Domingo, 22 de mayo de 2011
?Qu? valent?a detr?s de cada una de estas j?venes y ancianas! Y, si les preguntas, posiblemente te dir?n que no, que no es valent?a, que Alguien las llam?
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Carmelitas descalzas
Carmelitas descalzas

Si no es por motivos de seria enfermedad, no usan calefacci?n. No comen carne. Al a?o, madrugan 365 d?as o, si es bisiesto, 366. Impensable el aire acondicionado en verano (ni siquiera en caso de que una generosa f?brica quiera donarles tecnolog?a)... Nada de agua caliente, ni en invierno. Duermen sobre un camastro sin colch?n. Un d?a y otro d?a.... Y si les preguntas por qu?, te lo explican.

Otros, si nos faltase tan s?lo una de estas comodidades, estar?amos ya al borde de la histeria, o a punto de convocar una huelga o de presentar una demanda ante el tribunal competente por el derecho conculcado del libre acceso a la calefacci?n.

Alegr?a, sencillez, candor, pureza, generosidad, fe..., mucha fe... Lo que menos les interesa es ser valoradas por el mundo. Pero, sin buscarlo, brillan y quien accidentalmente es testigo ocular de ese resplandor no puede dejar de contar lo visto y o?do... Su vida es capaz de interpelar a todo un planeta tan en otra direcci?n.

Ellas, al ingresar soberanamente libres al convento (del que s?lo saldr?n si una enfermedad les lleva al hospital o si les anuncian un traslado permanente a otro convento) se separaron del mundo y de sus vanidades, sufrieron la lejan?a f?sica de sus seres queridos, se despidieron de los amigos y amigas, renunciaron al amor de un esposo y de unos hijos... Para unirse al Esposo y dar su vida en rescate de todo ser humano. Para dedicarse por entero a un Dios que no ven con retinas humanas pero que abrazan todos los d?as con la fe: ese regalo divino que ve lo que el ojo m?s preciso no registra y que escucha lo que el o?do m?s agudo no percibe...

Ellas son un tesoro de la Iglesia. Son las carmelitas descalzas y tantas otras monjas de clausura esparcidas por los cinco continentes.

?Qu? valent?a detr?s de cada una de estas j?venes y ancianas! Y, si les preguntas, posiblemente te dir?n que no, que no es valent?a, que Alguien las llam? y que a pesar de sentirse indignas de la invitaci?n respondieron con temblor que s? y que no se arrepienten y que mueren porque no mueren y otras cosas por el estilo que sonar?n a los inquilinos del siglo XXI a locura y a esc?ndalo y a insensatez...

Todas visten el mismo h?bito pero cada hermana es una historia muy personal que se ha convertido en sagrada en cuanto que forma parte ya de la Historia de la Salvaci?n.

Algunas son j?venes, otras apenas pueden moverse tras una larga vida dedicada en cuerpo y alma a desgastarse por amor a su Se?or, lejos de los ojos del mundo... Y en todas ellas late un coraz?n siempre nuevo, siempre fresco.

Ellas creen en la oraci?n, en el sacrificio, en el rosario de Mar?a, en el trabajo, en el silencio, creen en la paz, creen en el valor de cada ser humano, creen en el Se?or de la Historia. Y, sin salir de unos muros, sin sentarse en un curul parlamentario, sin dirigir ninguna empresa, sin presentar oposiciones para adjudicarse alg?n buen puesto, sin administrar ning?n hospital, sin construir ninguna autopista... sufren con el mundo, se acongojan de sus miserias, se alegran de sus triunfos.... y lo curan, lo construyen, lo transforman... Misteriosamente... Y lo misterioso no es ant?nimo de lo real.

Mientras el mundo se esfuerza por acumular riqueza, ellas atesoran pobreza y sacrificio. Mientras muchos luchan desesperadamente por liberarse de toda autoridad, ellas se sujetan libremente a la Madre Superiora porque la ven como instrumento del querer de Dios. Mientras generaciones enteras liberalizan las costumbres y la moral, ellas prometen virginidad y dedicaci?n absoluta a su Cristo por el resto de su vida, a ese Cristo presente tambi?n en cada pr?jimo.

A los visitantes los reciben en una parte del monasterio que se llama locutorio. Es una sala suficientemente espaciosa. En uno de sus muros se aprecia una ventana sin cristal, suplido ?ste por una reja cuadriculada de hierro. M?s al fondo se observa una rejilla de madera formada s?lo de palos verticales. Entre una reja y otra hay una distancia de unos 40 cent?metros que equivale al grosor del muro. Las monjas hablan detr?s de esos maderos. Se trata de una expresi?n m?s de su vivir s?lo para Dios.

?Qui?n puede dejar de sentirse interpelado? ?Qui?n no queda sanamente confundido ante tan ins?lito modo de vida? ?Qui?n por lo menos no puede dejar de lanzar alguna hip?tesis, como la de que est?n locas o la de que se han auto esclavizado o que est?n enfermas o que huyen cobardemente de la realidad o que se trata de un extra?o fen?meno psicol?gico...? Pero como toda hip?tesis, para que sea digna de cr?dito, debe ser comprobada...

Vis?talas. Encu?ntrate con ellas. ?Por qu? no? Ellas reciben a quien toca su puerta. Si lo que temes es pasar fr?o, no te preocupes, porque aunque de su lado no ponen calefacci?n, en la parte del visitante sentir?s un sabroso radiador funcionando a todo kilovatio. Quiz? te des cuenta de que todas esas cosas que para ti son rarezas resulta que a ellas les conducen a una realizaci?n plena. Tal vez seas testigo ocular de una felicidad que no podr?s explicar: su sonrisa no es falsa, su candor no es de este mundo, su felicidad no es pasajera.

Al final de la visita, las hermanas quisieron cantar una canci?n. Sobre su vida, sobre su monasterio, sobre su Dios crucificado, sobre el dolor y la felicidad... En una de las estrofas, dirigi?ndose a su convento, cantaban:
"Si el mundo lo supiera, escalar?a tus muros"...

Pero, a veces, el barro incrustado en nuestros pies ?c?mo anega los deseos de escalar muro arriba!

La visita dur? unos minutos. El locutorio se cerr?. Los hu?spedes salimos al mundo con un trozo de su cielo en los bolsillos y en el coraz?n. Ellas se quedaron ah?, detr?s de las rejas, con sus verduras, con su agua fr?a, con su huerto, con su oraci?n, con su misi?n de salvar al mundo entero... A solas con su Cristo...

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Publicado por mario.web @ 21:03
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