Domingo, 22 de mayo de 2011

Autorizada el 23 de abril de 1960, la p?ldora significa el cambio m?s radical en las actitudes culturales y morales de los hombres y mujeres respecto a la sexualidad, el matrimonio y la familia
Autor: Josep Maria Riera i Munn? | Fuente: www.forumlibertas.com
Quiz?s nunca en la historia de la humanidad una cosa tan peque?a ha tenido consecuencias tan grandes. El 23 de abril de 1960 la p?ldora recib?a el permiso para ser dispensada y vendida expl?citamente como anticonceptivo oral en los Estados Unidos. Empezaba una ?revoluci?n? que incidir?a en los a?os siguientes en la vida de millones de mujeres de todo el mundo, y por ellas en los hombres, en las familias y en las sociedades de todas las naciones.

?Cu?l era la novedad? Se presentaba como la liberaci?n de las mujeres de su dependencia respecto a la maternidad: la gestaci?n y cr?a de los hijos. Tambi?n se libraba la sexualidad humana de su ligaz?n con la posibilidad de un nuevo embarazo. Lo que queda es la satisfacci?n sexual personal del propio deseo sin medida ni aparentes consecuencias. Se quiere ver como un gran paso de liberaci?n de la mujer, del ?feminismo?, y esta es la bandera de la que se sirven los promotores y los medios de comunicaci?n para presentarlo siempre como un progreso indiscutible. Solamente persones con grandes prejuicios lo quieren negar, y a estas personas mejor no escucharlas en sus argumentos conocidos y est?riles... Todos sabemos lo que dicen... Pero, ?es realmente esa la novedad? La perspectiva que da el tiempo y los acontecimientos han hecho visible que las cosas no son como aparentan ser o como nos las han querido hacer entender.

La verdadera novedad antropol?gica y que explica todo lo que despu?s se desarrolla, es que se sustraen las nuevas vides humanes de la trascendencia o, dicho de otra manera, se instaura por primera vez una mentalidad anticonceptiva de poder y dominio, que parece total, del hombre y de la mujer -especialmente de ella- sobre la gestaci?n de las nuevas vidas humanas. En el ?misterio? de la vida humana est? aceptado generalmente considerar cuatro momentos naturales de trascendencia (en los que la vivencia personal supera la actuaci?n meramente humana): en la concepci?n, gestaci?n y nacimiento de nuevas vidas; en el momento de la muerte; en la donaci?n marital de los esposos; en el banquete, como lugar de fiesta y de gozo.

A la nueva vida que puede resultar de la relaci?n conyugal del hombre y de la mujer, gracias al nuevo dominio del poder humano de quererla o no quererla, se le sustrae la dignidad inalienable que la vida humana tiene siempre como misterio y don de Dios, y se considera la vida como dominio total del querer de los progenitores. La nueva vida humana ya no es ?procreada?, sino ?producida? a voluntad. El ser humano ya no recibe la vida como un don, sino que se reproduce a s? mismo, como y cuando quiere. Es productor de si mismo, es ?creador? y dominador de la propia vida humana y de la vida de los nuevos nacidos. Esto no es una apreciaci?n sino un hecho que viene demostrado porque, por primera vez, se establece una manera de clasificar las nuevas vidas como ?deseadas? o ?no deseadas?, con las consecuencias que esto comporta de aceptaci?n o bien de eliminaci?n. Como prueba, cada d?a es m?s dif?cil ver crecer ni?os y ni?as con s?ntomas de cualquier deficiencia gen?tica, f?sica o mental. Sencillamente ya no nacen.

Antes de la p?ldora no exist?a generalizada la clasificaci?n de hijos queridos y no queridos, que con el paso de los a?os se ha ido consolidando, porque no exist?a la posibilidad del dominio casi total y sencillo sobre las nuevas vidas. Los hijos ?deseados? ser?n considerados un bien m?s de los muchos que pueden conseguirse con el poder y el querer humano. Los ?no deseados? ser?n rechazados, y cuando haya errores en el uso de los medios orales de anticoncepci?n, se establecer? como un derecho el aborto, e incluso, en la pr?ctica, el infanticidio, si es necesario. Eso s?, todo realizado con una gran asepsia y procurando hacerlo a escondidas, para no remover sensibilidades. Todo ser? nombrado con eufemismos: el aborto, interrupci?n del embarazo; el embri?n humano, pre-embri?n; la p?ldora abortiva, p?ldora del d?a despu?s; etc.

La pregunta ?pol?ticamente correcta?, que se sigue repitiendo a?n con inocencia y a veces de manera airada, puede ser formulada as?: ?pero, por qu? tanta rigidez de la Iglesia en no querer adecuar las exigencias morales a las posibilidades del hombre y de la mujer de hoy? Contesta Juan Pablo II (cf. VS, 103): ?cu?les son las posibilidades del hombre? Y ?de qu? hombre hablamos: del hombre dominado por la sensualidad, o bien del hombre redimido por Cristo?

La idea y el intento de querer controlar la fertilidad de la mujer para evitar el embarazo es muy antigua, con diversas modalidades, siempre chapuceras y traum?ticas. La investigaci?n en medicina y biolog?a se plante? conseguir t?cnicas anticonceptivas por el bloqueo del proceso de ovulaci?n de la mujer y para la interrupci?n de la gestaci?n (aborto inducido), impidiendo la implantaci?n del embri?n en sus primeras fases (?vulo ya fecundado) en las paredes del ?tero.

En este quehacer, el movimiento intelectual tiene sus manifestaciones m?s notorias en la ?revoluci?n sexual? del mayo franc?s de 1968, y la gran difusi?n de las obras de Simone de Beauvoir -compa?era de Jean Paul Sartre-, como ?Le deuxi?me sexe? (El segundo sexo), donde manifiesta con gran violencia verbal y crudeza el menosprecio de las mujeres como una componente cultural, social e hist?rica constante, tremendamente injusta con ellas.

En Am?rica, el feminismo radical se manifest? mucho m?s pragm?tico, y se pusieron en movimiento muy pronto, entre otras, estas personas significativas: Margaret Sangers, Gregory Pincus, Min Chueh Chang y John Rock. En 1951 se relacionan Sangers y Pincus por mediaci?n de Abraham Stone. Planned Parenthood of America (PPFA) se compromete a financiar estudios para un anticonceptivo oral para las mujeres. Pincus trabaja con Chang y despu?s con Rock. Tambi?n con otros investigadores que hab?an trabajado sobre formas de bloqueo de la ovulaci?n en las mujeres. El primer resultado en 1955 es la p?ldora Enovid que provoca el bloqueo hormonal de la ovulaci?n. La mujer queda temporalmente est?ril. Desde 1956 se experimenta sobre mujeres en Puerto Rico y al a?o siguiente en Hait? y Ciudad de M?jico. Aunque se manifiestan efectos negativos notorios, la publicidad present? Enovid como anticonceptivo seguro y eficaz, lo que ser? una constante en la propaganda farmacol?gica, silenciando casi siempre los efectos abortivos y otros efectos secundarios. En un ambiente muy cargado, la Administraci?n de Estados Unidos dio permiso en 1957 para la venta de Enovid, no como anticonceptivo sino como regulador de la menstruaci?n. Tres a?os despu?s, el 23 de abril de 1960, la p?ldora recib?a el permiso para la venta como anticonceptivo oral, y comenz? la historia sin tregua de estos 50 a?os.

?Qu? significan estos 50 a?os? El cambio m?s radical en las actitudes culturales y morales de los hombres y de las mujeres respecto a la sexualidad, el matrimonio y la familia. La ?civilizaci?n del amor? tiene como actitud moral fundamental el respeto a la personas; la ?civilizaci?n de la muerte? ha puesto esta actitud moral en el deseo, llevado a t?rmino por el poder pol?tico y econ?mico, por el domino t?cnico y cient?fico, con actitudes si hace falta de imposici?n y violencia.

Hace m?s de treinta a?os todas las personas j?venes, pasados los 21 a?os -entonces mayor?a de edad-, sab?an todav?a discernir en lo principal qu? era el compromiso del matrimonio entre un hombre y una mujer, y en qu? consist?a la formaci?n del propio hogar. Hoy la mayor parte de los j?venes de estas edades no saben qu? es el matrimonio, lo confunden con proyectos que nada tienen en com?n y no forman realmente los hogares que, seg?n dicen todas las encuestas, aprecian como el mejor valor de sus vidas. ?Saben estos j?venes de d?nde viene esta confusi?n evidente de los horizontes sobre el matrimonio y la familia? Parece que no saben de d?nde viene todo esto. Se lo encuentran as?.

El Papa Pablo VI lo expres? claramente en la famosa enc?clica Humanae vitae, de 1968. L a anticoncepci?n procurada directamente para evitar los hijos en la relaci?n ?ntima conyugal es contraria al bien del matrimonio porque desvirt?a el amor conyugal, por la separaci?n del aspecto de uni?n, de donaci?n entre esposos, del aspecto procreador o de frutos posibles de este amor, que son los hijos como don querido, esperado y recibido. Los padres que forman la familia esperan con gran curiosidad quien es el hijo que viene. La dignidad de la persona humana que inicia la vida es tal que s?lo como fruto del amor de los padres en su relaci?n conyugal es respetada. Y de estos hijos venidos a la vida como fruto del amor de los esposos surge la familia como hogar que forma a todos sus miembros en todas las cualidades de personas humanas y de buenos ciudadanos. La familia, dec?a Juan Pablo II, es ?el sue?o de Dios para la humanidad?.

La ense?anza de Pablo VI, necesaria entonces por la novedad del caso moral que planteaba la p?ldora, hizo diana en el n?cleo de lo que la p?ldora anticonceptiva implantaba desde su comercializaci?n ocho a?os antes: la ?mentalidad anticonceptiva? o de dominio de las fuentes de la vida. Por eso la enc?clica fue violentamente rechazada y criticada.

Antes de describir el largo camino de transformaci?n radical en los ?ltimos 50 a?os, quiero contestar una pregunta que a?n hoy se hacen muchas personas de ambiente aparentemente cristiano que dicen creer en el matrimonio y la familia, pero que no entienden por qu? en cada caso el uso de la p?ldora en el matrimonio es inmoral y no lo sea la ?continencia peri?dica?, llamada tambi?n ?m?todos naturales? de control de la fertilidad. Parece que es evidente el contraste de los ?m?todos naturales? con los ?m?todos artificiales? o p?ldora anticonceptiva farmacol?gica. Deducen de ello que la inmoralidad estar?a ligada al car?cter artificial del m?todo. Y entonces creen que, en el caso de un matrimonio ?responsable?, ser?a posible utilizar en ocasiones la p?ldora que impide la ovulaci?n -no la implantaci?n- para evitar la fecundaci?n. La correcci?n moral de estos casos vendr?a dada por la formaci?n responsable de la familia delante de Dios, y no de los medios que ponga libremente el matrimonio en momentos concretos y seg?n las circunstancias. ?Acaso no est? en la aplicaci?n de la raz?n la dignidad del criterio moral, m?s que en el respeto de unos ciclos biol?gicos?

La respuesta es clara: la utilizaci?n de la p?ldora anticonceptiva, en cada caso y en todos los casos, requiere -y no puede ser de otra manera la decisi?n voluntaria de utilizar un medio de dominio total para evitar las posibles nuevas vidas en las relaciones conyugales, y eso anula, en la realidad, la apertura a la nueva vida en cada caso. La ?continencia peri?dica?, contrariamente, requiere un reconocimiento de los caminos establecidos en la relaci?n marital del hombre con su mujer para ir recibiendo los hijos con la responsabilidad de padres que los esperan como un don, y los buscan o evitan con el conocimiento de los periodos de fecundidad dispuestos para tenerlos, que son caminos que reclaman una relaci?n conyugal de respeto mutuo, de amor y de donaci?n. Por eso hacen falta motivos graves proporcionados a discreci?n de los esposos bien formados, para aplicar los ?m?todos naturales? ocasional o permanentemente, porque de otra manea tambi?n pueden ser utilizados como medios de anticoncepci?n. La mentalidad anticonceptiva, siempre inmoral en el uso del matrimonio, es segura en el caso de la p?ldora; y tambi?n es posible en el caso de los m?todos naturales.

Veamos ahora los momentos distintos que han sido claves en el proceso creciente de confusi?n y corrupci?n para las mujeres, para el matrimonio, para la familia, y para la desmembraci?n de la sociedad, que va perdiendo las ra?ces humanas fundamentales conform?ndose poco a poco seg?n un individualismo feroz.

Podemos distinguir tres ?momentos?: 1) el de la separaci?n de la sexualidad y del posible embarazo; 2) el de la comprensi?n de la sexualidad desvinculada como una realidad cultural con la precepci?n de g?nero; 3) el del desarrollo de la ?reproducci?n gen?tica?, como camino principal para la liberaci?n de la mujer de su dependencia respecto a la nueva vida, y as? poder conseguir un plano de igualdad con el hombre. Separaci?n, ?g?nero? y reproducci?n, son las tres palabras que parecen claves en el proceso.

La primera revoluci?n sexual es consecuencia directa de la p?ldora anticonceptiva, aprobada como f?rmaco para impedir el embarazo el 23 de abril de 1960 -hace 50 a?os- por la Administraci?n americana, y dispensada como tal desde esta fecha. Por primera vez, la relaci?n ?ntima sexual entre hombre y mujer es posible desligarla de manera f?cil y segura del posible embarazo. Tambi?n por primera vez la donaci?n marital tendr? como ?nico fin la b?squeda del deseo y del placer, desligada de la donaci?n mutua del don relativo de la paternidad y maternidad. Solamente cuando se desee se procurar? producir el hijo. Entonces este deseo se manifestar? como un derecho al hijo, a poder conseguirlo a toda costa: pruebas de ecograf?a y diagn?stico prenatal sobre implantaci?n, gestaci?n o posibles enfermedades cong?nitas, intervenciones gen?ticas y quir?rgicas intrauterinas, fecundaci?n ?in vitro?, inseminaci?n artificial, implantaci?n en el ?tero, compra de ?vulos, ?teros de alquiler, congelaci?n de los embriones sobrantes, selecci?n del esperma, adopci?n de ni?os por cualquier camino y precio, etc. La p?ldora ha ocasionado el cambio de vida m?s radical desde que tenemos memoria hist?rica: en el centro ya no est? la familia, sino la realizaci?n personal y la satisfacci?n del propio deseo. ?A qu? precio? Al precio del dominio del poder personal y p?blico sobre la producci?n y planificaci?n de las nuevas vidas, a dejarlas vivir seg?n conveniencia.

La segunda revoluci?n sexual empieza, como muy bien muestra el famoso Janus Reports de 1993, en los a?os 80 y supone la aceptaci?n progresiva y el reconocimiento de los comportamientos previamente catalogados como ?desviados? desde tiempos inmemoriales. El hecho clave es la aceptaci?n y difusi?n de la homosexualidad como una posibilidad digna de realizaci?n humana de las tendencias sexuales preferentes en cada cual. El sexo es una posibilidad de quien lo tiene, que debe poder realizarse sin ninguna oposici?n social. El movimiento homosexual iniciado en California se ha difundido por todo el mundo mediante una propaganda persistente que, desde sus inicios, cont? con los mejores especialistas de marketing y ha calado profundamente en los medios de comunicaci?n y entre el poder pol?tico y econ?mico occidental. Este movimiento encontr? en la ?percepci?n de g?nero? (adoptada por la ONU en la Conferencia sobre la Mujer de Pequ?n) su base te?rica de desarrollo y difusi?n, constituyendo actualmente una aut?ntica ideolog?a de car?cter totalitario que no deja espacio para ser contestada.

La ?percepci?n de g?nero? consiste en difundir que la sexualidad -que no el sexo- es una caracter?stica cultural de la persona, asimilada por cada uno y vivida seg?n el propio deseo en las m?ltiples posibilidades que tiene la sexualidad humana para buscar la propia satisfacci?n, totalmente desligada de la estabilidad en las relaciones, en especial de una relaci?n entendida s?lo como un?voca de compromiso entre hombre y mujer, y de cualquier atadura de paternidad o maternidad. La ideolog?a de g?nero -que es realmente una ideolog?a-, apoyada siempre sobre el objetivo de la leg?tima autonom?a de la mujer, llega a proclamar que ?as? como la religi?n es el opio de los pueblos, seg?n Marx, el amor es el opio de las mujeres? (Millet). Se ha llegado a ofrecer gratuitamente operaciones quir?rgicas de cambio de sexo para favorecer el propio deseo y a pretender con todos los instrumentos posibles de poder la adopci?n de hijos en los ?matrimonios? homosexuales. Esta ideolog?a, fundamentada en una mentira a medias, que son las peores (que la sexualidad es caracter?stica cultural de las personas), ha sido cultural y educativamente introducida, tambi?n en las leyes de muchos pa?ses, y tiene como efectos principales: las relaciones inestables y violentas entre hombre y mujer; la confusi?n total sobre el matrimonio; la destrucci?n de los lazos normales de familia; la sociedad basada en el individualismo para conseguir el propio placer.

Y llegamos a la tercera revoluci?n sexual que comienza con fuerza en el cambio de siglo. Desde el inicio, el feminismo radical hab?a buscado la igualdad hombre-mujer con todo su af?n. Ahora parece que la logra librando a las mujeres de las ataduras naturales que comporta la maternidad: ?el embarazo! Con la ideolog?a de g?nero se pretende desligar totalmente la sexualidad de la paternidad y de la maternidad. Falta, efectivamente, librar a la mujer de su dependencia en el embarazo. Mientras, se le otorga el derecho al aborto como derecho a no estar sometida sin desearlo. Si ?producimos? los ni?os, hagamos todo lo posible para producirlos t?cnica y cient?ficamente seg?n deseo y al margen del sometimiento de las mujeres al proceso de gestaci?n en el ?tero. La ?reprogen?tica? nos ayudar? a conseguirlo. Desde la ?fecundaci?n in vitro? hasta la sustituci?n del ?tero materno por un proceso total de incubadora mec?nica. Tambi?n se busca conseguir la reproducci?n al margen de la fecundaci?n del ?vulo femenino por el espermatozoide masculino, mediante la ?clonaci?n? celular por t?cnicas de biolog?a molecular. Se trata de desligar definitivamente la reproducci?n humana de v?nculos que sean de car?cter familiar. Lo mejor es llamar ?matrimonio? a cualquier uni?n afectiva de sexos con m?s o menos permanencia, y ?familia? a los lazos de convivencia ocasionados por los afectos de cada cual, que pueden ser inestables, tambi?n en cuanto a las relaciones entre padres, hijos y hermanos biol?gicos. Por encima de cualquier consideraci?n est? la realizaci?n del propio deseo amoroso y sentimental, como principal derecho de toda persona a la felicidad.

Hay dos ideas que siempre est?n presentes en la aceptaci?n pasiva de estos procesos por parte de la sociedad: que la sexualidad no tiene por qu? relacionarse con el amor. Es entendida como un medio de satisfacci?n personal casi narcisista. No tener una buena satisfacci?n sexual es como ser una persona desgraciada. La otra idea es que cada cual puede hacer con su sexualidad lo que le plazca, como si fuera un objeto de disposici?n personal sin otra finalidad que el propio placer o deseo.

Llegados a este punto, vale la pena reflexionar sobre la visi?n prof?tica de Pablo VI cuando en 1968 firm? y public? la enc?clica Humanae vitae. Lo hizo diciendo textualmente que ?pensaba que los hombres, en particular los de nuestro tiempo, se encuentran con la capacidad de comprender el car?cter profundamente razonable y humano de estos principios fundamentales? (cfr. HV, n.12 in fine). Se refiere Pablo VI al principio moral de la unidad de la donaci?n amorosa y la ordenaci?n a la paternidad del acto conyugal en el matrimonio.

Hoy sabemos que romper este v?nculo es el comienzo de este proceso que hemos ido exponiendo m?s arriba. Por eso la enc?clica comienza con la convicci?n de que se plantean nuevas cuestiones respecto a la transmisi?n de la vida en el matrimonio. El entorno del momento es de miedo difuso y generalizado a la anunciada ?explosi?n demogr?fica?, con la propagaci?n de teor?as neo maltusianas (Club de Roma). A nivel privado, la creciente dificultad en mantener una familia, combinada con el tambi?n creciente deseo de emancipaci?n de la mujer, especialmente respecto a las tareas del hogar y de su dedicaci?n absorbente a la maternidad. Tambi?n se difunde una apreciaci?n del amor como componente principal de la relaci?n conyugal. Y, en fin, podemos se?alar la progresiva intervenci?n t?cnica en la trasmisi?n de la vida.

Todas estas cuestiones hacen que muchos se pregunten: ?el principio de totalidad permite intentar, con un control m?s eficaz y considerado l?cito, una fecundaci?n m?s moderada en una vida de relaciones conyugales normales? ?La finalidad de procrear es una funci?n de toda la vida conyugal o de cada acto? ?La natalidad, no es mejor que est? sometida a la raz?n que a los ciclos biol?gicos?

Desde 1963, una comisi?n de expertos nombrada por Juan XXIII estudi? desde todos los puntos de vista las cuestiones de la regulaci?n de la natalidad. Tambi?n fueron consultados los obispos de todo el mundo. Las respuestas fueron divergentes, y algunas en contra de los principios morales tradicionales sobre el matrimonio, mantenidos siempre por la Iglesia.

Es evidente que el amor conyugal no es cualquier relaci?n de afecto. Es una realidad y un acto humano de donaci?n mutua total, fiel, exclusivo y fecundo. Humano, porque la humanidad del hombre y de la mujer se entregan mutuamente a requerimiento personal respetuoso, afectuoso y razonable. Misi?n de este compromiso de amor es la ?paternidad responsable? para formar la propia familia. El principio moral fundamental es: cada acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisi?n de la vida, debido a la inseparable conexi?n entre el aspecto unitivo y el aspecto procreador. Un acto conyugal impuesto no es un acto de amor sino de violencia, con el que no se transmite el don de la masculinidad y de la feminidad sino que se ofende al otro en el respeto que se le debe siempre. Es verdad que hay un mutuo deber conyugal, pero en unas relaciones de donaci?n de amor. Y el amor es siempre s?lo la determinaci?n de la voluntad en el propio coraz?n de agradar y hacer feliz a quien se ama como marido o mujer propios y exclusivos.

La ?revoluci?n sexual?, por el camino de imponer la ?ideolog?a de g?nero?, ha instituido unas relaciones hombre-mujer de sospecha y violencia reivindicativa. La emancipaci?n de la mujer se busca en un plano de igualdad, sin respetar la diversidad y complementariedad, que s?lo es percibida como realidad cultural cambiable. Al forzar esta equiparaci?n mim?tica hombre-mujer la violencia es creciente, y con la imposici?n de la violencia son eliminados los m?s d?biles: los ni?os que a?n no han nacido y los mayores que ya no aportan otra cosa que molestias. La Humanae vitae cree que la emancipaci?n de la mujer, ciertamente improrrogable, no debe ir por planteamientos igualitarios, sino de igualdad en el respeto, la dignidad, la val?a personal y profesional, y la complementariedad vista como perfeccionamiento para el hombre y para la mujer.

La implantaci?n de la p?ldora anticonceptiva ha sido un camino -as? lo preve?a la HV- amplio y f?cil de infidelidad conyugal y de degradaci?n general de la moralidad, porque consiste en ofrecer un medio con que, de manera f?cil y ligera, burlar la observancia moral, y as? tambi?n el respeto hacia la mujer, considerada entonces como objeto de placer, tan contrario al respeto y al amor que se deben tener a la mujer y esposa. La permisividad en el ?mbito del comportamiento moral privado concede v?a libre a los gobernantes para imponer pol?ticas demogr?ficas antinatalistas con una grave injerencia en las decisiones m?s ?ntimas de las personas y con pol?ticas de intervenci?n en las fuentes de la vida.

Si no queremos que quede expuesto al libre arbitrio de los hombres la misi?n de engendrar la nueva vida humana es necesario reconocer unos l?mites infranqueables a las posibilidades de dominio de los hombres sobre el propio cuerpo y sus funciones; l?mite que ning?n hombre, ni privadamente ni como autoridad, se debe atrever a franquear. Este l?mite de respeto a la integridad del organismo y de sus funciones debe ser tratado en cada caso seg?n una recta inteligencia del ?principio de totalidad? de sobras conocido. La Iglesia sabe que, como su Maestro, ense?ando la verdad se muestra al mundo como signo de contradicci?n (cfr. HV, n.18).

En el libro del ?xodo lo dice as?: ?No sigas a la mayor?a para hacer el mal; ni te inclines en un proceso por la mayor?a en contra de la justicia. (...) Al?jate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo; y no absuelvas al malvado.? (?xodo 23,2.7)

Hagamos caso. Aprendamos de este aniversario, y no lo celebremos.


Publicado por mario.web @ 22:07
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