S?bado, 21 de mayo de 2011

Hace un tiempo el sitio Catholic Net realiz? un concurso sobre an?cdotas de sacerdotes, esta que presentamos hoy es la ganadora

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De lo que viv? antes de confesarlo, recuerdo lo siguiente...

Como p?rroco de un peque?o pueblo, frecuentemente, cada domingo, sal?a por las calles y aprovechaba para saludar a la gente, dej?ndoles una catequesis escrita, especialmente a aquellos que por diversas razones no acud?an al templo.

En aquella parroquia dedicada a San Jos?, muchos ten?an una costumbre que cumpl?an sin falta cada domingo, como si fuera un deber. Esto era tomarse ?unas fr?as? -as? llamaban ellos a la cerveza-. Por tanto, era f?cil saber d?nde encontrar este tipo de ?fieles?, y entre ellos estaba tambi?n ?l.

Cierto d?a, al terminar mi recorrido, se acerca una se?ora para preguntarme si hab?a reconocido al ?diablo?. Seg?n ella,? yo lo hab?a saludado y ?l hab?a recibido uno de los mensajes que yo repart?a. Yo no hab?a visto al ?diablo?, o por lo menos no recuerdo haber visto a ninguna ni a ninguno que se le pareciera.

En otra ocasi?n necesitaba ir al pueblo vecino para ayudar a un hermano sacerdote, pero el coche de la parroquia se hab?a averiado y por ello necesitaba a alguien que me transportara.
Vaya sorpresa cuando, al preguntar a algunas personas qui?n podr?a ayudarme con este servicio, inmediatamente un ni?o me dijo: ?Padre, si gusta llamo al ?diablo? para que se lo lleve?.? No se imaginan lo que pens? en aquel momento. Parec?a una broma,? pero luego acept? la propuesta y ese d?a lo vi por primera vez...

Por un buen rato guard? silencio, pues era la primera vez que hac?a un viaje as?. Adem?s pens?: ?de qu? puedo hablar con el diablo? Al poco tiempo le habl?, pero parec?a m?s una entrevista que un di?logo. Ese d?a, antes de terminar el viaje? y sin decir nada, dej? en su coche un escapulario de la Virgen del Carmen.
En adelante lo ve?a por todas partes; ya lo reconoc?a y, aunque? siempre lo invitaba a la misa, ?l siempre me dec?a: ?ahora no, alg?n d?a lo har?, tengo mis razones?.

El tiempo pas?, y cierto d?a un ni?o que esperaba en la puerta del templo me dijo que? alguien me necesitaba urgentemente y? que no quer?a irse sin antes hablar conmigo. El ni?o me explic? que se trataba de un enfermo grave. Entonces, r?pidamente busqu? todo lo necesario para la visita.

Cu?n asombrado qued? cuando, al llegar a aquel lugar, descubr? que el enfermo grave que hac?a varios d?as esperaba al sacerdote era Ram?n, aquel a quien llamaban ?el diablo?; un hombre del campo que hab?a vivido situaciones humanas muy dif?ciles. No recordaba cu?ndo ni por qu? le hab?an empezado a decir as?, pero ?l se hab?a acostumbrado. Ahora, postrado en una cama, padec?a de un c?ncer terrible y se acercaba a su final.

Recuerdo muy bien lo que ?l me dijo aquel d?a: ?Padre, ?me recuerda?? Soy aquel que llaman ?el diablo?, ?pero mi alma no se la dejo a ?l; le pertenece? a Dios!? Por favor, ?me puede confesar??

Fue un momento muy especial, pero a?n m?s cuando vi lo que apretaba en sus manos mientras lo confesaba: un escapulario; precisamente aquel que yo le hab?a dejado en su coche. Ahora ?l lo portaba en su viaje a la eternidad. Luego, en aquella casa tambi?n pude ver una hoja sobre la confesi?n, una de aquellas que yo mismo le hab?a dado un domingo al mediod?a.

Qu? grande y misterioso es Dios. Obra en silencio y con sencillez, pero adem?s nos permite compartir con todos el don que nos ha dado.
Y ese d?a todo el pueblo lo comentaba (y tambi?n yo lo pensaba): ?he confesado al diablo!


Publicado por mario.web @ 22:20
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