Domingo, 22 de mayo de 2011
Todo disc?pulo de Cristo, para seguirle, ha de renunciar a muchas cosas, especialmente quien abrace la vida religiosa o de perfecci?n.
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Exigencia y premio de seguir a Cristo
Exigencia y premio de seguir a Cristo

...Pedro le pregunt?: Nosotros que lo hemos dejado todo y te hemos seguido ?qu? recompensa tendremos?

-Os aseguro que a vosotros, los que me hab?is seguido y hab?is permanecido conmigo en mis pruebas, os doy el reino, como mi Padre me lo ha dado a m?, para que com?is y beb?is a mi mesa en mi reino. Y cuando en la resurrecci?n el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, tambi?n vosotros os sentar?is en doce tronos a juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo el que deje su casa, o sus hermanos o hermanas, o el padre o la madre, o hijos, o campos por m? y por el Evangelio, recibir? cien veces m?s en esta vida, en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, aunque con persecuci?n y en el mundo que ha de venir, la vida eterna.



El ap?stol tiene que ser prudente, pero con prudencia que no le exime de tomar la cruz y de seguir a Cristo pasando por encima de todo, dejando hasta su familia aun contra la voluntad de los padres.

Todo disc?pulo de Cristo, para seguirle, ha de renunciar a muchas cosas, especialmente quien abrace la vida religiosa o de perfecci?n. Si no la va a llevar bien, m?s vale que desista a tiempo, no entrando o saliendo de ella. Pero nunca debemos olvidar que nosotros por nosotros mismos somos incapaces de perseverar, hemos de recibir y pedir las fuerzas de la gracia sobrenatural. ?No yo, sino la gracia de Dios conmigo? que dice San Pablo a los corintios (1Co 15,10).

? PARA SEGUIR A CRISTO NO HAY QUE ESPERAR. El que quer?a enterrar a su padre, parece que ped?a esperar a que se muriera, pues no tendr?a sentido si estuviese ya de cuerpo presente, ni entonces ?l se encontrar?a oyendo a Jes?s. Los muertos que han de enterrar a otros muertos, ser?n los que no viven seg?n el Evangelio: es decir, el ap?stol debe dedicarse ?ntegramente a su ministerio, la actividad m?s importante y trascendental. Despedirse de la familia, si se entiende: hacer viajes, vivir una temporada inmerso en el mundo, como se suele obligar a los que tienen vocaci?n, es muy peligroso, pues se puede perder la gracia.

-?C?mo se explica que los ap?stoles juzgar?n a Israel, y que los seguidores de Cristo recibir?n cien veces m?s en casas y familia?

-San Pablo dice (1Cor. 6,2), ?que los santos juzgar?n al mundo?. Pues cuando venga Jesucristo como Juez universal, los santos se sentar?n con El como jueces, no como reos.

La retribuci?n del ciento por uno en esta vida a los seguidores de Cristo, bien lo vemos en la vida religiosa, donde cuanto mejor se cumplen las reglas, m?s paz y seguridad material se encuentran. Y esto se aplica en su tanto a todo cristiano, retribuci?n an?loga a la bienaventuranza c los mansos, que poseer?n la tierra, m?s la bendici?n de la paz de Cristo: prometida por El a los suyos.

Esta recompensa terrena no excluye las persecuciones en el mundo. Pero tengamos muy presente, como nos confirman las vidas de los santos que NI SIQUIERA LAS PERSECUCIONES SON CAPACES DE QUITAR LA ALEGR?A Y LA PAZ ?NTIMA AL VERDADERO SEGUIDOR DE JES?S.

Es promesa de Jes?s que El nos aliviar? si acudimos a El, aceptando practicando su doctrina. Eso quiere decir la frase, usada por los rabinos de tomar el yugo de su maestro. Y lo que sigue, que suele traducirse ?aprended de m??, no es en el sentido de imitarle, sino de ser sus disc?pulos, querer que El nos ense?e (?eso a que tantos se niegan!) Nos anima asegur?ndonos no s?lo que su yugo es suave y su carga ligera sino que su Coraz?n es bueno y humilde. JES?S NO ES UN TIRANO; A LOS SUYOS, A LOS QUE SE LE ENTREGAN DE VERDAD, LES AMA CON TODO SU CORAZ?N NO LES EXIGE M?S DE LO INDISPENSABLE PARA SU PURIFICACI?N Y ETERNA GLORIFICACI?N, Y LES COLMA DE CUANTAS GRACIAS NECESITAN PARA QUE LA VIDA CRISTIANA LES RESULTE SUAVE Y LOS PADECIMIENTOS LIGEROS.

Pero lo estupendo, lo que nunca hemos de cansarnos de contemplar creer, es el Coraz?n de Jes?s, Coraz?n tan grande y bueno, como aparece constantemente en el Evangelio, que tanto nos quiere. S?, s?, que Ir quiere a m?, a ti, tanto, que por m?, por ti, para librarnos del pecado y del infierno, para llevarnos consigo a su eterna felicidad, ha padecido muerto, nos ha revelado los insondables secretos de Dios, su Buena Nueva, ha instituido los sacramentos maravillosos, y se queda en la Eucarist?a como amigo inseparable e insuperable.

Amarga queja en las revelaciones de su Coraz?n a Santa Margarita Mar?a de Alacoque -las revelaciones privadas m?s aprobadas por la Iglesia-, ?Mira este Coraz?n que tanto ha amado a los hombres, que r ha perdonado nada, hasta agotarse y consumirse, para testimoniarles su amor, y en agradecimiento no recibe de la mayor parte sino ingratitudes ?Lo cual siento m?s que todo lo que sufr? en la Pasi?n, tanto que, correspondiesen a mi amor, estimar?a en poco todo lo que he hecho por ellos?. ?T?, al menos, dame el placer de suplir ?Su ingratitud cuanto puedas?.

Demos a Jes?s, a su Coraz?n, ese placer: Consagr?ndonos a El, en correspondencia a su amor. Viviendo para El. Ocup?ndonos de sus cosas, y confi?ndole las nuestras para que El se ocupe de ellas, y de nosotros. Viendo en todas las circunstancias de la vida su Providencia amorosa, su mano paternal que nos las trae, o nos pone en ellas. Y en este mundo inmerso en el pecado, en el pecado universal de ingratitud hacia nuestro Dios y Redentor, a poco que le amemos, y consideremos la ingratitud d los hombres, hemos de repararle por ella, uni?ndonos en la comuni?n a ?l y asociando nuestros sacrificios, lo que m?s nos cueste en la vida, a s sacrificio reparador en el Calvario, junto a Santa Mar?a.


Publicado por mario.web @ 20:57
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