Lunes, 23 de mayo de 2011

No se conoce al Esp?ritu, tan s?lo se le adivina ?de rebote?, indirectamente, por lo que hace decir, orar y obrar a aquellos en quienes ?habita?
Autor: Andr? Fermet | Fuente: mercaba.org
?A qu? se debe, en el fondo, que sea tan dif?cil conocer al Esp?ritu Santo? Tiene que haber unas razones ?objetivas? para esta dificultad.

Pienso que la raz?n principal es que el Esp?ritu da la impresi?n de carecer de ?rostro?, de no ser una persona a la que se ve ?enfrente?. En efecto, hay frente a frente (uno frente a otro) en el caso Padre/Hijo; pero no lo hay en Padre/Espiritu, o en Hijo/Espiritu. Nunca ora Jes?s dirigi?ndose al Esp?ritu como a un ?t??; m?s bien parece que su oraci?n se produce ?bajo la moci?n del Esp?ritu?.

Testimonio de esto es el texto de Lc 10,21: ?Se llen? de gozo Jes?s en el Esp?ritu Santo y dijo: Yo te bendigo, Padre...?. Por lo que a nosotros se refiere, suceder? lo mismo: el Esp?ritu es el que, ante todo, ora en nosotros, es la fuente de nuestra verdadera oraci?n; ?l es lo primero que pedimos al Padre y a Jes?s para poder orar, m?s bien que aquel a quien directamente oramos (aunque se puede hacer).

Digamos adem?s con C. Moeller y luego con Urs von Balthasar, que el Esp?ritu es ?el Revelante no revelado?. Enti?ndase por tal no el que habla para revelarse a s? mismo, sino el que ?hace hablar? (habl? por los profetas), el que hace escribir y escuchar y dar gracias. Y no por eso su papel es menos importante que el del Padre y el del Hijo; y no por eso se puede poner entre par?ntesis al Esp?ritu sin que de ello se siga da?o: siendo menos expl?citamente conocido o reconocido, sin embargo la experiencia que de ?l se tiene es previa y fundamental; ya lo dec?amos al principio: su acci?n ?ntima, discreta, nos permite reconocer, nombrar y orar al Padre, y nos da el confesar que Jes?s es Se?or.

Tambi?n puede intentarse la aproximaci?n por medio de im?genes o s?mbolos, para intentar mostrar que este ?misterio del Esp?ritu? es como normal. El Esp?ritu es la luz en que vivimos inmersos, alcanzamos nuestro pleno desarrollo y descubrimos al Padre, un poco en el sentido del Salmo 36,10: ?En tu luz vemos la luz?. Es la mirada misma con que divisamos al Padre y al Hijo y vislumbramos el misterio de Dios. Urs von Balthasar dir? de ?l: ?No quiere ser visto, sino ser en nosotros el ojo que ve?. Un c?ntico reciente intenta otra imagen: ?Esp?ritu, tu nos recorres como la sangre?.

En fin, el Esp?ritu es en lo profundo de nosotros el amor que nos certifica que Dios ama, que nos ama a nosotros. Este es el verdadero sentido del vers?culo que nos es tan conocido: ?El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones? (Rm 5); ?el amor que Dios nos tiene y no el amor que nosotros tenemos a Dios?, puntualiza la nota de la traducci?n ecum?nica de la Biblia.

El Esp?ritu Santo es tambi?n el amor que hace que nosotros amemos. Resumiendo, en el fondo todas estas im?genes vienen a decir lo mismo: no se conoce al Esp?ritu, tan s?lo se le adivina ?de rebote?, indirectamente, por lo que hace decir, orar y obrar a aquellos en quienes ?habita?. Y si es tan indispensable y a la vez tan misterioso, se debe a que representa lo m?s secreto del misterio de Dios: ?El Esp?ritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios (. ) Nadie conoce lo ?ntimo de Dios, sino el Esp?ritu de Dios? (1 Cor 2, 10-11). ?Extraordinario texto!

Tal es la dificultad con que tropezamos cuando tratamos de conocer al Esp?ritu Santo. Pero esta dificultad no debe detenernos, sino m?s bien estimularnos para avanzar m?s en este conocimiento, con respeto y audacia, hasta llegar a ?denominar? al Esp?ritu Santo y trazar el perfil de su identidad propia. El Nuevo Testamento nos permite decir: el Esp?ritu Santo es el Esp?ritu del Padre y del Hijo.

Pero pienso que para denominarle de manera justa y plena, bastar?a que le llam?ramos ?el Esp?ritu del Hijo?, ?el Esp?ritu de Jes?s? ?Por qu?? Sencillamente porque tenemos la encarnaci?n, y porque Jes?s es la manifestaci?n (la revelaci?n) ?ltima y suprema de la gloria, la sabidur?a y el amor del Padre: ?Quien me ha visto a m?, ha visto al Padre? (Jn 14,9). ?El Hijo es reflejo de su gloria (del Padre), impronta de su ser? (Hb 1,3).


ANDRE FERMET
EL ESP?RITU SANTO ES NUESTRA VIDA
Sal Terrae


Publicado por mario.web @ 23:25
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