Martes, 24 de mayo de 2011

El Orden

La virtud del orden ?se comporta de acuerdo a unas normas l?gicas, necesarias para el logro de alg?n objetivo deseado y previsto, en la organizaci?n de las cosas, en la distribuci?n del tiempo y en la realizaci?n de las actividades, por iniciativa propia, sin que sea necesario record?rselo?. (1)

Dicho en otras palabras, el orden es la recta disposici?n de las cosas y es la virtud que nos lleva a poner cada cosa en su lugar, a distribuir correctamente el tiempo y nuestras actividades.

El orden es adem?s, reducir la multiplicidad a la unidad. Si tengo una cantidad de libros dispersos (multiplicidad) y los ordeno, tendr? como fin y como resultado una biblioteca. Si hay muchos alumnos jugando en el patio del recreo y toco la campana formando una fila de menor a mayor seg?n la altura (reduzco la multiplicidad a la unidad). Los alumnos podr?n entrar en el aula como personas que son, sin golpearse y con el debido espacio que cada uno necesita. De ah? deducimos que esta virtud es un principio de orden natural que colabora al bien de todos. Toda buena organizaci?n tiene como principio y base el orden.

Para poder actuar de un modo ordenado har? falta cierta estructura mental ordenada que se reflejar? en todos los aspectos de nuestras vidas.

En primer lugar el orden en las ideas y en los valores ser? imprescindible para poder sostener una l?nea de conducta en la vida. Empecemos por ordenar la cabeza. Saber qu? es lo que habremos de sostener y defender a trav?s de nuestras vidas exige claridad de principios. Para que nuestras decisiones sean las correctas, tendremos que saber qu? es lo m?s importante para elegir bien. Si no tenemos una prioridad, nuestra cabeza ser? un caos y nos conduciremos como una hoja al viento. Primeramente debemos conocer lo que ense?a la religi?n cat?lica para poder defenderla y cumplir con el mandato de Dios: ?Me amar?s con tu mente?. Si somos cat?licos no podemos ser liberales, masones, racionalistas, relativistas, hedonistas, agn?sticos, socialistas o comunistas porque sus principios se contradicen con la doctrina de la Iglesia. Lo malo en todas ellas es que se oponen al orden natural dado por Dios en la Creaci?n. ?nicamente la doctrina cat?lica se apoya sobre ese orden natural, demostrando que es la v?lida para todas las personas.

De ah? que, de una cabeza ordenada ?cat?licamente?, saldr? una argumentaci?n en la conversaci?n ordenada y clara, que nos iluminar? en todos los temas. Esto demuestra la importancia de valorar el estudio con el l?cito af?n de saber y conocer lo nuestro. Si no conocemos no amaremos el esplendor de lo nuestro y nos dejaremos convencer por todas las teor?as falsas que rondan por ah?.

El orden en la relaci?n con las personas comienza con la familia. Seg?n la importancia y jerarqu?a que tiene cada uno, ser? el lugar debido que habr? que darle dentro de la misma. El padre y la madre ser?n los primeros responsables de la educaci?n de los hijos. Y es para eso que Dios les ha dado la autoridad para poder mandar sobre ellos y a los hijos la obligaci?n moral de obedecerles. Los padres tendremos que rendir cuentas ante Dios de la educaci?n transmitida a los hijos y de nuestros actos. De ah? que no debamos pretender jugar el papel de ?amigos y c?mplices? de los hijos con la misma inmadurez. Los ni?os tienen el derecho de saber y de ser ense?ados y esta obligaci?n corresponde primero a los padres y despu?s a todos los adultos que los rodean, porque todos los adultos forman o deforman. El deber de los padres es ?educar?, ?dirigir? por el buen camino a los hijos, explicar con razones claras y objetivas, dar argumentos de peso para las obligaciones, se?alarles la diferencia entre viajar por la ruta y andar por la banquina, Ense?arles a mirar las consecuencias de sus actos con luces largas y no con luces bajas. No ?gan?rselos? ni ?compr?rselos?.

El orden en el ?mbito del trabajo significa que el empleado del banco no puede atender desde el despacho del gerente. El gerente no puede estar barriendo la vereda del banco porque no le corresponde y tendr? otras responsabilidades. El patr?n de la empresa o el general de divisi?n no pueden salir de ?farra? con los empleados o los soldados porque estas actitudes desordenadas erosionan y desmerecen la imagen de la autoridad.

La autoridad bien ejercida siempre implica pagar el precio de una cuota de soledad, porque habremos de asumir la responsabilidad de muchas decisiones y dar el ejemplo a otros. Muchas veces se desear? tal vez compartir y disfrutar con ellos distintos acontecimientos, pero en virtud de no olvidarnos del lugar que ocupamos tendremos que neg?rnoslo. Deberemos privarnos de algo que puede ser l?cito, pero que no corresponde seg?n el cargo que ocupemos o la jerarqu?a que tengamos y deberemos hacerlo para cumplir mejor con nuestra responsabilidad.
Si somos los padres no podremos salir a bailar con los amigos de los hijos o si somos los jefes de la oficina no podremos estar contando nuestros problemas familiares m?s ?ntimos a los empleados. Cada uno no s?lo debe ocupar el lugar que le corresponde sino comportarse como corresponde a su cargo, a su posici?n o a su deber de estado. El s?lo hecho de erosionar las jerarqu?as, confundir los roles o contar nuestras intimidades a todos, exponiendo muchas veces la de otros, ya es un grave desorden.

En el orden de la sociedad es la funci?n propia del Estado, quien debe velar para que se respete el orden natural establecido por Dios a todos los ciudadanos. Desde el derecho a nacer, a poder formar una familia y mantenerla dignamente, a tener un trabajo y sueldo digno que nos permita vivir, a tener la seguridad jur?dica y poder transitar tranquilamente por las calles sin temor a que nos roben o nos maten, etc. Es funci?n propia del Estado el asegurar el orden y el impedir la anarqu?a dentro de la sociedad, que es cuando se transmite que falta gobierno y reina el caos y la confusi?n dentro de la sociedad. La raz?n de ser del Estado es la de ser el activo promotor del Bien com?n, que es el bien de todos, y no de algunos.

Una sociedad ordenada, a su vez, se notar? por los valores que reconocer?. La ciencia, el estudio, el conocimiento, la maternidad, debieran ser valores a defender de primer orden. Grecia y Roma entronaban dentro de la sociedad, d?ndoles un lugar destacado, a las madres de familia. Podr?amos hasta decir que el pulso de una sociedad puede medirse seg?n el valor que ella le d? a la maternidad. En una sociedad ordenada, una vocaci?n cient?fica debiera tener m?s facilidades y reconocimientos que un deportista, ya que el conocimiento es superior a la habilidad f?sica, por m?s que ?sta sea buena. Un profesor experimentado y sabio debiera tener privilegios acorde a sus conocimientos y una paga superior a una modelo de publicidad que promociona un champ?. Pero hoy constatamos que es totalmente al rev?s, lo cual indica el desorden de la nuestra.

El orden en las cosas materiales tiene varias finalidades: guardar bien las cosas para que no se estropeen y se conserven bien. Por respeto a quien nos las dio y por gratitud de tener lo que otros no tienen. Para poder encontrarlas cuando las necesitamos y, (como siempre nos est? mandado), por pensar en el otro, para que tambi?n las encuentre en buen estado cuando las necesite. El maltrato hacia las cosas implica desprecio hacia el trabajo ajeno. Si trabajo en un taller, es importante que guarde bien las herramientas porque si no se estropear?n, se perder?n y tampoco las encontrar? cuando las busque porque las necesite. No las encontrar? yo pero, lo que es peor, tampoco mi compa?ero de trabajo. Si me prestan un libro o un buzo, la actitud ordenada y justa es devolverlo en el mismo estado en que me lo prestaron, o mejor si es posible (lavado y planchado).
Para ser ordenados no s?lo hace falta poner las cosas en su lugar sino que hay que utilizar bien las cosas. Si un adolescente guarda la campera h?meda en el ropero no puede decir que sea ordenado, porque aunque la cuelgue en el armario, la campera se estropear?. Si abre una lata rompiendo la hoja del cuchillo, por m?s que tire la lata prolijamente a la basura no actuar? ordenadamente, porque habr? estropeado la hoja del cuchillo. Si no superviso con cuidado los alimentos de mi heladera algunos se echar?n a perder y habr? que tirarlos (lo cual es un desorden) generando un desperdicio que es anticristiano porque hay muchas personas que nada tienen para comer.

Como todos los h?bitos ser?n mejor empezar en la ni?ez, o cuanto antes, ya que un ni?o de 3 a?os tiene capacidad para comprender que cada cosa debe tener su lugar. Desde la infancia el orden se inculcar? con los horarios, las comidas, los h?bitos de higiene, las diversiones medidas y sus propias cosas personales.

La batalla del orden habr?a que ganarla antes de la adolescencia con infinidad de h?bitos como apagar las luces si dejamos el cuarto, cerrar con cuidado los cajones, tapar el dent?frico para que no se seque y el que viene lo pueda usar. Utilizar agenda para distribuir mejor nuestro tiempo, planificar el tiempo libre. Incorporar h?bitos b?sicos de higiene personal, (como lavarse la cara y los dientes al levantarse y no despu?s que se ha circulado por toda la casa). Tener puntualidad en los horarios. Fijarse que lo que se tira no sirva para nada ni para nadie. Dejar la ropa doblada para que no se arrugue y se estropee de tanto lavado y planchado, etc. El orden est? muy emparentado con otras virtudes y especialmente con el respeto al pr?jimo, la justicia, con lo que es debido al otro, con la austeridad y la gratitud.

Dejar bien apoyada la bicicleta en su lugar para que no se caiga y se estropee o cuidar los ?tiles del colegio implicar?, adem?s de orden, respeto por quien trabaj? para compr?rnosla. No dejar la ropa hecha un bollo en el piso implicar?, adem?s de orden, respeto por quien acaba de limpiar nuestro cuarto y por quien se supone que tendr? que agacharse a levantarla del suelo. Doblar bien el diario despu?s de haberlo le?do o dejar el ba?o como nos gustar?a encontrarlo implicar? no s?lo orden, sino respeto por quien vendr? despu?s que nosotros.

Escribir claro y bien (para que no sea un verdadero sacrificio para los dem?s entender nuestra letra) es no s?lo un principio de orden, sino de justicia hacia quien lee. Comprar lo que nos hace falta, pens?ndolo y con criterio (ya sea en la ropa, los alimentos, o la m?sica) es no s?lo orden sino austeridad, respeto y gratitud hacia quien nos proporciona los medios para hacerlo.

El orden en la administraci?n y el uso del dinero y en la administraci?n de los bienes propios y ajenos toca muy de cerca el mundo de la justicia. Irme a veranear si no he pagado mis cuentas al verdulero o poner el cable en vez de pagar la cuota del colegio es un gran acto de injusticia hacia ambos porque les estoy robando el dinero que de hecho les pertenece. Si cambio la moto antes de pagarle a mi amigo el dinero que le debo es un acto de injusticia porque estoy utilizando (en algo superfluo) un dinero que ya no me pertenece.

As? como la transparencia en el manejo del dinero ajeno, no s?lo me quita responsabilidad ante el pr?jimo, sino que es un derecho que tiene el pr?jimo de saber c?mo se maneja su dinero (aunque sea un simple vuelto de una entrada al cine). Administrar bien nuestros gastos (independientemente de que sean grandes o chicos seg?n nuestro estado) siempre implicar? no s?lo el respeto debido a quien ha trabajado por nosotros, sino a quienes carecen hasta de lo elemental para vivir. El orden en la administraci?n de los alimentos es fundamental, porque la comida es un don de Dios que debemos agradecer, y hay quienes, por carecer de ella se mueren de hambre.

En todos los ?rdenes el desperdicio es anticristiano. Debemos usar de las cosas en actitud de gratitud por poder tenerlas y conscientes de que la gran mayor?a de las personas carece hasta de lo necesario para subsistir no s?lo en comida sino medicamentos, electricidad, calefacci?n, etc. En toda administraci?n p?blica o privada la transparencia en el manejo de los fondos no s?lo nos est? moralmente exigida porque nos quita responsabilidad, sino que es un acto de justicia hacia los dem?s, ya que el dinero a administrar es producto del trabajo, el esfuerzo y las privaciones de muchos. No es verdad que los fondos p?blicos no son de nadie en especial. Los fondos p?blicos son productos de las privaciones de millones con nombre y apellido y deber?an ser administrados con esa conciencia.

El orden en el uso del tiempo merece una consideraci?n. Dios nos ha dado un tiempo limitado de vida en esta tierra y, aunque no sepamos cuando ser? el d?a y la hora, sabemos que no somos inmortales. El tiempo que nos fue dado debe ser utilizado como un tesoro a administrar para salvarnos y debiera ser utilizado seg?n la par?bola de los talentos. Alg?n d?a deberemos rendir cuenta de c?mo lo hemos invertido. Levantarnos todos los d?as a cualquier hora, pasarnos horas delante del televisor, hablar pavadas de manera desmedida por tel?fono, mandar y recibir innumerables mensajitos en el celular (que quitan el sabor del encuentro y la expectativa de contarse las cosas personalmente, invadiendo continuamente la intimidad ajena para informar al otro no solo que ?estamos comiendo en lo de la abuela? sino que volvemos a mandar otro a los cinco minutos para decirle que ?estamos comiendo pollo?...) Elegir durante d?as un par de zapatillas, quedarse gastando tontamente el tiempo al salir del colegio sin tener el d?a planificado para nada, pasar horas interminables delante del espejo mir?ndonos las cejas, navegando por internet o chateando, no son actitudes de provecho que nos har?n sentir bien el d?a que nos presentemos ante Dios para rendir cuentas sobre nuestras vidas. Este desorden del tiempo tampoco nos har? sentir bien al final del d?a. Esa insatisfacci?n que nos irrita, que nos deja disconformes con nosotros mismos y los dem?s, tiene mucho que ver con constatar al final del d?a que no hemos hecho nada de provecho en la jornada, ni para nosotros mismos, ni para el pr?jimo.

Todos tendemos a tener algunas ?reas ordenadas y otras en las cuales aflojamos. Podemos ser muy ordenados en los gastos y no en los horarios, o muy ordenados en las ideas y no en los horarios ni en los placares. Pero el orden nos ayudar? a tener m?s tiempo libre y, si lo tenemos, a utilizarlo mejor. Nos dar? tranquilidad, nos evitar? disgustos y contratiempos y le sacaremos mayor fruto a nuestros d?as. Si dejamos nuestro auto a la sombra se estropear? menos, si no lo conducimos a m?xima velocidad el motor nos rendir? m?s tiempo. Los horarios, el uso correcto del tiempo, los presupuestos familiares, las diversiones, la convivencia con los dem?s, el cuidado de las cosas materiales (que a alguien habr? costado comprar) en todas las facetas de la vida, necesitamos poner cada cosa en su lugar.

Fruto del orden en las prioridades respecto al manejo del tiempo, en el ser parejo en los afectos, en el trato c?lido, en la capacidad de escucharnos, en el no interrumpir continuamente las conversaciones, debiera convertirse la convivencia familiar en m?s pac?fica y agradable. Lo importante es generar y fructificar en un ambiente donde se vuelva a cultivar el trato personal y nos interese lo que le pasa al pr?jimo (empezando por los de nuestra familia). Un oasis de armon?a y buen gusto, que convoque a estar en ?l, ya que naturalmente el orden, la agradable convivencia y la calidez atraen y el desorden expulsa y genera rechazo. Nunca ser? tarde para empezar a ordenarnos si contamos con la voluntad de hacerlo. El orden se encuentra pr?cticamente en la base de todos los valores cristianos a quienes sirve de apoyo, ya que el mismo pecado es un desorden que alter? el plan original de Dios.

Pensemos simplemente que a Dios le gusta el orden. Basta con mirar la Creaci?n para entender que es as?. La armon?a de la naturaleza entera, el cuerpo humano y su maravilloso funcionamiento, el instinto dado a los animales para que se condujeran ordenadamente y los 10 Mandamientos dados al hombre para su bien nos hablan de una composici?n total de orden. La naturaleza entera desde el microcosmos al macrocosmos es un canto al orden del creador.

Los vicios contrarios al orden por lo tanto, son: el desorden por un lado (que si es muy acentuado dentro de la sociedad pueden degenerar hasta en la anarqu?a) y el exceso de orden o la man?a del orden por el otro (que parecer? virtud pero no lo es, y que siempre tendr? como origen desviaciones psicol?gicas o espirituales).

El exceso de orden, lo sabemos, ser? convertir a nuestras casas en museos de exposici?n. Ya no ser?n hogares en donde nos dar? placer vivir sino fr?os muestrarios de decoraci?n para los dem?s o para nuestra propia desordenada satisfacci?n est?tica. As? no se podr? vivir ni disfrutar porque habr? que cuidar las cosas desordenadamente. Esto ya no ser? virtud sino lo contrario, es un desorden, porque los valores estar?n invertidos. Las cosas son para el hombre y no el hombre para las cosas.




La obediencia


La obediencia es una virtud moral ?que hace pronta la voluntad para ejecutar los preceptos del superior? (1)

Dicho en otras palabras: obedecer es cumplir en primera instancia la voluntad del superior, pero en la concepci?n cristiana la autoridad viene de Dios. Quien manda es responsable ante Dios de lo mandado. Representa la voluntad de Dios que tiene derechos de autor por ser Quien nos hizo y por qui?n existimos.

De ah? que al analizar la virtud de la obediencia lo primero que debemos hacer sea restaurar el principio de autoridad. La autoridad es el poder que tiene una persona sobre la otra que le est? subordinada, como el padre sobre los hijos, el maestro sobre los alumnos, el director del colegio sobre los profesores, el polic?a que es responsable de mantener el orden sobre los ciudadanos, el general sobre sus soldados, el superior de una comunidad religiosa sobre sus hermanos, el obispo sobre el clero de su di?cesis, etc. Hay una raz?n de orden natural y otra de orden sobrenatural que exigen que uno mande y otro obedezca. Es de sentido com?n, por un principio de orden. La milenaria experiencia de la historia humana nos demuestra que siempre existi? alg?n tipo de autoridad en la sociedad. Es un principio de orden natural. La voluntad de Dios se encarna en todo el orden social que El ha dispuesto al crear y se manifiesta en el orden natural. En otras palabras, la naturaleza social del hombre exige necesariamente que en la sociedad haya autoridad para decidir las normas de convivencia que faciliten la libertad de todos y cada uno y garanticen dicho cumplimiento. Y para que la libertad sea posible. Es evidente que todos los ciudadanos tienen derecho a cruzar la calle libremente o de circular en auto, pero alguien tiene que regular ese derecho para que se haga ordenadamente y todos puedan ejercerlo.

La raz?n sobrenatural es porque Dios quiso que, para nuestro bien y para dominar nuestras ansias de autonom?a y rebeld?a heredadas de Ad?n y Eva, nos acostumbr?ramos a tener siempre una voluntad ajena por encima de la nuestra, oblig?ndonos a obedecer desde peque?os. Esto nos ejercitar?a a mortificar nuestra voluntad propia para poder obedecerle m?s tarde, y de por vida, a ?l. Para tratar de ser como Dios me pens? como una obra terminada y en plenitud, Dios dispuso que nos hiciera falta mortificar nuestra voluntad propia y obedecer desde peque?os.

La rebeld?a tiene antecedentes. Se remonta al Para?so. En nada somos originales. Ya hubo otros, anteriores a nosotros que se llamaron Ad?n y Eva que la encarnaron. Esta cadena de autoridad que exige obediencia en todos los ?mbitos debe necesariamente llegar hasta Dios, fuente de toda autoridad, quien juzgar? las acciones de los hombres sobre otros hombres con infinita justicia. Dios ha dispuesto las cosas de manera tal que toda autoridad humana deber? responder ante ?l, el d?a del Juicio, de su ejercicio. Si se rompe esta cadena de autoridad y responsabilidad de responder ante Dios sobre nuestras acciones, la obediencia pierde sentido.

En realidad es a Dios a quien obedecemos en nuestros superiores, ya que todo poder viene de ?l. Dios es la fuente y el origen de toda autoridad. Jes?s se lo dijo a Pilatos: ?No tendr?as sobre M? ning?n poder, si no te hubiera sido dado desde lo alto; por eso quien me entreg? a ti, tiene mayor pecado? (S. Juan XIX, 11) De ah? que, en la cadena de mando, los sumos sacerdotes tuvieran mayor pecado ante Dios que Pilatos. Desde ah? que el ejercer el poder y la autoridad negando este concepto y el fundar la autoridad s?lo en mandar arbitrariamente deriva en autoritarismo, que es pretender la sumisi?n total y absoluta de los otros sin responder nosotros ante Dios.

Err?neamente se asocia el mando como algo ?apetecible?, que todos ambicionamos, el hecho de poder mandar sobre otros cuando, al contrario, ejercer esta responsabilidad en todos los ?mbitos es una pesada carga de la cual habremos de rendir cuentas el d?a del Juicio. De ah? que el ejercicio del mando tenga que asociarse con una ?Carga? a cumplir en esta vida y a responder de su ejercicio en la otra, en la vida eterna. Ya dijimos que lo que existen en primer lugar son obligaciones, responsabilidades y deberes (el tener que hacer lo que debo y no lo que quiero). Es para cumplir con mis obligaciones que surgen mis derechos. Mis derechos son como el espacio necesario para que yo pueda cumplir con mis deberes que est?n en primer lugar. Dios le da en principio a la familia, la c?lula b?sica de la sociedad, una misi?n, un deber, una meta a alcanzar: traer hijos a la vida y conducirlos lo m?s cerca posible a lo que El espera de ellos en esta vida para alcanzar su salvaci?n eterna.

Primero existen por lo tanto para los padres los deberes, las obligaciones, las responsabilidades de la misi?n que les ha sido encargada. Pero para cumplir con esta misi?n Dios les da a los padres la autoridad de mando sobre sus hijos. Todo aprendizaje sujeta al que no sabe respecto del que sabe. En todos los ?rdenes. Si los hijos no son ense?ados no podr?n conocer a Dios ni Sus leyes. De ah? la obligaci?n de los padres de educar y la de los hijos de aprender obedeciendo como Nuestro Se?or, Quien, a?n siendo Dios, obedec?a a sus padres y les ?estaba sujeto? Despu?s constataremos que en todos los ?mbitos no se aprende si primero no se aprende a obedecer.
Puede ocurrir que los padres tengan que establecer l?mites en un determinado momento y no por ello ser? autoritario, sino que estar?n haciendo lo que deben. Quienes comparten el mando, en este caso, los padres, a su vez, no deben desautorizarse entre s? enfrente a los hijos que est?n llamados a obedecer. En primer lugar, por respeto a la misi?n encomendada y compartida, y en segundo lugar por el respeto que se deben entre s?. Adem?s porque el medio adecuado para educar a un hijo implica ?mostrar un frente cerrado?, un acuerdo profundo entre los padres, y no contradicciones y fisuras, que debilitan la orden dada por cualquiera de los dos.

En el caso del 4to mandamiento que manda ?Honrar padre y madre?, no condiciona a que ?stos sean buenos o los mejores. Aunque sean muy imperfectos, se falta al cuarto mandamiento si no lo hacemos. Si los padres no cumplen con sus hijos, si los abandonan, si no los cuidan, si se emborrachan o tienen vicios, esos ser?n pecados de ellos de los cuales tendr?n que responder ante Dios el d?a del Juicio. En ese caso se degradan a s? mismos y pierden autoridad ante sus hijos, pero no nos liberan a nosotros los hijos de obedecerles y de cumplir con lo mandado en el 4to mandamiento. Para estos casos dif?ciles y dolorosos hay que acudir al consejo de los buenos sacerdotes y de las personas sabias y experimentadas quienes nos orientar?n en c?mo manejar las distintas situaciones.

La obediencia obliga a los hijos para con sus padres, a las mujeres para con sus maridos, a los alumnos para con sus maestros y profesores, a los empleados para con sus jefes, a los soldados para con sus superiores, a los ciudadanos para con sus gobernantes, a los sacerdotes para con los obispos, y a los obispos para con el Papa. Y al Papa para con Dios (a Quien representa) porque ni a?n el Papa puede hacer lo que tiene ganas. Mejor dicho, el Papa menos que nadie, ya que representa a Dios sobre la tierra y tiene una misi?n sobrenatural bien pesada de cumplir.

Lo ideal es llegar a obedecer por amor. Obedecer a los padres y superiores porque los amamos, les queremos hacer el gusto y confiamos en que saben m?s que nosotros. Esa ser?a la raz?n por la cual un ni?o cruza una enorme avenida tranquilamente y sin mirar porque va fuertemente agarrado de la mano de su padre, o comer? lo que su madre le sirva sin temer que le haga mal. Porque conf?a que, quienes est?n a su cuidado y lo aman saben protegerlo. Cuando una madre le dice a su hijo que deje el cuchillo no est? ?atentando contra su libertad? sino que lo est? defendiendo del peligro que ?l (como ni?o) no ve, pero ella (que sabe m?s) conoce. As? constatamos que, el que no sabe est? sujeto al que sabe, al menos hasta que aprenda.

Tambi?n puede pasar que el que ocupa el lugar de mando lo ejerza de manera inadecuada, err?nea y/ o abusiva, ya sea en el hogar, en el trabajo, en un colegio, organismo del Estado o instituci?n. Por ejemplo en un hogar en donde ambos padres trabajan afuera debiera compartirse el trabajo de adentro. Si el var?n no hace m?s que dar ?rdenes y pretender solamente que obedezcan sus ?rdenes y s?lo ser servido desde que llega, no estar? ejerciendo la autoridad de una manera noble sino que estar? abusando de ella. Si en la oficina el jefe es autoritario, injusto, llega siempre tarde y no hace pr?cticamente nada porque se escuda en su cargo, tampoco estar? ejerciendo su autoridad debidamente, porque el ejercicio de la autoridad deber?a ser ejemplar. El que no da ejemplo se desautoriza solo.

Pero a un nivel de vida cotidiana, este cumplimiento de las ?rdenes dadas por quien tiene leg?tima autoridad para darlas, genera paz individual, familiar y social porque es descanso saber que uno est? cumpliendo, en el fondo con la voluntad de Dios. Es un descanso saber que la responsabilidad es ?del otro?. Es un principio del orden, el superior mandando y el s?bdito obedeciendo. El resultado es paz y libertad, porque nada esclaviza tanto a la persona como el apego a la propia voluntad. Modelo de obediencia fue, entre otros, una Santa Teresita, quien, cuando sent?a la campana, dejaba la palabra a?n a medio escribir y acud?a a donde deb?a.

La obediencia ser? correcta siempre y cuando estas ?rdenes no traspasen el campo que les corresponde en donde ser? leg?timo ante Dios desobedecer. La obediencia ciega no es cat?lica, uno no est? exento de responsabilidad si obedece a los hombres antes que a Dios. A los padres que obligan a sus hijos a estudiar una carrera que va en contra de su natural vocaci?n, que les impiden seguir su vocaci?n religiosa. A los directores de un hospital que coaccionan a los m?dicos y enfermeras a practicar un aborto o una eutanasia es l?cito desobedecerles porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Sirva como uno de los ejemplos m?s gloriosos en nombre de la libertad y la soberan?a de la recta conciencia contra las leyes civiles injustas el de Santo Tom?s Moro, Canciller de Inglaterra. Fue decapitado en 1535 por Enrique VIII al no querer firmar el Acta de Supremac?a que reconoc?a al rey como cabeza de la Iglesia, lo que pon?a en juego su alma. Sus ?ltimas palabras fueron: ?Muero como buen s?bdito del rey, pero antes, de Dios?.

La familia es, a su vez, una instituci?n natural con un orden jer?rquico funcional que exige una cabeza. La funci?n exige una cabeza. Porque el matrimonio hace de la uni?n entre el var?n y la mujer una nueva realidad, ?una sola carne?. Y en el orden natural todo cuerpo lleva una cabeza y no dos. Por eso decimos que es ?funcional?, para funcionar como uno solo. Lo vemos en la Sagrada Familia. San Jos? no era ni el m?s importante ni el m?s santo, pero su jerarqu?a de cabeza de familia fue siempre respetada y el ?ngel se dirige a ?l, y no a la Sant?sima Virgen para decirle que deb?a huir a Egipto. La obediencia de la Sant?sima Virgen a San Jos?, a su vez, restablece la nobleza de la condici?n de la mujer.

La revoluci?n anticristiana, en esta fase final, para destruir a la familia ha puesto su objetivo subversivo en la mujer, quien estaba, desde el G?nesis, subordinada al var?n, creada por Dios como su ?ayuda y compa?era, guardiana de la vida f?sica y espiritual.

Al var?n, a su vez, Dios le hab?a mandado custodiarla, cuidarla, protegerla y sostenerla, para que ?sta, a su vez, defendiera la vida. El cristianismo liber? a la mujer de la esclavitud a la que estaba sometida desde el principio de los tiempos. Desde el fondo de la historia la condici?n de la mujer era la esclavitud. Se la trataba como una cosa. Ten?a muy poco espacio. Estaba para el placer del hombre y limitada al ?mbito del hogar como sucede hoy en d?a en gran parte del mundo o en todo el mundo isl?mico en donde el cristianismo no ha llegado y no ha modificado las costumbres. En el mundo griego y romano, si bien se les daban consideraciones de respeto en el orden social, no se le confiaba la educaci?n de los hijos. Para el cristianismo, la mujer es capaz de ser la madre de Dios, es el signo de la fidelidad al Verbo Encarnado, al seguimiento de Cristo Hombre a Quien no dejaron nunca solo ni en la Pasi?n. Es a las mujeres a quienes el Se?or Resucitado las distingue con las primeras apariciones antes que a sus Ap?stoles.

Y en la cristiandad no s?lo va ser venerada la Virgen Sant?sima sino que la mujer ser? honrada con honores por el s?lo hecho de serlo. Ella es reconocida como la mediadora natural, la que tiene la misi?n de hacer la Verdad dulce tierna y accesible, entendible. La que hace las costumbres, la que civiliza. La presencia de la mujer femenina en la sociedad siempre fue un l?mite para la rusticidad del var?n, que no est? mal que sea r?stico ?entre varones?.
Existen cantidad de documentos que prueban la vastedad de la cultura de la mujer durante los siglos V al XII. Es inmensa la cantidad de cartas y documentos manuscritos por la mujer culta. La mujer aldeana era propietaria de sus bienes, capaz ante la ley para administrarlos. Es en los siglos XVIII y XIX del liberalismo y romanticismo donde se excluye a la mujer de la vida p?blica y se limita su espacio s?lo al hogar y a la casa. El mundo liberal y burgu?s no quiere la presencia del ?coraz?n de la sociedad?, que es la mujer, mediadora natural y defensora de todo lo que es peque?o y reclama atenci?n. Su presencia es un reproche en conciencia ante sus abusos.

La mujer es la portadora de la vida, es la que es capaz de engendrar las generaciones futuras. Por la educaci?n engarza una generaci?n con otra porque ense?a a venerar ?las canas? de los abuelos. Ella es la que une, la que liga, es la portadora del s?mbolo religioso, ?re-ligio? (reunir la creatura con el Creador a trav?s de la educaci?n) la que transmite la religi?n en la familia porque no s?lo concibe un hijo sino que est? llamada a transmitirle el sentido profundo de su vida, su raz?n de ser. Y para eso tiene que tener las respuestas. Es la que trasmite el sentido del amor a la tierra. La mujer es la que ?arraiga? al var?n, el que la hace ?echar ra?ces? para establecer el ?hogar? donde criar a los hijos que ella le da, si no naturalmente el var?n tiende a dar vueltas de un lugar a otro.

Aquellas a las que Dios no les da hijos biol?gicos est?n igualmente llamadas a proyectar su ?se madres? en la educaci?n y maternidad espiritual (maestras, profesoras, enfermeras y todo el voluntariado de organizaciones que se cuentan por miles de mujeres que se dedican a auxiliar los grupos sociales necesitados y marginados). Porque ella tiene un natural sentido de justicia y no le es indiferente la necesidad del otro.

El diablo, que odia la vida, sabia donde apuntaba, y ha logrado que el com?n de las mujeres no quiera tener hijos ni sientan que tener un hijo o desarrollar su maternidad espiritual sea lo m?s grande que puedan hacer en la vida. Porque ser una brillante m?dica, abogada, o cient?fica no nos realiza como mujer, o no le agrega nada a nuestro ?ser mujer?. Nuestro mundo es seco y violento por la ausencia de la maternidad espiritual, por la ausencia de la mujer en el orden social ocup?ndose del otro. Hoy la mujer (que no es femenina) est? ?en todos lados? pero ocupada de s? misma, realiz?ndose ?a lo var?n?, porque es lo que la revoluci?n nos impuso. Hoy, al inicio del siglo XXI, en lugar de restaurar las heridas cometidas por errores pasados, la revoluci?n impuso venderle a la mujer la idea de que (por los abusos reales del poder masculino) deb? rebelarse contra el var?n, dando un portazo al hogar. Ser aut?noma, independiente, autosuficiente, manejando libremente su propio cuerpo a trav?s de la liberaci?n sexual e incluso tener el manejo de la reproducci?n. Venderle que la maternidad era lo peor que le pod?a pasar. Como siglos atr?s en el Para?so, Sat?n le susurr? al o?do que hasta podr?a elegir si quisiese un var?n para engendrar un hijo. Si no, lo har?a comprando el semen y llev?ndolo a una fr?a y esterilizada probeta de laboratorio. Cabe preguntarse: ?Por qu? la revoluci?n le vende todo esto a la mujer y la mujer se lo ?compra??

Porque la revoluci?n primero logr? que todo lo que es propio de la naturaleza femenina: la virginidad (como s?mbolo de la pureza), la maternidad (como la que es capaz de engendrar la vida y alimentarla luego), la esposa (como s?mbolo de la entrega incondicional y de la fidelidad), la educaci?n de los hijos ( y por ende la de los usos y las costumbres de la sociedad es decir la maternidad espiritual), la presencia en el hogar (que era el mejor lugar para refugiarse despu?s de la jornada), todo esto se ha socialmente desprestigiado, des jerarquizado y despreciado...

Por todo lo cual es l?gica y entendible la reacci?n en contra de la mujer en una sociedad en donde no tiene lugar su femineidad. Por lo contrario la revoluci?n despu?s le impone la inserci?n en la sociedad al exclusivo ?modo masculino? (ejecutivo, empresario, profesional siempre exitoso). Le presenta la fama, el poder como un logro. Puede y est? demostrado que puede hacerlo, y muy bien, pero no por eso se ?realiza? como mujer.

Nadie duda que la mujer tenga la capacidad m?s que suficiente para ser una excelente arquitecta, m?dica, o para desarrollar una brillante carrera cient?fica. S?lo que el tr?gico final de tanta autonom?a e independencia de la mujer es una pendiente que termina yendo en contra del orden natural. Y como dijo Jean Marie Vaissi?re ?desde que las mujeres hacen lo que los hombres hac?an... ya nadie hace lo que s?lo ellas sab?an hacer, y se ve la educaci?n de los hombres corromper?...

La autonom?a femenina que parece a veces ser tan inofensiva, puede comenzar con el desorden de salir a bailar entre ?mis? amigas por la noche, seguir por decidir ir a estudiar ingl?s a Londres y a mi novio ni le consulto porque es ?mi? vida, son ?mis? planes y ?mis? proyectos y... y con el paso de los a?os la secuencia puede terminar en ... ?me hice un aborto sin consultarle a mi marido porque es ?mi? cuerpo, ?yo? decido y este tercer hijo ?yo? no lo quer?a?...

Y este derrumbe en contra de lo mandado por Dios es lo que puede llevar a un hombre a quebrarse ante un sacerdote y decirle: ?Padre, mi mujer acaba de matar a nuestro tercer hijo sin consultarme porque decidi? que era ?su? cuerpo y pod?a decidir por ?l. Mi mujer mat? a mi tercer hijo tercer hijo manteni?ndome al margen de su decisi?n... Es tal el rechazo que me genera que ya no puedo ni ponerle una mano encima?...

La ideolog?a del ?feminismo de g?nero? (que propone negar el sexo que nos es impuesto por la naturaleza) se presenta como una ?defensa de la mujer?, pero lo que busca en realidad es la transformaci?n de toda la sociedad edificada sobre el orden natural y los 10 Mandamientos. Para eso hay que desquiciar a la mujer a quien Dios le orden? la custodia de la vida f?sica y espiritual.

Al var?n a su vez le fue mandado por Dios amar ?virilmente? y ?varonilmente? a la mujer, cuidarla, protegerla y sostenerla con ?fuerza?, con fortaleza, con se?or?o, como Cristo am? a su Iglesia (que se dej? matar por ella), para contrarrestar su natural ego?smo. Le fue mandado por Dios amarla como a s? mismo, porque le resulta naturalmente dif?cil al var?n amar a otro m?s que a s? mismo. Por eso la f?rmula del matrimonio le pide al var?n que ame (que es lo que m?s le cuesta) y a la mujer que obedezca (que es lo que m?s le cuesta) porque amar... la mujer sabe... Est? hecha para amar. Es natural en ella. Lo que hoy vivimos es todo antinatural.

Porque al mismo var?n muchas veces tampoco le queda espacio, si quiere, para desplegar su masculinidad. ? A qui?n va salir a ?conquistar? y a ?proteger??. .Si en general la mujer va ?al frente? y no le deja ni tener la gentileza de abrirle una puerta sin burlarse, ni pagarle un caf? para mantener su autonom?a e independencia.

En ambos casos es el fruto de a?os de revoluci?n en contra de la naturaleza humana. Este desorden este enfrentamiento dial?ctico, ya es un logro de la revoluci?n. No queda otra que tratar de entenderlo y enfrentarlo. Algunas cosas tendremos que postergar por el ritmo de vida que se nos ha impuesto, pero sepamos el valor de lo que postergamos.

En cuanto a la autoridad ejercida por el poder pol?tico en la sociedad la Iglesia ense?a que lo que hace leg?tima esta autoridad a los ojos de Dios es el objetivo de generar el Bien Com?n (que es el mayor bien de todos y no de algunos) como por ej: la justicia, generando un orden p?blico justo seg?n Dios lo ha establecido a trav?s de Sus leyes. Dicho en otras palabras, para Dios, la ?nica ?raz?n de ser? del poder pol?tico es la de generar el Bien Com?n seg?n las leyes que El ha establecido. Por eso la Iglesia siempre ense?? que las leyes, para ser leg?timas a los ojos de Dios, no deben contradecir a las divinas, y deben permitir el progreso moral de todas las personas, generando las condiciones necesarias para la salvaci?n de las almas.

No se trata de hacer lo que m?s nos conviene o m?s nos gusta para ganar las elecciones o un puesto determinado de gobierno, sino de obedecer a Dios quien sentenci? ?Dad al C?sar lo que es del C?sar y a Dios lo que es de Dios?. (Mat.XXII, 21). Y esta es la doctrina de la Iglesia sobre los poderes, en donde el poder espiritual (el poder de Dios) debe ser superior al temporal (el de los hombres). En el caso actual de los programas de educaci?n sexual integral obligatorios en los colegios sabemos por experiencia de lo que ha sucedido y sucede en el resto del mundo y por el temario, que lo que se ense?ar? ir? en contra la ley divina. Ya no se educar? a los j?venes para la castidad y el dominio de s? hasta el matrimonio (como lo manda la ley de Dios) sino para tener relaciones sexuales hasta el hartazgo con toda la informaci?n de una bater?a de anticonceptivos para hacerlo. En el caso de que se produzcan embarazos, ah? estar?n en un futuro cercano las leyes listas para asesinar dentro del vientre materno o la distribuci?n gratuita de la p?ldora del ?d?a despu?s?.

Los conocimientos que debieran adquirir (pero tampoco adquieren) los alumnos sobre las distintas materias escolares debieran ser en el futuro para el bien del pa?s, pero las almas de los mismos alumnos pertenecen a Dios, Quien los compr? con su Sangre. Sobre ellas los gobernantes enemigos de Dios no tienen ning?n derecho. Es por eso que envenen?ndolas, corrompi?ndolas e impidi?ndoles conocer la libertad que otorga el vivir en la virtud se avasallan sus derechos divinos. Y es por eso que los padres tenemos el derecho natural y el deber de reaccionar, defenderlos y llegar hasta la desobediencia civil si fuese necesario.

Tan importante es la obediencia y tanto orden genera en el interior de la persona que la revoluci?n anticristiana, en su af?n de subvertir todo (el orden individual, familiar, social y pol?tico) ha puesto sus ca?ones para destruir la virtud que permiti? la Redenci?n del g?nero humano. La obediencia es el camino que eligi? Cristo para redimirnos. ?l infinitamente sabio, eligi? obedecer.

La desobediencia de Luzbel hab?a comenzado la batalla inicial contra Dios. La desobediencia de Ad?n y Eva dio origen al pecado original y la obediencia de Nuestro Se?or hasta la cruz, restableci? el orden... A nosotros nos tocar? colaborar en reponer este orden como Dios quiso que fuese, obedeciendo con convencimiento (porque sabremos que estamos cumpliendo con la voluntad de Dios) por amor a ?l (mortificando nuestra voluntad propia con prontitud porque a Cristo no se lo tiene esperando) con alegr?a (adivinando los deseos de nuestros padres y superiores y adelant?ndonos a ellos) con humildad (como si se tratara de la cosa m?s natural del mundo y experimentando que es descansado) con virilidad (con un coraz?n grande y con la energ?a a veces hasta de un h?roe y la fortaleza de un m?rtir) y con perseverancia (siempre, con salud o enfermedad, con ?nimo o sin ?l).

Notas
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. A. Royo Mar?n. P?g.578 Ed BAC



Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)

En relaci?n al Orden

1. ?Por qu? esta virtud es un principio de orden natural que colabora al bien de todos?
2. Para poder actuar de un modo ordenado hace falta cierta estructura mental ordenada que se reflejar? en todos los aspectos de nuestras vidas. Menciona estos aspectos o campos y explica brevemente cada uno de ellos...
3. ?C?mo vives t? concretamente el orden en los campos antes explicados?
4. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En Relaci?n a la Obediencia

1. ?Qu? es la autoridad? ?Qu? autoridad tienes y c?mo la vives?
2. ?Por qu? tenemos que obedecer?
3. ?Cu?ndo ser? correcto obedecer?
4. ?Por qu? y de qu? manera la revoluci?n anticristiana para destruir la familia atac? la subordinaci?n, querida por Dios, de la mujer al var?n?
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?



Para reflexi?n personal

En relaci?n al Orden

1. ?Soy amante de la sencillez? ?O tiendo a la complicaci?n?
2. ?Me gusta ser ordenado en mis cosas? ?A?n no he logrado mi descuido y mi incuria?
3. ?Tengo el sentido del orden interior? ?Jerarquizando los valores, he puesto a Dios como principio y eje de mi existencia? ?Mi vida espiritual, mi trabajo se rigen en principios claves? ?O estoy a merced del sentimentalismo?
4. ?Estoy acostumbrado a ser ordenado en mis cosas externas? ?Qu? me mueve a ello, la pobreza, el amor e imitaci?n de Cristo, la abnegaci?n, la vanidad?
5. ?Me esfuerzo por esquematizar mis ideas? ?Dejo las cosas de un d?a para otro? ?cambio constantemente mis horarios deliberadamente? ?tengo esp?ritu de previsi?n o vivo seg?n lo que salga al momento?

En Relaci?n a la Obediencia

1. ?Creo que la obediencia destruye mi personalidad? ?La veo como medio para identificarme con Cristo? ?Es sobrenatural, unida a la de Cristo o solo a la m?a?
2. ?Considero los mandamientos de Dios como un camino hacia mi realizaci?n? ?C?mo una manifestaci?n del amor delicado de Dios que busca protegerme de las tendencias negativas de mi naturaleza? ?Con este mismo esp?ritu considero las disposiciones y leyes de la Iglesia?
3. ?Veo en el cumplimiento de mis deberes de estado la manifestaci?n precisa de la voluntad de Dios sobre m??
4. ?Me parece imposible prescindir de mi propio juicio? Cuando obedezco ?c?mo obedezco? ?me someto a una disciplina porque no puedo hacer otra cosa? ?Obedezco seg?n me parece?
5. ?Cu?ndo se me trata con energ?a, cuando no se me toma en cuenta, cuando me disgusta lo que se me pide, ?S? ofrecer a Dios una vivencia real de mi compromiso como cat?lico de obediencia?
6. ?Cuestiono la obediencia al Papa y a los obispos en comuni?n con ?l? ?O ?sta da firmeza y seguridad a mi vida?
7. ?Ense?o a mis hijos a vivir la obediencia? ?Qu? medios utilizo?
8. ?Procuro siempre las leyes y disposiciones leg?timas de la autoridad civil? ?Soy un ciudadano ejemplar por un profundo sentido de obediencia a Dios?


Publicado por mario.web @ 9:50
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