Domingo, 22 de mayo de 2011

La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella dentro de la pecaminosidad humana
Autor: Joseph Ratzinger | Fuente: Introducci?n al cristianismo
La santa Iglesia cat?lica

No voy a hacer una exposici?n completa sobre la Iglesia. Teniendo ante los ojos los problemas teol?gicos actuales, voy a intentar poner de manifiesto el esc?ndalo que para nosotros supone la f?rmula "la santa Iglesia cat?lica", y dar la respuesta a la que apunta el texto del S?mbolo. Sigue siendo v?lido lo que hemos afirmado antes sobre el lugar espiritual y el conjunto ?ntimo de esaspalabras; por una parte, aluden a la fe en la obra poderosa del Esp?ritu Santo en la historia y, por la otra, quedan explicadas en la doctrina de la remisi?n de los pecados y de la comuni?n de los santos; en ella el bautismo, la penitencia y la eucarist?a son como los pilares de la Iglesia, como su contenido propio y su verdadera forma existencial.

Quiz? desaparezca gran parte de las molestias que nos produce nuestra profesi?n de fe en la Iglesia, cuando reflexionemos en este doble contexto. Hablemos tambi?n de lo que hoy d?a nos acosa. No intentemos disimularlo; hoy sentimos la tentaci?n de decir que la Iglesia ni es santa ni es cat?lica. El mismo concilio Vaticano II ha querido hablar no s?lo de la Iglesia santa, sino de la pecadora. Estamos tan convencidos del pecado de la Iglesia que si hici?semos alguna objeci?n al concilio dir?amos que ha tocado el tema muyt?midamente. Es cierto que ah? puede estar influyendo la teolog?a del pecado de Lutero y tambi?n un requisito nacido de previas decisiones dogm?ticas; pero lo que hace esta "dogm?tica" est? de acuerdo con lo que nos dice nuestra propia experiencia: La historia de la Iglesia est? llena de compromisos humanos. Podemos comprender la horrible visi?n de Dante que ve?a subir al coche de la Iglesia las prostitutas de Babilonia, y nos parecen comprensibles las terribles palabras de Guillermo de Auvernia (siglo III), quien afirmaba que deber?amos temblar al ver la perversi?n de la Iglesia: La Iglesia ya no es una novia, sino un monstruo tremendamente salvaje y deforme...

La catolicidad de la Iglesia nos parece tan problem?tica como la santidad. Los partidos y contiendas han dividido la t?nica del Se?or, han dividido la Iglesia en muchas Iglesias que pretenden ser, m?s o menosintensamente, la ?nica Iglesia verdadera. Por eso hoy la Iglesia se ha convertido para muchos en el principal obst?culo para la fe. En ella s?lo puede verse la lucha por el poder humano, el mezquino teatro de quienes con sus afirmaciones quieren absolutizar el cristianismo oficial y paralizar el verdadero esp?ritu del cristianismo.

No hay teor?a alguna que pueda refutar concluyentemente estos argumentos. Pero tambi?n es cierto, por otra parte, que estas ideas no carecen solamente de la raz?n sino de un amargor del coraz?n que qued? defraudado en su alta expectaci?n y que ahora en amor enfermo y herido sufre la destrucci?n de su esperanza. ?Qu? diremos a todo esto? En ?ltimo t?rmino s?lo podemos profesar nuestra fe y dar el porqu? que nos permite, a pesar de todo, amar en la fe a la Iglesia; s?lo podemos decir por qu? vemos el rostro de la Iglesiasanta a trav?s de su faz deformada.

Pero expliquemos ante todo el contenido. Como ya dijimos, la palabra "santo" no alude primariamente a la santidad en medio de la perversidad humana. El S?mbolo no llama a la Iglesia "santa" porque todos y cada uno de sus miembros sean santos, es decir, personas inmaculadas. Este es un sue?o que ha renacido en todos los siglos, pero que no tiene lugar alguno en el S?mbolo; expresa el anhelo perpetuo del hombre por que se le d? un cielo nuevo y una tierra nueva, inaccesibles en este mundo. En realidad, las m?s duras cr?ticas a la Iglesia de nuestro tiempo nacen veladamente de este sue?o; muchos se ven defraudados, golpean fuertemente la puerta de la casa y tildan a la Iglesia de mentirosa.

Pero volvamos a nuestro tema. La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la pecaminosidad humana. Este es el signo caracter?stico dela "nueva alianza": En Cristo Dios se ha unido a los hombres, se ha dejado atar por ellos. La nueva alianza ya no se funda en el mutuo cumplimiento del pacto, sino que es un don de Dios, una gracia, que permanece a pesar de la infidelidad humana. Es expresi?n del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno para ?l, lo asume continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama.

Por raz?n del don que nunca puede retirarse, la Iglesia siempre es la santificada por ?l; santificaci?n en la que est? presente entre los hombres la santidad del Se?or. Lo que en ella est? presente y lo que elige en amor cada vez m?s parad?jico las manos sucias de los hombres como vasija de su presencia, es verdaderamente la santidad del Se?or. Es santidad que en cuanto santidad de Cristo brilla en medio de los pecados de la Iglesia. Por eso la figura parad?jicade la Iglesia en la que las manos indignas nos presentan a menudo lo divino, en la que lo divino siempre est? presente s?lo en forma de sin-embargo, es para los creyentes un signo del sin-embargo del m?s grande amor de Dios. La emocionante yuxta-posici?n de la fidelidad de Dios y la infidelidad del hombre expresada en la estructura de la Iglesia, es tambi?n la dram?tica figura de la gracia por la que se hace actualmente visible en el curso de la historia la realidad de la gracia como perd?n de lo que en s? es indigno. Podr?a decirse que la Iglesia, en su parad?jica estructura de santidad y pecado, es la figura de la gracia en este mundo.

Sigamos adelante. El sue?o humano del mundo sanado e incontaminado por el mal, presenta la Iglesia como algo que no se mezcla con el pecado. Existe ah? en cierto sentido, un pensar blanco-negro, que despiadadamente separa y tira lo negativo (que puedeconcebirse de muy diversas maneras).

En la cr?tica actual de la sociedad y en sus acciones se revela claramente esta caracter?stica inexorable e inherente al ideal humano. Por eso los contempor?neos de Cristo se escandalizaban sobremanera al ver que a la santidad de Cristo siempre le faltase esta nota judicial: no era fuego que destru?a los indignos, ni celo que arrancase la hierba que ellos ve?an crecer. Por el contrario, su santidad se mostraba en el contacto con lo pecadores que se acercaban a ?l, hasta el punto de que ?l mismo se convirti? en "pecado", en maldici?n de la ley en la cruz, en plena comunidad con el destino com?n de los perdidos (cf. 2 Cor 5,21; Gal 3,13). ?l atrajo los pecadores a s?, los hizo part?cipes de sus bienes, y revel? as? lo que era la "santidad". Nada de separaci?n, sino purificaci?n, nada de condenaci?n, sino amor redentor.?No es acaso la Iglesia la continuaci?n de este ingreso de Dios en la miseria humana? ?no es la continuaci?n de la participaci?n en la misma mesa de Jes?s con los pecadores? ?no es la continuaci?n de su contacto con la necesidad de los pecadores, de modo que hasta parece sucumbir? ?no se revela en la pecadora santidad de la Iglesia frente a las expectaciones humanas de lo puro, la verdadera santidad aristocr?tica de lo puro e inaccesible, sino que se mezcla con la porquer?a del mundo para eliminarla? ?Puede ser la Iglesia algo distinto de un sobrellevarse mutuamente que nace de que todos son sostenidos por Cristo?

Confieso que para m? la santidad pecadora de la Iglesia tiene en s? algo consolador. ?No nos desalentar?amos ante una santidad inmaculada, judicial y abrasadora? ?Y qui?n se atrever?a a afirmar que ?l no tiene necesidad de otrosque lo sobrelleven, es m?s, que lo sostengan? Quien vive porque otros lo sobrellevan, ?c?mo podr? negarse a sobrellevar a otros? El ?nico don que puede ofrecer, el ?nico consuelo que le queda ?no es sobrellevar a otros como ?l mismo es sobrellevado? La santidad de la Iglesia comienza con el sobrellevar y termina con el sostenerse. Pero donde ya no se da el sobrellevar, cae el sostenerse, y una existencia inconsistente cae necesariamente en el vac?o. El cristiano reconoce la imposibilidad de la autarqu?a y la debilidad de lo propio. Cuando la cr?tica en contra de la Iglesia es biliosamente amarga y comienza a convertirse en jerigonza, late ah? un orgullo operante. Por desgracia a eso se junta a menudo un gran vac?o espiritual en el que ya no se considera lo propio de la Iglesia, sino una instituci?n con miras pol?ticas; se considera su organizaci?n como lamentable y brutal,como si lo propio de la Iglesia estribase en su organizaci?n y no en el consuelo de la palabra y de los sacramentos que conserva en d?as buenos y aciagos. Los verdaderos creyentes no dan mucha importancia a la lucha por la reorganizaci?n de las formas cristianas. Viven de lo que la Iglesia siempre fue. Y si uno quiere conocer lo que es la Iglesia, que entre en ella. La Iglesia no existe principalmente donde est? organizada, donde se reforma o se gobierna, sino en los que creen sencillamente y reciben en ella el don de la fe que para ellos es vida. S?lo sabe qui?n es la Iglesia de antes y de ahora quien ha experimentado c?mo la Iglesia eleva al hombre por encima del cambio de servicio y de formas, y c?mo es para ?l patria, y esperanza, patria que es esperanza, camino que conduce a la vida eterna.

Esto no quiere decir que hemos de quedarnos en el pasado y que hemos de soportarlo tal y como es. El sobrellevar puedeser tambi?n un acontecimiento altamente activo, una lucha para que la Iglesia siempre sea quien lleve y soporte. La Iglesia s?lo vive en nosotros, vive de la lucha entre el pecado y la santidad, de la misma manera que esa lucha vive del don de Dios sin el que no podr?a existir; pero esa lucha ser? ?til y constructora cuando est? vivificada por el esp?ritu que sobrelleva, por el amor real. As? llegamos al criterio que siempre debe medir esa lucha cr?tica por una santidad mayor, y que no contradice la resignaci?n, sino que la exige. La medida es la construcci?n. La amargura que destruye se juzga a s? misma. Una puerta cerrada puede convertirse en signo que azota a quienes est?n dentro; pero es una ilusi?n creer que aislados podemos construir m?s y mejor que en equipo, como tambi?n es una ilusi?n colocar la Iglesia de "los santos" en lugar de la "Iglesia santa", que essanta porque el Se?or le da graciosamente el don de la santidad.


Nota:
Pasaje tomado del ?ltimo cap?tulo del libro "Introducci?n al cristianismo", del Cardenal Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI (1968)


Publicado por mario.web @ 22:10
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios