Lunes, 23 de mayo de 2011


La sociedad noroccidental moderna crey? haber superado ?pocas anteriores de infantilismo y haberse hecho adulta ?matando? a Dios, prescindiendo de ?l. Entronizando a la ?diosa raz?n? en Notre Dame, los iluministas franceses creyeron haber hallado ?la luz?, que consist?a en abandonar toda tutela sobrenatural para asumir el hombre -centro y raz?n de todas las cosas- la tentadora autonom?a moral. El tr?o de grandes falsos profetas del S. XX, Marx, Freud y Nietzsche, terminaron la faena. La modernidad quiso ser la era de la raz?n, la ciencia y la t?cnica, la realizaci?n definitiva del ?homo sapiens?.

Karl Marx, no s?lo proclam? un ate?smo filos?fico -l?ase materialismo- sino que calific? a la religi?n como un instrumento de los poderosos para mantener oprimido al pueblo, un ?opio? creado con el objetivo de suscitar conformismo. Sigmund Freud, desde su libidinosa teor?a psicoanal?tica, redujo la religi?n a una forma de neurosis y Dios pas? a ser una pueril creaci?n mental, una proyecci?n del ?super-ego?, un modo enfermizo de capear las frustraciones. Friedrich Nietzsche, arras? con sus sofismas y arrastr? con su sugestivo vitalismo, pregonando un ?super-hombre? due?o del bien y del mal.

La iconoclasta modernidad se propuso derribar dioses, religiones y morales. Se le hizo creer al Hombre que era capaz, con su raz?n, de construir su propio para?so y su propia ?salvaci?n?. Fue la ?poca del ?self?, del ?auto?: auto-realizaci?n (hacerse realidad a s? mismo), auto-poiesis (construirse a s? mismo), auto-nom?a (darse normas a s? mismo). Las pujantes ciencias y t?cnicas auguraban la pronta soluci?n de todos los problemas. Pero este ?sue?o de la raz?n? produjo monstruos, otro tipo de ?autos?: las autocracias (estalinismo, nazismo...) Y, para m?s inri, no ha solucionado nada en verdad importante.

La prometedora tecnolog?a s?lo ha conseguido una paradoja: nos ha hecho la vida m?s c?moda con todo tipo de inventos y artefactos, al mismo tiempo que ha inventado otros cada vez m?s eficaces y potentes para matar. Un sinsentido que decepcion? y desencant? a la Humanidad, cuya fe en la bondad de la t?cnica qued? ahogada tras sufrir dos terribles guerras mundiales. La ciencia, despojada del ?lastre? de la conciencia, ha descubierto muchas cosas, ha logrado curar graves enfermedades, pero ni la injusticia, ni el hambre, ni la violencia, ni la maldad han sido erradicadas, sino m?s bien todo lo contrario.

La entusiasta org?a de guiarse a s? mismo con la raz?n, que embarc? a toda una generaci?n en una ola de optimismo salpimentada con una falsa sensaci?n de madurez, libertad y progreso, se ha esfumado como ?smoke on the water?. Las respuestas siguen ?blowin? in the wind?. ?El futuro ya no es lo que ven?a siendo?, lamentaba el optimista Arthur C. Clark. Las ideolog?as sufrieron el crep?sculo implacable del fracaso. El impulso contestatario juvenil de la flor en el ca??n se evapor? entre nubes de c??amo indio. La fiesta ha sido un fraude. La posmodernidad es la resaca de aquella borrachera.

Si el modernismo fue la era de la raz?n, el posmodernismo lo es del instinto. El fracaso de la idolatr?a de la raz?n ha obligado a buscar nuevas br?julas. Pero, por lo visto, la Humanidad todav?a no ha aprendido la lecci?n, a?n no ha sufrido bastante como para recular y retomar con humildad sus ra?ces perdidas, su despreciada piedra angular, y sigue sin admitir su ?heteronom?a?, su ?ntica y existencial dependencia del Otro. El hijo pr?digo sigue buscando unas m?seras algarrobas fuera de la casa del padre. Es la terrible trampa del orgullo, de la soberbia, que empuja a ?huir hacia delante? a cualquier precio, a no reconocer los propios desvar?os, a no rectificar ni por saber morir.
Destronada la raz?n, al Hombre posmoderno s?lo le quedan los instintos para seguir en su empe?o por auto-dirigirse. Ignora que la recta raz?n libera, pero el instinto esclaviza, nos devuelve a la condici?n de animal irracional no-libre. En su ya extrema necedad, la Humanidad posmoderna trata de ?liberar? los instintos llam?ndolos ?derechos?. Ante el naufragio de la modernidad, la consigna es ?s?lvese quien pueda?. Que cada uno se ?busque la vida?. El positivismo jur?dico radical que se ha impuesto legaliza los caprichos, convengan o no al bien com?n, y cada cual ?a su marcha?, sin m?s.

El saber se ha quedado en opini?n. La moral en apetencia o conveniencia. La ciencia se ha sometido al servicio de la t?cnica y ?sta a las ?rdenes de la maquinaria productiva, que crea y recrea sin cesar un consumismo demencial que genera necesidades innecesarias y vende caros sus espejismos de felicidad. La cat?strofe econ?mica que amenaza nuestro ?bienestar? es hija de ese hedonismo desbocado, tan inmoral como irracional. La felicidad se ha rebajado a divertirse, darse gusto. Para ello hay que consumir y eso cuesta dinero. ?A por ?l, caiga quien caiga! Ah? tienen ?la crisis?.

A las lenguas llamadas ?muertas? porque no se hablan, habr? que unir las ?ciencias muertas? porque no producen. Las m?s nobles tareas humanas se han quedado sin ?telos? o fin ?ltimo. Se educa, por ejemplo, sin cimientos antropol?gicos, sin un modelo de persona al que es deseable llegar. A los j?venes se les ense?an ?competencias? para insertarse en el engranaje empresarial y poco m?s. El tipo de persona que lleguen a ser da igual, que sean como quieran o puedan, ?no es nuestro problema?. Estamos, quiz? por vez primera en la Historia, en una cultura sin ?paideia?, sin un ideal educativo.

Vivimos en un mundo en el que no paramos de hacer cosas, pero en el que ya no sabemos ni el por qu?, ni el para qu? de la mayor parte de ellas. Ya no hay principios ni fines, sino s?lo objetivos a corto plazo. Del futuro se habla mucho, pero importa poco, por eso nos estamos cargando el planeta y suicid?ndonos cultural y demogr?ficamente sin que se nos altere el pulso. S?lo queda el ?carpe diem?, el disfrutar al m?ximo del hoy, m?s no en un sabio sentido b?blico, sino en la zafia versi?n de darse el mayor gusto posible y evitarse todo el disgusto que se pueda a costa de lo que haga falta, sin miramientos.

La posmodernidad va a traer mucho sufrimiento, porque vamos a tocar fondo. Hemos roto las tablas, nos hemos atiborrado del fruto prohibido. Y eso mata. Pero terminar? con un soplo de esperanza, porque Dios existe y conduce la Historia. Dios es, est? y estar?. Hay un sentido ?ltimo para todas las cosas. Vale la pena creer, vale la pena razonar y vale la pena conjugar sendos dones de Dios para vivir en armon?a y plenitud. Como profetiz? Juan Pablo II, el tercer milenio va a tener unos comienzos muy dif?ciles, pero tras ellos surgir? una Humanidad nueva, que habr? aprendido a vivir en paz, justicia y libertad.


Jos? Rafael S?ez March
Licenciado en Filosof?a y Ciencias de la Educaci?n
Psicopedagogo de Menores y Profesor Universitario
Fuente: An?lisis Digital


Publicado por mario.web @ 22:18
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