S?bado, 21 de mayo de 2011

Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepult?moslo en el olvido.
Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net
Curso: Las 54 virtudes atacadas
Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero
Lecci?n 20 y 21 La Sinceridad y la Honestidad

La Sinceridad

La sinceridad es la virtud que ?manifiesta si es conveniente, a la persona id?nea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, con claridad, respeto a su situaci?n personal o a la de los dem?s? (1)

Dicho en otras palabras, la sinceridad nos permite expresarnos libres de todo fingimiento con el pr?jimo. Es lo que nos permite manifestarnos exteriormente como somos interiormente, (sin dobleces), en nuestra relaci?n con los dem?s. Es la claridad y transparencia en lo que se hace, en lo que se piensa y en c?mo se vive. Comienza con nosotros mismos. Cuando no hemos sido sinceros, pasado el primer momento, la conciencia nos lo reclama. De ah? que seremos sinceros en la medida en que no especulemos con lo que decimos o hacemos buscando nuestra propia conveniencia, resguardando nuestra propia imagen (la que le vendemos al pr?jimo) y eludiendo responsabilidades.

La sinceridad es menos exigente que la veracidad (que es el amor a la verdad hasta sus ?ltimas consecuencias y dispuestos a pagar el precio que ello implica) pero se convierte en una manera de ser transparente y natural. Las personas sinceras tienen el encanto especial que da la naturalidad con que se mueven, libres de astucias para fingir lo que en realidad no son, ni piensan. San Francisco, siglo XIII, exhortaba a sus frailes a ser muy sinceros ?Porque cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es, y no m?s.? (2) A eso tiende la sinceridad, a no vender una imagen que no se es, ni en la forma de actuar, ni en la forma de pensar, ni en la forma de sentir. La sinceridad en nuestras palabras siempre tendr? que ser moderada por otras virtudes como la caridad, (para no herir gratuitamente), la discreci?n, (para no decir en p?blico lo que debamos decir en privado), la amabilidad, (buscando la mejor forma de hacerlo para que nuestras palabras no sean rechazadas de plano), y la prudencia, (a la persona adecuada y a quien habr? de servirle) etc.

Las virtudes est?n todas entrelazadas y el tener una implica estar rozando o necesitando otras para lograr el equilibrio. Por ejemplo, ser sincero no quiere decir necesariamente expresar cosas hirientes todo el tiempo, ni lo primero que pensamos ni todo lo que pensamos. Tampoco es lo mismo que ser espont?neo. El decir la verdad es l?cito siempre que sea bueno para esa persona escucharla y le sirva para corregir una actitud. Hay que decir lo que se piensa, pero hay que pensar lo que se dice. Por ejemplo:

Si nos encontramos con alguien que acaba de enterrar a su padre y le decimos que estamos apurados porque nos queremos ir al cine no seremos sinceros, (aunque sea la verdad), sino unos salvajes. La circunstancia y la caridad exigen que invirtamos nuestro tiempo con nuestro pr?jimo que en ese momento lo reclama para desahogar su coraz?n. Si nos encontramos con una amiga que hace tiempo que no vemos y le decimos que est? gorda, (algo que seguro que ella ya lo sabe porque el espejo se lo recuerda diariamente), por m?s que sea cierto es una groser?a gratuita. Si nos invitan de veraneo y comentamos que el colch?n es inc?modo tampoco seremos sinceros, (aunque sea verdad), sino unos mal educados porque primero est? la gratitud hacia quien nos invit? y la cortes?a.
Si viene a visitarnos una t?a que generalmente no vemos y le decimos que cay? en mal momento porque nos ?bamos a la peluquer?a, (aunque fuese verdad), es una groser?a, una falta de caridad y de generosidad con nuestro tiempo. Siempre habr? prioridades, y, una cosa es tener que estudiar porque rendimos al otro d?a un final y otro muy distinto es irnos a la peluquer?a que puede esperar. Si estudiamos con un compa?ero cuyo ritmo de comprensi?n es m?s lento que el nuestro y hemos decidido dejarlo, (y est? bien y es comprensible que lo hagamos), no necesitamos lastimarlo queriendo ser sinceros y dici?ndole puntualmente el motivo: que es lento para aprender. Siempre podremos decirle que preferimos probar solos para exigirnos m?s disciplina y no tener que salir de casa que no ser? mentir pero tampoco estamos obligados a decirle todas las razones.

Esta an?cdota piadosa nos servir? para entenderlo mejor:
Un joven disc?pulo de un sabio fil?sofo llega a casa de ?ste y le dice:
- Maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
- ?Espera! - Lo interrumpe el fil?sofo. ?Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
- ?Las tres rejas?
- S?.-
- La primera es la VERDAD ?Est?s seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No. Lo o? comentar a unos vecinos...
- Al menos lo habr?s hecho pasar por la segunda reja, que es la BONDAD. Eso que deseas decirme, ?es bueno para alguien?
- No, en realidad no. Al contrario...
- Ah, vaya. La ?ltima reja es la NECESIDAD. ?Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta? -
- A decir verdad, no.
Entonces - dijo el sabio sonriendo si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepult?moslo en el olvido.

Ser sincero tampoco quiere decir publicar los pecados propios y los ajenos con una falta de pudor e intimidad que nos degrada. Las intimidades de la familia, como regla general, no deben tratarse con las personas ajenas a ella. Y los pecados propios deben confesarse a los sacerdotes porque representan a Dios, que jam?s lo dir?n porque tienen el voto de sigilo sacramental (por el cual el sacerdote est? obligado a guardar secreto absoluto de los pecados del penitente y sellarlos con el Sacramento bajo penas muy severas) y no andar ventil?ndoselos a todo el mundo. Esta exposici?n de la propia intimidad responde a la necesidad de descargar el peso de nuestra conciencia violentada por los pecados. El ?mbito apropiado es la privacidad inviolable de la confesi?n, ante un cura, que se llama ?cura? porque su misi?n es curar a las almas.

La degradaci?n de la sociedad moderna y su ataque brutal a todas las virtudes es lo que ha arrasado con esa joya humana que era la propia intimidad. En ?pocas ya no digamos cristianas sino m?s humanas, uno eleg?a a determinada y muy seleccionada persona, en los momentos apropiados y tambi?n seleccionados, para compartir una confidencia. La confidencia bien hecha (y en el lugar apropiado) de un coraz?n a otro, siempre debe ser tomada como una distinci?n que se nos hace, de un coraz?n sobrecargado por un pesar y que necesita aliviarse, y hay que responder a esto con reserva y mucho celo.

La revoluci?n anticristiana, para atacar el n?cleo de la sinceridad y demolerla, ha impuesto (especialmente a trav?s del psicoan?lisis y de los medios de comunicaci?n masiva) en nombre de ser ?aut?ntico?, de estar a la ?moda?, el decir las barbaridades y las intimidades m?s grandes (propias y ajenas) en p?blico, sin tapujos, ni delicadezas. En aras de una falsa sinceridad hasta la intimidad del otro es violada, sin discreci?n, sin caridad, sin modestia ni pudor, sin prudencia, avasallando sin piedad con el honor, la fama y la vida privada de las personas. Reina como soberana desde los medios de comunicaci?n social la vulgaridad, la ordinariez, el maltrato, la groser?a como expresi?n de sinceridad y de autenticidad cuando es la ant?tesis de lo que en realidad es. La ant?tesis de la sinceridad es la que es el fingimiento y la apariencia de cualidades o sentimientos que no se tienen ni se experimentan que Nuestro Se?or conden? en el Evangelio.


Notas
(1) ?La educaci?n de las virtudes humanas?. David Isaacs. Editorial Eunsa. P?g. 171.
(2) ?Sin volver la vista atr?s?. Justo L?pez Med?s. Editorial G.M.S IBERICA, S.A.P?g.23



La Honestidad

La honestidad es la virtud que nos lleva a ?actuar con rectitud de intenci?n?.

As? como la veracidad es el amor y la fidelidad a la verdad intelectual, descubierta por la inteligencia (y es la aspiraci?n suprema del intelecto) y la sinceridad es la transparencia entre lo que pensamos y lo que decimos a los dem?s, la honestidad est? dirigida a nuestras acciones. Una persona honesta es la que permanentemente busca lo correcto, lo honrado, lo justo, lo que se debe hacer, que pone las cartas sobre la mesa y no pretende aprovecharse de la confianza ni de la inocencia o ingenuidad de los dem?s. Como sentencia Patr?n Luj?n: ?Ser hombre es tener verg?enza, sentir pena de burlarse de una mujer, de abusar del d?bil o de mentir al ingenuo?. La honestidad nace y crece en la familia y durante los siglos cristianos fue motivo de orgullo para una familia que pod?a contar con ese escudo de nobleza. Significaba haber hecho multitud de sacrificios, de haber superado retos, de haber hecho elecciones y sobre todo renuncias (visibles o a veces invisibles) con las cuales se templaba el alma y se fortalec?a el esp?ritu.

La persona honesta sabe cu?ntos sacrificios y renuncias se hacen por tener una vida de bien, ordenada, limitada a vivir con lo que tenemos sin robar o aceptar coimas, con solvencia econ?mica honestamente ganada, con alegr?a y tristezas compartidas, con la tranquilidad que brinda una conciencia en paz durante la vida y especialmente a la hora de la muerte. Durante los siglos cristianos, y en una sociedad impregnada por sus valores, la honestidad fue siempre un motivo de orgullo que las personas y las familias llevaban como un galard?n sobre su apellido y sobre s? mismas. ?Pobres pero honestos? era todo una consigna a seguir con orgullo que marcaba el orden de prioridades.

Es la virtud que nos lleva, (aunque a veces nos cueste mucho), a cumplir con la palabra empe?ada, con nuestros compromisos, a pagar nuestras deudas puntualmente, (aunque podamos no hacerlo porque sabemos que nos esperan). A no contraer deudas o pedir plata prestada al amigo (si sabemos de antemano que no podemos devolverla). A comentarle a nuestro novio/a si hemos tenido un pasado indigno, si somos inf?rtiles gen?ticamente, (por un aborto previo o cualquier otra enfermedad que pueda afectar en un futuro nuestro matrimonio y no podremos tener hijos). Si hemos tenido un hijo natural, (aunque viva en otro pa?s y no lo veamos, pero existe). Si nos avergonzamos de alg?n miembro de nuestra familia porque nos deshonra y tratamos de ocultarlo pero que igualmente integrar? la futura familia. Si por distintos motivos queremos negarle nuestro propio origen y aparentar una realidad falsa a quien nos ha hecho un voto de confianza incondicional y aspira a compartir su vida con nosotros.

Los argentinos hemos conocido y vivido a?os atr?s una sociedad, que si bien no era perfecta, valoraba la honestidad. La mayor?a hemos crecido con las puertas de las casas abiertas, (algunas hasta de noche), dej?bamos las llaves puestas en los coches y nadie sacaba nada, al verdulero se le pagaba a fin de mes y su famosa ?libreta? estaba siempre correcta, el m?dico mandaba sus honorarios a fin de a?o y no por esto se perjudicaba porque hab?a estabilidad, los negocios, (especialmente en el ?mbito agropecuario), se hac?an de palabra y la palabra era sagrada. La palabra para los hombres de bien ten?a el valor casi de un documento. Nosotros conocimos esa Argentina. No fue una ficci?n. Lo cual nos indica que se puede vivir de esa manera y no como hoy en que los ciudadanos honestos nos vemos forzados a vivir tras las rejas y bajo llaves y alarmas de seguridad.

Por el contrario, el vicio o pecado opuesto es la deshonestidad en nuestras acciones. Es la que nos llevar? a manipular a los dem?s para obtener beneficios, a chantajear y especular para controlar a las personas. A enga?ar en el noviazgo y casarnos por inter?s haci?ndole creer que lo amamos con locura cuando lo que amamos es su dinero o la vida que nos dar?. A mostrar exagerado inter?s por ayudar a mi compa?era/o de trabajo casada/o cuando en realidad lo que queremos es seducirla/o.

Es deshonesto mantener o alargar una relaci?n sentimental sabiendo que uno no est? dispuesto a casarse, cre?ndole a la otra persona falsas expectativas de matrimonio y jugando con sus sentimientos. Es deshonesto eternizar relaciones sentimentales que no estamos dispuestos a cortar, por nuestra flojera, placer o inter?s. Es deshonesto mudarnos de nuestra ciudad a otra haci?ndole creer a nuestro c?nyuge que lo hacemos por el bien de los hijos cuando en realidad es porque queremos estar cerca de nuestras amigas y de nuestra madre, y le presentamos como bueno lo que en realidad es s?lo nuestro propio inter?s. Es deshonesto pedir becas en el colegio para nuestros hijos, (que recaer?n en las cuotas de otros padres que nos mantendr?n), si podemos pagarlas y gastamos en otras cosas superfluas. Es deshonesto si tenemos un almac?n o una f?brica y vendemos 800 grs de az?car por un kilo, o ponemos fechas falsas de vencimiento en los productos obligando a los consumidores a comprar nuevos por temor a intoxicarse.

Otro mecanismo psicol?gico que determina la deshonestidad es la negaci?n el no aceptar nuestra propia realidad, (en todos los ?rdenes). Esto puede constituir la ra?z de nuestra tendencia a la deshonestidad, y de ah? que la honestidad sea hija de la veracidad. Auto enga?arnos por no aceptar nuestra propia realidad nos llevar? al mal h?bito de enga?ar a los dem?s y a comportarnos muchas veces, muy injustamente con el pr?jimo. Los griegos ya dec?an: ?Excusa no pedida, acusaci?n manifiesta?, porque la tendencia a la excusa no s?lo indica debilidad de car?cter, sino un esp?ritu acostumbrado a maniobrar para defenderse. Por no aceptar que no hemos estudiado, nos excusaremos ante nuestros padres de que no sab?amos la lecci?n porque la profesora explica mal. No seremos sinceros con nuestros padres y seremos deshonestos para con la profesora. Nos excusaremos que estamos sin un peso por no aceptar que hemos malgastado el dinero desordenadamente y acusaremos a nuestro c?nyuge de mala administraci?n, lo cual es deshonesto hacia el o ella. Nos excusaremos que vivimos llenos de privaciones porque no nos pagan lo justo y no asumiremos que es porque gastamos m?s de los debido, lo que es una actitud deshonesta hacia nuestros patrones que nos pagan puntualmente y bien.

Otro mecanismo deshonesto es la racionalizaci?n. Racionalizar la necesidad de nuestras actitudes deshonestas y tratar de encontrar razones para justificarlas con continuos pretextos. A decir verdad, encontraremos siempre una raz?n por la cual estamos desordenados. Pero lo grave es cuando la verdadera raz?n se convierte en una excusa para justificarnos y no aceptar nuestra realidad, que es la verdad, para no tener que modificarnos y corregirnos. Encontramos razones para justificar que no colaboramos en el hogar, que llegamos tarde al trabajo, que no somos felices en nuestro matrimonio cuando somos los grandes responsables de estas faltas. En general, la mente de un alcoh?lico, de un jugador empedernido, de un infiel o de un irresponsable est? habituada por a?os a justificarse y lo lleva al auto enga?o, de ah? la imposibilidad de corregirse. A?n detalles que parecen ?nfimos, (como el vestirnos habitualmente con la ropa ajena, porque es mejor que la nuestra), en el fondo tratan de vender una imagen que no es real, que es falsa, porque pretendemos disfrutar de un guardarropa que no es nuestro, cuando nuestra realidad es que contamos con tan solo pocas cosas y se nos debiera aceptar por quienes somos y no por lo que llevamos encima que, adem?s, es ajeno. Las modas no debieran imponernos necesidades que no tenemos, como variar continuamente de ropa, practicar todos los deportes posibles que practican otros o veranear en lugares que no podemos.

La revoluci?n ha calado muy hondo a?n en esta ruptura y erosi?n de la propiedad privada y los j?venes hoy en d?a, envueltos en una sociedad tremendamente consumista, no s?lo no saben el esfuerzo que normalmente cuesta adquirir las cosas, sino que creen que es igual usar el buzo propio que el ajeno.

Otra forma deshonesta de excusarnos es la proyecci?n. Proyectarse es ver en los otros nuestros propios defectos, debilidades y miserias. Cuando pensamos m?s en los defectos de las otras personas que en los nuestros propios, terminamos cayendo en un mecanismo de evasi?n de nuestra propia realidad que no es m?s que una deshonestidad con nosotros mismos. Si somos avaros, hablaremos continuamente de la avaricia del pr?jimo, si somos ego?stas pondremos la lupa sobre el ego?smo de determinada persona, para que los ojos ajenos se dirijan al otro y no a nosotros. Ni siquiera los nuestros sobre nosotros mismos. Es una forma sutil y perversa de autoprotecci?n, (muy com?n) que nos permite seguir c?modamente con nuestros defectos.

S?lo Dios puede leer nuestras conciencias y nuestro coraz?n, de ah? que s?lo ?l podr? medir el grado de honestidad en nuestras palabras y nuestras acciones. Cada uno sabr? en su interior si act?a con honestidad en la vida, si es coherente con lo que piensa, dice y hace y si utiliza la verdad como herramienta fundamental de su existencia o no o, si por el contrario, la mentira es su h?bito existencial y su herramienta para manejarse. Hay una an?cdota simple y pero muy ilustrativa que explica la honestidad en el proceder. Un emperador que convoc? a todos los solteros del reino para encontrar un marido digno para su hija. A quienes asistieron les reparti? una semilla diferente a cada uno y les pidi? que volvieran a los seis meses con la planta en una maceta. La planta m?s bella ganar?a la mano de su hija. As? se hizo, pero hab?a un joven cuya semilla no germinaba mientras que las del resto se hab?an convertido en hermosas plantas. A los seis meses todos deb?an asistir al palacio pero el joven cuya maceta estaba vac?a estaba triste y no quer?a asistir. Su madre, con una visi?n transparente, limpia, y apostando a que su hijo hab?a actuado bien y honestamente, lo inst? a asistir de todas maneras con la maceta vac?a, ya que tambi?n era un participante. Finalizada la inspecci?n, el rey hizo llamar a su hija y le otorg? la mano al pretendiente con la maceta vac?a dici?ndole: ?Este es el heredero al trono y se casar? con mi hija. A todos les han dado una semilla inf?rtil y todos trataron de enga?arme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor y la honestidad de mostrar su maceta vac?a. Su honestidad y valent?a son las virtudes que un futuro rey necesita, lo mismo que mi hija?.



Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En relaci?n a la Sinceridad

1. ?Qu? es la virtud de la Sinceridad?
2. ?Cu?les son los frutos de vivir en la sinceridad?
3. ?Qu? otras virtudes son importantes para vivir la sinceridad??Por qu??
4. ?Cu?les crees que son los principales obst?culos que nos impiden ser sinceros?
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?


En relaci?n a la Honestidad

1. ?Qu? es la virtud de la honestidad?
2. ?Por qu? esta virtud regala seguridad a quienes nos rodean, inspira fortaleza y claridad de ideas?
3. Si queremos ser honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscar la manera m?s eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes. Menciona algunas acciones concretas que tu har?as o que ya haces para vivir honestamente...
4. ?Cu?les son los vicios o pecados opuestos a la honestidad? Cita ejemplos concretos.
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?





Para reflexi?n personal
1. ?Mis convicciones y prop?sitos tiemblan f?cilmente ante las variaciones de la sensibilidad? ?las rebeliones del amor propio?
2. ?Soy precipitado, me dejo llevar por los sentimientos al tomar decisiones importantes?? Por qu? no reflexiono: por miedo a la entrega sincera? ?Por comodidad y falta de esfuerzo para dominar mi superficialidad?
3. ?Mis decisiones de entrega son circunstancias buscando aparecer?
4. ?Hay mucha discordia entre mi imaginaci?n y las exigencias de mi vocaci?n? ?mis sue?os, ilusiones, amores son honestos con la realidad?
5. ?Me sorprendo tratando de ocultar alguna cosa a Dios, a los dem?s? ?Quiz? es por la postura constante de insinceridad con la que vivo?
6. ?Noto en m? que me esfuerzo por aparecer ante los dem?s de modo distinto de c?mo me veo a mi mismo? ?mi trato con los dem?s es sincero? ?Amable? ?Meloso? ??Conquistador??
7. ?Soy sincero en mi apertura de conciencia? ?Por qu? no??Por verg?enza de que me conozcan? ?Por temor a ser juzgado? ?Por miedo a que cambien el concepto que tienen de mi?
8. ?Cu?ndo defiendo una opini?n en las discusiones busco la verdad? ?O me importa poco? ?S?lo me interesa quedar bien? ?Aparecer como el mejor y m?s inteligente? ?Se reconocer mis errores cuando me lo indican?
9. ?Me he encontrado alguna vez en la mentira?
10. ?He enga?ado las personas con las que trato? ?He hecho trampas col?ndome sin pagar o ocupando un lugar que no me corresponde en las colas?
11. ?Soy coherente entre lo que digo y lo que hago, y portarme bien aunque nadie me est? viendo?
12. ?Reconozco la honestidad de los dem?s y la premio con mi alabanza sincera?
13. ?Hago trampas en el juego? ?He alterado o falsificado documentos por buenos que sean los fines?


Publicado por mario.web @ 19:15
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