Domingo, 22 de mayo de 2011

Es todo bondad, compasi?n, cari?o, comprensi?n...Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vac?as, sino que se convierte en servicio.
Autor: Pedro Garc?a, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net
Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre m?s perfecto que ha existido y existir? jam?s, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es tambi?n el modelo acabado de c?mo hay que amar.

Hoy los antrop?logos, los m?dicos y los sic?logos se han querido adentrar en el alma de Jes?s, para estudiarla a fondo, para descubrir todos los matices de su exquisita sensibilidad. Sobre todo, para captar las modalidades m?s ?ntimas de su amor.

El resultado que nos dan esos estudios es que Jes?s fue un amante extraordinario. Un amador como no se ha dado otro. Y de una manera tan cabal, que es la suma de la perfecci?n del amor.

No es extra?o entonces que Jes?s sea tambi?n el hombre m?s amado, porque sus incondicionales han sabido pagarle con la misma moneda que ?l us?...

Todos nos hacemos estas preguntas:
-?C?mo am? Jes?s? ?C?mo era el amor de su coraz?n? ?Qu? caracter?sticas ten?a? ?Hacia qui?n iba siempre dirigido? ?C?mo se compromet?a con aquellos a quienes amaba?
Cuando hallamos la respuesta adecuada, nos sentimos arrastrados al amor de Aqu?l que as? supo amarnos a nosotros. El Evangelio es el libro siempre abierto que nos descubre en cada una de sus l?neas el alma tan amante de Jes?s.

El amor de Jes?s fue, ante todo, muy afectivo. Era todo bondad, compasi?n, cari?o, benignidad, comprensi?n. No lo pod?a disimular. Se le escapaba el coraz?n ante los ni?os, ante la mujer en aquel entonces tan relegada en la sociedad, ante la pareja de los novios de Can?, ante sus disc?pulos, cuya compa??a busca en medio de la angustia de Getseman?. La manera como abre la Ultima Cena es conmovedora:
- ?Con cu?nta ilusi?n he deseado comer esta pascua con vosotros!
Y antes de salir para el Huerto les pide a los Doce, y en ellos a nosotros, como un mendigo suplicante:
- ?Permaneced en mi amor!
Al mismo Judas le llama dolido, pero con toda sinceridad: ?Amigo!...
Este amor tan apasionado de su coraz?n se vuelve divinamente celoso de la salvaci?n nuestra. Se declara nuestro Pastor, un Pastor que conoce a cada una de sus ovejas y de las que dice que nadie se las arrebatar? de la mano...

Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vac?as, sino que se convierte en servicio, expresado en el gesto ins?lito de arrodillarse a los pies de los disc?pulos para lav?rselos con sus pro-pias ma-nos...
El amor de Jes?s ten?a, igual que en nosotros y mucho m?s que en nosotros, una doble vertiente, a saber, a Dios su Padre y a nosotros los hombres.

A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno; si alguna preferencia tiene es precisamente con los m?s alejados, con los pecadores y con los pobres.
Es el suyo un amor generoso, complaciente, dulce y suave, magn?nimo y tolerante.
Pero es tambi?n un amor que no le deja parar cuando se trata de nuestro bien, y toda su ternura y delicadeza se convierten en audacia, valent?a y decisi?n que no le detienen ante ning?n peligro.

Si miramos el amor de Jes?s a Dios su Padre, vemos como al fin Dios ha conseguido el objetivo de toda la creaci?n: verse amado como Dios se merece, porque este hombre, su Hijo, es capaz de darle con su hu-mildad y su obediencia todo el honor y toda la gloria que el primer hombre le arrebat? con su orgullo y su rebeld?a.
Se pasa horas y noches enteras en oraci?n con Dios su Padre.
Se somete a su voluntad hasta aceptar el tormento de la cruz.
Se siente lleno de celo por su gloria y dice no tener m?s alimento que hacer la voluntad de su Padre Dios.
Este es el amante Jes?s del Evangelio. El amor le llevar? a la cruz, pero tambi?n se atraer? hacia S? todos los corazones, tal como lo hab?a anunciado:
- Cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraer? a m?.

As? lo entendi? aquella artista de Par?s. Avanzada la noche, despu?s de la ruidosa funci?n de teatro, se retira en el hotel a la habitaci?n designada. Colgando de la pared, un Crucifijo de marfil sobre una cruz negra. La artista lo contempla extasiada. Pasan las horas..., amanece, y la pobre muchacha todav?a lo est? contemplando. Hasta que toma la resoluci?n:
- ?Fuera la vida que he llevado hasta ahora! En adelante, entregada del todo a Jes?s.
Hubo de marchar. Pero en el ?bano del Crucifijo hab?an quedado talladas estas palabras:
- As? ama el amor.
Si se entiende el amor de Jesucristo, se sabe c?mo juzgar de los amores que nos brinda la vida. Un amor que Dios bendice no mata el amor de Cristo. Amor que Dios rechaza, es amor que desplaza al de Cristo en el coraz?n.

El amor de Cristo es un amor muchas veces no correspondido. Pero es tambi?n un amor correspondido como ning?n otro amor lo ha conseguido nunca...

Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre m?s perfecto que ha existido y existir? jam?s, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es tambi?n el modelo acabado de c?mo hay que amar.


Publicado por mario.web @ 9:17
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