beso es malo en s?? No. En ese caso es malo porque el se?or de al lado es el marido de otra mujer y no el m?o. Si fuese el m?o estar?a bien.

Dios nos ha dado leyes porque nos cuida y sabe qu? es lo bueno para nosotros. Negar la Ley de Dios como el Bien objetivo quiere decir que nos levantaremos nosotros como legisladores de lo verdadero, lo bueno y lo malo y entonces las arenas comenzar?n a ser movedizas y nos tragar?n. Esta fue la tentaci?n que Satan?s utiliz? con Ad?n en el Para?so. No le dijo la verdad y le minti?. Indagar en el ?rbol del Bien y del Mal, ser legislador del Bien, y del Mal es el demonio total de Dios.

Lamentablemente el que no est? en la verdad est? en el error, aunque hoy nos guste llamarlo ?posturas personales? para darle un tinte m?s informal, para hacerlo menos tr?gico, porque en el fondo lo que queremos hacer es tapar el drama de la posibilidad de nuestra propia condenaci?n eterna.

La verdad es la realidad de las cosas. Est? ?ntimamente relacionada con la simplicidad, que rectifica la intenci?n apart?ndonos del doblez, que es manifestarnos exteriormente en contra de nuestras verdaderas intenciones, y con la fidelidad, que inclina a la voluntad a cumplir con lo prometido, conformando as? la promesa con los hechos. Debemos aprender a amar la verdad desde la m?s tierna infancia ya que, como todas las virtudes, para que se nos haga natural el h?bito del bien, hay que ejercerlo continuamente y cuanto antes comencemos mejor. Lo dijimos al hablar de la responsabilidad. Si al caminar un ni?o de 3 a?os se choca con la mesa, la culpa no ser? de la mesa que ?es mala? (como le decimos en voz alta y peg?ndole a la mesa). La verdad ser? que se choc? con la mesa porque calcul? mal y que debe aprender a mirar por donde camina. De a poquito hay quedecirle al ser humano que no cometa torpezas, tratando de hacerle la verdad dulce, tierna y accesible para que aprenda y no la rechace, pero no tan dulce para llevarla hasta la mentira. Entender y comprender el por qu? de nuestros comportamientos para corregirlos (lo que San Ignacio llamaba ?el desorden de nuestras operaciones?) nos ordenar? y nos har? m?s f?cil la vida. No siempre estaremos obligados a ser veraces, pero s?, estamos obligados a no mentir jam?s. Se debe decir la verdad a nuestro pr?jimo siempre y ?nicamente que sirva para su bien. Cuando la caridad, la justicia u otra virtud nos exijan no decir la verdad siempre podremos buscar un pretexto para no decirla totalmente y crudamente porque primero est? la caridad. Pero jam?s es l?cito mentir directamente ni siquiera para conservar la vida u otro bien temporal. La caridad, por ejemplo, nos impedir? decirle a nuestro amigo que sabemos que es hijo de otro padre, o que su madre tiene un amante. Curiosamente en general es en estos ?mbitos en donde somos veraces y no deber?amos serlo, porque en estos ejemplos generalmente ni ayuda ni es necesario.

Debemos amar la veracidad y el h?bito de llamar a las cosas por su nombre y no endosar nuestras faltas a nuestro pr?jimo cuando somos tambi?n responsables de las situaciones. Por ejemplo: No acusar a nuestra madre del desorden en nuestro hogar (cuando ella trabaja todo el d?a afuera para mantenerme) si yo soy incapaz de dar una mano y de colaborar en la casa. La verdad es que mi falta de colaboraci?n agrava el desorden. Acusar al profesor de ser demasiado exigente y aplazarme, cuando la verdad es que no he estudiado lo suficiente. Acusarse entre padres de no poner l?mites a los hijos cuando la verdad es que ninguno de los dos lo hace. De ah? la importancia de aplicarnos la verdad objetiva de cada situaci?n para con nosotros mismos, (para conocer nuestras faltas, confesarlas y corregirlas). La Verdad compromete y nos obliga. Nos exige tomar partido. Hay algo dentro de nosotros que nos reclama coherencia entre lo que pienso y lo que hago. Si acepto que la Verdad existe no puedo livianamente actuar en contra. Si lo hago, la conciencia me pesar? y me remorder?, reproch?ndome mi accionar.

Tengo que vivir como pienso porque sino terminar? pensando como vivo. El hombre moderno es muy reacio a sacrificar sus ideas personales en aras de una verdad objetiva. Ni siquiera est? habituado a hacerlo pero, como necesita justificar sus actos, si no son coherentes con su manera de pensar, modificar? la manera de pensar para no renunciar a lo que est? haciendo (drog?ndose, robando, emborrach?ndose, rob?ndole al socio o saliendo con un separado). De ah? que tomar? el vuelto que hay en el caj?n pensando ?total es de mam? y si es de ella... es como si fuese m?o?... Se pasar? horas chateando con la amiga en la oficina ?porque total soy tan eficiente que me lo merezco?... Se llevar? la toalla del hotel ?porque todos se la llevan...? Y as? se empieza... Las generaciones m?s j?venes ya se han criado en un relativismo, escepticismo y un subjetivismo que ha resultado ser un verdadero sida para el alma quit?ndole todas las defensas morales.
Los errores m?s comunes contra la Verdad son:

El relativismo en la filosof?a que niega las verdades absolutas (como Dios y Sus leyes) y dice que todo es relativo, que todo puede ser de una manera u otra. Por ejemplo: que es igual casarse que juntarse. Que es igual lo que opine sobre energ?a nuclear el f?sico especialista que el futbolista que llega de jugar el mundial y lo entrevistan en el aeropuerto. Al negar lo Absoluto (quen es Dios) todo puede ser de una manera u otra, todo depende del color del ?cristal con que se mira?.

El subjetivismo que es cuando prevalece nuestro modo de pensar o sentir y no lo que es bueno o malo seg?n la verdad objetiva (que es Dios y sus Leyes). Lo que ?yo? creo que es bueno, ser? bueno (como emborracharme, dormir hasta medio d?a, gastarme todo mi sueldo en ropa, drogarme, cambiar de pareja a mi antojo y continuamente, atiborrarme de pornograf?a o quedarme el d?a entero tirado en una cama mirando un v?deo). Si yo lo quiero bastar?. Ese ser? el fundamento suficiente. La Iglesia que es Madre y Maestra ense?a que el trabajo dignifica al hombre porque contribuye a mejorar la Creaci?n y debo esforzarme para ganar mi sustento. Pero si ?yo creo? que es mejor para m? robar para obtenerlo, eso es lo que har?, independientemente de lo que ense?e la ley moral objetiva superior a la m?a.

El escepticismo es la falta de aceptaci?n de una verdad objetiva. Primero tomo una postura relativa (todo puede ser igual depende como se lo mire) luego una subjetiva (todo depende si a m? me parece bueno o no y no que lo
sea en s?) y termino en el escepticismo que es la doctrina que dice que la verdad no existe y que el hombre es incapaz de conocerla, a?n en el caso de que existiera. Esta incredulidad es insana para el hombre porque lo deja sin las certezas que lo arman espiritualmente y le dan sentido a su vida. Y es por eso que, en las ?Cartas del diablo a su sobrino?, el diablo viejo, cuando alecciona a su inexperto sobrino, el diablo joven, para perder a las almas, le dice a modo de consejo experimentado: ?Acu?rdate que est?s ah? para embarullarle; por como habl?is algunos demonios j?venes, cualquiera creer?a que nuestro trabajo consiste en ense?ar ?... (2) ?Mant?n sus ideas vagas y confusas y tendr?s toda una eternidad para divertirte...(3)

Los pecados opuestos a la veracidad son: la mentira, (que es decir lo contrario de lo que se piensa interiormente), la hipocres?a (que es mentir no s?lo con palabras sino con los hechos, queriendo hacerse pasar por lo que uno no es), la jactancia (que es atribuirse excelencias o m?ritos que no se tienen para elevarse por sobre lo que uno es), la iron?a (que es la burla fina y disimulada por medio de la cual se intenta dar a entender lo contrario de lo que se cree), y la falsa humildad (negar conocimientos que en realidad se tienen).


Notas
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g. 585.
2) ?Cartas del diablo a su sobrino?. C.S. Lewis. Editorial Andr?s Bello. P?g.28.
(3) ?Cartas del diablo a su sobrino?. C.S.Lewis. Editorial Andr?s Bello. P?g.30.



Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En relaci?n a la Gratitud
1. ?Qu? es la virtud de la gratitud?
2. ?Cu?les son las consecuencias de vivir valorando lo que tenemos (cualidades personales, familia, amigos, trabajo, etc.) y no vivir enumerando o a?orando lo que nos falta?
3. ?Has experimentado la necesidad de agradecer? ?c?mo lo has hecho?
4. ?Cu?les crees que son los principales obst?culos que nos impiden agradecer y sobre todo vivir con la actitud de agradecimiento con los dem?s?
5. Alg?n comentario o sugerencia?


En relaci?n a la veracidad

1. ?Qu? es la virtud de la veracidad?
2. ?Qu? significa cuando se dice que la verdad es objetiva?
3. ?Por qu? hay que pensar, hablar y actuar siempre en la verdad?
4. ?A qui?n da?a la mentira: a quien la dice o a quien se dice? ?Por qu?? ?Cuales son las principales causas por las que se miente y se evita decir la verdad?
5. ?Existen las ?mentiras piadosas?? ?Debes guardar los secretos?
6. Explica la frase evang?lica: ?La verdad os har? libres?.
7. ?Alg?n cometario o sugerencia?


Para reflexi?n personal

1. ?He formado en m? el h?bito del agradecimiento??Soy agradecido con Dios??considero los dones f?sicos que me ha dado gratuitamente??Me parece lo m?s normal que los tenga??Los talentos en el orden intelectual que tengo los considero como algo recibido, se los agradezco tambi?n a Dios??Agradezco de manera especial a dios mi creaci?n, redenci?n, la Iglesia y los sacramentos??Tambi?n agradezco la familia que tengo que me ha hecho nacer y todas las circunstancias que me ha permitido vivir en compa??a de mis seres queridos?
2. ?Acostumbro a agradecer a Dios los peligros de los que me ha librado de todo orden. F?sicos y espirituales? ?C?mo manifiesto esta gratitud? ?Con puras palabras? ?O con un reconocimiento sincero de su soberan?a en m?, siguiendo siempre la voluntad de Dios?
3. ?El amor propio herido, la vanidad, el miedo a perder mi imagen, me hace olvidar los beneficios recibidos?
4. ?Agradezco sinceramente cuando alguien me hace un favor, un servicio? ?A?n en lo m?s m?nimo? ?O considero que no es importante pues son servicios que se me deben?
5. ?Se aceptar con sencillez los favores de los dem?s? ?Creo que me basto a mi mismo?
6. ?Soy agradecido con mis padres? ?C?mo lo demuestro?
7. ?Al llegar del t?rmino de un viaje, despu?s de estar con una persona que me ha hecho un servicio, se agradecer los favores que me ha ofrecido? ?C?mo agradezco?
8. ?Tengo suficiente delicadeza de alma para considerar como favor todo cuanto se me hace y agradecer por ello?
9. ?Fomento en mi vida el agradecimiento como una de las virtudes m?s hermosas del cristiano?
10. ?Digo siempre la verdad??Miento para salvar mi imagen?
11. ?Vivo en la verdad? ?en la realidad de mi situaci?n personal, de la familia, del trabajo, de la sociedad? ?En estos ambientes soy coherente a mis principios y valores?
12. ?Mi relaci?n con los dem?s depende del servicio o utilidad que aporten a mis intereses personales? ?Aparento amabilidad para ganar favores??Valoro a los dem?s por lo que me puedan ser ?tiles?


Publicado por mario.web @ 19:12
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