Martes, 24 de mayo de 2011

Para orar, es necesario querer orar. La oraci?n es buscar a Dios, es ponernos en contacto con ?l.
Autor: Jes?s Mart? Ballester | Fuente: Publicado en Betania


"Dadme un punto de apoyo y mover? la tierra."

Es muy conocida esta frase de Arqu?medes de Siracusa: ?Dadme un punto de apoyo y mover? la tierra?, la verdad de cuyo principio ha sido demostrada por la ciencia y la experiencia y de sobra conocemos la fuerza prodigiosa que desarrolla la palanca, barra r?gida apoyada sobre un punto llamado fulcro, seg?n definici?n de la mec?nica f?sica, teniendo por una parte la resistencia, que es lo que se quiere levantar o mover, y por otra, la fuerza. La distancia que hay entre el punto de apoyo y la fuerza es el "brazo de palanca", que puede ser igual o desigual, como la balanza y la "romana", en la que al ser el brazo del peso muy corto y el de la fuerza muy largo, permite pesar toneladas con gramos. Si el brazo de la palanca es suficientemente largo, un solo gramo es capaz de contrapesar muchas toneladas. Leonardo Da Vinci, adelant?ndose en esto a Stevin de Brujas, aprovech? este conocimiento para demostrar la ley de la palanca por el m?todo de las velocidades virtuales, principio que ya enunciaba Arist?teles, anticip?ndose a Bernardino Baldi y a Galileo. Con una palanca conveniente, hasta un ni?o puede levantar miles de toneladas: Dicho esto, hemos entrado en el tema. Ha dicho Jes?s: ?Si ten?is fe como un grano de mostaza dir?is a esta monta?a: ?L?nzate al mar, y se lanzar?.


LA ORACI?N PALANCA MORAL

Con la fe como fulcro, o punto de apoyo, la esperanza como barra que sostiene el peso a levantar, la oraci?n en el extremo opuesto, ?sta se constituye en la palanca que levanta el mundo, seg?n el principio cient?fico de Arqu?medes y el testimonio de la Sagrada Escritura.

El Movimiento de Cursillos de Cristiandad usa mucho el vocablo, "Palanca", incluyendo en ella la oraci?n y los sacrificios que se hacen para conseguir el fruto del Cursillo. Resulta que la esperanza del orante y la confianza de conseguir lo que se pide, se convierten en brazo de palanca, de forma que cuanto mayor es la "confianza", mayor es el poder de la palanca, y bastar? una fuerza peque??sima para obtener lo que se pide. Sin fe, si no creemos que Dios puede darnos lo que pedimos, no hay oraci?n posible. Si no creemos que Dios existe, o si, crey?ndolo, pensamos que no puede darnos lo que le pedimos, la oraci?n es in?til. Por eso los musulmanes, que creen en el fatalismo, determinado infaliblemente, no tienen oraci?n de petici?n. Al no creer que Dios nos puede dar lo que le pidamos, s?lo hacen oraci?n de adoraci?n, practicada, eso s?, con gran devoci?n tres veces al d?a; pero sin pedir nada a Dios, porque creen que es in?til.


LA FE, PUNTO DE APOYO Y LA CONFIANZA, BRAZO DE PALANCA

Para que la oraci?n sea eficaz, es necesario esperar que Dios nos va a dar lo que le pedimos, y eso es confianza, que no s?lo nace de la fe en que Dios puede darnos lo que le pedimos, sino fiarse de la promesa de Dios de escucharnos: ?Pedid y recibir?is, llamad y se os abrir?, buscad y hallar?is?. ?El que pide recibe, al que llama se le abre, el que busca, encuentra?. Esa verdad revelada es la fuente de la que brota la confianza de que Dios nos concede lo que le pedimos porque lo ha prometido. Esta es la fe y la confianza que pide Cristo, cuando garantiza que si dec?s a esta monta?a: ?arr?ncate y arr?jate al mar, os obedecer?. ?Si ten?is fe, todo lo que pidiereis en la oraci?n, lo alcanzar?is." La fe y la confianza, que se completan la una a la otra, hacen la oraci?n eficaz.


LOS APOSTOLES VACILABAN

Maestro, te he tra?do a mi hijo, que tiene un esp?ritu que no lo deja hablar; cada vez que lo agarra lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. He pedido a tus disc?pulos que lo echen, y no han podido
Jes?s pregunt? al padre del poseso: --?Cu?nto tiempo hace que esto sucede? --Desde la ni?ez -respondi?-- y muchas veces lo ha tirado al agua y al fuego, para acabar con ?l. Pero si puedes algo, soc?rrenos, compadecido de nosotros. Jes?s le dijo: --Si t? puedes creer, todo es posible para el que cree. El padre del muchacho exclam?: --?Se?or! Yo creo, pero ayuda t? mi incredulidad. Aquel padre cre?a, pero no cre?a con bastante firmeza para tener confianza ilimitada en Cristo. Tambi?n los disc?pulos cre?an en el poder de Cristo, pero dudaban por falta de confianza y preguntan a Jes?s: -- ?Por qu? no pudimos echarlo nosotros? -- Esta ralea no sale m?s que a fuerza de oraci?n confiada. Los disc?pulos pidieron a Jes?s que les aumentara la fe y la confianza: --Se?or, aum?ntanos la fe. La diferencia entre la fe y la confianza se ve con mucha claridad en el caso del padre de este endemoniado.
(Mc 11, 21).

Dice el texto latino: "Si habueritis fidem sicut granum sinapis et non haesitaveritis...". ?Si tuviereis fe como un grano de mostaza y no vacilarais. El verbo ?haesito?, significa dudar, vacilar e indica incertidumbre, irresoluci?n. Cuando "la confianza" es ilimitada, o lo que es lo mismo, cuando el brazo de palanca es muy grande, la oraci?n obra milagros. Pero este brazo de palanca tan colosal es escaso.


?QU? REMEDIO?: LA POLEA

Cuando deseamos conseguir algo careciendo de esta confianza ilimitada, podemos usar la polea, verdadera palanca, que es una cuerda flexible y deslizante alrededor de una rueda, que en el extremo de la cuerda lleva el peso, y al otro extremo la fuerza para que tirando el peso vaya subiendo poco a poco. Una serie de tirones va elevando el peso; pero si se deja de tirar y se suelta la cuerda, el peso, que ya hab?a subido a cierta altura, cae precipitadamente.

As? funciona nuestra oraci?n, cuando la confianza es limitada... Y as? resulta ser nuestra oraci?n ordinaria, como elevada por la polea. Queremos obtener de Dios una gracia, que es como querer levantar un peso, pero no tenemos la confianza suficiente para poder alcanzarla de una vez, por falta de fuerza capaz de levantarla de un solo tir?n, y pedimos repetidas veces a Dios lo que deseamos, como a pedacitos de confianza. Actuamos como con la polea, subimos el peso a base de tirones sucesivos. Si nuestra confianza fuera muy grande, como la del centuri?n de Cafarna?n, o la de la Cananea de Tiro, de los cuales dijo Jes?s admirado: ?No he encontrado tanta fe en Israel?, no necesitar?amos orar m?s que una vez para obtener lo que pedimos, como ellos. Al no tener esa confianza, necesitamos dar tirones sucesivos. Ha sido necesario repetir y repetir nuestra oraci?n porque nuestra confianza es muy peque?a. Si nuestros pedazos de confianza son m?s grandes, necesitaremos repetir nuestra oraci?n menos veces.


ANTE EL FRACASO DE LA ORACI?N

Cuando la confianza es nula, aunque se repitan mil veces las oraciones no se logra nada, como si no se tira de veras de la polea, el peso se quedar? donde est?. Cuando se deja de orar porque se cede al cansancio de pedir, o se desconf?a de ser escuchado, o se deja vencer por el aburrimiento el des?nimo, no se conceden las peticiones. Como cuando se quiere subir un peso por medio de la polea, nos cansamos y soltamos la cuerda el peso cae, y los esfuerzos anteriores han resultado in?tiles. Previendo esto los mec?nicos, inventaron la polea compuesta, el polipasto, formado de dos o tres poleas simples, para que, aunque dejemos de tirar, el peso se mantenga. Este s?mil es por analog?a, la oraci?n hecha por dos o m?s personas. Mientras una deja de pedir, las otras siguen pidiendo, hasta que se consigue lo que se pide. Esta es la fuerza de la oraci?n de la Iglesia, de la familia o de la comunidad. En este principio se basa el Apostolado de la Oraci?n, en el que miles y miles de personas piden a Dios la misma gracia continuamente, como si cada una tuviera un cabo de diversas cuerdas unificadas, para conseguir de Dios la gracia que se pide.


ORACI?N FR?A Y RUTINARIA

Pero si los que piden no tiran de veras su oraci?n resulta ser oraci?n de disco, de CD, a la que le falta la confianza. Si cada uno ora con un poquito de confianza, probablemente Dios conceder? nuestra petici?n. Si se reza mec?nicamente, sin verdadero empe?o, Dios no ha prometido darnos sin m?s ni m?s todo lo que le pidamos, aunque se lo pidamos millares de veces, o se lo pidan millones de personas. La promesa es clara: "Todo lo que pidiereis con fe, sin andar vacilando, se os conceder?", y esto seg?n la determinaci?n de su Providencia, pero no en virtud de su promesa. En muchas ocasiones Dios concede lo que se le pide, aunque nosotros no lo veamos. Miles de almas alcanzan, por ejemplo, su salvaci?n, y muchas personas han alcanzado la plenitud de las virtudes, sin que nos demos cuenta de que la consiguieron por nuestras oraciones.

Santa Teresita de Lissieux lo dice de esta manera pl?tica: En la lamparita mortecina del sagrario, la sacristana encendi? con cuidado una vela y con ella las de toda la comunidad.

Hemos convertido la palanca y la polea en una imagen para explicar de alg?n modo el funcionamiento de la oraci?n, que, seg?n San Agust?n, es ?la fuerza del hombre y la debilidad de Dios?.



H?GASE TU VOLUNTAD

Jes?s no ha se?alado un cat?logo de cosas que podemos pedir, su madre le pidi? en Can? vino, el buen ladr?n le pidi? el para?so. Podemos pedir de todo y todo, pero somos como ni?os que no saben lo que piden y debe quedar el discernimiento de la madre dar lo bueno y lo mejor y no dar lo malo, que a veces deslumbra y es bonito y bien visto, lo razonable es lo, despu?s de pedir, lo dejemos en manos de Dios, que ?l s? sabe lo que nos conviene m?s o lo que nos puede da?ar. Para que despu?s no se nos pueda decir, ?Fraile most?n, t? te lo tienes, t? te lo ten?, terminar siempre nuestras peticiones, como nos ense?a Jes?s en la oraci?n que nos ense??: ?H?gase tu voluntad?, que es como ?l or? en la agon?a de Getseman?: ?Padre, si es posible, pase de m? este c?liz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya?.


EL PADRE COLOMA

Escribe el Padre Coloma, insigne escritor costumbrista:

?Una tarde vi llegar al aperador del Cortijo. Fui volando a verlo: su hijo hab?a llegado de ?frica y por ?l supe que de tres de los m?os que estaban en el ej?rcito, el mayor hab?a muerto; al segundo lo hab?a matado a traici?n un moro y que el tercero estaba en el hospital de Algeciras. Volv? en busca de Chana, mi mujer, y le di la noticia. Ella se encogi? como si viera venir el torre?n de Tepul: los ojos se le desencajaron y se puso m?s blanca que un papel. --Vamos a Algeciras, Crist?bal, me dijo. Aparej? la burra y tomamos el camino de Algeciras. Chana caminaba en la burra arrebuja? en un pa?ol?n rezando credos y salves. Yo iba detr?s echando sapos y culebras, y renegando de cuanto bicho viviente se menea... Yo no era malo, cre?a en Dios y en la Virgen Sant?sima y en cuanto hay que creer en el mundo; pero aquella pena me hab?a derramado toda la hiel por el cuerpo, y hasta la saliva de la boca me sab?a amarga... De repente tropez? la burra y tir? las alforjas... Me cegu?... me cegu? y ech? una blasfemia. Chana salt? de la burra como si hubiera o?do la trompeta del juicio; se me puso delante m?s tiesa que un muerto en la sepultura y me dijo: -?Calla esa lengua, Crist?bal! ?Calla esa lengua; que bien mereces que Dios te mate a tu hijo!?. - Y ?por qu? hace Dios con nosotros esas tropel?as?- grit? yo m?s furioso. -Porque somos pecadores, contest? con una voz que parec?a un juez sentenciando a muerte .Mira -a?adi? levantando la mano-- esos pu?ados de estrellas: mira las l?grimas que costamos a Mar?a Sant?sima... Cu?ntalas si puedes... ?Ella las derram? y nosotros pecamos!... Yo no se lo que me pas? entonces; pero el coraz?n se me sal?a por la boca, y me fui quedando atr?s, atr?s, pare verme solo. Miraba yo esas benditas estrellas del cielo, y se me sal?an por los ojos las l?grimas como garbanzos. --Virgen Sant?sima que por m? lloraste- dec?a yo a voces-; si no supe lo que dije... ?Madre de pecadores, ampara a esta oveja perdida! ?Madre que perdiste a un hijo, ten piedad de quien pierde tres de un golpe!... --Llegamos a Algeciras por la ma?ana, y nos fuimos derechos al hospital; preguntamos a un cabo por Sebasti?n P?rez, y nos hizo entrar en la oficina del registro. Hab?a all? un sargento, que busc? el nombre en el registro. --Sebasti?n P?rez -dijo- entr? el 25 de mayo... Sali? el 1 de junio. --Y ?para d?nde ha salido?, pregunt? Chana. --Para el camposanto, con los pies por delante, respondi? el sargento. --Sent? que Chana me clavaba las u?as en el brazo, y que temblaba como si tuviera fr?o de cuartanas. --Vamos al camposanto, dijo. Y fuimos al camposanto, pero ya lo hab?an cerrado y el conserje no nos quiso abrir. --Chana se sent? en el umbral y por una rendijilla de la puerta miraba all? dentro, por ver desde lejos la tierra que se com?a a su hijo. Ten?amos diez reales, y Chana mand? decir una misa a la Virgen de los Dolores. Yo me escurr? a la sacrist?a, en busca de un Padre cura, y me confes? mientras tanto, llorando de hilo en hilo. A la vuelta caminamos siete horas sin decir palabra. Al oscurecer me falt? hasta el aliento y me dej? caer junto a un pozo de abrevar ganado. Chana se ape? de la burra y se sent? a mi vera. --?Qu? haremos ahora, Chana?, pregunt? yo, hablando primero. --?Qu? haremos? Lo que dice el Padrenuestro... Crist?bal... H?gase tu voluntad en la tierra como en el cielo... --Yo me ech? a llorar como una criatura, porque, aunque era hombre que con una mano paraba una yunta de bueyes, no ten?a en el coraz?n el aguante de aquella santa mujer, que no era una mujer de carne y hueso, sino un ?ngel del cielo. --?Y qu? ha sido de Chana? --A Chana le pas? lo que al caballo viejo... Desde entonces hinc? la cabeza en tierra y no la volvi? a levantar nunca. Coraz?n le sobraba; pero el cuerpo se le iba solo a la sepultura, y a los tres meses estaba en la eternidad con sus tres hijos.? Yo me qued? solo, se?orito, solo... Trabajo cuando hay en qu?, y cuando no hay, nunca me niegan un pedazo de pan por esos cortijos, y siempre que paso por el Cristo de Mirabal, me asomo a la capilla y digo: --?Se?or, aqu? est? t?o Pellejo... Setenta a?os tengo ya... ?no se te olvide!?

As? acaba el insigne costumbrista Padre Lu?s Coloma autor de cuentos infantiles, Ajaj? y Periquillo sin miedo, Medio Juan y Juan y Medio, Por un piojo, Ca?n, Mal alma, La Gorriona y Era un santo, Paz a los muertos, y cuentos rurales, Ranoque y Juan Miseria. Peque?eces, que le coloc? en el primer plano de la actualidad literaria, Boy, La reina m?rtir, Jerom?n y Fray Francisco. Del estruendo que provoc? Peque?eces asegura que fue como entrar por primera vez en la ducha y recibir la inesperada rociada, como despu?s dir?a Mart?n Descalzo que le hab?a ocurrido a ?l con su primera novela, ?La Frontera de Dios?, ganadora del Premio Nadal. El moralismo con que termina Coloma la historieta del T?o Pellejo, busca conducir al lector a la resignaci?n del ?H?gase tu voluntad? de la t?a Chana, respondiendo al t?o Pellejo: --?Qu? haremos ahora, Chana?? -pregunt? yo. --?Qu? haremos? Lo que dice el Padrenuestro... Crist?bal... H?gase tu voluntad en la tierra como en el cielo...?

Porque Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene para nuestra mayor felicidad definitiva y eterna.


Publicado por mario.web @ 9:45
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