Martes, 24 de mayo de 2011


El Valor


El valor es una virtud que nos capacita y nos prepara al ?nimo para enfrentar las dificultades, los peligros y los obst?culos que se nos presentan en la vida ayud?ndonos a superar el miedo.

El valor es hijo de la fortaleza, que lo asiste para resistir y afrontar los peligros que se presentan.
La naturaleza humana, debido al instinto de conservaci?n que le ordena cuidar su vida, responde ante el peligro y se defiende sintiendo miedo, porque advierte que algo grave o irreversible puede pasarle. Naturalmente, toma conciencia de la amenaza que tiene frente a ella y del riesgo que corre su vida o su persona.

Ser fuerte y valiente no es lo mismo que no tener miedo. El miedo es l?cito. El valor es la virtud que vence al miedo cuando el motivo a defender lo vale. No es la ausencia del miedo, sino vencerlo porque la causa lo vale. Sirva como ejemplo de lo que decimos el texto de la carta que en medio del combate de la Guerra de las Malvinas en 1982 escribi? el sargento Acosta (fallecido) para su hijo:

?PUERTO ARGENTINO 2/6/82.

Querido hijo Diego, ?Qu? tal muchacho? ?C?mo te encuentras? Perd?name que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabr?s ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy. Te escribo desde mi posici?n y te cuento que hace dos d?as iba en un helic?ptero y me bombardearon, cay? el helic?ptero y se incendi?, murieron varios compa?eros m?os pero yo me salv?, y ahora estamos esperando el ataque final.

Yo salv? a tres compa?eros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo, o si vuelvo para que el d?a de ma?ana cuando estemos juntos me la leas en casa.

Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen lo permiten, nos salvaremos. En estos momentos estamos rodeados y ser? lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final. Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana, cu?dalos mucho, como un verdadero Acosta.
Estudia mucho.

?VIVA LA PATRIA?
Cari?osamente.

Ram?n Acosta.? (1)

Que una persona se anime solamente a enfrentar un peligro tampoco quiere decir que sea un valiente. Lo que hace que el valor sea virtud es la defensa de un bien mayor, como los j?venes que, encontr?ndose ya a salvo y afuera, volvieron a entrar en la discoteca en llamas para salvar a los dem?s. O el salvavidas que se arroja a las aguas embravecidas del mar para salvar a una persona a punto de ahogarse. Como en estas y otras muchas circunstancias similares, cuando un hombre despega en un avi?n para combatir en una guerra sabiendo que probablemente no volver? pero que est? defendiendo a su Patria, su soberan?a y la causa lo vale, entonces el valor se convierte en hero?smo. Los argentinos contamos entre otros tantos h?roes an?nimos, con los aviadores de la Fuerza A?rea Argentina y de la Armada quienes escribieron una p?gina de gloria, valor y coraje durante la guerra de las Malvinas en 1982, enfrentando con hero?smo y alt?sima moral al enemigo que debieron combatir.

A trav?s de nuestras vidas tendremos cotidianamente oportunidades de desarrollar actitudes valientes sin necesidad de tener que estar arriesgando la vida, pero que necesitar?n tambi?n su cuota de valor. Necesitaremos una buena cuota de valent?a para examinar nuestra conciencia y confesarnos (y ver las miserias que no queremos ver). Para reconocer nuestras faltas ante terceros y pedirles perd?n. Para corregir a nuestros empleados o subalternos cuando lo debemos hacer porque han faltado a su deber (y preferir?amos dejarlo pasar, jugar a ser amistosos y no decir nada). Para no hacer sistem?ticamente la ?vista gorda ?cuando tenemos que enfrentar y tomar decisiones dif?ciles y desagradables. Para hablar cuando queremos callar. Para defender cuando la verdad o alguna persona es injustamente atacada (ya sea f?sicamente como verbalmente delante de otros o a?n detr?s de otros en una cr?tica o calumnia).

Callar cuando debemos hablar muchas veces es cobard?a, que es la cara opuesta del valor. Puede haber otras causas para callar (como comodidad, falta de compromiso, falta de amor a la verdad, a la justicia etc.) pero en general es falta de valor, falta de temple o de animarse a exponerse a sufrir las posibles consecuencias. Esto ocurre en todos los ?mbitos cuando tenemos que defender una posici?n comprometida o defender a una persona que tiene raz?n en lo que dice pero que es la ?nica que sostiene esa posici?n. Esto se da habitualmente, y cada vez m?s, debido a la p?rdida de las virtudes. Ya sea en una comisi?n de un club en donde un miembro de la comisi?n defiende solo la posici?n adecuada, o en el mismo ambiente parroquial en donde uno solo lucha contra la desacralizaci?n, o en un grupo de amigos en que uno solo detiene a los otros para no emborracharse o para no drogarse. La defensa de la Verdad, que es Dios, merece un llamado de atenci?n aparte, ya que est? expresamente mandada en el Evangelio. El mismo Jesucristo nos sentencia: ?el que me defiende delante de los hombres Yo lo defender? delante de mi Padre Celestial? y dos evangelistas lo citan. (Mt 10:32, Lc 9Helloween. El Se?or lo marca como una actitud a recompensar, porque sab?a que muchas veces ir?a acompa?ado del martirio cruento o incruento, y siempre de soledad e incomprensi?n. El primer deber de un cristiano es no renegar de su fe, pero el mayor es defenderla y confesarla p?blicamente para dar mayor gloria a Dios y edificar a otros. Y, para esto, adem?s de fe, hace falta valor que se nos infunde en el Sacramento de la Confirmaci?n.

La historia de la Iglesia desde su inicio est? plagada de testimonios de personas que aceptaron con valor la muerte antes que negarlo a Cristo. La Iglesia de los primeros tiempos durante los tres primeros siglos fue la Iglesia de la persecuci?n y del martirio. Los cristianos fueron perseguidos por orden de los 200 emperadores romanos. Celebraban el divino sacrificio de la misa en lugares oscuros y subterr?neos que a?n subsisten en Roma y se llaman las catacumbas. A partir de ah?, y durante estos XXI siglos millones de personas han sido asesinadas por no querer renegar de la fe cristiana. En la historia de los guerreros existieron dos tipos de conductas ante el peligro. Una era la de los hombres rudos, primarios y valientes hasta la temeridad, hombres endurecidos f?sica y ps?quicamente. Pero el modelo de valent?a en la historia fue el caballero cristiano cuyo valor fue sublimado por una m?stica especial y fue encarnado magistralmente en el alma hisp?nica. El caballero cristiano era valeroso e intr?pido. No se sent?a miedo m?s que de Dios y de s? mismo y des sus miserias que podr?an traicionarlo. Pero lo que hac?a caracter?stica al alma hispana es que el caballero cristiano iba a la lucha y a la muerte sostenido por una idea, por un ideal o una convicci?n. Combat?a por amor. Amor a Dios, a la Patria, a los suyos, a su hogar. La fortaleza del caballero y la tenacidad de sus convicciones nace en que ?l no toma sus armas de afuera, sino de adentro de s? mismo, de su propia convicci?n y de su propia conciencia. Es por ello que es capaz de levantar su coraz?n al cielo y sostenerlo ante cualquier obst?culo. De nadie espera la fuerza sino de Dios, y a nadie le teme sino a ?l y a no permanecerle fiel. De ah? que el caballero cristiano no dude, no vacila como el hombre moderno, que anda por la vida como un n?ufrago buscando apoyo en tal o cual novedosa teor?a o en la opini?n de la mayor?a.

El alma hispana cree en lo que piensa y piensa en lo que cree. El caballero cristiano sab?a muy bien lo que hab?a en juego (que era su propia vida) pero tambi?n sab?a lo que defend?a, de ah? que su aparente desprecio ante la muerte no fuese ni fatalismo, ni abatimiento, sino firme convicci?n religiosa que le dirig?a la vida. Sabe que el paso sobre esta tierra es ef?mero y recuerda que hay un cielo que ganar y un infierno en donde podemos caer eternamente. M?s tarde, a trav?s de los siglos, millones de hombres tomar?n el alma hisp?nica y cristiana como modelo a seguir para batallar en defensa de Dios, la Patria y los valores morales que ellos encarnan, dentro de los cuales los ejemplos m?ximos fueron los m?rtires.

A?n hoy, en el siglo XXI, en las guerras justas que se libran en defensa de la soberan?a de una Naci?n o en contra del comunismo ateo hay sobrados ejemplos de aquel esp?ritu noble, hispano, due?o de s? y que est? dispuesto a ofrecer su vida por bienes mayores. M?xico con el martirio de sus cristeros y Espa?a con su mill?n de muertos en la Guerra Civil antes de rendirse al comunismo ateo han dejado escrito en el siglo XX, entre otros, p?ginas de gloria. La valent?a necesita a su vez de la prudencia para no caer en la osad?a que ser?a afrontar peligros desproporcionados a nuestras fuerzas sin ninguna reflexi?n, como pretender apagar el fuego de un edificio en llamas nosotros solos con unos matafuegos o enfrentar desarmados a diez malhechores con armas que nos asaltan en nuestra propia casa.

Otro exceso es la temeridad, que se arroja a los peligros sin ni siquiera haber considerado si el riesgo y las consecuencias lo valen. Si un padre de 7 hijos vive arriesgando su vida en un auto de carrera porque le gusta la velocidad, no ser? un valiente, ser? un temerario que se arroja a los peligros sin meditar y sin fundamento o motivos que lo justifiquen y adem?s, un irresponsable porque su deber de estado le exige cuidar su vida para sostener su familia y educar a sus hijos. A lo sumo ser? valiente si, prendi?ndose fuego el auto de un compa?ero que ha volcado en la carrera, detiene el suyo y entra para salvarlo. Si un piloto de un avi?n con doscientos pasajeros a bordo desaf?a el cruzar una tormenta s?lo porque ?l lo decide as? (desoyendo las advertencias de la torre de control) no ser? un valiente, sino un temerario asesino en potencia. El diablo ha ?hecho que los hombres se enorgullezcan de la mayor parte de sus vicios, pero no de la cobard?a? (2)

El coraje bien encauzado formar? parte de la idiosincrasia militar y la muerte digna siempre ser? preferible y superior a la muerte de un cobarde, porque es preferible morir permaneciendo moralmente de pie que vivir de rodillas...ante los hombres...claro.


Notas

(1) ?Dios en las trincheras?. Rev P. Vicente Mart?nez Torrens. Ediciones Sapienza. P?g 201.
2) ?Cartas del diablo a su sobrino?. C. S. Lewis. Editorial bello. P?g 137.



La Humildad


La humildad es una virtud ?derivada de la templanza, que nos inclina a cohibir el desordenado apetito de la propia excelencia, don?ndonos el justo conocimiento de nuestra peque?ez y miseria principalmente con relaci?n a Dios?. (1)

Dicho en otras palabras consiste en el conocimiento de nuestra bajeza, miseria y de nuestro obrar con referencia a Dios.

La humildad deriva de la templanza, porque refrena y sujeta nuestros deseos exagerados de la propia grandeza, haci?ndonos conscientes de nuestra peque?ez ante Dios.

Contrariamente a lo que se cree, la humildad se refiere a nuestra relaci?n con Dios y no con el pr?jimo. Nace del aceptar que el hombre es un ser creado por Dios. Esta dependencia, esta subordinaci?n y vasallaje es el primer y fundamental acto de humildad. La humildad es tan solo eso: sabernos creados y pecadores, y por eso libremente nos sometemos a la voluntad de Dios. Al reconocer c?mo es Dios y quienes somos nosotros, combatiremos nuestro af?n de independencia, y de autosuficiencia, de autonom?a, de sentirnos dioses, de olvidarnos de lo que realmente somos: creaturas y pecadores.

La creaci?n del hombre ha sido un proyecto de Dios desde su origen, y no nuestro. Admitir que cuando llegamos a este mundo las reglas morales ya estaban escritas, que nada bueno podemos hacer sin la ayuda de Dios, ya no es tan f?cil. La persona humana tendr? derechos naturales comunes a todos los hombres ya pensados por el Creador para su propio bien, pero habr? asimismo derechos divinos que respetar que siempre ser?n superiores y anteriores a nuestra llegada. ?Humildad es andar en verdad? dec?a Santa Teresa. De ah? que la humildad sea la virtud por la cual adquirimos el sentido de la realidad y del juicio objetivo de la inteligencia. Lo parad?jico de la humildad es que nos permite vernos como quienes realmente somos: seres mortales con un alma inmortal, elevados por la gracia santificante y destinados a llamar al propio Dios...Padre... en contar siempre con Su ayuda y a vivir eternamente con ?l en el cielo... lo cual no es poco... s?lo que todo esto, gracias a ?l...

?Humus? significa ?tierra? y este ?abajarse a la tierra?, sentirse peque?o, es lo que transmite Abraham cuando dice: ?Hablar? a mi Se?or, yo que soy polvo y ceniza? (Gen 18,27). Abraham reconoce que existe una dignidad superior, la de Dios.

?La humildad es la verdad sobre nosotros mismos. Un hombre que mide un metro ochenta de alto pero que dice ?s?lo mido un metro cincuenta de alto? no es humilde. El que es un buen escritor no es humilde si dice ?soy un mal escritor?. Tales afirmaciones se hacen para que alguien pueda negarlas y, en consecuencia, obtener un elogio a partir de dicha negaci?n. Ser?a humildad m?s bien quien dice:? Cualquiera sea el talento que tenga, ?ste es un don de Dios y se lo agradezco?... As? dijo Juan el Bautista cuando vio a Nuestro Se?or: ?Es necesario que ?l crezca y que yo disminuya?. S?lo se puede llenar una caja cuando est? vac?a; Dios puede derramar sus bendiciones cuando el hombre se desinfla. Algunos ya est?n tan llenos con su propio ego que es imposible que entre en ellos el amor al pr?jimo o el amor a Dios?. (2)

Conocerse en el sentido cristiano no es s?lo como lo pensaban los griegos, sino el saberse pecador. En el templo de Delfos, est? escrito: ?Con?cete a ti mismo?, que era como decirle a los hombres: ?Con?cete y asume que no eres un dios. Con?cete y conoce tus limitaciones, ya que todo no lo puedes. Ten cuidado y toma conciencia de tus l?mites.? El cristianismo le agreg? a esto el saberse y reconocerse creatura suya y pecador.

El hombre antiguo y cl?sico ten?a la sabidur?a natural del hombre teoc?ntrico que se admiraba ante el cosmos y la naturaleza. Se sab?a peque?o ante la inmensidad del cosmos y era respetuoso de las leyes naturales, ya fuesen ordenadas (como la belleza y magnificencia del firmamento y sus estrellas) o desordenadas (como las tormentas, los huracanes, los maremotos, las erupciones o el fuego arrasador). Si bien se sab?a por debajo de los dioses, dependiente de ellos, no pod?an concebirse como creatura suya. S?lo despu?s de la encarnaci?n del hijo de Dios, Jesucristo podr? creer en un Dios personal, trascendente y Creador y adquirir la verdadera noci?n de humildad.

Pocas virtudes han sido tan mal entendidas como la humildad. Para muchos, el ser ?humilde? es la imagen de un individuo mal vestido, que no se hace notar, que no habla, que no opina de nada y aparenta no estar a la altura de ning?n tema, que cree no tener ning?n talento, que se menosprecia, que ocupar? siempre el ?ltimo lugar y se complacer? en ser pisoteado por todo el mundo. ?A miles de hombres se les ha hecho pensar que la humildad significa mujeres bonitas tratando de creer que son feas y hombres inteligentes tratando de creer que son tontos? (3) cuando no es as?. Para otros, los humildes son los pobres, y la realidad es que hay pobres que son humildes (los que aceptan con resignaci?n y mansedumbre su pobreza porque Dios as? lo ha permitido para ellos) y otros pobres que no lo son.

Tampoco ser? humildad el menospreciarse, el degradarse falsamente o el negar los talentos que Dios nos ha dado. Gracias a Dios, Miguel Angel, Murillo y Mozart (entre tantos otros en el mundo de las artes, de la ciencia y de la t?cnica) lo entendieron as? y desarrollaron al m?ximo los talentos que Dios les hab?a dado. Para gloria de ?l, de la Iglesia y de la enorme contribuci?n que le hicieron a la humanidad y para que, durante siglos, los hombres pudi?ramos gozar de sus maravillas y beneficios. Dios ha hecho en nosotros algo realmente grande. El sano anhelo de destacarse, de sobresalir, de abandonar la mediocridad general, de hacerse de una buena posici?n para la seguridad y el bienestar de los nuestros y de nosotros mismos con el fruto de nuestro sacrificio y de nuestro trabajo no est? para nada re?ido con la humildad. Nuestras capacidades morales, intelectuales, y art?sticas deben desarrollarse y es normal y bueno que las personas (especialmente los j?venes) tengan deseos de progresar en bien de los suyos y de los dem?s.

Si Dios nos ha otorgado alg?n don, est? muy bien que lo valoremos y desarrollemos nuestros talentos. El Evangelio es claro en este aspecto: ?Brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que est? en los cielos? (Mt 5,16). Ya dijimos pero insistiremos que ser humildes no significa despreciarnos sino tener el sentido exacto de lo que somos en relaci?n con Dios. De ah? que la humildad sea una virtud profundamente religiosa. Es m?s, sobre los talentos que nos han sido dados, deberemos rendir cuentas el d?a del Juicio. Seguramente Fray Ang?lico, Miguel Angel, Murillo y Mozart (por citar tan s?lo algunos) aprobaron el examen. Es m?s, algunas almas t?midas y poco seguras de s? mismas, hasta necesitar?n de cierto est?mulo y alabanza, s?lo que en este tema hay que tener mucho cuidado porque es un terreno resbaladizo. Estas sanas ambiciones de descollar se desordenan cuando el hombre se desorbita y cree que todo sus dones (como la inteligencia que tanto lo confunde) son por sus propios m?ritos y los utiliza para pecar de soberbia apropi?ndose de talentos que le han sido dados. Por ejemplo: Si nos destacamos en un deporte (porque tenemos los talentos para ello) est? bien que lo hagamos, tanto y cuanto sea para una causa buena y noble (para representar bien al pa?s y ser un buen modelo para los dem?s). No lo contrario, que el ?xito y el dinero obtenido nos trastornen y nos lleven a la droga porque no habremos podido resistirnos a la presi?n de los malos ambientes. Si tenemos una buena voz (porque tenemos ese don natural) busquemos que las letras de nuestras canciones no confundan ni hagan la apolog?a del amor libre, de la droga, de la homosexualidad y del delito.

Si estamos dotados para las ciencias biol?gicas dentro del ?mbito de la medicina (por nuestra gran inteligencia), que no nos manejemos con total autonom?a en materia de ?tica y de moral sino que recordemos que las leyes de Dios nos pondr?n limites a nuestro accionar. Ya sea en la gen?tica humana o en la reproducci?n artificial. Dig?moslo claro, Dios no compite con nuestro ?xito. Nuestro desarrollo y excelencia no le quita ni poder ni soberan?a en la Creaci?n. ?l es el Creador del Universo. Y nuestro. Simplemente espera que no olvidemos ?ste nuestro origen. Espera que no nos apropiemos de algo que nos fue dado y tambi?n espera que lo utilicemos para el bien de los dem?s. Lo que Dios pretende de nosotros es que lo reconozcamos como Quien es. Que tengamos a trav?s de nuestras vidas la actitud de la humildad expresada magistralmente en el poema que se encontr? en el cad?ver de un soldado norteamericano muerto en acci?n:

?? Escucha Dios! Yo nunca habl? contigo.
Hoy quiero saludarte: ?C?mo est?s?
?T? sabes?, me dec?an que no existes...
Y yo, tonto, cre? que era verdad.

Anoche vi tu cielo. Me encontraba
oculto en un hoyo de granada...
? Quien iba a creer que para verte
bastaba con tenderse uno de espaldas!

No s? si a?n querr?s darme la mano;
al menos, creo que me entiendes...
Es raro que no te haya encontrado antes,
sino en un infierno como ?ste.

Pues bien... ya todo te lo he dicho.
Aunque la ofensiva nos espera
para muy pronto, ?Dios, no tengo miedo
desde que descubr? que estabas cerca!

?La se?al!... Bien, Dios, ya debo irme.
Olvidaba decirte que te quiero...
El choque ser? horrible... en esta noche,
?Qui?n sabe!, tal vez llame a tu cielo.

Comprendo que no he sido amigo tuyo,
?pero... me esperar?s si hasta ti llego?

? C?mo, mira Dios, estoy llorando!
?Tarde te descubr?... !?Cu?nto lo siento!
Dispensa; debo irme... ?Buena suerte!
(?Qu? raro! Sin temor voy a la muerte...) (4)


En l?neas generales, cotidianas, y en situaciones menos l?mites que una guerra en que el hombre se tutea con la muerte, una actitud humilde es la que nos permitir?:

Pedir un consejo y estar preparado para escucharlo, demostrando as? que otros saben en algunos temas (o en muchos temas) m?s que nosotros (o tanto como nosotros) y que necesitamos ayuda para equivocarnos menos. Es muy importante no creer que sabemos todo y recibir la experiencia ajena nos achicar? adem?s el margen de error en nuestras decisiones.

Dar disponibilidad a que se corrijan nuestras faltas transmitiendo que estamos abiertos a escuchar... sin reaccionar como fieras y.. a.. modificar. Pedir disculpas, aceptando que hemos actuado mal y que lo lamentamos. Si adem?s logramos hacerlo personalmente o levantando un tel?fono, esta virtud estar? coronada de otras como el valor, la veracidad, la nobleza de esp?ritu y la justicia.

Pedir ayuda o un simple favor que nos har? deudores bienhechores aunque m?s no sea moralmente (lo que a veces nos resulta intolerable de aceptar, que estamos en deuda con alguien).

Agradecer un bien recibido, porque pondremos en evidencia que nuestra actuaci?n no fue s?lo obra nuestra. Ej: que me regalaron el capital inicial para fundar mi empresa actual tan exitosa. Que me presentaron a la persona adecuada, que me invitaron a un lugar exclusivo, especial (deportivo, acad?mico, laboral, intelectual) al cual yo no hubiese podido acceder solo.

Respetar al pr?jimo y darle su debido espacio. No sentirnos desplazados al hacerlo porque nuestro af?n de protagonismo nos lleve a querer brillar en todas las situaciones siempre nosotros y, en el caso de las conversaciones, imponiendo siempre nosotros los temas a los dem?s.

Combatir y estar atentos a la vanidad intelectual. Mortificar el deseo de brillar y auto complacencia en el saber, propio de las inteligencias que buscan el saber m?s para lucirse que para transmitir y ense?ar el Bien y la Verdad.

Reconocer el buen trabajo ajeno aunque no hayamos tenido parte y ni siquiera se mencione el nuestro porque no fue idea nuestra y simplemente hemos desarrollado una idea de otro. Recordemos que las maravillosas catedrales g?ticas que nos quedaron de la Edad Media son an?nimas...

Someternos a los 10 mandamientos (porque es lo que nos est? mandado) donde se nos indica el camino moral a seguir, sin que nos moleste.

Reconocer la de Dios y encarnarla en el orden social, en el mundo de la pol?tica, de la econom?a, de la justicia, de la ciencia, de la educaci?n, de las letras, de los medios de comunicaci?n, para salvar nuestra alma inmortal, colaborar con la salvaci?n de las ajenas y acercarnos a la felicidad en esta tierra.

A su vez ser? falsa humildad el hacerse rogar y decir por ejemplo:
?No me pidan que cante? (si realmente sabemos que podemos cantar muy bien) o decir: ?No me pidan que dirija el club? si sabemos que lo har?amos bien porque tenemos dones para hacerlo. Esta falsa humildad ser?a lo que se ha llamado la humildad ?con compensaci?n? que es una forma de buscar alabanzas. Remar d?ndole la espalda al lugar adonde queremos dirigirnos con todas nuestras fuerzas. ?La construcci?n de un edificio supone, ante todo, la excavaci?n de un terreno, cuyo vac?o se llena de hormig?n; sobre ?l se erigen las columnas y paredes, que soportan el techo. El vaciamiento inicial del terreno es comparable a la humildad.


El hombre, al aceptar su nada, deja abierto el campo a la edificaci?n de Dios. Los cimientos son las virtudes cardinales, que sostienen las columnas de las virtudes teologales, las cuales de alguna manera tocan el cielo. Sin la humildad es absolutamente imposible construir el edificio; pero sin las virtudes cardinales y teologales no se rellena el vac?o. Es cierto que las virtudes teologales son las m?s importantes, ya que unen al hombre con Dios. Pero el hombre es un ser tan voluble y tornadizo que Dios ha provisto bondadosamente de un enjambre de virtudes morales, entre las cuales est? la humildad, para que el edificio se mantenga inc?lume? (5)

San Agust?n, por su parte, compara la gracia con la lluvia abundante, que si bien las cumbres altivas (como la soberbia) no pueden retenerla, s? lo hacen los valles (como la humildad). San Agust?n nos exhorta a que seamos valles y recibamos la gracia de Dios que fecunda el alma y le permite florecer, ya que, a mayor humildad, mayor gracia se recibe.

El pecado opuesto a la humildad es la soberbia. Fue por falta de humildad, por soberbia y rebeld?a que Luzbel se insubordin? contra la orden dada por Dios dando origen a la eterna batalla entre el Bien y el Mal. Fue por falta de humildad y de obediencia que Ad?n y Eva pecaron dando origen al pecado original que sufrir?amos por siempre todo el g?nero humano. Fue por falta de humildad que Lutero, monje cat?lico agustino (crey?ndose superior a la propia autoridad de Roma) se fue ?protestando? de la Iglesia de Cristo y fund? la suya protestante partiendo la conciencia de la Europa cristiana en dos con las consecuencias que hasta hoy vivimos. Y fue por falta de humildad que, a partir de ah? los pueblos cristianos nos hemos ido alejando de las Leyes de Dios para levantar la ciudad del hombre, legislando en contra de Dios y ech?ndolo de la sociedad y de nuestras vidas (por ese desordenado amor a nuestra propia opini?n y a lo que nosotros creemos) con los resultados que hoy sufrimos.


Notas
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo. P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g. 612.
(2) ?Camino hacia la felicidad?. Monse?or Fulton Sheen. Colecci?n Pilares. P?g.16
(3) ?Cartas del diablo a su sobrino?. C.S. Lewis.Editorial Andr?s Bello. P?g.77.
(4) ?Dios en las trincheras?. Rev. Padre Vicente Mart?nez Torrens. Ediciones Sapienza. P?g.83
(5) ?Siete virtudes olvidadas?. P. Alfredo S?enz. Ed.Gladius.P?g.68



Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)


En relaci?n a la Valent?a

1. ?Por qu? no se puede opacar el brillo de la valent?a a los ojos de los hombres?
2. ?Actualmente quien es reconocido como una persona valiente y una persona cobarde?
3. ?Por cuales convicciones t? actuar?as con valor? ?por qu??
4. ?Alguna vez has actuado heroicamente? ?Cu?ndo y por qu?
5. ?Cu?les son las situaciones en las que sientes cobard?a y por qu??
6. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En Relaci?n a la Humildad

1. ?Qu? es la humildad y cu?les son sus manifestaciones m?s concretas?
2. ?Qu? relaci?n tiene la virtud de la humildad con la verdad?
3. ?Qu? es la soberbia? ?cu?les son sus principales manifestaciones?
4. ?De qu? manera se vive la humildad en tu ambiente? ?es una virtud poco vista? ?Por qu??
5. ?Cu?les son las consecuencias de que el hombre no se reconozca como creatura de Dios? ?De qu? manera lo ves reflejado en tu entorno?
6. ?Alg?n comentario o sugerencia?



Para reflexi?n personal

1. ?Tengo profundamente grabada en m? mi condici?n de creatura y pecador?
2. ?Si examino con toda sinceridad, el concepto que tengo de mi mismo veo que es elevado? ?O he llegado a posesionarme de la idea de que sin la gracia de Dios, poco puedo y poco valgo?
3. ?Vivo siempre en actitud de servicio permanente?
4. ?Busco y pido favores? ?Se agradecerlos? ?O todo lo considero como algo gratuito y merecido?
5. ?Me descorazona encontrarme imperfecto, con los mismos defectos contra los cuales he estado luchando durante tanto tiempo??Me humillo delante de Dios y pido su Gracia?
6. ?Cu?ndo ofendo a Dios por qu? me entristezco: porque le ofend? o porque soy yo que me veo otra vez fallido?
7. ?Soy autosuficiente y creo que s?lo yo s? hacer bien las cosas?
8. ?Discuto acaloradamente? ?De todo, aun de aquello que no conozco?
9. ?Soy flexible y condescendiente? ?O duro de juicio? ?Acepto con facilidad las sugerencias?
10. ?Miento algunas veces para sostener mis razones? ?Me complazco interiormente en mis propios criterios? ?Desprecio a los dem?s? ?No los creo dignos de consideraci?n?
11. ?Busco la alabanza y felicitaci?n ajena? ?Hablo mucho de m? y de mis cosas? ?Busco que me atiendan??Que me distingan??Que me prefieran??Sufro intensamente cuando paso desapercibido?
12. ?Me humilla pedir perd?n cuando es necesario?
13. ?Alabo las cosas de los dem?s aunque me cueste? ?Acepto con sencillez las correcciones?


Publicado por mario.web @ 9:40
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