S?bado, 21 de mayo de 2011
La familia, el "primer semillero" donde las semillas de vocaci?n encuentran las condiciones para germinar y crecer
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Este misterio es grande
Este misterio es grande

A pesar de los profundos cambios hist?ricos, la familia sigue siendo la m?s completa y la m?s rica escuela de humanidad, en la que se vive la experiencia m?s significativa del amor gratuito, de la fidelidad, del respeto mutuo y de la defensa de la vida. Su tarea espec?fica es la de custodiar y transmitir, mediante la educaci?n de los hijos, virtudes y valores, a fin de edificar y promover el bien de cada uno y el de la comunidad.

Esta misma responsabilidad compromete, con mayor raz?n, a la familia cristiana por el hecho de que sus miembros, ya consagrados y santificados en virtud del bautismo, est?n llamados a una particular vocaci?n apost?lica por el sacramento del matrimonio (cf. Familiaris consortio, 52, 54).

La familia, en la medida que adquiere conciencia de esta genuina vocaci?n suya y responde a ella, llega a ser una comunidad de santificaci?n, en la que se aprende a vivir la mansedumbre, la justicia, la misericordia, la castidad, la paz, la pureza del coraz?n (cf. Ef 4, 1-4; Familiaris consortio, 21); llega a ser lo que, con otras palabras, san Juan Cris?stomo llama iglesia dom?stica, esto es, el lugar en el que Jesucristo vive y obra la salvaci?n de los hombres y el crecimiento del reino de Dios. Sus miembros, llamados a la fe y a la vida eterna, son "part?cipes de la naturaleza divina" (2 P 1, 4), se alimentan en la mesa de la palabra de Dios y de los sacramentos, y se manifiestan con aquel modo evang?lico de pensar y de obrar que les abre a la vida de la santidad sobre la tierra y de la felicidad eterna en el cielo (cf. Ef 1, 4-5).

Los padres, desde la m?s tierna edad de sus hijos, manifest?ndoles cuidado amoroso, les comunican, con el ejemplo y con las palabras, una sincera y aut?ntica relaci?n con Dios, hecha amor, fidelidad, oraci?n y obediencia (cf. Lumen gentium, 35; Apostolicam actuositatem, 11). Los padres, pues, fomentan la santidad de los hijos, y hacen sus corazones d?ciles a la voz del buen Pastor, que llama a cada hombre a seguirle y a buscar en primer lugar el reino de Dios.

A la luz de esta perspectiva de gracia divina y de responsabilidad humana, la familia puede ser considerada como un "jard?n" o como el "primer semillero" donde las semillas de vocaci?n, que Dios esparce a manos llenas, encuentran las condiciones para germinar y crecer hasta su plena madurez (cf. Optatam totius, 2).


2. "No os conform?is a los criterios de este mundo"
3. "Quien tiene responsabilidad en la comunidad demuestre solicitud y diligencia"

Publicado por mario.web @ 22:12
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