Lunes, 23 de mayo de 2011

Autor: Ramiro Pellitero
Fuente: Cope/An?lisis Digital

Ser cristiano es una vocaci?n (una llamada) al amor y la verdad. Si toda persona tiene esta llamada, el cristiano debe comprometerse con Dios para servir a las necesidades materiales y espirituales de todas las personas del mundo, comenzando por los que tiene m?s cercanos (su familia, sus amigos).?

La enc?clica Caritas in veritate, donde el t?rmino ?vocaci?n? (llamada) aparece en 25 ocasiones, afirma:?

?Todos los hombres perciben el impulso interior de amar de manera aut?ntica; amor y verdad nunca los abandonan completamente, porque son la vocaci?n que Dios ha puesto en el coraz?n y en la mente de cada ser humano?. Esa vocaci?n universal al amor y a la verdad es manifestada por Jesucristo, que la libera de las limitaciones humanas y la hace plenamente posible.?

En la medida de su respuesta a esa llamada -explica la enc?clica-, ?los hombres, destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad?.?

Puesto que toda llamada espera una respuesta, ?cu?les ser?an las condiciones para responder a esta ?vocaci?n al desarrollo humano???

La enc?clica Caritas in veritate se?ala tres condiciones principales: la libertad, la verdad y la caridad.?

a) La libertad va siempre unida a la responsabilidad, palabra que viene de responder. Y deben responder a esa llamada -de Dios, del propio ser humano y de las personas necesitadas- cada cristiano y tambi?n las estructuras e instituciones sociales y eclesiales.?

b) Responder al desarrollo humano con la verdad significa ?promover a todos los hombres y a todo el hombre?. Con otras palabras: preocuparse por todos, con esp?ritu de solidaridad y coraz?n universal, y atender a todas las necesidades reales de los dem?s, las del cuerpo y las del esp?ritu. A este prop?sito el Evangelio es fundamental, porque ense?a a conocer y respetar el valor incondicional de la persona humana. Cristo revela el hombre al propio hombre -se?ala el Concilio Vaticano II- y, as?, le muestra que su valor es grande para Dios. Le muestra ?el gran s? de Dios? a todos sus anhelos.?

De aqu? deduce el Papa que s?lo abri?ndose a Dios el hombre puede ser feliz y realizarse plenamente: ?Precisamente porque Dios pronuncia el ?s?? m?s grande al hombre, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocaci?n divina para realizar -ante todo- el propio desarrollo? y contribuir al desarrollo de los dem?s.

c) Finalmente, ?la visi?n del desarrollo como vocaci?n comporta que su centro sea la caridad?. Las causas del subdesarrollo -se lee en la enc?clica- no son principalmente materiales, sino que radican, primero, ?en la voluntad que con frecuencia se desentiende de los deberes de la solidaridad?. Despu?s, en el pensamiento, que no siempre sabe orientar adecuadamente a la voluntad (por eso se requiere configurar un ?humanismo nuevo?). Y, sobre todo, la causa est? en ?la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos?.

Ahora bien -se pregunta Benedicto XVI-,

?podr?n los hombres lograr esta fraternidad por s? mismos, especialmente en nuestra era de la globalizaci?n?

Y resopnde que no, porque la fraternidad nace de Dios Padre, que nos am? primero y nos ense?? mediante su Hijo lo que es la caridad fraterna. De ah? tambi?n -a?ade- que la vocaci?n para el desarrollo requiere hoy la urgencia de la caridad de Cristo.

S?lo esa urgencia de la caridad de Cristo permite responder a los aspectos concretos y costosos de esa llamada. As? es la intervenci?n en la vida p?blica, cultural y pol?tica, cada cual seg?n su condici?n. ?Todo cristiano est? llamado a esta caridad, seg?n su vocaci?n y sus posibilidades de incidir en la p?lis?. Otro aspecto es el cuidado y la responsabilidad por la naturaleza; y, antes, el cuidado respetuoso de cada persona en la familia, en la empresa, en la universidad, sabi?ndose servidores y no due?os. Responder a esta vocaci?n requiere del trabajo y la t?cnica que de ?l procede. En todo caso, Benedicto XVI proclama la necesidad de formar ?hombres rectos... que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien com?n?.

Conviene subrayar que esta vocaci?n no nos la hemos dado a nosotros mismos, sino que viene de Dios. Por eso, antes que nada, y continuamente, es preciso acoger a Dios en nuestra vida, dejarle entrar libremente y seguirle con toda fidelidad y entusiasmo. Ha llegado la hora -especialmente para los j?venes y m?s a?n para los universitarios- del compromiso con Dios y los dem?s. Pues ?s?lo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energ?as al servicio de un humanismo ?ntegro y verdadero?.


Publicado por mario.web @ 1:18
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios