Lunes, 23 de mayo de 2011
Juan bautiza a quienes le hacen caso y quieren cambiar. Hoy te invita a que cambies tu.
Autor: Archidi?cesis de Madrid | Fuente: Archidi?cesis de Madrid

La madre, Isabel, hab?a escuchado no hace mucho la encantadora oraci?n que sali? espont?neamente de la boca de su prima Mar?a y que tra?a resonancias, como un eco lejano, del antiguo Israel. Zacar?as, el padre de la criatura, permanece mudo, aunque por se?as quiere hacerse entender.

Las concisas palabras del Evangelio, porque es as? de escueta la narraci?n del nacimiento despu?s del milagroso hecho de su concepci?n en la mayor de las desesperanzas de sus padres, encubren la realidad que est? m?s llena de colorido en la peque?a aldea de Zacar?as e Isabel; con l?gica humana y social comunes se tienen los acontecimientos de una familia como propios de todas; en la peque?a poblaci?n las penas y las alegr?as son de todos, los miedos y los triunfos se comparten por igual, tanto como los temores. Este nacimiento era esperado con angustiosa curiosidad. ?Tantos a?os de espera! Y ahora en la ancianidad... El acontecimiento inusitado cambia la rutina gris de la gente. Por eso aquel d?a la noticia vol? de boca en boca entre los paisanos, pasa de los corros a los tajos y hasta al campo se atrevieron a mandar recados ?Ya ha nacido el ni?o y naci? bien! ?Madre e hijo se encuentran estupendamente, el acontecimiento ha sido todo un ?xito!

Y a la casa llegan las felicitaciones y los parabienes. Primero, los vecinos que no se apartaron ni un minuto del portal; luego llegan otros y otros m?s. Por un rato, el tin-tin del herrero ha dejado de sonar. En la fuente, Betsab? rompi? un c?ntaro, cuando resbal? emocionada por lo que contaban las comadres. Parece que hasta los perros ladran con m?s fuerza y los asnos rebuznan con m?s gracia. Todo es alegr?a en la peque?a aldea.

Lleg? el d?a octavo para la circuncisi?n y se le debe poner el nombre por el que se le nombrar? para toda la vida. Un imparcial observador descubre desde fuera que ha habido discusiones entre los parientes que han llegado desde otros pueblos para la ceremonia; tuvieron un forcejeo por la cuesti?n del nombre -el clan manda mucho- y parece que prevalece la elecci?n del nombre de Zacar?as que es el que lleva el padre. Pero el anciano Zacar?as est? inquieto y se dir?a que parece protestar. Cuando llega el momento decisivo, lo escribe con el punz?n en una tablilla y decide que se llame Juan. No se sabe muy bien lo que ha pasado, pero lo cierto es que todo cambi?. Ahora Zacar?as habla, ha recuperado la facultad de expresarse del modo m?s natural y anda por ah? bendiciendo al Dios de Israel, a boca llena, porque se ha dignado visitar y redimir a su pueblo.

Ya no se habla m?s del ni?o hasta que llega la pr?xima manifestaci?n del Reino en la que interviene. Unos dicen que tuvo que ser escondido en el desierto para librarlo de una matanza que Herodes provoc? entre los beb?s para salvar su reino; otros dijeron que en Qunram se hizo asceta con los esenios. El oscuro espacio intermedio no dice nada seguro hasta que ?en el desierto vino la palabra de Dios sobre Juan?. Se sabe que, a partir de ahora, comienza a predicar en el Jord?n, ejemplarizando y gritando: ?conversi?n! Bautiza a quienes le hacen caso y quieren cambiar. Todos dicen que su energ?a y fuerza es m?s que la de un profeta; hasta el mism?simo Herodes a quien no le importa demasiado Dios se ha dejado impresionar.?

Y eso que ?l no es la Luz, sino s?lo su testigo.

Publicado por mario.web @ 1:21
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