Lunes, 23 de mayo de 2011
Carta del Cardenal Norberto Rivera.
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El Avemar?a es seguramente una de las primeras oraciones que aprendimos cuando ?ramos ni?os. Es una oraci?n sencilla, un di?logo muy sincero nacido del coraz?n, un saludo cari?oso a nuestra Madre del Cielo.

Recoge las mismas palabras del saludo del ?ngel en la Anunciaci?n (Lucas 1, 28) y
del saludo de Isabel (Lucas 1, 42), y despu?s a?ade nuestra petici?n de intercesi?n confiada a su coraz?n amant?simo. En el sigo XVI se a?adi? la frase final: ?ahora y en la hora de nuestra muerte?. Todo ello forma una riqu?sima oraci?n llena de significado.

El Avemar?a es una oraci?n vocal, es decir, que se hace repitiendo palabras, recitando f?rmulas, pero no por esto es menos intensa, menos personal.

Podemos decir que el Avemar?a y el Rosario son las dos grandes expresiones de la devoci?n cristiana a la Sant?sima Virgen. Pero la devoci?n no se queda s?lo ah?.

En el Avemar?a, descubrimos dos actitudes de la oraci?n de la Iglesia centradas en la persona de Cristo y apoyadas en la singular cooperaci?n de Mar?a a la acci?n del Esp?ritu Santo (Cf Catecismo de la Iglesia Cat?lica 2675).

La primera actitud es la de unirse al agradecimiento de la Sant?sima Virgen por los beneficios recibidos de Dios (?llena eres de gracia?, ?el Se?or es contigo?, ?bendita t? eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jes?s?) y la segunda es el confiar a Mar?a Sant?sima nuestra oraci?n uni?ndola a la suya (?ruega por nosotros, pecadores?).

Para explicar esta oraci?n es muy ?til seguir los n?meros 2676 y 2677 del Catecismo de la Iglesia Cat?lica.

1. En la primera parte de la oraci?n se recoge el saludo del ?ngel, del enviado del Se?or. Es una alabanza en la que usamos las mismas palabras del embajador de Dios. Es Dios mismo quien, por mediaci?n de su ?ngel, saluda a Mar?a. Nuestra oraci?n se atreve a recoger el saludo a Mar?a con la mirada que Dios ha puesto sobre su humilde esclava y a alegrarnos con el gozo que Dios encuentra en ella.

"Llena eres de gracia, el Se?or es contigo":

Las dos palabras del saludo del ?ngel se aclaran mutuamente. Mar?a es la llena de gracia porque el Se?or est? con ella. La gracia de la que est? colmada es la presencia de Aqu?l que es la fuente de toda gracia.

Mar?a, en quien va a habitar el Se?or, es en persona la hija de Si?n, el Arca de la Alianza, el lugar donde reside la Gloria del Se?or: ella es "la morada de Dios entre los hombres" (Apocalipsis 21, 3). "Llena de gracia", se ha dado toda al que viene a habitar en ella y al que ella entregar? al mundo.

2. A continuaci?n, en el Avemar?a se a?ade el saludo de Santa Isabel: "Bendita t? eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jes?s". Isabel dice estas palabras llena del Esp?ritu Santo (Cf Lucas 1, 41), y as? se convierte en la primera persona dentro de la larga serie de las generaciones que llaman y llamar?n bienaventurada a Mar?a (Cf Lucas 1, 48): "Bienaventurada la que ha cre?do..." (Lucas 1, 45); Mar?a es "bendita entre todas las mujeres" porque ha cre?do en el cumplimiento de la palabra del Se?or.

Abraham, por su fe, se convirti? en bendici?n para todas las "naciones de la tierra" (G?nesis 12, 3). Por su fe, Mar?a vino a ser la madre de los creyentes, gracias a la cual todas las naciones de la tierra reciben a Aqu?l que es la bendici?n misma de Dios: "Jes?s el fruto bendito de tu vientre".

El Papa Juan Pablo II nos explica muy bien el contenido de este saludo de Isabel a su prima en el n?mero 12 de la Carta Enc?clica Redemptoris Mater:

3. Despu?s, el Avemar?a contin?a con nuestra petici?n: "Santa Mar?a, Madre de Dios, ruega por nosotros..." Con Isabel, nos maravillamos y decimos: ??De d?nde a m? que la madre de mi Se?or venga a m??" (Lucas 1 ,43).

Mar?a nos entrega a Jes?s, su Hijo, que muere por nosotros y por nuestra salvaci?n en la cruz y, desde esa misma cruz, Jesucristo nos da a Mar?a como Madre nuestra (Cf Juan 19, 26-28); Mar?a es madre de Dios y madre nuestra, y por eso podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones, porque sabemos que Dios no le va a negar nada (Cf Juan 2, 3-5) y al mismo tiempo confiamos en que tampoco nos lo va a negar a nosotros si es para nuestro bien.

Mar?a Sant?sima reza por nosotros como ella or? por s? misma: "H?gase en m? seg?n tu palabra" (Lucas 1,38). Confi?ndonos a su oraci?n, nos abandonamos con ella en la voluntad de Dios: "Haced lo que ?l os diga" (Cf Juan 2, 5).

"Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte". Pidiendo a Mar?a que ruegue por nosotros, nos reconocemos pecadores y nos dirigimos a la "Madre de la Misericordia", a la Toda Santa.

Nos ponemos en sus manos "ahora", en el hoy de nuestras vidas. Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, "la hora de nuestra muerte". Que est? presente en esa hora, como estuvo en la muerte de su Hijo al pie de la cruz y que en la hora de nuestro tr?nsito nos acoja como madre nuestra para conducirnos a su Hijo Jes?s, al Para?so, a nuestra felicidad eterna en el pleno y eterno amor de Dios.


Publicado por mario.web @ 10:32
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