Lunes, 23 de mayo de 2011

No somos seguidores de una palabra muerta, sino disc?pulos del Dios vivo
Autor: Pablo Cabellos Llorente | Fuente: Catholic.net
Ruego disculpas por titular negativamente. S?lo es un intento de recabar la atenci?n del lector. Es negativo, pero existe hoy d?a un catolicismo vergonzante, poco valiente, trufado de relativismo, deslumbrado por la ciencia experimental que en ocasiones s?lo es base de una teor?a no demostrada; dudoso de si trata de vivir algo bueno pero aburrid?simo; y arrinconado por un laicismo rampante y viejo, aunque expuesto como dogma imprescindible para la convivencia democr?tica. Algunos han logrado que en bastantes ambientes no se mencione a Dios ni para despedirse, ni se hable de las preguntas fundamentales en torno al hombre -de d?nde vengo, ad?nde voy, el m?s all?, la muerte, el sentido de la vida-; muchos se han convencido con el pensamiento de que el cristiano no debe imponer sus ideas -cosa bien cierta-, pero aceptan como obligatorias las anticristianas, que acabamos viendo como lo moderno. Desean ser razonables, pero esconden a Dios o lo pretenden con cabida en sus mentes y actuando como ellos decidan. Nos citan a Galileo y nos callan.

Es imposible abarcar lo que nos acompleja; lo escrito anteriormente son unas pinceladas de lo que podr?amos llamar el secuestro de Dios incluso en las mentes y vidas cristianas. Somos prisioneros de unos t?picos bien manejados y con alg?n fundamento en comportamientos inadecuados para un seguidor de Cristo, pero que en modo alguno invalidan su doctrina ni modo de ser. Podr?amos preguntarnos qu? es ser cat?lico y c?mo se debe mostrar; ir a buscar nuestra quintaesencia y no quitarle ni un pelo por m?s que seamos d?biles. Fr?giles, s?, pero sabiendo lo que somos y lo que hemos de vivir, aunque hayamos de rectificar en muchas ocasiones.

Como es sabido, las fuentes de lo revelado por Dios al hombre -ah? se contiene lo que somos- son la Sagrada Escritura y la Tradici?n custodiadas por el Magisterio de la Iglesia. Lo que Dios ha manifestado de S? mismo, del hombre y de su destino est? en esos dos manantiales, con el natural cuidado de la Providencia para evitar interpretaciones de parte o simplemente erradas. Eso es el Magisterio de la Iglesia: la custodia e interpretaci?n del dep?sito de la fe, como lo llama muy adecuadamente san Pablo. El cristianismo no es una "religi?n del libro", sino la religi?n de la Palabra de Dios, "no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo", como afirm? san Bernardo.

Volvamos a la pregunta: ?qu? es ser cristiano? Y lo primero que permanece claro es que no somos seguidores de una palabra muerta, sino disc?pulos del Dios vivo, que por obra del Esp?ritu Santo son identificados con ese Verbo encarnado, con Cristo, para ser y actuar como hijos de Dios. Escribe san Pablo a los romanos: "los que son guiados por el Esp?ritu de Dios, ?stos son hijos de Dios". Y poco m?s adelante a?ade que la creaci?n espera ansiosa la manifestaci?n de los hijos de Dios. Esto puede no entenderse o no creerse por carecer del don de la fe, pero un cristiano es otro Cristo -un hijo de Dios en Cristo por la fuerza del Esp?ritu- al que toda la creaci?n espera con dolores de parto -dice gr?ficamente el Ap?stol- hasta ver a Cristo formado y actuando en cada uno, para que, sin complejos, viva con la mayor honradez posible lo que en verdad es, algo no realizable sin la gracia de Dios y sin la libertad humana. Con esta fuerte raz?n teol?gica, afirm? el fundador del Opus Dei: "el que no se sabe hijo de Dios, desconoce su verdad m?s ?ntima". Ah? radica la identidad cristiana y de ah? deriva nuestro comportamiento apropiado. El mismo san Josemar?a indicaba en una entrevista -recogida en "Conversaciones con Monse?or Escriv? de Balaguer"- que esa verdad de ser hijo de Dios en Cristo ha de penetrar la vida entera, ha de dar sentido al trabajo, al descanso, a la amistad, a la diversi?n, a todo. "No podemos ser hijos de Dios s?lo a ratos, aunque haya unos momentos dedicados a considerarlo, a penetrarnos de ese sentido de nuestra filiaci?n divina, que es la m?dula de la piedad". Conocer la verdad no quita libertad, la da. La libertad se pierde en la ignorancia.

Si volvemos a las consideraciones iniciales, comprenderemos que no tiene sentido vivir un catolicismo acomplejado; en todo caso, hemos de moderar el buen complejo de superioridad nacido de lo que realmente somos. Pero no por sentirnos m?s que nadie, sino por experimentar con sencillez la fuerza de saberse y ser hijo del Padre nuestro que est? en los cielos, por la identificaci?n con Cristo operada por el Esp?ritu Santo, cosa que no sucede de ning?n modo m?gico: se adquiere por el bautismo, se refuerza en la confirmaci?n, se rehace en la confesi?n sacramental, se alimenta con la Eucarist?a, se vive con las luces y el empuje de la oraci?n, y requiere lucha, empe?o constante para vivirlo en todo momento. "Hay que ser conscientes de esa ra?z divina, que est? injertada en nuestra vida, y actuar en consecuencia" (Es Cristo que pasa, n. 60).


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Publicado por mario.web @ 20:50
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