Domingo, 22 de mayo de 2011

Se han cumplido diez a?os de la Declaraci?n Dominus Iesus, elaborada por la Congregaci?n Vaticana para la Doctrina de la Fe, publicada a principios de agosto del 2000
Autor: Alberto Royo Mej?a | Fuente: www.religionenlibertad.com

Se han cumplido diez a?os de la Declaraci?n "Dominus Iesus", elaborada por la Congregaci?n Vaticana para la Doctrina de la Fe, publicada a principios de agosto del 2000 y que como ocurre con este tipo de documentos, no siendo documento papal tiene sin embargo su autoridad, ya que como bien se explica al final, "El Sumo Pont?fice Juan Pablo II, en la Audiencia del d?a 16 de junio de 2000, concedida al infrascrito Cardenal Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, con ciencia cierta y con su autoridad apost?lica, ha ratificado y confirmado esta Declaraci?n decidida en la Sesi?n Plenaria, y ha ordenado su publicaci?n".

Ser?a una Declaraci?n m?s de las muchas que publica este dicasterio, todas de gran importancia sin duda, pero que a veces quedan en el c?rculo de los expertos, que suelen ser te?logos, profesores y los mismos obispos. Pero result? no ser una declaraci?n m?s pues tuvo una resonancia medi?tica impresionante, y sobre ella hablaron no s?lo periodistas sino intelectuales, l?deres de otras confesiones y hasta alg?n pol?tico de los que les gusta enmendar la plana al Vaticano sin haberse le?do los documentos.

El documento, como se recordar?, respond?a a una pregunta que se hab?a formulado en el dicasterio vaticano: Si Cristo es un profeta m?s, y todas las religiones son iguales, entonces, ?qu? sentido tienen el Evangelio y la Iglesia? En respuesta a esta pregunta, la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe public? la declaraci?n, en la que se reafirma el car?cter ?nico y universal de la salvaci?n tra?da por Cristo. Como explic? entonces el Prefecto de la Congregaci?n, Cardenal Ratzinger, el documento afrontaba un tema de gran importancia y que sin duda iba a doler en la sociedad actual (incluido el mundo de las religiones): El relativismo.

"En el animado debate contempor?neo sobre la relaci?n del Cristianismo y las otras religiones, se difunde cada vez m?s la idea que todas las religiones son para sus seguidores v?as igualmente validas de salvaci?n. Se trata de una opini?n sumamente difundida no s?lo en ambientes teol?gicos, sino tambi?n en sectores cada vez m?s amplios de la opini?n p?blica cat?lica y no cat?lica, especialmente aquella m?s influenciada por la orientaci?n cultural hoy prevalente en Occidente, que se puede definir, sin temor de equivocarnos, con la palabra: relativismo."

Dicho relativismo, que seg?n el Cardenal, tiene su expresi?n teol?gica en la llamada "teolog?a del pluralismo religioso", muy en boga en las ?ltimas d?cadas, se manifeista en los siguientes puntos, que son los que ataca directamente la Declaraci?n: la convicci?n de la inaprensibilidad y la inexpresabilidad completa de la verdad divina; la actitud relativista ante la verdad, por la cual aquello que es verdadero para algunos no lo ser?a para otros; la contraposici?n radical entre mentalidad l?gica occidental y mentalidad simb?lica oriental; el subjetivismo exasperado de quien considera la raz?n como ?nica fuente de conocimiento; el vaciamiento metaf?sico del misterio de la Encarnaci?n; el eclecticismo de quien en la reflexi?n teol?gica asume categor?as derivadas de otros sistemas filos?ficos y religiosos sin reparar ni en su coherencia interna ni en su incompatibilidad con la fe cristiana; la tendencia, en fin, a interpretar textos de la Escritura fuera de la Tradici?n y del Magisterio de la Iglesia.

Sin entrar en profundidades teol?gicas, que son propias de una clase de teolog?a y no de un art?culo como este dir?, citando a Fernando Ocariz, eximio consultor del Dicasterio vaticano, que es un documento que declara lo que la Iglesia hab?a ya ense?ado siempre. Basta notar que la Declaraci?n est?, en buena parte, construida con textos de la Sagrada Escritura y del Magisterio anterior, sobre todo del Vaticano II y de Juan Pablo II. Concretamente, esto es as? en los tres puntos claves de la Dominus Iesus. En primer lugar, en la afirmaci?n de la unicidad y universalidad de la mediaci?n salv?fica de Jesucristo. Que Cristo es el ?nico Salvador, y que lo es para todos los hombres, es una verdad que est? en la base misma del cristianismo desde sus or?genes: en la predicaci?n de Jes?s y en la de los Ap?stoles. Desde entonces, esta firme convicci?n se encuentra en toda la tradici?n patr?stica, en la fe del pueblo de Dios y en el magisterio de la Iglesia de todos los tiempos. Lo mismo se puede decir respecto a los otros dos grandes temas: que la Iglesia fundada por Cristo subsiste plenamente s?lo en la Iglesia cat?lica, mientras que m?s all? de sus confines visibles se pueden hallar algunos elementos de santificaci?n y de verdad propios de la misma Iglesia; y, en fin, que la salvaci?n de toda persona humana proviene de Cristo por el Esp?ritu Santo y a trav?s de la Iglesia: una mediaci?n salv?fica de la Iglesia que, en el caso de los no cristianos, se realiza por v?as que no conocemos. Todo esto se encuentra ya en el Vaticano II y, por lo que se refiere a los no cristianos, tambi?n y de modo muy claro y profundo en la enc?clica Redemptoris missio.

Pues a pesar de que el texto no hace m?s que repetir el argumento por el que han dado la vida millones de cristianos desde los primeros a?os de nuestra era, suscit? una polvareda grand?sima. Como muestra, y no de las m?s virulentas, recordar la otra "declaraci?n" contestataria, mucho m?s modesta, firmada por los te?logos componentes de la asociaci?n Juan XXIII, algunos de los cuales ni han llegado al X aniversario del documento vaticano, pues han pasado a mejor vida. La contradeclaraci?n ven?a firmada por personalidades patrias como E. Aguil? (Sevilla); J. Bosch (Valencia); J.-M? Castillo (Granada); J.-M? D?ez-Alegr?a (Madrid); C. Dom?nguez (Granada); J.-A. Estrada (Granada); J. Equiza (Navarra); C. Florist?n (Madrid); B. Forcano (Madrid); M. Garc?a-Ruiz (Madrid); J. G?mez-Caffarena (Madrid); J.-I. Gonz?lez Faus (Barcelona); J.-M? Gonz?lez Ruiz (M?laga); J. Lois (Madrid); J. Llopis (Bacelona); C. Mart? (Barcelona); E. Miret (Madrid); A. Moliner (Barcelona); J. Pel?ez (C?rdoba); J. Ruiz-D?az (Madrid); F. Sanz (Avila); J.-J. Tamayo-Acosta (Madrid); A. Tamayo-Ayester?n; A. Torres Queiruga (Santiago de Compostela); R. Velasco (Madrid); J. Vico (Madrid); J. Vives (Barcelona).

Todo un plantel que adem?s ven?a avalado, como ellos mismos afirmaban, por extranjeros como L. Boff (Brasil); J. Sobrino (El Salvador); M?.-P. Aquino; S. Arce (Cuba); J.-M? Vigil (Nicaragua); M. Villam?n (R. Domincana); L. Gallo (Colombia); N. Lozano (Colombia); J. Torres (Argentina); Irma Hern?ndez (Puerto Rico); E. de la Lerma (Argentina); V. Garc?a (Nicaragua); F. Albertini (Alemania); M. Soler Pal? (Puerto Rico). Con estos padrinos y esos ahijados, se puede imaginar el tenor de la contradeclaraci?n, que ya desde la segunda l?nea dejaba claro que "Por sus repercusiones negativas en el campo del ecumenismo y del di?logo interreligioso, y porque afecta directamente a la reflexi?n teol?gica de las Iglesias, los te?logos y te?logas abajo firmantes queremos expresar algunas observaciones cr?ticas en estos momentos de desconcierto, tanto en ambientes cat?licos como entre quienes vienen trabajando por un di?logo constructivo en otras iglesias cristianas y en las grandes religiones universales."

Las observaciones cr?ticas eran variadas, destacaban en el pronunciamiento vaticano la inoportunidad y la insensibilidad, y sobre esta ?ltima se dec?a: "El texto de la Congregaci?n vaticana muestra una clara insensibilidad ante algunos de los logros alcanzados a lo largo de varias d?cadas de actividad ecum?nica, tanto en el terreno doctrinal -recu?rdese la Declaraci?n conjunta luterano-cat?lica sobre la doctrina de la justificaci?n de la fe- como en el pastoral. Conviene recordar que las iglesias no s?lo hablan a trav?s de la doctrina. Su mensaje llega tambi?n por medio de signos elocuentes y de gestos prof?ticos, como los siguientes: la entrega por el papa Pablo VI de su anillo pastoral al arzobispo de Canterbury; el abrazo del mismo papa al patriarca Aten?goras en Jerusal?n; la plegaria convocada por el papa Juan Pablo II en As?s junto a los l?deres religiosos del mundo; la visita del mismo papa, por primera vez, a la sinagoga de Roma y su proclamaci?n solemne ante los rabinos all? congregados de que "los jud?os son nuestros hermanos mayores"; la oraci?n de Juan Pablo II en el muro de las Lamentaciones; la reciente petici?n de perd?n por los pecados cometidos por la Iglesia cat?lica; la apertura de la Puerta del A?o Jubilar por el papa, acompa?ado del primado de la Comuni?n Anglicana y de un representante del Patriarcado de Constantinopla."

Con grand?simo respeto a dichos te?logos, de canas venerables la mayor?a, pero resulta extra?o que en el dicasterio vaticano no pensaran en todos esos gestos "prof?ticos" antes de escribir el documento. ?Y Juan Pablo II no pens? en ellos antes de firmar? ?O quiz?s si pensaron? Puede ocurrir que precisamente pensando en todos esos gestos ecum?nicos se haya escrito la Declaraci?n vaticana, para apoyarlos y darles m?s significado, aunque a primera vista no lo parezca. Quiz?s, sin dicha Declaraci?n esos gestos ecum?nicos pudiesen quedarse en lo superficial o emotivo, incluso llevar a confusi?n, pues les faltaba el fondo, la profundidad que todo ecumenismo antes o despu?s requiere, una vez que ya se han dado los abrazos.

Y esto lo digo porque precisamente en la conmemoraci?n de los diez a?os del documento se ha destacado algo que es evidente: desde la Declaraci?n el ecumenismo ha dado pasos de gigante. Con los ortodoxos, poco a poco, pero la cosa es evidente, y curiosamente los patriarcas ortodoxos manifiestan que les gusta la lucha de nuestra Iglesia contra el relativismo. Con los anglicanos, se est? viendo que el verdadero ecumenismo no es condescender con sus excentricidades, sino facilitarles al m?ximo la vuelta a casa. Y ya hay grupos de Luteranos y Evang?licos que est?n hablando de pedir ellos a la Iglesia lo mismo que han obtenido los anglicanos pues les atrae la firmeza en la doctrina y e la moral... Vaya, que una vez m?s el que ha sido "prof?tico" ha sido el documento vaticano, y la historia le est? dando poco a poco la raz?n. Vamos, creo yo, pero puedo estar equivocado.

Publicado por mario.web @ 9:16
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