S?bado, 21 de mayo de 2011

La mezcla inseparable de raz?n y deseo constituye al hombre. Una mezcla explosiva y altamente inestable, cuyo control pertenece por definici?n a la raz?n, que a lo largo de la historia ha dise?ado diversas estrategias de integraci?n. Sabemos que el hedonismo es la negaci?n de esa funci?n rectora. En la pr?ctica muy f?cil de seguir, pero muy dif?cil de sostener como postura intelectual. Ni siquiera Epicuro se atrevi? a llevarlo hasta sus ?ltimas consecuencias. Para llegar a la justificaci?n racional del hedonismo hubo que esperar al siglo XX.

Las bombas de la Primera Guerra Mundial tambi?n cayeron sobre la cultura europea bimilenaria. Aplastado por la tragedia, el hombre occidental que surgi? de los escombros quiso olvidar el pasado como una pesadilla. La promesa ilustrada y positivista de un mundo feliz por el camino de la ciencia hab?a terminado en un cruel desenga?o. La libertad, la igualdad y la fraternidad de la Revoluci?n Francesa poco ten?an que decir a un continente sembrado de cad?veres. Con todo, la Gran Guerra no fue el fin de la historia. La vida sigue, y era preciso construir una nueva civilizaci?n. Se trataba de edificar sobre nuevos cimientos, porque el pensamiento anterior se hab?a derrumbado: el descr?dito minaba la raz?n griega, el orden romano y el coraz?n cristiano. Los supervivientes volvieron entonces la mirada hacia cuatro nuevos puntos cardinales: Darwin, Marx, Nietzsche y Sigmund Freud (1856-1939). Ten?an en com?n la desconfianza en la raz?n, la interpretaci?n de la historia desde la sospecha.

Marx acusaba a la raz?n de haber sido la herramienta de los poderosos para someter a los d?biles, de forma que "toda la historia ha sido una historia de lucha de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas". La ?tica, concebida como producto del ego?smo de las clases dominantes (Marx), tambi?n ser? interpretada como efecto del resentimiento de los d?biles (Nietzsche), de una psicolog?a reprimida (Freud), y de sofisticados mecanismos biol?gicos (Darwin).

Se hac?a necesario criticar la perspectiva moral, desenmascarar la hipocres?a, liberar al hombre de su enga?o, desencantarle y revelarle que los preceptos y prohibiciones del pasado eran meras ilusiones. Contra la enfermedad de pensar hay un remedio: conceder al instinto primac?a sobre la raz?n. Y para dejar las cosas claras, toda la ambig?edad del vitalismo de Nietzsche la concreta Lenin en la violenta lucha de clases, y Freud en dos palabras: liberaci?n sexual.


El psicoan?lisis

El c?lebre psicoan?lisis freudiano es el estudio de los elementos que integran el psiquismo. Constituye una teor?a general del comportamiento humano, que se reduce a las tensiones entre el principio del placer (manifestaci?n directa o indirecta del instinto sexual) y el principio de realidad, que constantemente se opone al placer. Lo que originariamente surgi? como m?todo de investigaci?n y terapia de las neurosis, se convirti? progresivamente en teor?a general, no s?lo del comportamento humano, sino de la misma naturaleza del hombre y de sus manifestaciones fundamentales. Se transform? as? en una determinada antropolog?a.

Freud distingue en la conducta humana un fondo inconsciente y una actividad consciente. En el inconsciente se encuentran las ra?ces de la actividad consciente. Mientras las tendencias o impulsos de este fondo fluyen libremente hasta el nivel consciente, la vida ps?quica es normal. Pero si encuentran alguna resistencia en su emerger y son rechazados del plano consciente al inconsciente, se produce una alteraci?n patol?gica. Esta represi?n significa la inversi?n del proceso natural, que ahora va de lo consciente a lo inconsciente. En eso consiste el desequilibrio ps?quico.

La pulsi?n natural del inconsciente es bautizada por Freud como ello, y act?a fundamentalmente como libido o energ?a sexual, que busca su satisfacci?n o descarga de acuerdo con el principio del placer. Bajo el influjo del mundo real, una parte del ello se transforma en el yo, que representa el deseo consciente de satisfacer el placer y evitar el dolor. Pero surge un fuerte obst?culo en su camino. "Como sedimento del largo periodo infantil en que el hombre en formaci?n vive dependiendo de sus padres, nace en el yo una instancia particular que perpet?a esa influencia parental: el superyo". El yo recibe el impulso sexual y lo satisface, lo difiere o lo reprime, de acuerdo con el principio de realidad y el superyo, productos de los convencionalismos sociales. La personalidad del hombre es el resultado de este proceso, y crecer?a sana si la satisfacci?n de los instintos fuera libre.

Para Freud, toda la historia y la cultura son el resultado de dicha tensi?n, pues el pensamiento, el arte y la religi?n son, en el fondo, productos de la sublimaci?n de una libido siempre insatisfecha. Toda creencia religiosa, en el plano individual y en el colectivo, queda reducida a neurosis obsesiva. Freud se enfrent? en concreto a la religi?n cat?lica en una lucha ideol?gica sin cuartel. En El porvenir de una ilusi?n (1927) escribi?:

El intento de conseguir una forma de protecci?n contra el sufrimiento mediante una reelaboraci?n ilusoria de la realidad es la empresa com?n de un n?mero considerable de personas. Las religiones humanas tienen que ser clasificadas en el grupo de las ilusiones masivas de este tipo. No necesitamos aclarar que quien participa de una ilusi?n j?m?s le asigna este car?cter.

La cita no tiene desperdicio, pero la idea ya es vieja: en tiempos de S?crates, Critias, el m?s violento de los Treinta Tiranos, hab?a escrito lo mismo en su tragedia S?sifo.


Contra la conciencia

Tambi?n la conciencia moral, en el centro de toda la ?tica cl?sica, es rechazada por Freud como mero recurso de seguridad, creado colectivamente para proteger el orden civilizado contra la temible agresividad de los seres humanos. Quiz? la esencia del freudismo sea el intento de abolir la idea de culpa:

La tensi?n entre el ?spero superyo y el yo que le est? sometido recibe en nosotros el nombre de sentimiento de culpa. Con ?l, la civilizaci?n se impone al peligroso deseo individual de agresi?n, lo debilita y lo desarma, y crea en el propio individuo una entidad que lo vigila, como una guarnici?n en una ciudad conquistada.

La conciencia viene a ser una de las caras del superyo, y es el precio elevad?simo que los individuos pagan para preservar la civilizaci?n: el precio de "la infelicidad personal, por la tensi?n del sentimiento de culpa". Freud se propuso demostrar que el sentimiento de culpa no pertenece a la esencia del hombre, y que constituye el obst?culo m?s importante para el desarrollo de la civilizaci?n. Si es la sociedad quien inventa la culpa, entonces los sentimientos personales de culpa son ilusiones que conviene rechazar.

Fiel a su tiempo, Freud interpreta "los procesos ps?quicos como estados cuantitativamente determinados de elementos materiales ostensibles". Esta postura mecanicista concibe el psiquismo como una maquinaria cuyos elementos ser?an el ello, el yo y el superyo. Otras partes de la m?quina son el consciente y el inconsciente. Y en ella entran en juego fuerzas que se descargan o se reprimen, con una din?mica propia de los sistemas f?sicos. Fuerzas que se reducen al impulso sexual, protagonista exclusivo de las eventuales aver?as o disfunciones del aparato ps?quico.


Significado de la sexualidad

La cr?tica fenomenol?gica ha puesto de manifiesto el trasfondo aprior?stico y artificial del psicoan?lisis, que encuentra lo que previamente ha decidido encontrar. Con gran sinceridad lo declar? Freud a su disc?pulo Jung: "tenemos que hacer de la teor?a sexual un dogma, una fortaleza inexpugnable" (Jung, Memorias). Esta impostura provoc? que Chesterton escribiera: "Los ignorantes pronuncian Freud. Los informados pronuncian Froid. Yo, sin embargo, pronuncio Fraude."

El joven Popper obsev? que la actitud de Freud frente a la prueba cient?fica fue muy distinta a la de Einstein, y m?s af?n a la de Marx. Lejos de formular sus teor?as con alto grado de contenido espec?fico que facilitara la comprobaci?n y la refutaci?n emp?ricas, Freud les confiri? un car?cter global que dificult? la verificaci?n. Y cuando aparec?an pruebas en contra, modificaba las teor?as para adaptarlas al nuevo material.


Freud sabe que hay algo desproporcionado en el protagonismo de la sexualidad en la naturaleza humana. Algo que impide equipararla a las dem?s emociones o experiencias elementales como el comer y el dormir. Pero Freud, en lugar de dedicar a ese impulso una atenci?n especial, es partidario de la desatenci?n, de concederle luz verde. Pero la propuesta freudiana de una sexualidad tan libre como cualquier otro placer, y la consideraci?n de que el cuerpo y sus instintos son pac?ficos y hermosos como el ?rbol y las flores, o bien es una descripci?n del Para?so perdido, o un mont?n de psicolog?a superada desde los tiempos de S?crates. Proclamar la conquista de un mundo feliz por la liberaci?n de los instintos es ignorar su desorden latente. Una sensibilidad espont?nea, liberada de lo racional, desemboca siempre en la degradaci?n. Lo sabemos por experiencia. Y tambi?n sabemos que una correcta antropolog?a es siempre jer?rquica: la raz?n est? para llevar la batuta, lo mismo que los pies est?n para andar y los pulmones para respirar. Si la raz?n no prevalece sobre los sentidos, es dominada por ellos: un pac?fico estado intermedio es, en este terreno, un pacisfismo imposible.


Razones del ?xito


Las ideas de Freud han conquistado ampl?simos sectores culturales y sociales. Las razones del ?xito son m?ltiples. Ahora sabemos que las tesis fundamentales del psicoan?lisis se apoyan sobre una dudosa base cient?fica, pero Freud pose?a ambici?n, talento literario e imaginaci?n. Acu?aba neologismos y creaba lemas con facilidad y fortuna, hasta el punto de incorporar a su lengua palabras y expresiones nuevas: el inconsciente, el ego y el superego, el complejo de Edipo, la sublimaci?n, la psicolog?a profunda, etc.

Otra parte del ?xito se debe a Einstein. Con la Teor?a de la Relatividad, parec?a que nada era seguro en el movimiento del universo. Y por un sorprendente contagio, la opini?n p?blica empez? a pensar que no exist?an absolutos de ning?n tipo, ni f?sicos ni morales. Un gigantesco error vino a confundir la relatividad con el relativismo, y nadie se asust? m?s que Einstein al comprobar la publicidad imparable del error provocado por su obra. Era el caldo de cultivo perfecto para Freud.

Mucho m?s importante fue el descubrimiento de sus obras por parte de artistas e intelectuales. En 1919 Marcel Proust public? "A la sombra de las muchachas en flor", quiz? el primer experimento literario de relativizaci?n del tiempo y de las normas morales. El segundo experimento no se hizo esperar: se llamaba "Ulises". Joyce y Proust estaban modificando el centro de gravedad de toda una visi?n milenaria de la vida. Ellos ignoraron la herencia cl?sica que confer?a al hombre una voluntad y una responsabilidad precisas. Ahora el hombre se dilu?a en un confuso mont?n de sensaciones, compatibles con todos los desequilibrios. Proust reconoce en sus personajes "el m?s grande de todos los vicios: la falta de voluntad que impide resistir a los malos h?bitos".

Aldous Huxley sostiene en su novela "Contrapunto" las tesis de Nietzsche y Freud sobre la liberaci?n sexual: "aband?nense los instintos a s? mismos y se ver? que hacen muy poco da?o. Entonces yo le aseguro que este mundo se parecer?a mucho m?s al reino de los cielos". Huxley no busca el libertinaje sino la armon?a del placer, la misma que en su d?a plante? Epicuro. Pero parte de un grave error, pues intentar un equilibrio intensamente sensualista supone un modelo antropol?gico ut?pico.


Freud se cre?a en posesi?n de una clave secreta para interpretar la vida humana. Parec?a tener una explicaci?n nueva y sugestiva para todo. Y ese gnosticismo propio de algunos iniciados siempre ha sido anzuelo para intelectuales. Gide, Aldoux Huxley y Thomas Mann se le rindieron, entre otros muchos. Del Surrealismo, a pesar de sus or?genes independientes, podr?a pensarse que naci? para expresar visualmente las ideas freudianas.

Paul Johnson ha escrito en "Tiempos modernos" que Marx, Freud y Einstein formularon el mismo mensaje durante la d?cada de 1920: el mundo no era lo que parec?a. La percepci?n emp?rica del tiempo y del espacio, del bien y del mal, de la justicia y el derecho, no merec?an confianza. Si la pol?tica europea se desplomaba con la Gran Guerra, la ?tica cortaba las amarras que la anclaban en el derecho y la tradici?n. Marx profetiz? la lucha de clases. Nietzsche, la victoria del superhombre. Freud, la liberaci?n sexual. Los tres acertaron: se acercaba la ?poca de los estadistas pistoleros y el hedonismo del buen salvaje.

En "The closing of the American mind", Nietzsche y Freud aparecen como responsables del profundo nihilismo y relativismo de valores que Allan Bloom denuncia como una de las peores plagas de su pa?s: "He visto crecer en esta tierra el relativismo de valores y sus derivaciones hasta un grado que nadie hubiera sospechado". El lenguaje de los estadounidenses -dice Bloom- aparece perfectamente asociado a la revoluci?n de valores de Nietzsche y Freud. Sus conceptos fundamentales forman parte del vocabulario popular y de la mentalidad norteamericana. En sus pel?culas, Woody Allen s?lo presenta neurosis con origen sexual, y parece creer que pueden ser curadas con un poco de terapia y buena voluntad.

En el 2000, la devoci?n por Freud se ha enfriado bastante, y entre los intelectuales m?s prestigiosos se alzan voces de abierta disidencia: "El psicoan?lisis me llena de incredulidad. La teor?a de mi padre como rival sexual y de cierto complejo de Edipo universal, hace tiempo refutada por la antropolog?a, me parece un melodrama irresponsable" ( George Steiner, "Errata").

Tomado de "Luces en la caverna"

Autor:Jos? Ram?n Ayll?n
Fuente: interrogantes.net


Publicado por mario.web @ 19:22
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