Domingo, 22 de mayo de 2011

?Tiene sentido hablar hoy de las indulgencias?
Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net
Seguramente hemos o?do la palabra ?indulgencias?, entendiendo por tal una especie de gracia o favor que se vincula al cumplimiento de una acci?n piadosa: el rezo de alguna oraci?n, la visita a un santuario o a otro lugar sagrado, etc. Tambi?n al o?r la palabra ?indulgencias? vienen a nuestra memoria las disputas entre Lutero y la Iglesia de Roma, y las cr?ticas subsiguientes de los otros reformadores del siglo XVI.

Pero, ?qu? son las indulgencias? La etimolog?a latina de la palabra puede ayudarnos a situarnos en una pista correcta. El verbo ?indulgeo? significa ?ser indulgente? y tambi?n ?conceder?. La indulgencia es, pues, algo que se nos concede, benignamente, en nuestro favor.

El Catecismo de la Iglesia Cat?lica nos proporciona, con palabras de Pablo VI, una definici?n m?s precisa: ?La indulgencia es la remisi?n ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediaci?n de la Iglesia, la cual, como administradora de la redenci?n, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos? (Catecismo, 1471).

La definici?n, exacta y densa, relaciona tres realidades: la remisi?n o el perd?n, el pecado, y la Iglesia. La indulgencia consiste en una forma de perd?n que el fiel obtiene en relaci?n con sus pecados por la mediaci?n de la Iglesia.

?Qu? es lo que se perdona con la indulgencia? No se perdonan los pecados, ya que el medio ordinario mediante el cual el fiel recibe de Dios el perd?n de sus pecados es el sacramento de la penitencia (cf Catecismo, 1486). Pero, seg?n la doctrina cat?lica, el pecado entra?a una doble consecuencia: lleva consigo una ?pena eterna? y una ?pena temporal?. ?Qu? es la pena eterna? Es la privaci?n de la comuni?n con Dios. El que peca mortalmente pierde la amistad con Dios, priv?ndose, si no se arrepiente y acude al sacramento de la penitencia, de la uni?n con ?l para siempre.

Pero aunque el perd?n del pecado por el sacramento de la Penitencia entra?a la remisi?n de la pena eterna, subsiste a?n la llamada ?pena temporal?. La pena temporal es el sufrimiento que comporta la purificaci?n del desorden introducido en el hombre por el pecado. Esta pena ha de purgarse en esta vida o en la otra (en el purgatorio), para que el fiel cristiano quede libre de los rastros que el pecado ha dejado en su vida.

Podemos poner una comparaci?n. Imaginemos una intervenci?n quir?rgica: un trasplante de coraz?n, por ejemplo. El nuevo coraz?n salva la vida del paciente. Se ve as? liberado el enfermo de una muerte segura. Pero, cuando ya la operaci?n ha concluido exitosamente, e incluso cuando est? ya fuera de peligro, subsiste la necesidad de una total recuperaci?n. Es preciso sanar las heridas que el mal funcionamiento del coraz?n anterior y la misma intervenci?n han causado en el organismo. Pues de igual modo, el pecador que ha sido perdonado de sus culpas, aunque est? salvado; es decir, liberado de la pena eterna merecida por sus pecados, tiene a?n que reestablecerse por completo, sanando las consecuencias del pecado; es decir, purificando las penas temporales merecidas por ?l.

La indulgencia es como un indulto, un perd?n gratuito, de estas penas temporales. Es como si, tras la intervenci?n quir?rgica y el trasplante del nuevo coraz?n, se cerrasen de pronto todas las heridas y el paciente se recuperase de una manera r?pida y sencilla, ayudado por el cari?o de quienes lo cuidan, la atenci?n esmerada que recibe y la eficacia curativa de las medicinas.

La Iglesia no es la autora, pero s? la mediadora del perd?n. Del perd?n de los pecados y del perd?n de las penas temporales que entra?an los pecados. Por el sacramento de la Penitencia, la Iglesia sirve de mediadora a Cristo el Se?or que dice al penitente: ?Yo te absuelvo de tus pecados?. Con la concesi?n de indulgencias, la Iglesia reparte entre los fieles la medicina eficaz de los m?ritos de Cristo nuestro Se?or, ofrecidos por la humanidad. Y en ese tesoro precioso de los m?ritos de Cristo est?n incluidos tambi?n, porque el Se?or los posibilita y hace suyos, las buenas obras de la Virgen Sant?sima y de los santos. Ellos, los santos, son los enfermeros que vuelcan sus cuidados en el hombre da?ado por el pecado, para que pueda recuperarse pronto de las marcas dejadas por las heridas.

?Tiene sentido hablar hoy de las indulgencias? Claro que s?, porque tiene sentido proclamar las maravillas del amor de Dios manifestado en Cristo que acoge a cada hombre, por el ministerio de la Iglesia, para decirle, como le dijo al paral?tico: ?Tus pecados est?n perdonados, coge tu camilla y echa a andar?. ?l no s?lo perdona nuestras culpas, sino que tambi?n, a trav?s de su Iglesia, difunde sobre nuestras heridas el b?lsamo curativo de sus m?ritos infinitos y la desbordante caridad de los santos.



Publicado por mario.web @ 9:31
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