Domingo, 22 de mayo de 2011
?Sigues bien dispuesto...? Pues, ?adelante...!
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Un secreto
Un secreto

A punto estamos de alcanzar la cima. No te impacientes. Nuestra expedici?n ya toca su fin. S?lo me queda revelarte un secreto.

Creo que te interesa...


Amar, ?el qu??

Hemos apreciado la necesidad del amor y de las cualidades con que conviene abonarlo para que de ?l germine una felicidad como la estamos buscando. Pero todo amor es amor a algo o a alguien. Por ello, el objeto de nuestro amor (aquel bien que queremos) juega tambi?n un papel primordial que influye determinantemente en la felicidad que nos invade al amarlo y poseerlo.

Por ejemplo: el gozo que experimentamos al contar con un amigo sincero aventaja en mucho a la dicha que nos acompa?a despu?s de aprobar un examen parcial de bachillerato.

As? como no tiene parang?n la alegr?a profunda de haber conseguido por fin un puesto de trabajo, con la peque?a satisfacci?n de encontrar la soluci?n a un problema de matem?ticas.

No s?lo el grado de amor condiciona la felicidad resultante; tambi?n lo hace el valor del bien al que va dirigido el amor.

Nuestra capacidad de amar (lo mismo que nuestra capacidad de conocer) est? abierta a todo, es ilimitada. T? y yo siempre podremos conocer y amar m?s cosas y a m?s personas.

El conocimiento y el amor no ocupan espacio en nosotros. Muy diverso es lo que nos ocurre, por ejemplo, con la comida. Al comer, puede llegar un momento en el que estemos saturados y ya no nos entre ni un bocado m?s. Con el amor y el conocimiento no puede nunca pasarnos lo mismo. No se nos hincha el cerebro al conocer o el coraz?n al amar.

Por eso digo que nuestra capacidad de amar es ilimitada. De aqu? se desprende, por una parte, que podamos amar sin l?mites y dirigir nuestro amor a todo; y por otra, que seamos capaces de conquistar una felicidad igualmente ilimitada.

Resumiendo en pocas y m?s sencillas palabras: cada bien que amemos lograr? satisfacer, s?lo en cierta medida, nuestra capacidad de amar y con ella nuestra capacidad de felicidad. Y esa medida ser? siempre directamente proporcional no ?nicamente a la calidad del amor, sino adem?s a la val?a, grandeza y consistencia de aquello que amemos.

Si te empe?as en amar algo balad?, ef?mero e inconsistente, de ese estilo ser? la felicidad que obtendr?s al conseguirlo.

Cuanto m?s grande y valioso, cuanto m?s sublime y duradero sea el objeto de tu amor, tanto m?s grande y valiosa, sublime y duradera ser? tu felicidad al alcanzarlo y amarlo. Y precisamente por esto en el objeto del amor se esconde nuestro secreto.


Un pergamino

Imagina que estoy poniendo ahora en tus manos un pergamino sellado. En ?l est? encerrado el secreto que te promet? y que ya se ha ido delineando a lo largo de los p?rrafos anteriores.

S?lo tienes que hacer tres cosas para hacerte sabedor del mismo y apto para practicarlo en tu vida: romper el sello, leer su contenido y poner manos a la obra.

Romper el sello significa un nuevo y -qui?n sabe si no- peque?o esfuerzo de tu parte (...una prueba m?s para demostrar tu valent?a). Se trata de que eches una ojeada a tu interior. Comprueba si tu amor est? ahora sinceramente abierto, sin barreras y dispuesto a todo.

S?lo as? estar?s en grado de amar de veras y de poseer aquel bien que descubrir?s como el ?nico capaz de colmar toda la capacidad de tu amor y de tu felicidad. Aquel bien que amado generosamente, ser? el ?nico fundamento plenamente seguro para tu gozo aut?ntico. El ?nico capaz de dar verdadera consistencia y solidez a cualquier otro cimiento sobre el que decidas afianzar tu dicha.

Si encuentras tu intimidad en esas disposiciones -que as? lo espero de ti- te auguro de gran provecho lo que sigue.


El Sumo Bien

Recuerdas que definimos la felicidad como "el gozo (o placer) en la posesi?n y amor de un bien querido", como ese suspenderse en la fruici?n o deleite que se apodera de nosotros cuando adquirimos aquello que tanto anhel?bamos. Pues, bien, si -como ya hemos analizado- la felicidad se halla en estrecha dependencia con el amor y el bien al que va encaminado, en una sana l?gica habr? que concluir que la felicidad m?s grande ser? aquella que brote de un amor sin l?mites hacia el mayor bien que pueda haber.

Ahora bien. De entre todos los bienes, sobresale uno que excede en valor, en riqueza, en bondad, en duraci?n..., en fin, en todo y a todos los dem?s. Aquel bien superior en todo, a todos y en toda medida, nosotros lo llamamos Dios, el Sumo Bien.

Qui?n o qu? cosa mayor que Dios, de cuyas manos sali? el universo entero. Qui?n m?s sabio y mejor dotado, siendo ?l la perfecci?n misma y el ?nico omnisciente.

Qui?n m?s poderoso y de mayor duraci?n si s?lo ?l lo puede todo y es el ?nico que no tuvo principio ni tendr? jam?s fin.

"Dios es el ?nico bien verdadero, el ?nico bien perdurable, el ?nico Amigo sincero, el ?nico Amigo fiel, el ?nico que nos tiende la mano y nos ayuda y nos ama en la juventud, en la edad madura, en la vejez, en la tumba y en la eternidad" (P. Marcial Maciel, carta del 14 de enero de 1955).

S?lo un bien de esta categor?a (y s?lo puede haber uno) est? a la altura de llenar y colmar por completo y para siempre nuestra capacidad de amar. Porque una capacidad infinita de amar -como la nuestra- tan s?lo puede saciarse con un bien igualmente infinito. "Quien a Dios tiene, nada le falta, s?lo Dios basta", dec?a con acierto Santa Teresa.

A esta luz comprender?s mejor porqu? inclu? entre los "caminos inseguros" ciertas amistades. Tu dicha o gozo en el amor no depende s?lo de lo mucho y muy intensamente que ames a alguien. Si ese alguien es limitado, mortal y pasajero, tambi?n lo ser? la felicidad que brote de ese amor, si s?lo en ?l la asientas.

Por eso trata de hacer que tal amor por alguien est? sostenido y comprendido dentro de tu amor a Dios. As?, la dicha que brote de esa amistad permanecer? sostenida por la felicidad verdadera que mana precisamente de tu mismo amor a Dios.

?nicamente amando sin l?mites a Dios, el Sumo Bien, llegaremos a la felicidad suma.

Porque el m?ximo grado de amor hacia el mayor de todos los bienes garantiza la m?xima felicidad. De aqu? se desprende ya, como fruto maduro, el gran secreto.

?Sigues bien dispuesto...? Pues, ?adelante...! ?Rompe el sello!




Si tienes alguna consulta utiliza este enlace para escribirle al autor P. Marcelino de Andr?s

Publicado por mario.web @ 1:12
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