Lunes, 23 de mayo de 2011

El cuarto mandamiento de la Ley de Dios se refiere a los deberes de los hijos hacia sus padres.
Autor: Fernando Pascual | Fuente:


Entre las definiciones de Dios destaca una que sirve de luz en los momentos de dificultad, cuando los problemas nos hacen perder el horizonte: Dios es "el Se?or, amante de la vida" (Sabidur?a 11,26). La Escritura nos hace ver que Dios no puede olvidar nada de lo que sale de sus manos: es un Dios amor, que se une libremente con todas sus creaturas.

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, vive continuamente una experiencia parecida a la de su Creador. Cada uno de nosotros se ha convertido en algo "posible" gracias al amor de nuestros padres. El amor inicial que les llev? a ser esposos, gracias a la donaci?n total, se convirti? un d?a en amor paterno y materno. Los esposos que llegan a ser pap?s, hacen posible cada existencia humana, no s?lo en la materialidad de un conjunto de c?lulas sino, sobre todo, en la humanizaci?n propia de la relaci?n familiar, que se convierte en camino de acogida y de educaci?n integral.

En este contexto se coloca el cuarto mandamiento de la Ley de Dios, que se refiere a las obligaciones de los hijos. Lo encontramos formulado de dos maneras: "Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus d?as sobre la tierra que Yahveh, tu Dios, te va a dar" (Exodo 20,12). "Honra a tu padre y a tu madre, como te lo ha mandado Yahveh tu Dios, para que se prolonguen tus d?as y seas feliz en el suelo que Yahveh tu Dios te da" (Deuteronomio 5,16). En los dos textos encontramos que hay una bendici?n asociada al mandamiento: poder vivir en la tierra que Dios nos ofrece como don. Vivir en la tierra no es s?lo tener una posesi?n segura, sino, sobre todo, tener un coraz?n bueno: haber aprendido de los propios padres la generosidad y el amor que nos han permitido existir.

Cada familia cristiana vive en el dinamismo del amor: s?lo amando nacen los hijos; s?lo por amor los padres se comprometen a educarlos, seg?n el mandamiento de Dios. S?lo en el amor los hijos pueden acoger, primero de un modo espont?neo e inconsciente, luego con mayor conciencia y responsabilidad, los dones m?s grandes que, despu?s del don de la vida, los padres les pueden ofrecer: la fe, la esperanza, la caridad, los valores humanos, el sentido de la justicia, la integraci?n en la vida social.

De este modo el cuarto mandamiento de la Ley de Dios se convierte en puerta de ingreso para la vida comunitaria. Un ni?o que ha recibido amor tendr? el coraz?n preparado para amar. La gratitud hacia quien lo ha educado no ser? nunca un peso molesto, sobre todo cuando llegue el momento de la vejez o enfermedad de los propios padres, sino una llamada a vivir el regalo que se ha recibido, para poder devolver amor a quien antes nos ha amado.

Todos deseamos un mundo "m?s humano". La contaminaci?n, el ruido, la prisa, los problemas sociales, etc?tera, no pueden hacernos olvidar el camino fundamental, directo, hacia la plena humanizaci?n. Nuestras familias son el primer lugar para aprender los valores humanos, entre los que destaca el don de uno mismo. Como dice el Papa Juan Pablo II, este don de s? mismo, "que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de s? que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia. La comuni?n y la participaci?n vivida cotidianamente en la casa, en los momentos de alegr?a y de dificultad, representa la pedagog?a m?s concreta y eficaz para la inserci?n activa, responsable y fecunda de los hijos en el horizonte m?s amplio de la sociedad" (Familiaris Consortio, 37).

S?lo los hijos que han recibido amor sabr?n amar, primero a sus propios padres, luego, si Dios lo quiere, a sus propios hijos. Se construye as? una cadena de amor que se difunde de modo espont?neo y que puede cambiar el rostro de nuestro planeta, es decir, el rostro de cada uno de nosotros. Ya no seremos hombres y mujeres "arrojados" en un mundo desconocido y hostil, sino hijos amados del Padre, que saben amar a sus hijos y a sus pap?s, en una atm?sfera espiritual y humana que deber? hacer exclamar a quienes nos vean: "?mirad c?mo se aman!".


El Padre Jorge Loring S.I., en su libro Para Salvarte, , nos habla acerca de la obediencia que debemos tener a nuestros padres, siguiendo lo que dice el cuarto mandamiento de la Ley de Dios: Honraras a tus padres.


Publicado por mario.web @ 22:13
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