Martes, 24 de mayo de 2011

El verdadero triunfador es el que menospreciando el ?xito mundano, se preocupa solo de su ?xito espiritual, de ganar el cielo
Autor: Juan del Carmelo | Fuente: www.religionenlibertad.com
La palabra ?xito, tiene una m?gica resonancia en el ser humano, pr?cticamente casi todos anhelamos lo que esta palabra expresa o representa. Ante todo y antes de entrar en materia, conviene que consideremos que etimol?gicamente la palabra ?xito deviene del lat?n exitus que significa salida, lo que nos lleva a considerar, que el ?xito solo se da siempre como consecuencia de una acci?n o una actitud previa, cuyo resultado es el que se califica de ?xito. Y como la actuaci?n humana puede ser realizada tanto en el orden espiritual como en el material, es de la que se realiza en el orden material, es del ?xito material del que primeramente nos vamos a ocupar.

Porque desgraciadamente m?s nos ocupamos los humanos de obtener el ?xito material en esta vida que en preparar la obtenci?n del ?xito espiritual para ser unos triunfadores en la vida que nos espera, que nos guste o nos disguste irremisiblemente a todos nos espera. Y no cabe la t?cnica del avestruz de esconder la cabeza, frente a esta realidad incontestable.

En relaci?n pues al ?xito material en esta vida, el ?xito llega a constituir una verdadera obsesi?n, una necesidad ineludible, porque la actual sociedad, nos divide a todos y mucho m?s en el mundo anglosaj?n, en una dicotom?a entre; vencedores y perdedores, y l?gicamente nadie quiere formar parte del grupo de los perdedores, ni ?l ni sus hijos y a estos muchas veces, se les someten a unos esfuerzos intelectuales, para que sean m?s de lo que fueron sus padres, sin darse cuenta los padres de que estos esfuerzos son muchas veces contraproducentes. Los padres no reconocen en muchos casos, la verdad que se encierra en el dicho: ?Donde Dios no pone Salamanca no presta?.

Lo importante no es triunfar en esta vida sino sentar las bases para triunfar en la otra y esa debe de ser la principal preocupaci?n de los padres en la educaci?n de sus hijos, del triunfo material no se dan cuenta de que como todo lo que ocurre en este mundo, este se encuentra en las manos de Dios. El santo Cura de Ars, era casi un deficiente mental, que a duras penas pudo ser ordenado sacerdote pues era incapaz de entrar por el lat?n y sin embargo Dios le regal? el don de la clarividencia y era capaz de leer en las almas de sus penitentes.

El ?xito material nos ensoberbece y desgraciadamente puedo escribir por experiencia, nos hace elevarnos en ese pedestal que todos nos hemos creado para que todo el mundo reconoci?ndonos nuestras capacidades y m?ritos, nos rinda pleites?a. El sentirse sujeto de adoraci?n por los dem?s, es un deseo que maquiav?licamente el demonio nos estimula. ?Qu? guapa es fulana!, como vale, que estilo tiene, que gusto derrocha para vestir y decorar sus casa y que sencilla y caritativa es, que encanto tiene, como se la rifan los hombres.

Y qu? decir de fulano: ?Que inteligente es!, que bien maneja los negocios, que puesto tan importante ha logrado alcanzar, que fortuna ha levantado, que mente tan l?cida, cuanto sabe, que bien se expresa, que estilo tiene, como se lo rifan las mujeres. ?C?mo es posible ser humilde? ?C?mo es posible destruir el pedestal de nuestra vanidad? Pero si no soy yo quien lo creo, me lo crean los dem?s, y uno es tan idiota que llega a creerse lo que de ?l se dice.

Es dif?cil luchar contra ?l ?xito, es tan dif?cil como luchar contra el dinero, porque si bien Nuestro Se?or nos dej? dicho: ?Nadie puede servir a dos se?ores, pues o bien, aborreciendo al uno, amar? al otro, o bien, adhiri?ndose al uno, menospreciar? al otro. No pod?is servir a Dios y a las riquezas? (Mt 6,24), est? claro que a estos efectos el tratamiento del ?xito y del dinero son parejos.

El tener ?xito, como tener dinero ni impide la entrada en el cielo, pero desde luego que la dificulta tremendamente y ello por la sencilla raz?n de que ambas cosas, no favorecen la humildad de quien las posee y sin humildad es imposible adquirir y aumentar cualquier clase de virtud, ya que la humildad es la madre de todas ellas, al igual que la soberbia es en contraposici?n la madre de todos los vicios.

Es sabido que el dinero y el ?xito predisponen al ser humano a la soberbia y no a la humildad. Hace falta ser un gigante de la espiritualidad y del amor a Dios para tener riquezas y ?xitos en la vida y ser humilde, porque el ?xito lo mismo que el dinero es una bebida peor que el alcohol sin control, es una bebida que aunque sea beba en peque?as dosis enseguida se sube a la cabeza.

Y se sube a la cabeza porque nos afianza en ese maldito pedestal, que indebidamente nos creamos porque nos lo pide nuestra vanidad humana, para poder mirar a los dem?s por encima del hombro, para sentirse halagado, con el respeto y la consideraci?n de los dem?s, que la mayor?a de las veces hip?critamente nos dicen que somos mejores y somos tan idiotas que nos lo creemos.

Reconozco no obstante, que existen comerciantes tan inteligentes, que para cerrar un negocio, se pasan todo el tiempo halagando las cualidades personales de la otra parte y es el caso tan asombroso, que estando situado el halagador econ?mica u socialmente por encima de la misma situaci?n del halagado, este ?ltimo es tan vanidoso que cae en la trampa del halagador y llega a creerse los halagos, y no hablo por referencias sino por experiencias.

Pero el verdadero triunfador, es el que menospreciando el ?xito mundano, se preocupa solo de su ?xito espiritual, de ganar el cielo, un gran cielo, el mayor que le sea posible obtener, volc?ndose en el amor al Se?or. As? como el ?xito material mundano tiene l?mite como todo lo material, el ?xito espiritual carece de l?mite alguno, porque su fundamente est? en amar al Se?or y el amor al Se?or se nos genera en la ?nica del amor del amos que existe, que es propio Dios, y esta fuente es ilimitada como todo lo que a Dios se refiere, porque ?l es un Ser absolutamente ilimitado, en todas sus manifestaciones potencias y naturaleza.

El ?xito de la vida espiritual de una persona, permanece siempre oculto, en la profunda intimidad de su alma, y ?l mismo no quiere que jam?s se rompa esa intima relaci?n que mantiene con el Se?or. Mala cosa es que alguien alardee de santidad, porque podemos estar seguro, de que en esa persona que hace gala de su santidad, esta es inexistente, porque entre otras razones esa persona carece de un elemento indispensable para que medie santidad que es la humildad.

Ser?an de aplicaci?n aqu? un viejo refr?n espa?ol que dice: ?Dime de qu? presumes y te dir? de qu? careces?. Tambi?n es muy frecuente el caso, de que a uno o a una le atribuyan santidad, sin que este o esta busquen esa atribuci?n, pero tampoco la nieguen porque le halaga. En este caso tambi?n tenemos en el refranero de nuestra lengua otro que dice: ?De dinero y santidad la mitad de la mitad?.

La b?squeda del ?xito en la vida espiritual, tratando de amar al Se?or cada vez m?s, tratando de vivir solo en ?l, con ?l y para ?l, es un camino que molesta mucho al maligno y nos hace atravesar campos de minas. Ante todo huyamos de la soberbia en todo momento, y consider?monos siempre el m?s indigno siervo del Se?or que ha existido, existe y existir?. Nosotros no podemos ver en el interior de las almas y las manifestaciones exteriores de la conducta de las personas, nos puede llevara a error, si a trav?s de estas manifestaciones pretendemos juzgarlas.

Cualquiera sobre el que podamos estimar que no est? en la amistad del Se?or, puede ser que nos equivoquemos y este tenga mucha menos podredumbre de la que nosotros abundamos a montones. De otro lado, es muy posible que esta persona sobre la que mentalmente nos creamos superiores, no haya tenido ella el mundo, las oportunidades que Dios si nos ha dado a nosotros, y al final su vara de medir ser? m?s peque?a que el pedazo de vara que nos espera a nosotros.

Hay un algo muy aborrecido por los ojos del Se?or, y es la soberbia espiritual, que nos enga?a y nos hace creer que somos buenos. Hasta tal punto el Se?or le da importancia a esto, que no tenemos m?s que leer los evangelios en relaci?n a la oraci?n del publicano: "Dijo tambi?n a algunos que se ten?an por justos y despreciaban a los dem?s, esta par?bola: Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano. El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ??Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los dem?s hombres, rapaces, injustos, ad?lteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias? En cambio el publicano, manteni?ndose a distancia, no se atrev?a ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ??Oh Dios! ?Ten compasi?n de m?, que soy pecador!" Os digo que ?ste baj? a su casa justificado y aqu?l no. Porque todo el que se ensalce, ser? humillado; y el que se humille, ser? ensalzado? (Lc 18,9-14).

Escribe Slawomir Biela, que: ?Este hombre -el fariseo- rob? a Dios la gloria que solo le corresponde a ?l, para construir su propia gloria, y se envaneci? y se enorgulleci? ante Dios por algo que no le pertenec?a. Adem?s tambi?n despreciaba a los dem?s por causa de esas gracias de Dios?. Su gran pecado es la ceguera de su orgullo y autosuficiencia donde la soberbia se encuentra solapada.

La actitud del que de verdad ama a Dios, es la de decirle: Se?or aqu? me tienes, dese0 entregarme a Ti, con un acto humildad, de pobreza y de consentimiento. Cuando se ora dice el maestro Lafrance, hay que mantenerse pobre y desnudo, como Mois?s ante la zarza ardiendo e incandescente. No digas nada sino ofrece a este fuego devorador del Se?or, toda la superficie desnuda de tu ser. Dios es el que quiere devorarte. Formas un ser con ?l, y te conviertes en participante de la naturaleza divina, si es que de verdad quieres amar locamente al Se?or, vibrar en amor a ?l.

Mi m?s cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga.


Publicado por mario.web @ 9:15
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