Lunes, 23 de mayo de 2011

?Dejar de amar a Dios porque es bueno?
Autor: Eduardo Mar?a Volpacchio | Fuente: www.algunasrespuestas.com
Aunque parezca curioso -y en realidad sea parad?jico- hay personas que se alejan de Dios porque piensan -con raz?n- que es muy bueno.

?Tiene esto sentido?

Me preocupa que haya almas que se alejen de Dios por una concepci?n sentimental del amor, sin darse cuenta de lo poco razonable de un planteo que dan por obvio, y que no lo es en absoluto.
En concreto, hay personas que justifican, por ejemplo, su inasistencia a la Misa dominical, con un argumento sorprendente:

?Yo no voy a Misa los domingos. Dios es bueno y no me va a castigar por eso?
Parecer?a que detr?s se esconde el siguiente razonamiento:

?No voy a Misa porque Dios no me va a condenar por eso; es decir, s?lo ir?a en caso de que corriera peligro de condenaci?n?.

Y con la misma actitud se intenta justificar algunos comportamientos contrarios a la moral cristiana (el uso de anticonceptivos, las relaciones prematrimoniales, el concubinato -que es como se llama t?cnicamente que novios vivan juntos-).

Ante estos casos, tenemos que preguntarnos si la misericordia infinita de Dios es motivo para ofenderlo sin reparo. Y si esa ofensa es gratis; es decir, no tiene un costo personal para nuestras almas.

No vamos a ir aqu? al fondo de la cuesti?n (el papel de la moral en la vida cristiana, la obligatoriedad moral de los preceptos de la Iglesia y el papel de la Eucarist?a en la vida cristiana, etc.), sino que simplemente nos preguntaremos si el supuesto que Dios no va a castigarme por dejar de adorarlo, de amarlo y de dedicarle tiempo, es un motivo razonable para dejar de hacerlo; si pensar que no va a condenarme es motivo suficiente para ofenderlo con actos contrarios a su ley moral.

La aclaraci?n de algunos puntos fundamentales ayudar? a entender el error que esconde la justificaci?n que nos estamos analizando.

1) El amor y la vida cristiana

Comenzamos por analizar el papel del amor de Dios y de nuestra correspondencia en la salvaci?n.
Una cosa es clara: lo que nos salva es el amor de Dios, no nuestras obras. Hay una primac?a absoluta de la gracia sobre nuestras obras.
Jesucristo no se hizo hombre para evitar la condenaci?n de los hombres, sino para llevarlos a la plenitud de la filiaci?n divina: eso es lo que nos salva.

La causa de la salvaci?n no es el amor que tenemos a Dios, sino el amor que Dios nos dona con la gracia.

Un amor cuyo fruto no es s?lo la satisfacci?n afectiva de quien lo recibe, sino sobre todo una vida nueva (ese amor es amor divino, y como tal, nos diviniza). Esa vida, la recibimos y vivimos nosotros. Ser amados por Dios no es algo meramente pasivo, hemos de aceptar y asimilar ese amor, haci?ndolo nuestro y ?vivi?ndolo!
?Dios que te cre? sin ti, no te salvar? sin ti?, dec?a San Agust?n. Nuestra libertad tiene un papel fundamental.

Haciendo nuestro amor que Dios no dona, podemos amar con ese amor y entonces la salvaci?n se expresa en ese amor: recibimos el amor para asimilarlo, y una vez asimilado -hecho nuestro- poder amar con ese amor de Dios, que ahora es nuestro.

Es decir, es Dios quien nos salva, pero nuestras obras coherentes con esa salvaci?n resultan indispensables para aceptaci?n y la vivencia de esa salvaci?n.

2) Quien salva y quien se condena

Si nos neg?ramos a amar, rechazar?amos el amor y con ?l, la salvaci?n que se nos ofrece... y, por lo mismo, dejar?amos de estar salvados.
El amor de Dios es inagotable (es infinito), de manera que no se cansa de ofrecernos su amor salvador. Siempre estar? dispuesto a perdonarnos, si volvemos a El arrepentidos. Siempre estar? dispuesto a recibirnos, si a ?l nos acercamos. Pero para que efectivamente nos perdone, nos salve y nos reciba, hemos de aceptarlo amando: nuestra libertad tambi?n aqu? es imprescindible.

Dios no nos condena, pero no porque no pueda hacerlo, sino porque ?no quiere hacerlo! Espera paciente y quiere la conversi?n de nuestro coraz?n. Conversi?n que s?lo se llevar? a t?rmino recorriendo el camino que El nos se?ala. Si nosotros no queremos amarlo, si rechazamos su voluntad, si nos cerramos a las fuentes de la gracia, estamos rechazando libremente su amor, su perd?n y su salvaci?n. Y esto es muy malo, haci?ndolo nos condenamos a nosotros mismos. En esto consiste el infierno:

Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elecci?n. Este estado de autoexclusi?n definitiva de la comuni?n con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra ?infierno?.
Catecismo de la Iglesia Cat?lica, 1033.

3) Raz?n de ser de las exigencias de Dios

Dios no necesita nuestro culto ni nuestra obediencia. Simplemente pide lo que necesitamos para alcanzar la plenitud humana y sobrenatural. As? lo creemos los cristianos. Detr?s de sus mandamientos no vemos un capricho irrazonable, sino una voluntad paterna que conduce a la plenitud en la vida eterna, a trav?s de las vicisitudes de esta vida. Eso vale para los mandamientos y para la recepci?n de los sacramentos, para la oraci?n y para la caridad. Todo es importante, porque nuestro Padre Dios nunca nos pedir? algo para molestarnos.

Jes?s nos ense?? a pedir: ?h?gase tu voluntad, as? en la tierra como en el cielo?. Y pedimos que la cumplan los planetas, y los animales y los hombres... comenzando por nosotros mismos. Porque ?de verdad!, es lo mejor para nosotros.

4) El perd?n de Dios y realizaci?n personal

El pecado hace mal al alma. El perd?n, no es una cuesti?n formal: Dios cura el alma cuando perdona. Ser?a una locura pecar solamente porque Dios perdona (como diciendo, ?para qu? dejar de pecar si despu?s te perdonan igual?).

Este planteo supone que pecar es bueno -lo mejor que podemos hacer-, pero un Dios caprichoso nos lo proh?be. Pero como tan malo no es, nos deja una puerta de escape: que lo hagamos tranquilos ya que despu?s El nos perdona. ?Esto es absurdo!
Otra cosa es que seamos d?biles y caigamos.

Entonces necesitamos perd?n de por las cosas malas que hacemos, y por el bien que dejamos de hacer, por el amor que dejamos voluntariamente de tener. Y el primer paso para el perd?n es el arrepentimiento: es imposible el perd?n sin el rechazo personal del pecado, ya que Dios no nos liberar? de las acciones que nosotros no rechazamos (una vez m?s respeta nuestra libertad). Pero esto imposible si pensamos que lo que hicimos es bueno.

Pero no es s?lo cuesti?n de que pensar en el perd?n de Dios. Es el aspecto negativo: liberarnos de lo malo que haya en nuestra vida.
Pero hay una cuesti?n mucho m?s importante y muy positiva: para realizarnos, cumplir su palabra es esencial.

Cumplir la ley de Dios no es lo que nos salva, sino que es la consecuencia natural de haber sido alcanzados por su amor. La procuramos cumplir no por miedo a castigo, sino porque hemos descubierto el amor de Dios. Queremos hacer lo que Dios nos pide porque lo amamos. Porque entendemos lo grande que es su sabidur?a y su amor.

En el caso de la Misa; no asisto por miedo a que Dios me castigue (s? que me va a perdonar todas las veces que sinceramente le pida perd?n por haberlo ofendido), sino porque quiero participar de la mayor donaci?n de amor de Dios a los hombres: la Eucarist?a.

5) Amor y temor

La Teolog?a nos ense?a que el temor de Dios es un don del Esp?ritu Santo: se nos infunde junto con la gracia santificante y las virtudes infusas.
Esto podr?a resultar un poco curioso: ?Acaso Dios quiere que le temamos? ?No es acaso nuestro Padre? ?El buen Pastor que busca la oveja perdida y da la vida por ella?

Ante estas perplejidades es justo que nos preguntemos qu? tipo de temor nos infunde el Esp?ritu Santo, de qu? miedo se trata.
En relaci?n a Dios, puede haber varios tipos de temores, uno malo, uno imperfecto y otro ?ptimo.
Tener miedo a Dios y mantenerse alejado de ?l por eso, es un temor malo, sin sentido. Un miedo que teme a un Dios del que habr?a que cuidarse...
Est? claro que no hemos de tener miedo a Dios: es el m?s amoroso de todos los padres.

Entonces, ?miedo a qu? hemos de tener? En primer lugar a nosotros mismos... a que -por nuestra debilidad- nos apartemos de Dios, a que lo ofendamos. Se trata de un sano temor a ofender a quien tanto nos quiere, un temor que nos lleva a alejarnos de las ocasiones de hacerlo. En esta l?nea el sacerdote reza en Misa, antes de recibir la Comuni?n: ?haz que siempre cumpla tus mandamientos y no permitas que me separe de Ti?.

Este es el temor de Dios bueno: temor a fallarle a nuestro Padre, a estropear nuestra vida con el pecado. Es un ?miedo? muy santo, filial, cari?oso.
Un temor a cometer la locura de rechazar su amor pecando, de vivir lejos de El; y, por lo mismo, terminar lejos suyo por toda la eternidad (te recuerdo que eso es el infierno).

Hay quienes piensan el amor y la confianza excluyen todo respeto y temor. Pero no es as?; el amor incluye el respeto como l?nea de m?nimo: respeto a quien amo, y dif?cilmente amar? a quien ni siquiera respete.

Y el respeto es una cierta forma de temor: un temor que puede ser amoroso, cuando lo que se teme es alejarse del amado, hacerlo sufrir, fallarle, ofenderlo. De manera que amor, temor y respeto, si se los considera en su justo lugar, est?n relacionados.

Por eso la Sagrada Escritura ense?a que ?el comienzo de la sabidur?a es el temor de Yahveh; muy cuerdos todos los que lo practican? (Ps 111,10).

6) El miedo y el cumplimiento de los preceptos

En relaci?n al temor de Dios y el cumplimiento de su voluntad caben varias posibilidades. Analicemos s?lo tres de ellas.

a) Podemos movernos en la vida por miedo al infierno, un miedo nada filial ni amoroso. Ser?a un miedo timorato, un miedo que nos apartar?a del pecado y nos har?a cumplir la voluntad de Dios; un miedo que nos llevar?a a hacer cosas buenas y evitar las malas -por tanto que nos har?a buenos-, pero imperfecto porque le faltar?a amor. Imperfecto no significa malo: es bueno, pero carece de perfecci?n.

Antiguamente -y tambi?n en nuestros d?as- era frecuente encontrar personas que cumpl?an los preceptos de la ley de Dios por este tipo miedo: miedo a un castigo de Dios, miedo al infierno, etc.

Aunque debemos reconocer que no todo era miedo. Quer?an a Dios lo suficiente para no querer perd?rselo en la eternidad, y estaban dispuestas a pagar el precio de cumplir con lo que Dios mandara para conseguirlo. Se trataba de un miedo que era bueno, porque las apartaba de hacer cosas malas y las conduc?a a hacer otras buenas, aunque como dijimos bastante imperfecto. No hab?an descubierto el amor a Dios como motor de su comportamiento. Esas personas tendr?an que superar este temor, aprendiendo a cumplir la ley de Dios por amor a Dios.

b) Tambi?n existe -y ojal? lo tengamos- el santo temor de Dios, que excluye todo miedo a Dios y est? lleno de confianza en El.

Quien tiene este santo temor de Dios, har? lo que Dios le pide por amor. Un amor que le llevar? a sacrificarse cuando le cueste, para evitar ofender a quien tanto quiere.

c) Podr?amos experimentar tambi?n una carencia de miedo ?patotera?, que enfrenta a Dios. ?ste es el caso del que nos ocupamos en este art?culo.
Nos encontramos aqu? con una versi?n radicalizada del miedo como motor de la relaci?n con Dios, pero desde una perspectiva negativa: ya no es que cumpla con Dios por miedo al infierno, sino que dejo de cumplir con El, precisamente porque no le tengo miedo.

En esta versi?n Dios se ha vuelto inofensivo: ya no inspira miedo. Entonces no mueve.
Es bueno no tener miedo; pero es muy triste dejar de gozar de la Eucarist?a por falta de miedo. Es bueno no tener miedo a Dios, pero es triste alejarse de El con la excusa de esa falta de miedo.

7) La esperanza y la presunci?n

En este an?lisis no puede faltar una breve referencia a la presunci?n. Es un pecado contra la virtud de la esperanza, que el Catecismo de la Iglesia (n. 2092) define de la siguiente manera:
?Hay dos clases de presunci?n. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas, (esperando obtener su perd?n sin conversi?n y la gloria sin m?rito)?.

De m?s est? decir que el caso que no ocupa se encuadra absolutamente en estos t?rminos.
De m?s est? decir que el caso que no ocupa se encuadra absolutamente en estos t?rminos.

Conclusi?n: cosas que no cierran...

Dejar de ir a Misa porque Dios no me va a condenar por eso, resulta curioso. Y parece bastante ego?sta.

Si Dios no me condena, entonces no hago lo que me pide, no me acerco a la Eucarist?a, no cumplo sus preceptos. Como si la voluntad de Dios fuera opuesta a la m?a... y mientras no corra peligro de condenaci?n, no tengo ninguna intenci?n de corregir la m?a para identificarla con la suya.

Adem?s surge otro inconveniente: la asistencia a Misa dominical no es un opcional de la vida cristiana. El Catecismo de la Iglesia Cat?lica se?ala que ?la Iglesia obliga a los fieles a participar los domingos y d?as de fiesta en la divina liturgia (...) (y) recomienda vivamente a los fieles recibir la santa Eucarist?a los domingos y los d?as de fiesta, o con m?s frecuencia a?n, incluso todos los d?as? (n. 1389). Es decir, es de las cosas que determinan la identidad cristiana.

Lo mismo ocurre con los preceptos morales: no son simples consejos, sino que hacen a la fidelidad fundamental a Cristo.

Ante semejante planteo, surgen muchas preguntas que no encuentran respuesta:

?Donde queda el amor? ?Qu? espero de Dios? ?No me importa vivir y edificar mi vida al margen de El? ?Puedo decidir yo c?mo amar a Dios, independientemente de lo que ?l me pide? ?Qu? es la Eucarist?a para m?? ?Puede ser que me importe tan poco lo que pide?

?Donde queda el sentido m?s profundo del cristianismo como divinizaci?n del hombre? ?Qu? es para m? la vida de la gracia? ?Qu? es esa vida eterna que me da la Eucarist?a?

?Donde queda el ?haced esto en memoria m?a?? ?Qu? ?pasa? en la Misa para que tenga que ir? ?Qu? falta en mi vida cuando no voy?

?Por qu? la Iglesia ense?a que faltar a Misa sin causa grave, sea un pecado mortal? ?Exagera? ?Quiere asustar? ?Acaso miente o simplemente no sabe de qu? est? hablando? ?Qu? importancia tiene un pecado? El hecho de que Dios perdone los pecados ?hace que sea lo mismo cometerlos o no cometerlos?

?Me hace bien el no ir a Misa? ?Pierdo algo si no voy? ?Es indiferente ir o no ir? ?Hace alg?n da?o a mi alma dejar voluntariamente la Misa?
Los que cumplen la voluntad de Dios ?acaso son tontos? ?no se han dado cuenta que no es necesario?

Este planteo deja demasiadas preguntas sin responder. Y no es cuesti?n de que Dios me vaya a castigar... es cuesti?n de que no puedo vivir sin El...

Y es una actitud que acaba siendo demasiado peligrosa, ya que vivir voluntariamente desconectado de las fuentes de la gracia hace que nuestra vida sea sobrenaturalmente muy pobre, si no es que acaba careciendo totalmente de la vida sobrenatural que dan los sacramentos.

Ir al fondo de las cosas

Para terminar, te invito a que por tu cuenta consideres varias cosas: qu? es la Misa, para qu? la ha instituido Dios, qu? espera de m?. Por qu? la Iglesia me insiste tanto en la necesidad que tengo de ella, al punto de obligarme a ir bajo pena de pecado mortal. Qu? sentido tienen las exigencias morales. Qu? es el amor a Dios y qu? papel tiene el santo temor en la vida cristiana.

Si todav?a no has descubierto el tesoro divino escondido en la Misa, o en los bienes que protegen los mandamientos... no dejes de asistir o de vivirlos, busc? y ped? a Mar?a que te lo ense?e: ser?s feliz cuando lo encuentres y tu vida alcanzar? una dimensi?n divina.
Y por ?ltimo que no te dejes llevar por la falta de miedo.

?Dejar de cumplir la voluntad de Dios excusado en que va a perdonarme?

?Ofenderlo porque me perdona?
?Vivir lejos suyo porque no me quiere condenar?
?Tiene esto alg?n sentido?

Que Dios no quiera condenarme no es excusa para ofenderlo, sino que ?hace m?s grave el desprecio! Endurece el coraz?n.

Podr?a sucedernos lo que a los jud?os en Merib?, despu?s de cruzar el Mar Rojo: cuantos m?s prodigios ve?an, m?s caprichosos y patoteros con Dios se volv?an (cfr. Exodo cap. 15-17; Ps 94).


Publicado por mario.web @ 22:12
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