Domingo, 22 de mayo de 2011

?C?mo debemos entender la visi?n, qu? hay que pensar de la misma?
Autor: Joseph Card. Ratzinger | Fuente: www.vatican.va
Quien lee con atenci?n el texto del llamado tercer "secreto" de F?tima, que tras largo tiempo, por voluntad del Santo Padre, viene publicado aqu? en su integridad, tal vez quedar? desilusionado o asombrado despu?s de todas las especulaciones que se han hecho. No se revela ning?n gran misterio; no se ha corrido el velo del futuro. Vemos a la Iglesia de los m?rtires del siglo apenas transcurrido representada mediante una escena descrita con un lenguaje simb?lico dif?cil de descifrar. ?Es esto lo que quer?a comunicar la Madre del Se?or a la cristiandad, a la humanidad en un tiempo de grandes problemas y angustias? ?Nos es de ayuda al inicio del nuevo milenio? O m?s bien ?son solamente proyecciones del mundo interior de unos ni?os crecidos en un ambiente de profunda piedad, pero que a la vez estaban turbados por las tragedias que amenazaban su tiempo? ?C?mo debemos entender la visi?n, qu? hay que pensar de la misma?


Revelaci?n p?blica y revelaciones privadas - su lugar teol?gico

Antes de iniciar un intento de interpretaci?n, cuyas l?neas esenciales se pueden encontrar en la comunicaci?n que el Cardenal Sodano pronunci? el 13 de mayo de este a?o al final de la celebraci?n eucar?stica presidida por el Santo Padre en F?tima, es necesario hacer algunas aclaraciones de fondo sobre el modo en que, seg?n la doctrina de la Iglesia, deben ser comprendidos dentro de la vida de fe fen?menos como el de F?tima. La doctrina de la Iglesia distingue entre la ?revelaci?n p?blica? y las ?revelaciones privadas?. Entre estas dos realidades hay una diferencia, no s?lo de grado, sino de esencia.

El t?rmino ?revelaci?n p?blica? designa la acci?n reveladora de Dios destinada a toda la humanidad, que ha encontrado su expresi?n literaria en las dos partes de la Biblia: el Antiguo y el Nuevo Testamento. Se llama ?revelaci?n? porque en ella Dios se ha dado a conocer progresivamente a los hombres, hasta el punto de hacerse ?l mismo hombre, para atraer a s? y para reunir en s? a todo el mundo por medio del Hijo encarnado, Jesucristo. No se trata, pues, de comunicaciones intelectuales, sino de un proceso vital, en el cual Dios se acerca al hombre; naturalmente en este proceso se manifiestan tambi?n contenidos que tienen que ver con la inteligencia y con la comprensi?n del misterio de Dios. El proceso ata?e al hombre total y, por tanto, tambi?n a la raz?n, aunque no s?lo a ella. Puesto que Dios es uno solo, tambi?n es ?nica la historia que ?l comparte con la humanidad; vale para todos los tiempos y encuentra su cumplimiento con la vida, la muerte y la resurrecci?n de Jesucristo. En Cristo Dios ha dicho todo, es decir, se ha manifestado as? mismo y, por lo tanto, la revelaci?n ha concluido con la realizaci?n del misterio de Cristo que ha encontrado su expresi?n en el Nuevo Testamento.

El Catecismo de la Iglesia Cat?lica, para explicar este car?cter definitivo y completo de la revelaci?n, cita un texto de San Juan de la Cruz: ?Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habl? junto y de una vez en esta sola Palabra...; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado todo en ?l, d?ndonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visi?n o revelaci?n, no s?lo har?a una necedad, sino que har?a agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer cosa otra alguna o novedad? (n. 65, Subida al Monte Carmelo, 2, 22).

El hecho de que la ?nica revelaci?n de Dios dirigida a todos los pueblos se haya concluido con Cristo y en el testimonio sobre ?l recogido en los libros del Nuevo Testamento, vincula a la Iglesia con el acontecimiento ?nico de la historia sagrada y de la palabra de la Biblia, que garantiza e interpreta este acontecimiento, pero no significa que la Iglesia ahora s?lo pueda mirar al pasado y est? as? condenada a una est?ril repetici?n. El Catecismo de la Iglesia Cat?lica dice a este respecto: ?Sin embargo, aunque la Revelaci?n est? acabada, no est? completamente explicitada; corresponder? a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos? (n. 66). Estos dos aspectos, el v?nculo con el car?cter ?nico del acontecimiento y el progreso en su comprensi?n, est?n muy bien ilustrados en los discursos de despedida del Se?or, cuando antes de partir les dice a los disc?pulos: ?Mucho tengo todav?a que deciros, pero ahora no pod?is con ello. Cuando venga ?l, el Esp?ritu de la verdad, os guiar? hasta la verdad completa; pues no hablar? por su cuenta... ?l me dar? gloria, porque recibir? de lo m?o y os lo anunciar? a vosotros? (Jn 16, 12-14). Por una parte el Esp?ritu, que hace de gu?a y abre as? las puertas a un conocimiento, del cual antes faltaba el presupuesto que permitiera acogerlo; es ?sta la amplitud y la profundidad nunca alcanzada de la fe cristiana. Por otra parte, este guiar es un ?tomar? del tesoro de Jesucristo mismo, cuya profundidad inagotable se manifiesta en esta conducci?n por parte del Esp?ritu.

A este respecto el Catecismo cita una palabra densa del Papa Gregorio Magno: ?la comprensi?n de las palabras divinas crece con su reiterada lectura? (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 94; Gregorio, In Ez 1, 7, 8). El Concilio Vaticano II se?ala tres maneras esenciales en que se realiza la gu?a del Esp?ritu Santo en la Iglesia y, en consecuencia, el ?crecimiento de la Palabra?: ?ste se lleva a cabo a trav?s de la meditaci?n y del estudio por parte de los fieles, por medio del conocimiento profundo, que deriva de la experiencia espiritual y por medio de la predicaci?n de ?los obispos, sucesores de los Ap?stoles en el carisma de la verdad? (Dei Verbum, 8).

En este contexto es posible entender correctamente el concepto de ?revelaci?n privada?, que se refiere a todas las visiones y revelaciones que tienen lugar una vez terminado el Nuevo Testamento; es ?sta la categor?a dentro de la cual debemos colocar el mensaje de F?tima. Escuchemos a?n a este respecto antes de nada el Catecismo de la Iglesia Cat?lica: ?A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia... Su funci?n no es la de... "completar" la Revelaci?n definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla m?s plenamente en una cierta ?poca de la historia? (n. 67). Se deben aclarar dos cosas:

    1. La autoridad de las revelaciones privadas es esencialmente diversa de la ?nica revelaci?n p?blica: ?sta exige nuestra fe; en efecto, en ella, a trav?s de palabras humanas y de la mediaci?n de la comunidad viviente de la Iglesia, Dios mismo nos habla. La fe en Dios y en su Palabra se distingue de cualquier otra fe, confianza u opini?n humana. La certeza de que Dios habla me da la seguridad de que encuentro la verdad misma y, de ese modo, una certeza que no puede darse en ninguna otra forma humana de conocimiento. Es la certeza sobre la cual edifico mi vida y a la cual me conf?o al morir.

    2. La revelaci?n privada es una ayuda para la fe, y se manifiesta como cre?ble precisamente porque remite a la ?nica revelaci?n p?blica. El Cardenal Pr?spero Lambertini, futuro Papa Benedicto XIV, dice al respecto en su cl?sico tratado, que despu?s lleg? a ser normativo para las beatificaciones y canonizaciones: ?No se debe un asentimiento de fe cat?lica a revelaciones aprobadas en tal modo; no es ni tan siquiera posible. Estas revelaciones exigen m?s bien un asentimiento de fe humana, seg?n las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente cre?bles?. El te?logo flamenco E. Dhanis, eminente conocedor de esta materia, afirma sint?ticamente que la aprobaci?n eclesi?stica de una revelaci?n privada contiene tres elementos: el mensaje en cuesti?n no contiene nada que vaya contra la fe y las buenas costumbres; es l?cito hacerlo publico, y los fieles est?n autorizados a darle en forma prudente su adhesi?n (E. Dhanis, Sguardo su Fatima e bilancio di una discussione, en: La Civilt? Cattolica 104, 1953, II. 392-406, en particular 397). Un mensaje as? puede ser una ayuda v?lida para comprender y vivir mejor el Evangelio en el momento presente; por eso no se debe descartar. Es una ayuda que se ofrece, pero no es obligatorio hacer uso de la misma.


El criterio de verdad y de valor de una revelaci?n privada es, pues, su orientaci?n a Cristo mismo. Cuando ella nos aleja de ?l, cuando se hace aut?noma o, m?s a?n, cuando se hace pasar como otro y mejor designio de salvaci?n, m?s importante que el Evangelio, entonces no viene ciertamente del Esp?ritu Santo, que nos gu?a hacia el interior del Evangelio y no fuera del mismo. Esto no excluye que dicha revelaci?n privada acent?e nuevos aspectos, suscite nuevas formas de piedad o profundice y extienda las antiguas. Pero, en cualquier caso, en todo esto debe tratarse de un apoyo para la fe, la esperanza y la caridad, que son el camino permanente de salvaci?n para todos.

Podemos a?adir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Coraz?n de Jes?s. Desde un cierto punto de vista, en la relaci?n entre liturgia y piedad popular se refleja la relaci?n entre Revelaci?n y revelaciones privadas: la liturgia es el criterio, la forma vital de la Iglesia en su conjunto, alimentada directamente por el Evangelio. La religiosidad popular significa que la fe est? arraigada en el coraz?n de todos los pueblos, de modo que se introduce en la esfera de lo cotidiano. La religiosidad popular es la primera y fundamental forma de ?inculturaci?n? de la fe, que debe dejarse orientar y guiar continuamente por las indicaciones de la liturgia, pero que a su vez fecunda la fe a partir del coraz?n.

Hemos pasado as? de las precisiones m?s bien negativas, que eran necesarias antes de nada, a la determinaci?n positiva de las revelaciones privadas: ?c?mo se pueden clasificar de modo correcto a partir de la Sagrada Escritura? ?Cu?l es su categor?a teol?gica? La carta m?s antigua de San Pablo que nos ha sido conservada, tal vez el escrito m?s antiguo del Nuevo Testamento, la Primera Carta a los Tesalonicenses, me parece que ofrece una indicaci?n. El Ap?stol dice en ella: ?No apagu?is el Esp?ritu, no despreci?is las profec?as; examinad cada cosa y quedaos con lo que es bueno? (5, 19-21). En todas las ?pocas se le ha dado a la Iglesia el carisma de la profec?a, que debe ser examinado, pero que tampoco puede ser despreciado. A este respecto, es necesario tener presente que la profec?a en el sentido de la Biblia no quiere decir predecir el futuro, sino explicar la voluntad de Dios para el presente, lo cual muestra el recto camino hacia el futuro.

El que predice el futuro se encuentra con la curiosidad de la raz?n, que desea apartar el velo del porvenir; el profeta ayuda a la ceguera de la voluntad y del pensamiento y aclara la voluntad de Dios como exigencia e indicaci?n para el presente. La importancia de la predicci?n del futuro en este caso es secundaria. Lo esencial es la actualizaci?n de la ?nica revelaci?n, que me afecta profundamente: la palabra prof?tica es advertencia o tambi?n consuelo o las dos cosas a la vez. En este sentido, se puede relacionar el carisma de la profec?a con la categor?a de los ?signos de los tiempos?, que ha sido subrayada por el Vaticano II: ?...sab?is explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ?c?mo no explor?is, pues, este tiempo? ? (Lc 12, 56). En esta par?bola de Jes?s por ? signos de los tiempos? debe entenderse su propio camino, el mismo Jes?s. Interpretar los signos de los tiempos a la luz de la fe significa reconocer la presencia de Cristo en todos los tiempos. En las revelaciones privadas reconocidas por la Iglesia -y por tanto tambi?n en F?tima- se trata de esto: ayudarnos a comprender los signos de los tiempos y a encontrar la justa respuesta desde la fe ante ellos.


La estructura antropol?gica de las revelaciones privadas

Una vez que con las precedentes reflexiones hemos tratado de determinar el lugar teol?gico de las revelaciones privadas, antes de ocuparnos de una interpretaci?n del mensaje de F?tima, debemos a?n intentar aclarar brevemente un poco su car?cter antropol?gico (psicol?gico). La antropolog?a teol?gica distingue en este ?mbito tres formas de percepci?n o ?visi?n?: la visi?n con los sentidos, es decir la percepci?n externa corp?rea, la percepci?n interior y la visi?n espiritual (visio sensibilis - imaginativa - intellectualis). Est? claro que en las visiones de Lourdes, F?tima, etc. no se trata de la normal percepci?n externa de los sentidos: las im?genes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un ?rbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visi?n del infierno (descrita en la primera parte del ?secreto? de F?tima) o tambi?n la visi?n descrita en la tercera parte del ?secreto?, pero puede demostrarse con mucha facilidad tambi?n en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las ve?an, sino de hecho s?lo los ?videntes?. Del mismo modo es obvio que no se trata de una ?visi?n? intelectual, sin im?genes, como se da en otros grados de la m?stica. Aqu? se trata de la categor?a intermedia, la percepci?n interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para ?l, equivale a la manifestaci?n externa sensible.

Ver interiormente no significa que se trate de fantas?a, como si fuera s?lo una expresi?n de la imaginaci?n subjetiva. M?s bien significa que el alma viene acariciada por algo real, aunque suprasensible, y es capaz de ver lo no sensible, lo no visible por los sentidos, una especie de visi?n con los ?sentidos internos?. Se trata de verdaderos ?objetos?, que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del coraz?n que generalmente no se tiene a causa de la fuerte presi?n de las realidades externas y de las im?genes y pensamientos que llenan el alma. La persona es transportada m?s all? de la pura exterioridad y otras dimensiones m?s profundas de la realidad la tocan, se le hacen visibles. Tal vez por eso se puede comprender por qu? los ni?os son los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma est? a?n poco alterada y su capacidad interior de percepci?n est? a?n poco deteriorada. ?De la boca de los ni?os y de los lactantes has recibido la alabanza?, responde Jes?s con una frase del Salmo 8 (v.3) a la cr?tica de los Sumos Sacerdotes y de los ancianos, que encuentran inoportuno el grito de ?hosanna? de los ni?os (Mt 21, 16).

La ?visi?n interior? no es una fantas?a, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva tambi?n limitaciones. Ya en la visi?n exterior est? siempre involucrado el factor subjetivo; no vemos el objeto puro, sino que llega a nosotros a trav?s del filtro de nuestros sentidos, que deben llevar a cabo un proceso de traducci?n. Esto es a?n m?s evidente en la visi?n interior, sobre todo cuando se trata de realidades que sobrepasan en s? mismas nuestro horizonte. El sujeto, el vidente, est? involucrado de un modo a?n m?s ?ntimo. ?l ve con sus concretas posibilidades, con las modalidades de representaci?n y de conocimiento que le son accesibles. En la visi?n interior se trata, de manera m?s amplia que en la exterior, de un proceso de traducci?n, de modo que el sujeto es esencialmente copart?cipe en la formaci?n como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente seg?n sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples ?fotograf?as? del m?s all?, sino que llevan en s? tambi?n las posibilidades y los l?mites del sujeto perceptor.

Esto se puede comprender en todas las grandes visiones de los santos; naturalmente, vale tambi?n para las visiones de los ni?os de F?tima. Las im?genes que ellos describen no son en absoluto simples expresiones de su fantas?a, sino fruto de una real percepci?n de origen superior e interior, pero no son imaginaciones como si por un momento se quitara el velo del m?s all? y el cielo apareciese en su esencia pura, tal como nosotros esperamos verlo un d?a en la definitiva uni?n con Dios. M?s bien las im?genes son, por decirlo as?, una s?ntesis del impulso proveniente de lo Alto y de las posibilidades de que dispone para ello el sujeto que percibe, esto es, los ni?os. Por este motivo, el lenguaje imaginativo de estas visiones es un lenguaje simb?lico. El Cardenal Sodano dice al respecto: ?... no se describen en sentido fotogr?fico los detalles de los acontecimientos futuros, sino que sintetizan y condensan sobre un mismo fondo, hechos que se extienden en el tiempo seg?n una sucesi?n y con una duraci?n no precisadas?. Esta concentraci?n de tiempos y espacios en una ?nica imagen es t?pica de tales visiones que, por lo dem?s, pueden ser descifradas s?lo a posteriori. A este respecto, no todo elemento visivo debe tener un concreto sentido hist?rico. Lo que cuenta es la visi?n como conjunto, y a partir del conjunto de im?genes deben ser comprendidos los aspectos particulares. Lo que es central en una imagen se desvela en ?ltimo t?rmino a partir del centro de la ?profec?a? cristiana en absoluto: el centro est? all? donde la visi?n se convierte en llamada y gu?a hacia la voluntad de Dios.


Un intento de interpretaci?n del secreto de F?tima

La primera y segunda parte del secreto de F?tima han sido ya discutidas tan ampliamente por la literatura especializada que ya no hay que ilustrarlas m?s. Quisiera s?lo llamar la atenci?n brevemente sobre el punto m?s significativo. Los ni?os han experimentado durante un instante terrible una visi?n del infierno. Han visto la ca?da de las ?almas de los pobres pecadores?. Y se les dice por qu? se les ha hecho pasar por ese momento: para ?salvarlas?, para mostrar un camino de salvaci?n. Viene as? a la mente la frase de la Primera Carta de Pedro: ?meta de vuestra fe es la salvaci?n de las almas? (1,9). Para este objetivo se indica como camino -de un modo sorprendente para personas provenientes del ?mbito cultural anglosaj?n y alem?n- la devoci?n al Coraz?n Inmaculado de Mar?a. Para entender esto puede ser suficiente aqu? una breve indicaci?n. ?Coraz?n? significa en el lenguaje de la Biblia el centro de la existencia humana, la confluencia de raz?n, voluntad, temperamento y sensibilidad, en la cual la persona encuentra su unidad y su orientaci?n interior. El ?coraz?n inmaculado? es, seg?n Mt 5,8, un coraz?n que a partir de Dios ha alcanzado una perfecta unidad interior y, por lo tanto, ?ve a Dios?. La ?devoci?n? al Coraz?n Inmaculado de Mar?a es, pues, un acercarse a esta actitud del coraz?n, en la cual el ?fiat? -h?gase tu voluntad- se convierte en el centro animador de toda la existencia. Si alguno objetara que no debemos interponer un ser humano entre nosotros y Cristo, se le deber?a recordar que Pablo no tiene reparo en decir a sus comunidades: imitadme (1 Co 4, 16; Flp 3,17; 1 Ts 1,6; 2 Ts 3,7.9). En el Ap?stol pueden constatar concretamente lo que significa seguir a Cristo. ?De qui?n podremos nosotros aprender mejor en cualquier tiempo si no de la Madre del Se?or?

Llegamos as?, finalmente, a la tercera parte del ?secreto? de F?tima publicado ?ntegramente aqu? por primera vez. Como se desprende de la documentaci?n precedente, la interpretaci?n que el Cardenal Sodano ha dado en su texto del 13 de mayo, hab?a sido presentada anteriormente a Sor Lucia en persona. A este respecto, Sor Lucia ha observado en primer lugar que a ella misma se le dio la visi?n, no su interpretaci?n. La interpretaci?n, dec?a, no es competencia del vidente, sino de la Iglesia. Ella, sin embargo, despu?s de la lectura del texto, ha dicho que esta interpretaci?n correspond?a a lo que ella hab?a experimentado y que, por su parte, reconoc?a dicha interpretaci?n como correcta. En lo que sigue, pues, se podr? s?lo intentar dar un fundamento m?s profundo a dicha interpretaci?n a partir de los criterios hasta ahora desarrollados.

Como palabra clave de la primera y de la segunda parte del ?secreto? hemos descubierto la de ?salvar las almas?, as? como la palabra clave de este ?secreto? es el triple grito: ??Penitencia, Penitencia, Penitencia!?. Viene a la mente el comienzo del Evangelio: ?paenitemini et credite evangelio? (Mc 1,15). Comprender los signos de los tiempos significa comprender la urgencia de la penitencia, de la conversi?n y de la fe. Esta es la respuesta adecuada al momento hist?rico, que se caracteriza por grandes peligros y que ser?n descritos en las im?genes sucesivas. Me permito insertar aqu? un recuerdo personal: en una conversaci?n conmigo Sor Lucia me dijo que le resultaba cada vez m?s claro que el objetivo de todas las apariciones era el de hacer crecer siempre m?s en la fe, en la esperanza y en la caridad. Todo el resto era s?lo para conducir a esto.

Examinemos ahora m?s de cerca cada imagen. El ?ngel con la espada de fuego a la derecha de la Madre de Dios recuerda im?genes an?logas en el Apocalipsis. Representa la amenaza del juicio que incumbe sobre el mundo. La perspectiva de que el mundo podr?a ser reducido a cenizas en un mar de llamas, hoy no es considerada absolutamente pura fantas?a: el hombre mismo ha preparado con sus inventos la espada de fuego. La visi?n muestra despu?s la fuerza que se opone al poder de destrucci?n: el esplendor de la Madre de Dios, y proveniente siempre de ?l, la llamada a la penitencia. De ese modo se subraya la importancia de la libertad del hombre: el futuro no est? determinado de un modo inmutable, y la imagen que los ni?os vieron, no es una pel?cula anticipada del futuro, de la cual nada podr?a cambiarse. Toda la visi?n tiene lugar en realidad s?lo para llamar la atenci?n sobre la libertad y para dirigirla en una direcci?n positiva. El sentido de la visi?n no es el de mostrar una pel?cula sobre el futuro ya fijado de forma irremediable. Su sentido es exactamente el contrario, el de movilizar las fuerzas del cambio hacia el bien. Por eso est?n totalmente fuera de lugar las explicaciones fatal?sticas del ?secreto? que, por ejemplo, dicen que el atentador del 13 de mayo de 1981 habr?a sido en definitiva un instrumento del plan divino guiado por la Providencia y que, por tanto, no habr?a actuado libremente, as? como otras ideas semejantes que circulan. La visi?n habla m?s bien de los peligros y del camino para salvarse de los mismos.

Las siguientes frases del texto muestran una vez m?s muy claramente el car?cter simb?lico de la visi?n: Dios permanece el inconmensurable y la luz que supera todas nuestras visiones. Las personas humanas aparecen como en un espejo. Debemos tener siempre presente esta limitaci?n interna de la visi?n, cuyos confines est?n aqu? indicados visivamente. El futuro se muestra s?lo ?como en un espejo de manera confusa? (cf. 1 Co 13,12). Tomemos ahora en consideraci?n cada una de las im?genes que siguen en el texto del ?secreto?. El lugar de la acci?n aparece descrito con tres s?mbolos: una monta?a escarpada, una grande ciudad medio en ruinas y, finalmente, una gran cruz de troncos r?sticos. Monta?a y ciudad simbolizan el lugar de la historia humana: la historia como costosa subida hacia lo alto, la historia como lugar de la humana creatividad y de la convivencia, pero al mismo tiempo como lugar de las destrucciones, en las cuales el hombre destruye la obra de su propio trabajo. La ciudad puede ser el lugar de comuni?n y de progreso, pero tambi?n el lugar del peligro y de la amenaza m?s extrema. Sobre la monta?a est? la cruz, meta y punto de orientaci?n de la historia. En la cruz la destrucci?n se transforma en salvaci?n; se levanta como signo de la miseria de la historia y como promesa para la misma.

Aparecen despu?s aqu? personas humanas: el Obispo vestido de blanco (?hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre?), otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y, finalmente, hombres y mujeres de todas las clases y estratos sociales. El Papa parece que precede a los otros, temblando y sufriendo por todos los horrores que lo rodean. No s?lo las casas de la ciudad est?n medio en ruinas, sino que su camino pasa en medio de los cuerpos de los muertos. El camino de la Iglesia se describe as? como un viacrucis, como camino en un tiempo de violencia, de destrucciones y de persecuciones. Se puede ver representada en esta imagen la historia de todo un siglo. Del mismo modo que los lugares de la tierra est?n sint?ticamente representados en las dos im?genes de la monta?a y de la ciudad y est?n orientados hacia la cruz, tambi?n los tiempos son presentados de forma compacta. En la visi?n podemos reconocer el siglo pasado como siglo de los m?rtires, como siglo de los sufrimientos y de las persecuciones contra la Iglesia, como el siglo de las guerras mundiales y de muchas guerras locales que han llenado toda su segunda mitad y han hecho experimentar nuevas formas de crueldad. En el ?espejo? de esta visi?n vemos pasar a los testigos de la fe de decenios. A este respecto, parece oportuno mencionar una frase de la carta que Sor Lucia escribi? al Santo Padre el 12 de mayo de 1982: ?la tercera parte del "secreto" se refiere a las palabras de Nuestra Se?ora: "Si no (Rusia) diseminar? sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos ser?n martirizados, el Santo Padre tendr? que sufrir mucho, varias naciones ser?n destruidas"?.

En el viacrucis de este siglo, la figura del Papa tiene un papel especial. En su fatigoso subir a la monta?a podemos encontrar indicados con seguridad juntos diversos Papas, que empezando por P?o X hasta el Papa actual han compartido los sufrimientos de este siglo y se han esforzado por avanzar entre ellas por el camino que lleva a la cruz. En la visi?n tambi?n el Papa es matado en el camino de los m?rtires. ?No pod?a el Santo Padre, cuando despu?s del atentado del 13 de mayo de 1981 se hizo llevar el texto de la tercera parte del ?secreto?, reconocer en ?l su propio destino? Hab?a estado muy cerca de las puertas de la muerte y ?l mismo explic? el haberse salvado, con las siguientes palabras: ?...fue una mano materna a guiar la trayectoria de la bala y el Papa agonizante se par? en el umbral de la muerte? (13 de mayo de 1994). Que una ?mano materna? haya desviado la bala mortal muestra s?lo una vez m?s que no existe un destino inmutable, que la fe y la oraci?n son poderosas, que pueden influir en la historia y, que al final, la oraci?n es m?s fuerte que las balas, la fe m?s potente que las divisiones.

La conclusi?n del ?secreto? recuerda im?genes que Luc?a puede haber visto en libros de piedad y cuyo contenido deriva de antiguas intuiciones de fe. Es una visi?n consoladora, que quiere hacer maleable por el poder salvador de Dios una historia de sangre y l?grimas. Los ?ngeles recogen bajo los brazos de la cruz la sangre de los m?rtires y riegan con ella las almas que se acercan a Dios. La sangre de Cristo y la sangre de los m?rtires est?n aqu? consideradas juntas: la sangre de los m?rtires fluye de los brazos de la cruz. Su martirio se lleva a cabo de manera solidaria con la pasi?n de Cristo y se convierte en una sola cosa con ella. Ellos completan en favor del Cuerpo de Cristo lo que a?n falta a sus sufrimientos (cf. Col 1,24). Su vida se ha convertido en Eucarist?a, inserta en el misterio del grano de trigo que muere y se hace fecundo. La sangre de los m?rtires es semilla de cristianos, ha dicho Tertuliano. As? como de la muerte de Cristo, de su costado abierto, ha nacido la Iglesia, as? la muerte de los testigos es fecunda para la vida futura de la Iglesia. La visi?n de la tercera parte del ?secreto?, tan angustiosa en su comienzo, se concluye pues con un imagen de esperanza: ning?n sufrimiento es vano y, precisamente, una Iglesia sufriente, una Iglesia de m?rtires, se convierte en se?al orientadora para la b?squeda de Dios por parte del hombre. En las manos amorosas de Dios no han sido acogidos ?nicamente los que sufren como L?zaro, que encontr? el gran consuelo y representa misteriosamente a Cristo que quiso ser para nosotros el pobre L?zaro; hay algo m?s, del sufrimiento de los testigos deriva una fuerza de purificaci?n y de renovaci?n, porque es actualizaci?n del sufrimiento mismo de Cristo y transmite en el presente su eficacia salv?fica.

Hemos llegado as? a una ?ltima pregunta: ?Qu? significa en su conjunto (en sus tres partes) el ?secreto? de F?tima? ?Qu? nos dice a nosotros? Ante todo, debemos afirmar con el Cardenal Sodano: ?...los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del ?secreto? de F?tima, parecen pertenecer ya al pasado?. En la medida en que se refiere a acontecimientos concretos, ya pertenecen al pasado. Quien hab?a esperado en impresionantes revelaciones apocal?pticas sobre el fin del mundo o sobre el curso futuro de la historia debe quedar desilusionado. F?tima no nos ofrece este tipo de satisfacci?n de nuestra curiosidad, del mismo modo que la fe cristiana por lo dem?s no quiere y no puede ser un mero alimento para nuestra curiosidad. Lo que queda de v?lido lo hemos visto de inmediato al inicio de nuestras reflexiones sobre el texto del ?secreto?: la exhortaci?n a la oraci?n como camino para la ?salvaci?n de las almas? y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y a la conversi?n.

Quisiera al final volver a?n sobre otra palabra clave del ?secreto?, que con raz?n se ha hecho famosa: ?mi Coraz?n Inmaculado triunfar?. ?Qu? quiere decir esto? Que el coraz?n abierto a Dios, purificado por la contemplaci?n de Dios, es m?s fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de Mar?a, la palabra de su coraz?n, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador, porque gracias a este ?s?? Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y as? permanece ahora y para siempre. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo experimentamos continuamente; ?l tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un coraz?n humano y de ese modo ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la ?ltima palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jes?s: ?padecer?is tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo? (Jn 16,33). El mensaje de F?tima nos invita a confiar en esta promesa.


Joseph Card. Ratzinger

Prefecto de la Congregaci?n
para la Doctrina de la Fe


Publicado por mario.web @ 9:32
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