Domingo, 22 de mayo de 2011

Respuestas ante objeciones a los cat?licos por algunas pr?cticas o afirmaciones de fe que, se dice, est?n re?idas con la Biblia.


Autor: Oscar Gerometta | Fuente:

Si bien las Escrituras nos han sido dadas por Dios para que conoci?ndolas y profundizando en ellas crezcamos en el conocimiento y amor de su Hijo Jesucristo, y de este modo alcancemos la Verdad; y no para que la empleemos como campo o instrumento de combate entre cristianos; dado que se suele objetar muy duramente a los cat?licos por algunas pr?cticas o afirmaciones de fe que, se dice, est?n re?idas con la Biblia, parece conveniente esbozar una breve respuesta a algunas de estas cuestiones.

Por supuesto que una respuesta acabada requiere de un estudio m?s detenido y detallado de cada una de las cuestiones.

Jes?s es verdadero Dios


Testigos de Jehov?, y Mormones niegan la divinidad de Cristo. Con un lenguaje confuso suelen darle el t?tulo de ?hijo de Dios?, pero lo interpretan como de un rango inferior a Dios Padre.

En este sentido hay que considerar ante todo:

  • Si bien asume el t?tulo de Hijo de Dios, y todos somos hijos de Dios, siempre mantiene una clara distinci?n entre el modo en que ?l es Hijo, y el modo en que lo somos nosotros: "Ustedes oren de esta manera: ?Padre nuestro...?" (Mt 6,9).

  • Los signos que realiza Jes?s y que lo muestran como Se?or de la Vida (resucita muertos), Amo de todo el mundo creado (calma la tormenta), con poder para perdonar los pecados.

  • ?l mismo se manifiesta Dios cuando asume la funci?n de Legislador al dar a conocer la nueva Ley y reformar la Ley del Antiguo Testamento: "Ustedes han o?do que se dijo... pero yo les digo..." (Cf. Mt 5).

  • El Sumo Sacerdote reconoce que Jes?s se proclama Dios cuando lo acusa de blasfemia: "?Ha blasfemado! ?Qu? falta nos hacen los testigos?..." (Mt 26,65).

  • Los disc?pulos lo reconocen como Dios cuando se postran ante ?l, y ?l admite este gesto que los jud?os reservaban solo para Dios: Mt 20,20; Lc 5,12; Jn 9,38; 11,32.

    Adem?s, hay algunas citas b?blicas, que la traducci?n jehovista deforma, entre otras:
    Jn 1,1: "Al principio exist?a la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios."

    La Virgen Mar?a no tuvo otros hijos adem?s de Jes?s


    Esta afirmaci?n parte de Mc 3,31-32 entre otros p?rrafos, en los que se refieren a los ?hermanos de Jes?s?, de donde se suele conjeturar que la Sant?sima Virgen debi? tener otros hijos adem?s de Jes?s.

    Esta conjetura es err?nea porque:

  • En el lenguaje b?blico se denomina indistintamente ?hermanos? a todos los parientes cercanos, aquellos que nosotros distinguimos como t?os, primos, sobrinos, etc.. Esto puede verse claramente en el caso de Abraham, que siendo propiamente t?o de Lot, en Gn 13,8 se dirige a su sobrino llam?ndolo ?hermano?. Por lo tanto, aquellos ?hermanos? de Jes?s, en realidad podr?an ser sus primos.

  • En segundo lugar, Mt 13,5 y Mc 6,3 enumeran a estos ?hermanos? de Jes?s: Santiago, Jos?, Judas y Sim?n. Si se revisan con atenci?n los relatos de la Pasi?n, se podr? ver que al hacer el detalle de las mujeres que estaban al pie de la Cruz, se hace referencia a ?otra Mar?a?, la madre de estos primos del Se?or.

  • En consecuencia, aquellos que se denominan ?hermanos? de Jes?s, no son hijos de Mar?a, la esposa de Jos?, y son en realidad primos.

    Los cat?licos damos culto de veneraci?n a la Sant?sima Virgen

    Los cat?licos distinguimos claramente el culto de adoraci?n que debemos s?lo a Dios, y el de veneraci?n (es decir respeto, imitaci?n, amor, etc.) que rendimos a la Sant?sima Virgen. No podemos adorar a Mar?a siendo que afirmamos claramente que no es Dios.

    Esta veneraci?n est? justificada:

  • Por el trato particular que le dispensa el Arc?ngel Gabriel al saludarla diciendo: "?Al?grate!, llena de gracia, el Se?or est? contigo" (Lc 1,28).

  • Por el modo particular en que la saluda santa Isabel: "?T? eres bendita entre todas las mujeres...!" (Lc 1,42).

  • Por las mismas palabras de Mar?a en el Magnificat: "En adelante todas las generaciones me llamar?n feliz..." (Lc 1,48).

  • Por la misi?n particular que le confi? Jes?s desde la Cruz: "...dijo al disc?pulo: ?Aqu? tienes a tu madre?" (Jn 19,27).
    Pero no s?lo le rendimos veneraci?n, sino que adem?s acudimos a su intercesi?n ante el Hijo, intercesi?n que nos ense?a el mismo Ap?stol san Juan en el relato de las bodas de Can? (Jn 2,1-11), cuando su intercesi?n obtiene el milagro de la conversi?n del agua en vino.

    Necesidad universal del Bautismo

    Cuando la Iglesia bautiza, lo hace en fidelidad al mandato de Cristo: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis disc?pulos bautiz?ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Esp?ritu Santo..." (Mt 28,19). Los Ap?stoles desde un comienzo entendieron este mandato como universal, bautizando no s?lo a paganos, sino tambi?n a familias enteras (lo que se supone que comprend?a a los ni?os): "Inmediatamente despu?s fue bautizado junto con toda su familia." (Hch 16,33).

    El Bautismo es necesario para la salvaci?n: "El que no nace del agua y del Esp?ritu, no puede entrar en el Reino de Dios..." (Jn 3,5). ?Por qu? privar entonces a los ni?os del Bautismo?

    Necesidad de la Eucarist?a para la Vida Eterna


    La Eucarist?a fue aceptada desde siempre por los cristianos como el acontecimiento central de la vida de la Iglesia, y esta percepci?n es consecuencia de las palabras del mismo Jes?s: "...si no comen la Carne del Hijo del Hombre y no beben su Sangre, no tendr?n Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna..." (Jn 6,52-53).

    Es Jes?s el que instituye la Eucarist?a y la deposita en manos de sus Ap?stoles, cuando en la ?ltima Cena, les dice: "Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria m?a." (Lc 22,19).

    ?C?mo pueden ofrecer la verdadera Vida eterna o la Salvaci?n, aquellos que por carecer de un sacerdocio ordenado carecen tambi?n del don de la Eucarist?a?

    La confesi?n ha sido instituida por Jes?s

    Se suele impugnar tambi?n el sacramento de la Reconciliaci?n afirmando que Jes?s perdon? los pecados pero que no requiri? la confesi?n de los mismos.

    Obviamente quienes as? se expresan est?n ignorando que, despu?s de su Resurrecci?n, Jes?s deposit? el poder de perdonar los pecados en manos de sus Ap?stoles cuando, luego de infundirles el Esp?ritu Santo dijo: "Reciban el Esp?ritu Santo. Los pecados ser?n perdonas a los que ustedes se los perdonen, y ser?n retenidos a los que ustedes se los retengan." (Jn 20,22-23).
    Es decir, cuando deseamos recibir el perd?n de nuestros pecados hemos de recurrir a los sucesores de los Ap?stoles, y ser?n ellos quienes, por el poder depositado por Cristo en ellos, nos administren ese perd?n. Jes?s no establece otro modo para que los hombres recibamos su perd?n.

    Jes?s instituy? una cabeza para su Iglesia

    Algunos grupos suelen impugnar la funci?n y poder que la Iglesia adjudica al Papa, afirmando en algunos casos que pretendemos poner en sus manos lo que en realidad es atributo de Jes?s.

    Esto no es as?. Jes?s mismo instituy? a san Pedro como cabeza de los Ap?stoles y fundamento de la Iglesia al afirmar: "T? eres Pedro y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecer? sobre ella" (Mt 16,18), y al prometer que el poder de la muerte no prevalecer? sobre su Iglesia, est? poniendo de manifiesto que las promesas que deposita en san Pedro exceden su persona y son propias de su car?cter de cabeza de los Ap?stoles.

    Pero adem?s, Jes?s deposita en san Pedro una serie de promesas y misiones, que por estar referidas a la Iglesia, es evidente que no se pueden restringir a la persona del primer Papa, sino que a trav?s de ?l se extienden a sus sucesores para bien de la Iglesia:

  • Mt 16,19: "Yo te dar? las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedar? atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra, quedar? desatado en los cielos."

  • Lc 22,31-32: "... t?, despu?s de que hayas vuelto, confirma a tus hermanos."

  • Jn 21,15-17: "... apacienta mis corderos,... apacienta mis ovejas,... apacienta mis ovejas..."
    En consecuencia, negar que el Papa, como sucesor de san Pedro, es la cabeza de la Iglesia, es negarle a la Iglesia el cimiento s?lido sobre el que Jes?s mismo quiso edificarla.

    El alma humana no se reencarna despu?s de la muerte


    Algunos grupos y muchos cristianos tienden a confundir el concepto cristiano de Resurrecci?n con el oriental de reencarnaci?n. La afirmaci?n de la reencarnaci?n es contraria a la fe cristiana pues:

  • Niega la unidad de cuerpo y alma propia del hombre, ya que reduce la persona a su s?lo esp?ritu.

  • Considera a la muerte como liberaci?n, no como castigo del pecado seg?n lo expresa Gn 3.

  • Niega el valor redentor del sacrificio de la Cruz, ya que supone la necesidad de vidas consecutivas para poder alcanzar el estado de felicidad.

  • Ignora la Misericordia de Dios, ya que no deja lugar al arrepentimiento y el perd?n, al exigir que toda culpa sea pagada en esta vida o en las sucesivas.

  • Contradice las afirmaciones del Nuevo Testamento en orden a que el hombre muere una sola vez: "...del mismo modo que est? establecido que los hombres mueran una solo vez, y luego el juicio..." (Hb9, 27)

  • Contradice la fe cristiana de que el juicio personal de cada hombre, se da inmediatamente despu?s de su muerte: "... Y dec?a (el buen ladr?n): ?Jes?s, acu?rdate de m? cuando vengas en tu Reino? Jes?s le dijo: ?Yo te aseguro: hoy estar?s conmigo en el Para?so?" (Lc 23,42-43).

    A este respecto, el Catecismo de la Iglesia Cat?lica expresa claramente: "La muerte es el fin de la peregrinaci?n terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena seg?n el designio divino y para decidir su ?ltimo destino.

    Cuando ha tenido fin ?el ?nico curso de nuestra vida terrena??, ya no volveremos a otras vidas terrenas. ?Est? establecido que los hombres mueran una solo vez? (Hb 9,27). No hay ?reencarnaci?n? despu?s de la muerte" (Catecismo de la Iglesia Cat?lica, nn. 1012-1013).

    Hay que guardar el domingo, no el s?bado

    Algunos grupos de tendencia judaizante (especialmente los Adventistas), sostienen que los cat?licos faltamos al precepto b?blico de guardar el s?ptimo d?a, ya que no observamos el descanso sab?tico y lo hemos transferido al domingo. Ciertamente el t?rmino s?bado refiere al d?a s?ptimo, pero desde el nacimiento de la Iglesia los cristianos trasladaron el descanso sab?tico al primer d?a de la semana, el d?a de la Resurrecci?n del Se?or (de ah? la denominaci?n de ?Domingo?, ?d?a del Se?or?), para conmemorar el acontecimiento fundamental de nuestra Redenci?n.

    Esto lo expresan claramente los Ap?stoles en reiteradas ocasiones:

  • "Un domingo que nos reunimos para la fracci?n del pan, Pablo, que deb?a partir al d?a siguiente..." (Hch 20,7).

  • "Todos los domingos aparte y deposite cada uno lo que haya logrado ahorrar..." (1 Co 16,2).

  • "Un domingo, se apoder? de m? el Esp?ritu..." (Ap 1,10).

    Pero en definitiva, el verdadero seguidor de Cristo ha de ponerse m?s all? de estas discusiones, como expresa san Pablo: "... que nadie os juzgue por asuntos de comida o bebida, solemnidades, fiestas mensuales o semanales. Todo eso es sombra de lo venidero; la realidad pertenece a Cristo..." (Col 2,16-17)

    Las Escrituras no prohiben las im?genes


    A partir de la prohibici?n de adorar im?genes contenida en Ex 20,3-5; Lv 26,1; Dt 4,15-16; y el mandato de destru?rlas, muchos grupos, especialmente de origen evang?lico, acusan a los cat?licos de violar la Ley de Dios adorando im?genes.

    Ciertamente sigue vigente la condena a la idolatr?a del Antiguo Testamento, pero los cat?licos no adoramos im?genes ya que la Iglesia Cat?lica nunca ha afirmado que las im?genes de la Sant?sima Virgen y de los santos sean dioses e, incluso, ser?a una falta grave brindar adoraci?n a una imagen de Nuestro Se?or, ya que la imagen no es la misma Persona Divina.

    En este sentido es preciso tener presente que:

  • Los textos b?blicos mencionados (Ex 20,3-5; Lv 26,1; Dt 4,15-16) se refieren espec?ficamente a la idolatr?a (adoraci?n de objetos materiales como si ellos mismos fueran dioses), no a la realizaci?n de im?genes para la ornamentaci?n de los templos.

  • De hecho, el mismo Dios dispone y acepta el uso de im?genes en el mismo Templo de Jerusal?n: Ex 25,18-19; Nm 21,8-9; 1R 6,25-29; 7,25-29; 9,3.

  • Hay un hecho particular que debe ser tenido muy en cuenta: cuando la plaga de serpientes en el desierto, el mismo Dios manda esculpir una imagen de serpiente que al ser mirada por los israelitas les otorga la salud (Nm 21,8-9); pero cuando la fe del pueblo se pervierta y comiencen a adorarla como a un ?dolo, la imagen ser? destruida (2R 18,4).

    Consiguientemente la falta no est? en utilizar im?genes, sino en confundirlas con el mismo Dios; esto es propiamente la idolatr?a. Claro que tampoco se obliga a nadie a utilizar im?genes.

  • Publicado por mario.web @ 22:08
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