Lunes, 23 de mayo de 2011
Hay tesoros baratos y casi nadie lo sabe
Autor: Jos? Luis Mart?n Descalzo | Fuente: Razones para la Alegr?a

Supongo que a estas alturas ya nadie duda de que vamos hacia un mundo de estrecheces. Las vacas gordas pasaron a la historia y parece que para todos lleg? el tiempo de apretarse el cintur?n (aunque los pobres se quedaron sin agujeros que apretar hace mucho tiempo). Primero le lleg? el agua al cuello a las clases medias; hoy, hasta los m?s derrochones se ven obligados a mirar la peseta.

?Es esto una desgracia? Lo es, desde luego, para cuantos pasan hambre. Pero yo me pregunto si unos ciertos grados de estrechez no ser?n un don para el mundo y no nos empujar?n a descubrir todas esas otras fortunas barat?simas que hoy tenemos medio olvidadas.

Porque -aunque de esto apenas se hable- hay riquezas car?simas y riquezas baratas. Y ser?a dram?tico que mientras la gente se pasa la vida llorando por no poder alcanzar los bienes caros, se dejasen de cultivador los que tenemos al alcance de la mano.

La m?s grande y barata de las riquezas es, por ejemplo, la amistad. Un buen amigo vale m?s que una mina de oro. Sentirte comprendido y acompa?ado es mayor capital que dar la vuelta al mundo. Un coraz?n abierto es espect?culo m?s apasionante que las cataratas del Ni?gara. Alguien que nos ayude a sonre?r cuando estamos tristes es m?s s?lido que mil acciones en bolsa. ?Y qu? barato es tener un buen amigo! Cuesta menos que una ca?a de cerveza, menos que una barra de pan. ?Y es m?s sabroso! Lo pueden tener los pobres y los ricos y casi les es m?s f?cil a los primeros. Hay amigos en todas partes, de todas las edades, de mil ideolog?as, de muy diversos niveles culturales. Qui?n sabe si cuando todos vayamos siendo pobres descubriremos mejor esa propiedad milagrosa de la amistad con la que no cont?bamos.

Tambi?n se puede ser gratuitamente millonarios de sol, de aire limpio, de paisajes. Hace falta dinero para hacer un safari por Africa Central, pero no hace falta una sola moneda para acariciar la cabeza de un perro y ver c?mo levanta hacia nosotros sus ojos agradecidos. ?Recuerdan a aquel grupo de pobres que en "Milagro en Mil?n" se sentaban cada tarde a disfrutar del maravilloso y barat?simo espect?culo de una puesta de sol? Jam?s compa??a teatral alguna alcanz? mayor belleza, nunca pintor alguno mezcl? mejor los colores. ?Y qui?n podr?a asegurar que una cena de gala en el Waldorf Astoria produce mayor gozo que una tarde de primavera bajo la sombra de un sauce?

Y el placer milagroso y barat?simo de la m?sica. Lo que m?s agradezco yo a nuestra civilizaci?n es esta posibilidad de que un peque?o aparato de poco m?s de medio kilo de peso te conceda algo que hubiera enloquecido a Beethoven: poder disfrutar de todas las orquestas del mundo con s?lo ir movimiento suavemente el mando de una aguja. Lo que en el siglo XVIII no pod?an permitirse ni los emperadores lo tengo yo ahora a diario. ?Y qu? mina de diamantes me har?a tan fabulosamente rico como el poder tener en mi o?do y en mi alma el concierto de violoncello de Schuman o las v?speras de Monteverdi? No cambiar?a yo, verdaderamente, un peque?o transistor por un palacio en Arabia. Porque aun cuando la charlataner?a est? invadiendo a no pocas emisoras, a?n queda casi siempre la posibilidad de encontrar entre ellas la mina de diamantes de una buena m?sica.

Y ahora pido a mis lectores que griten un?nimes un ?ooooh! largu?simo porque aqu? llega el superpremio barat?simo de la noche: su majestad el libro, con cuarenta caballos, carrocer?a en oro vivo, acelerador del alma, ruedas irrompibles, cristales de aumento para entender la vida motor multiplicador de la existencia. Yo me imagino a veces a mi buen amigo Ib??ez Serrador poniendo entre sus premios media docena de libros de poes?a para ver con qu? ?uf! se sent?an liberados los concursantes que de tal nimiedad se librasen. Y, sin embargo, ?desde cu?ndo un coche, un apartamento, una vuelta al mundo, un abrigo de vis?n pueden producir la cent?sima de placer verdaderamente humano que aportar?a un solo buen poema?

Nos han enga?ado, amigos. Nos han estafado acostumbr?ndonos a creer que es el esti?rcol del dinero y del lujo la verdadera moneda de la felicidad. Nos han empobrecido dici?ndonos que el mundo ser?a menos mundo cuando estuvieran m?s flacas nuestras cuentas en el banco. Nos han conducido a equivocarnos de piso, a dejar en las arcas del olvido las riquezas de primera, creyendo que existen s?lo las riquezas digestibles. Hay tesoros baratos y casi nadie lo sabe.

Hay multimillonarios que gastan la vida en llorar por creerse pobres. Y yo me pregunto si un poco de estrechez no servir?a para abrirnos los ojos. Y, la verdad, no me preocupar?a que en el mundo que viene tuvi?ramos que apretarnos un poco el cinto a cambio de que aprendi?ramos a estirar el alma.

Publicado por mario.web @ 1:13
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