Lunes, 23 de mayo de 2011

Si la cruz no puede desaparecer del todo, ?por qu?, entonces, cargarla solos?
Autor: H. Pablo Yeudiel Gonz?lez Cu?llar, L.C. | Fuente: Catholic.net
Fue un crucificado el que vino a traer al mundo el mensaje del amor. Un crucifijo nos recuerda a todos el poder devastador del odio y la venganza.

Por la cruz y su fuerza, el hombre ha aprendido a amar a su semejante, y a ver al que est? pr?ximo como pr?jimo. Con su luz ha aprendido a ser antorcha para los que sufren. Por la cruz, hombres y mujeres de todo el mundo han sacrificado sus vidas como testimonios elocuentes de servicio y caridad para llevar un poco de esperanza al hermano abatido.

Los ecos de este crucifijo siguen construyendo, a lo largo de la historia, templos vivos de humanidad y felicidad verdadera. Templos espirituales de belleza eterna que nadie podr? arrebatar ni arrancar de este mundo ni de la memoria de los hombres.

El crucifijo duele, pues nos recuerda, a?n en nuestros d?as, que en el mundo hay v?ctimas, que hay explotaci?n, hambre y guerra. Nos grita en tantos rincones oscuros que la noche no se acaba y que los ni?os siguen llorando por injusticias que claman al cielo.

En una sociedad donde reinan las divisiones entre ricos y pobres, fracasados y exitosos, sabios e ignorantes, marginados y exaltados; donde las l?neas fronterizas son tan claras y evidentes; donde los abismos se hacen cada vez m?s profundos; donde entre el ?tu? y el ?yo? cada vez hay m?s silencio y desinter?s... ?Qui?n? ?Qui?n ser? el que estreche esas manos de nuevo? ?Qui?n lograr? que nos haga abrazarnos como hermanos? ?Qui?n ser?, si aquel que reconcili? el Cielo y la tierra, si aquel que perdon? a sus verdugos; si aquel que dio la vida por sus amigos; si aquel que ofreci? su mejilla al que le insultaba, llegase a ser acallado en el silencio de la indiferencia y en la frialdad del olvido? ?Qui?n nos recordar? que todos los hombres somos una fraternidad sedienta y ansiosa de amor y paz? ?Qui?n nos consolar?? ?Qui?n nos reconciliar??

Sin embargo, nuestro planeta sigue cargando la cruz, no puede arrojarla de sus espaldas. Porque la cruz no desaparece del todo, no muere. La cruz late fuerte en la vida de las personas. Ni?os sin sonrisas, j?venes sin ilusi?n, ego?smos disfrazados de amor, vaciedad envuelta en modernismo, hombres y mujeres convertidos en instrumentos del dinero y el placer, l?grimas inocentes y clamores sordos. ?Ahora, nos estamos quedando solos!

La cruz se nos hace pesada y rechazamos las manos que la aligeren. Olvidamos que existe un Dios capaz de sufrir por m? y conmigo, y con la memoria enferma y fr?a no sabremos m?s a qui?n recurrir. ?Qu? terrible orfandad a la que nos estamos enfrentando! Y la cruz, a pesar de todo, sigue ah?, viva, punzante e hiriente, en el coraz?n de cada hombre y mujer. Sin la luz del crucificado nuestras almas se llenar?n un d?a de amargura y desesperanza, y a cada nuevo paso ser?n asaltadas por los miedos del infortunio y el fracaso...

Erradicar el crucifijo siempre ser? una posibilidad amenazante, mas la cruz seguir? latente en cada vida. El dolor y el sufrimiento forman parte de la vida del hombre. El sufrimiento en soledad hace del hombre un punto y aparte. El olvido de un Dios que sufri?, nos arrebata la esperanza en nuestro caminar tan humano, tan lleno de errores y de flaquezas.

Si la cruz no puede desaparecer del todo, ?por qu?, entonces, cargarla solos?


Publicado por mario.web @ 21:37
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios