Martes, 24 de mayo de 2011

El Patriotismo

La virtud del patriotismo es la que ?reconoce lo que la Patria le ha dado y le da. Le tributa el honor y el servicio debidos, reforzando y defendiendo el conjunto de valores que representa, teniendo a la vez por suyos los afanes nobles de todos los pa?ses?. (1)
Dicho en otras palabras, el Patriotismo es el amor a la Patria, que es la tierra de nuestros padres.

Santo Tom?s la coloca dentro de la virtud de la virtud de la Piedad, la pietas, virtud que regula nuestros deberes de reverencia y honor para con los padres y la Patria en el cuarto mandamiento: ?Honra a tu padre y a tu madre, como el Se?or, tu Dios, te lo ha mandado, para que tengas una larga vida y seas feliz en la tierra que el Se?or, tu Dios, te da.? (Det 5,16).

Esta noble virtud de la piedad nos hace deudores de ambos y depende de la justicia, que es el ?dar a cada uno lo que es debido?. El orden por lo tanto es: justicia, piedad, patriotismo. O, dicho de otra manera, la justicia es como la ?abuela? del patriotismo, porque tanto la Patria como los padres tienen derecho a ser queridos y honrados por sus hijos, ya que despu?s de Dios es a ellos a quienes m?s le debemos y de quienes m?s hemos recibido.

Dios, Patria y Padres conforman la paternidad total. Este amor y reverencia que ellos nos generan es lo propio de toda alma noble y bien nacida. El patriotismo es una de las virtudes m?s atacadas hoy en d?a, aun desde los ?mbitos del gobierno, y si se habla de ?l es para ridiculizarlo. La palabra ?patria? proviene de ?pater? (padrea). Al hablar de Patria estamos hablando de una herencia que hemos recibido, mientras que la ?Naci?n? se refiere al futuro. Si la Patria es una herencia, la Naci?n es una misi?n a realizar. Pasado y futuro son los conceptos de Patria y Naci?n. La Patria no s?lo son los s?mbolos patrios, la Bandera, la Escarapela o el Himno Nacional. Estos la representan, pero ellos solos no son la Patria. Tampoco es solamente un territorio hasta las fronteras f?sicas. La Patria tiene un cuerpo, pero tambi?n tiene un alma.

Patria f?sica es el territorio. Aunque nos vayamos lejos, siempre llevaremos dentro de nosotros la imagen de una determinada geograf?a, de un territorio donde habremos crecido y donde nos habremos arraigado como lo hace el ?rbol a la tierra para echar sus ra?ces y poder desarrollarse, crecer y dar frutos. De ah? que lo primero que la Patria exige sea un territorio en donde enraizarnos. La idea nace en el G?nesis: ?Tom? pues, Jahv? Dios al hombre y lo llevo al jard?n del Ed?n para que lo labrara y lo cuidase?. (Gen II 15).

Para el hombre antiguo y cl?sico, la Patria era algo muy concreto, muy real. Para Cicer?n, la Patria era ?el lugar donde se ha nacido?. Para los griegos, la Patria se asentaba en una tierra determinada. Los romanos hablaban de ?la terra patrum?, la tierra de los padres, y se sent?an inseparablemente ligados a la tierra de sus antepasados. Cuando R?mulo fund? Roma llev? consigo tierra de su patria natal y de sus dioses. De ah? nace el concepto de ?extranjero?, el que no pertenece a la tierra patria y de ah? que, durante siglos, el destierro fuera el peor castigo que se pod?a dar a un hombre despu?s de la muerte Pero la Patria es adem?s una casa, un hogar. Como lo describe el P. Alberto Ezcurra: ?Cuando pensamos en la Patria, en el territorio f?sico de la Patria como en la casa de nuestra familia grande, podemos pensar m?s bien en aquella casa solariega, en aquella casa en la cual la familia se aquerenciaba y ten?a historia en sus paredes, en sus ?rboles, en sus muebles; en aquella casa que hab?a sido habitada durante generaciones, en la cual se arraigaba de una manera profunda el coraz?n de una familia?. (2)

La Patria espiritual es el patrimonio cultural, una asociaci?n espiritual unida por los mismos lazos, hist?ricos, culturales, religiosos, nacionales. Son los argentinos que viven en ese territorio, m?s los que lo han labrado y trabajado. Los presentes que con su esfuerzo diario la sostienen de pie y la llevan adelante. Los que han honrado y han muerto por esa tierra, por esa cultura y esas tradiciones. Los que alg?n d?a vendr?n a trabajar y luchar pero todav?a no han nacido m?s los que vendr?n despu?s, en un futuro, pero que tambi?n tiene derecho a recibirla en su integridad y no cercenada porque pas? por nuestras manos. Todo este c?mulo cultural de principios y valores a defender es la Patria espiritual.

Como bien lo describe Jean Ousset: ?Recibimos por as? decirlo, a granel, el capital material, la herencia espiritual, intelectual y moral que nos han dejado nuestros abuelos. Ese capital, esa herencia constituye la patria... Esa unidad humana durable que es la naci?n, esta continuidad en el tiempo de las generaciones pasadas, presentes y futuras, s?lo puede hacerse sobre los valores, que por ser verdaderos y eternos son tambi?n los que aseguran vida y duraci?n a las sociedades fundadas sobre ellos?. (3) La lengua es la expresi?n m?s notoria de este patrimonio cultural y probablemente la lengua patria el mejor medio para transmitir la cultura y el legado cultural que se hereda de los antepasados. La revoluci?n anticristiana, en su intento de destruir nuestra cultura, ha dado el golpe mortal sobre el lenguaje escrito (y por ende hablado) en la educaci?n, justamente para romper este eslab?n de transmisi?n de la cultura de una generaci?n a otra.

La juventud actual no conoce su idioma, no tiene vocabulario y esto le impide comunicarse. Se expresa s?lo con monos?labas y de una manera totalmente rudimentaria. Este conocimiento tan primario del lenguaje los condicionar? a una manera primaria de pensar porque ya no podr?n manifestar ni sus ideas ni sus pensamientos. En el orden del embrutecimiento de la persona y de la destrucci?n de la cultura este es un puntal clave, porque los j?venes captar?n m?s de lo que ser?n capaces de expresar y las palabras no les alcanzar?n para dar a entender sus ideas y sentimientos, lo que les generar? una enorme frustraci?n espiritual y psicol?gica.

No es igual poder expresar que uno est? triste con todos los matices que ello conlleva a decir que a uno le da ?cosa?. No es lo mismo expresar que uno tiene temor ante la muerte y el propio juicio, con todos los matices de la lengua, que decir que uno tiene ?cuiqui? No es lo mismo decir que algo nos da verg?enza que decir que nos da ?cosa?. Los llevan adrede a manejarse con s?lo 200 palabras del idioma y a desconocer la belleza de los matices que encierra nuestra lengua de m?s de 10.000 vocablos. Podemos decir, adem?s, que nuestra familia y todas las familias que viven en esta tierra conforman la Patria grande.

Hemos visto que a ?la Patria no se la elige sino que se la honra. Cu?n equivocado estuvo Rousseau al decir que la Patria es un ?contrato social?. No somos miembros de la Patria por un contrato colectivo. La Patria no es comparable a un partido pol?tico o a un club deportivo, a los cuales podemos afiliarnos o de los que podemos retirarnos libremente. No es as? la Patria, un contrato que se puede romper, un contrato rescindible. La Patria me viene con el nacimiento, previamente a toda elecci?n m?a voluntaria. Es, pues, una mentira del liberalismo, la del contrato social, pero tambi?n lo es del marxismo, con sus ?proletarios del mundo un?os?, tan ap?trida como aquel. La Patria es una realidad anterior y superior a las clases sociales. Puedo cambiar de clase, pero no de Patria?. (4) La revoluci?n cultural ha impuesto para combatirla el llamado ?ciudadano del mundo?, concepto creado por el nuevo orden mundial para que la persona no se sienta que pertenece a ninguna Patria en especial y sientan menos violencia cuando ellos se la quitan.

Cuanto m?s profundas sean las ra?ces, m?s recursos tendr? la planta para sobrevivir. De la misma manera, cuantas m?s ra?ces tenga una persona, mejor podr? resistir los embates de los enemigos de su cultura, como ya hemos especificado en una an?cdota muy ilustrativa en otro cap?tulo. De ah? que sea urgente educar a los j?venes en el amor trascendente de la Patria, para que sepan anteponer el bien nacional a sus intereses personales, particulares o sectoriales. Ya Arist?teles en su libro sobre Pol?tica explica que las virtudes pol?ticas no se improvisan (como nada de lo que requiere aprendizaje e informaci?n) y as? es indispensable que la autoridad p?blica procure adiestrar a los ni?os para su futura actuaci?n ciudadana. Santo Tom?s, comentando la doctrina aristot?lica, tambi?n afirma la necesidad de un plan educativo com?n a todos los j?venes para que la formaci?n pol?tica en la sociedad sea homog?nea. No es que desautorice el lugar prioritario de los padres en la educaci?n, sino reforzar la idea de que la educaci?n p?blica y com?n debe estar enriquecida por las virtudes patri?ticas relacionadas con el Bien Com?n. Si bien es cierto que los padres son los primeros educadores, los gobernantes debieran tener al menos la actitud paternal en orden a los ciudadanos por ellos gobernados. De ah? resultar? que un buen cat?lico ser? siempre el mejor ciudadano, sometido a la autoridad civil leg?tima constituida en cualquier forma de gobierno. De ah? concluimos que la educaci?n, ya sea p?blica como privada, no puede desinteresarse de la formaci?n del esp?ritu patri?tico que genera el Bien Com?n. La revoluci?n anticristiana ha penetrado en la educaci?n y socavado estos valores que estaban en la m?dula de los j?venes argentinos, para lograr sus fines de dominaci?n sobre las personas.

El cristiano debe amar la Patria por dos motivos:

Por la virtud cristiana de la piedad, que est? impl?cita en el 4to mandamiento y nos manda honrar, venerar y respetar a los padres y a la Patria, es decir, a aquellos de quienes recibimos la vida, los alimentos, la educaci?n, la lengua, la raza, la fe y toda nuestra cultura. El amarla no es una opci?n, sino un mandato del cielo. Despu?s del apostolado de trabajar por la salvaci?n eterna de los hombres, el trabajar por el Bien Com?n de la Patria es el m?s alto ejercicio de caridad que une los dos amores: Dios y el pr?jimo.

Solamente el cristianismo lleva al patriotismo a su plenitud, ya que quien no ve en la defensa de la Patria los valores trascendentes y se reconoce peregrino en esta tierra, corre el peligro de caer en un nacionalismo pagano (agarrado solamente al suelo como si fuese la Patria definitiva) abierto a desviaciones. El P. Castellani lo expres? de esta manera:

Amar a la Patria es el amor primero
Y es el postrero amor despu?s de Dios
Y si es crucificado y verdadero
Ya son un solo amor, ya no son dos.
Y San Agust?n:
Ama siempre a tus pr?jimos,
Y m?s que a tus pr?jimos, a tus padres,
Y m?s que a tus padres, a tu Patria,
Y m?s que a tu Patria, ama a Dios.

El amor a la Patria es el punto de equilibrio entre el amor a nuestra familia, a los nuestros y el amor a la humanidad. No se puede amar ni respetar a otras Patrias si no se ha aprendido a amar la propia primero. Hay quienes se preocupan por los problemas de la humanidad, del hambre de otros pa?ses, pero son incapaces de amar el lugar en donde Dios ha querido que nacieran. No hay amor verdadero de lo an?nimo y, mientras m?s se ama lo an?nimo, menos se ama a los hombres en concreto, y esto sirve para las personas y sirve tambi?n para las patrias. El patriotismo no es al?rgico a la integraci?n con otras naciones, lo que le rechaza es el diluirse en un cosmopolitismo vago y desencarnado. Esta integraci?n nosotros los argentinos la podemos so?ar con los pa?ses hispanoamericanos, con quienes tenemos las mismas ra?ces grecolatinas ib?ricas cat?licas. Aquella unidad en la diversidad, propia de las patrias cristianas europeas que fue la Cristiandad (hoy en plena decadencia y apostas?a) ha dejado sus hijos en Hispanoam?rica tal vez con una misi?n que la Providencia quiera asignarnos de reconstrucci?n...

?Es in?til so?ar. Uno podr?a decir: ?C?mo me hubiese gustado nacer en tal pa?s, vivir en tal siglo, en tal lugar de la historia con tales obispos, con tales gobernantes! Pero este es nuestro tiempo, este es nuestro lugar, el querido por Dios. Lo que debemos amar (dig?moslo siguiendo el verbo del P. Escurra) es esta Patria nuestra que naci? cristiana, que amaneci? como un sue?o en la mente de los Reyes Cat?licos, que surc? el oc?ano en las carabelas de Col?n, que vio desplegar el celo de los misioneros y el coraje de los conquistadores. Es ?sta la Patria que debemos amar, la Patria de nuestros pr?ceres, los aut?nticos, aquellos que cuando sal?an al combate, como San Mart?n y Belgrano, le ofrec?an a la Sant?sima Virgen su bast?n de mando y le dedicaban sus victorias. La Patria de los gauchos, en quienes se encarn? algo del esp?ritu de la Caballer?a, ese esp?ritu generoso y desinteresado, del amigo capaz de tender la mano, capaz de jugarse en las patriadas. Esta es nuestra Patria concreta. Y tambi?n la constituyen aquellos inmigrantes honestos, que vinieron para arraigarse en nuestra tierra y que, con su trabajo, abrieron surcos a fuerza de sacrificios, haciendo vergeles de los p?ramos. Muchas veces sus hijos y nietos fueron m?s patriotas que los nacidos en la tierra. Tambi?n ellos son la patria? (5).

Y ya en un lenguaje m?s actual el P. Ezcurra (haciendo referencia a una an?cdota de su vida) nos cuenta que, estando en Rio Gallegos con motivo de la movilizaci?n por el problema del Beagle, cuando el peligro de la guerra ya hab?a cesado, una noche, cenando en una estancia, le pregunt? al due?o de casa;
- ?D?game, ?usted nunca tuvo miedo? - El viejo se qued? pensando y despu?s dijo:
- Si, una noche tuve miedo. Ac?, cuando uno planta un ?rbol en esta tierra dura y de vientos fuertes, no lo planta para uno, lo planta para los hijos, para los que van a venir. Aquellos ?lamos de all? los plant? mi padre, aquellos cerezos grandes los plant? mi abuelo hace ochenta a?os. Y yo un d?a me puse a pensar: si hay guerra, van a bombardear donde hay ?rboles. Y si destruyen estos ?rboles que plantaron mi padre y mi abuelo, yo que tengo 62 a?os y no tengo hijos, ?Me animar?a a hacerlos crecer de vuelta? Tuve miedo y me qued? dando vueltas en la cama hasta las tres de la ma?ana. Y a las tres de la ma?ana dije: ?Empezar? de nuevo?. Comenta Escurra que jam?s vio un patriotismo expresado de una forma m?s sencilla. Aquel hombre amaba a la tierra porque hab?a sido hecha con el sacrificio de los padres y de los abuelos. No era s?lo un pedazo de tierra. Era su Patria, la tierra de sus padres.? (6)

De ah? que amar a la Patria sea tambi?n un deber de Justicia, al darle ?a cada uno lo suyo, lo que le corresponde, a lo cual tiene derecho?, y la Patria tiene derecho a ser querida y defendida por sus propios hijos, aunque ?stos sean capaces de ver sus miserias. El amor patrio no debe ser ingenuo sino cr?tico. As? am? S?crates a Atenas y Dante a Florencia. Belgrano muri? exclamando ? Hay Patria m?a!? Y Jos? Antonio al referirse a Espa?a dec?a:
?Nosotros no amamos esta ruina, a esta decadencia de nuestra Espa?a f?sica de ahora. Nosotros amamos a la eterna e inconmovible metaf?sica de Espa?a?(7).

Cristo tambi?n amaba a su Patria y llor? pensando en la ruina de Jerusal?n y Juan Pablo II, cuando era todav?a arzobispo en Polonia, se expresaba as? a sus fieles: ?No nos desarraiguemos de nuestro pasado, no dejemos que ?ste nos sea arrancado del alma. Es ?ste el contenido de nuestra identidad de hoy. Queremos que nuestros j?venes conozcan toda la verdad sobre la historia de la naci?n, queremos que la herencia de la cultura polaca, sin desviaci?n de ninguna clase, sea transmitida siempre a las nuevas generaciones de polacos. Una naci?n vive de la verdad sobre s? misma, tiene derecho a la verdad sobre s? misma y, sobre todo, tiene derecho de esperarla de quienes educan... No puede construirse el futuro m?s que sobre este fundamento. No se puede forjar el alma del joven polaco si se lo arranca de este suelo profundo y milenario. Por esta raz?n nosotros, en este lugar, elevamos una oraci?n por el futuro de nuestra Patria, porque nosotros la amamos. Ella es nuestro gran amor. Que nadie se atreva a poner en tela de juicio nuestro amor a la Patria. Que nadie se atreva.? (8)

?Por qu? tenemos que defenderla y por qu? el patriotismo es una virtud?... Porque de la misma manera que si alguien nos tira una trompada a la cara, el brazo instintivamente (como miembro del cuerpo) se levanta a defenderlo (aunque lo quiebren). Nuestra patria amenazada exige la misma reacci?n de sus hijos para defenderla... Si ?sta es una reacci?n instintiva de un cuerpo en el ?mbito natural, mucho m?s lo ser? la Patria que conlleva a?n un cuerpo espiritual. Nuestra querida Argentina hoy est? atacada por invasiones peores que la de los ingleses en el siglo pasado. Hoy, bajo la excusa de la globalizaci?n, sufrimos la invasi?n cultural. Pio XI, en la misma Enc?clica que condeno al comunismo, conden? ?el imperialismo internacional del dinero? que erosiona y presiona contra la soberan?a de las naciones.

?Y c?mo logran nuestros enemigos destruirnos?...?Ante todo, mediante la p?rdida de nuestra soberan?a cultural. Asistimos a una inteligente campa?a de vaciamiento en dicho campo, una aut?ntica invasi?n cultural, sobre todo a trav?s de los medios de comunicaci?n, que van haciendo de nuestros j?venes una masa homologada e informe, sin ideales, sin memoria, sin tradiciones, sin amor a la Patria. Y ello con una m?sica de fondo que, al mismo tiempo que aturde, vac?a de ideas las cabezas. No ser? ya una invasi?n armada. Es una invasi?n pac?fica, silenciosa, pero tremendamente eficaz. Ser? menester enfrentarla consolidando el ser nacional. Porque si un pueblo tiene arraigado su esp?ritu en las ra?ces m?s profundas de la cultura, de la tradici?n, de la propia lengua, ese pueblo nunca ser? dominado, porque el esp?ritu es m?s fuerte que la materia.

Se quiere, asimismo, destruir la familia. Lo est?n haciendo mediante la propagaci?n del divorcio, con la consiguiente burla de la fidelidad hasta la muerte, propia del matrimonio, la pornograf?a, el fomento de la rebeli?n de los hijos en contra de sus padres, el permisivismo de estos ?ltimos, el envenenamiento del alma de los ni?os, la escuela sin Dios... Cuando uno de los llamados ?chicos de la calle? comete un delito, se lo mete en la c?rcel, pero no se mira por qu? ello sucedi?. Ese chico no tuvo familia, no se le inculc? la moral, se le quit? la ense?anza religiosa, no se le explic? el sentido de su vida, de d?nde viene y a d?nde va... Junto con el vaciamiento cultural y la destrucci?n de la familia viene lo m?s grave, el atentado contra la religi?n que nos dio luz. Recordemos que ya hace a?os dec?a el Presidente Roosevelt, refiri?ndose a las Patrias de Ibero Am?rica: ?Creo que ser? larga y dif?cil la absorci?n de estos pa?ses por los Estados Unidos mientras sean pa?ses cat?licos?. La unidad de fe y el esp?ritu del catolicismo constitu?an el principal obst?culo para sus planes de hegemon?a...La tarea destructiva llega principalmente por la ense?anza, sobre todo de la historia. No se ense?a la historia verdadera. Bien saben los pedagogos que los ni?os aprenden sobre todo por el ejemplo... Con facilidad se exaltan pr?ceres equ?vocos, que frecuentemente vivieron de espaldas a la patria, que admiraban todo lo que ven?a de los Estados Unidos, de Inglaterra o de la Francia revolucionaria, de cualquier lado menos de donde hab?amos recibido la fe, la cultura y la lengua, que creyeron que la Independencia de la Madre Patria no fue la separaci?n de un hijo llegado a su madurez, sino el repudio de todo lo que nos vino de Espa?a, incluida la fe cat?lica.

Ha dicho Castellani: ?no es un mal que en la Argentina haya habido traidores y traiciones; el mal est? en hacer estatuas a los traidores y adorar traiciones?... Los santos y los h?roes est?n siendo reemplazados por los ?dolos, los ?dolos de la far?ndula, de la publicidad, de la televisi?n, de la m?sica, del deporte, de las pel?culas. Tales son los ejemplos que se proponen a los j?venes. Frente a esta situaci?n dram?tica de un pa?s que parece abocado a su propia demolici?n por la ruptura con las fuentes de su tradici?n no nos queda, como dice Caturelli, sino reafirmar m?s que nunca el concepto cristiano de la Patria...

El nacionalismo surge y es leg?timo cuando la patria esta envenenada, cuando se la arremete seductoramente desde afuera y tambi?n desde dentro para hacerla cautiva. El imperialismo de hoy, que a eso precisamente tiende, sabe muy bien que a una patria no se la cautiva con las armas simplemente, si antes no se la ha vaciado de contenido, no se la ha desvertebrado, descerebrado. Antes que matar el cuerpo, hay que matar el alma. (9)

Todas las patrias cristianas deben ser defendidas ya que todas ellas conservan una parte de herencia de la Cristiandad. Aunque hubiese un 90% de argentinos que no les importase que nuestra Patria llegase a ser una estrella m?s de alguna bandera extranjera, el 10% restante tendr?a el derecho y el deber moral de defenderla a?n con las armas, como en el Para?so, en donde Dios puso un ?ngel, no con una guitarra el?ctrica... sino con una espada... Rogamos para que la Sant?sima Virgen, quien se empecin? en quedarse con nosotros (y no hubo bueyes que pudieran moverla) se haya vestido con nuestra bandera para liderar esta colosal batalla que nos espera.


Notas
(1) ?La educaci?n de las virtudes humanas?. David Isaacs. Editorial Eunsa. P?g. 443.
( 2) ?Las siete virtudes olvidadas? R.P Alfredo Saenz. Ed. Gladius. Pag.401.
( 3 ) ?Las siete virtudes olvidadas?. R.P Alfredo Saenz. Ed. Gladius. Pag.41
(4) ?Las siete virtudes olvidadas? R.P Alfredo Saenz. Ed. Gladius. Pag.413.
(5) ?Las siete virtudes olvidadas?. R.P Alfredo Saenz. Ed.Gladius.Pag.417
(6) ?Las siete virtudes olvidadas? R.P Alfredo S?enz. Ed. Gladius.Pag.437.
(7) ?Las siete virtudes olvidadas? R.P Alfredo S?enz. Ed.Gladius.Pag.439
(8) ?Las siete virtudes olvidadas?. R.P Alfredo S?enz. Ed.Gladius.Pag.445
(9) ?Las siete virtudes olvidadas? R.P Alfredo S?enz. Ed. Gladius.Pag.460.




La lealtad



La lealtad es una virtud que ?acepta los v?nculos impl?citos en su adhesi?n a otros (amigos, jefes, familiares, patria, instituciones, etc.) de tal modo que refuerza y protege a lo largo del tiempo, el conjunto de valores que representan?. (1)
Dicho en otras palabras, la lealtad es la virtud que nos lleva a mantener los v?nculos y compromisos que hemos contra?do con los dem?s (Dios, Patria, principios, doctrina, superiores, jefes, patrones, afectos, familiares y amigos) y reforzando los valores que hay en ellos.

?Nada hay comparable a un amigo fiel. Su precio es incalculable? nos dice Dios en el Eclesiast?s. (Ec 5, 1). Porque la lealtad es la virtud propia de los hombres de bien, y nos habla de estabilidad emocional, de constancia en los afectos, de responsabilidad en los lazos y compromisos contra?dos, de seriedad en nuestra palabra empe?ada. La lealtad tiene que ver con los procederes. Es racional protegiendo se elige libremente ser leal y se paga el precio por ello. No hay t?rminos medios, o se es leal o se es traidor porque lo opuesto a la lealtad es la traici?n.

La lealtad es diferente al compromiso. Podemos decir que la lealtad es la causa que nos lleva a tomar los compromisos. Una persona es leal cuando protege, apoya y defiende valores que promueve la instituci?n a la que se haya vinculado. La Iglesia, la Armada, el Ej?rcito, una instituci?n, un colegio, un club o una familia. De ah? que, cuando el buen nombre o el honor de una instituci?n a la que se pertenecen y que uno ama es atacado, la obligaci?n moral de quienes la amamos es defenderla. Por supuesto que no es lo mismo referirse a la Iglesia, a la Patria, a un movimiento de parroquia, a un club de deporte o a una agrupaci?n de trabajo. Como en todo hay escalas de respuestas a cada caso. Nadie me pide que de la vida por el club de golf. Pero en el caso de que se tratase de la Iglesia, quienes la integran deben defenderla hasta el martirio f?sico o espiritual. En el caso de las Fuerzas Armadas (que defienden el patrimonio f?sico y cultural de la Naci?n) quienes la integran han jurado ante la bandera defender a la Patria hasta entregar su vida por ella y, si ?sta es amenazada, entonces ser? necesario ofrendarla.

La lealtad es una virtud relacionada con la veracidad. Si lo que defendemos no es ni bueno ni verdadero ya no ser? lealtad, sino complicidad que, adem?s de ser un arma de doble filo, no es virtud sino error e injusticia. En el caso de que surgiere un conflicto con un amigo y nuestro club de siempre, la lealtad nos llevar? a decidir con objetividad (seg?n la importancia de los valores en juego) no caprichosamente, a favor de nuestro amigo o en defensa de nuestro club. La lealtad no implica que un amigo apa?e o sea c?mplice de otro en su falta de responsabilidad en el estudio o en el trabajo, en la droga o en la homosexualidad, para que el padre no se entere. Eso no es lealtad sino grave complicidad, que adem?s implica una grave responsabilidad ante Dios y el pr?jimo. La correcci?n fraterna es el primer deber de la caridad.

Las palaras vincularse o pertenencia son muy importantes para la lealtad. Hay v?nculos expl?citos y evidentes como pertenecer a la misma instituci?n, otros ser?n impl?citos como la familia y no ser? necesario aclararlos. Una persona es leal cuando mantiene un compromiso y se siente que pertenece o est? vinculada a una determinada familia, colegio o club, enfrentando las consecuencias de sus actos para mantenerse fiel a ellos y sin cambiarlos por mejoras superficiales o traicionar lo que se ha propuesto. La verdadera lealtad aflora cuando hay contratiempos, ataques, traiciones, equivocaciones o malas decisiones. Ser? lealtad no irse a jugar al f?tbol caprichosamente por otro club que no sea el nuestro aunque nos convenga m?s porque es un club mejor. No irnos a trabajar con la competencia por una m?nima diferencia que no nos cambiar? la vida. Si me independizo de una empresa y me voy por cuenta propia no ser? lealtad aprovecharme vali?ndome de toda la informaci?n aprendida confidencialmente. La lealtad exige cierta renuncia a una mejora en aras de la fidelidad, de la gratitud, de otros valores que no se miden con el dinero.

Nos vendr?n momentos de dudas y de angustias, de olvidos y traiciones, tal vez hasta de persecuciones y castigos, pero la regla del bien obrar, que es la de la verdad y de la lealtad, tarde o temprano tendr? su recompensa cuando blanqueamos nuestras intenciones. Nuestro Se?or nos lo avala en el Evangelio cuando dice: ?Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber?. (Mat. 24, 45-46).

La m?xima: ?El que avisa no es traidor? tiene cierta rectitud, pero... le falta hidalgu?a Si aviso y comunico que me voy a trabajar a otra empresa porque me han mejorado las condiciones laborales, a jugar en otro equipo que no sea el de mi club por un determinado motivo, no falto a la lealtad, pero el despreciar lo que otros me han ense?ado durante a?os por una poca mejora simplemente material que no me cambiar? la vida es una actitud de poco vuelo. Cuando expongo las razones y los motivos que me hacen inclinarme en una determinada actitud no traiciono. No actu? con enga?o, sino que pongo las cartas sobre la mesa. Pero hay una instancia superior, que es la lealtad, que me lleva a sacrificar algo que me puede beneficiar y me inclina a quedarme (mis compa?eros de trabajo, mi socio en los momentos dif?ciles, la empresa que me ense?? y pag? por mis errores y aprendizajes durante a?os, la instituci?n que me dio posibilidades de crecimiento o mis compa?eros de equipo que tanto me apoyaron al comenzar mi carrera deportiva) a?n a costa de la p?rdida de mejoras La lealtad no se limita al ?toma y daca?. La lealtad surge de una obligatoriedad moral interior y se asume libremente.

Digamos, el ir como veletas, sin arraigo, y al salto continuo de lo que nos brindar? solamente mayores beneficios econ?micos no es la actitud superior de una persona leal y ser? mezquino de nuestra parte el no devolver en la medida en que hemos recibido. Un ejemplo conocido (aunque muy imperfecto para un humano) de la lealtad es un perro o un caballo. Si bien los animales act?an por instinto, si le aseguramos a un perro la comida y cierto bienestar sabemos que no nos traicionar? por otro amo que lo alimente mejor y no nos morder?. Es antinatural que un perro muerda a su due?o, quien le brinda afecto, lo alimenta y lo protege. El hombre es capaz de traicionar pero, como hijo de Dios que es, tambi?n es capaz de actuar de manera muy superior a los animales que, si bien son fieles por instinto, no saben ni lo que arriesgan ni lo que ponen en juego, y el hombre s?. El dolor de experimentar la traici?n humana lo expresa bien el coraz?n de Dios cuando dice en boca del profeta Isa?as en el Antiguo Testamento, pre anunciando a Cristo: ?Cri? hijos, y los engrandec?, y ellos se rebelaron contra M?. El buey conoce a su due?o, y el asno el pesebre de su Se?or?. (Isa 1: 2-3). El ansia de superaci?n personal es l?cita y no es incompatible con la lealtad. La necesidad de superarse o a?n de ser el primero, no implica necesariamente arrogancia o soberbia; puede responder a una profunda necesidad espiritual de lograrlo trav?s de una entrega absoluta y en competencia leal con los dem?s compa?eros de clase, de deporte o de cualquier otra actividad. Escuchar atentamente a los maestros, estudiar en los libros para ahondar conocimientos y tomar conciencia del placer que se siente al compartir lo que se sabe con los dem?s, puede desarrollarse en un ?mbito de sincera lealtad. En el caso de un soldado o militar, donde la lealtad juega un papel fundamental y donde la ausencia de esta virtud tiene consecuencias desastrosas, ellos obedecen por disciplina. No debiera ni ponerse en duda una orden recibida por el superior, pero la rectitud moral de los superiores deber?a ordenar todas las ordenes de un militar. Esto generar? una relaci?n de lealtad rec?proca. Porque ambas partes compartir?n los principios de honor. Esto hace que la obediencia sea la primera virtud de un soldado. Por medio de la obediencia se consolida la confianza y la lealtad entre los jefes y los subalternos, modela el esp?ritu de cuerpo de la unidad militar alrededor de una sola voluntad que no debiera traicionar y debiera cubrir las espaldas de sus subalternos. Cuenta la historia que dos amigos combat?an en Francia en un campo de batalla en la misma compa??a. Al encontrarse uno de ellos con riesgo de muerte bajo el fuego enemigo, el otro pidi? permiso a su superior para ir a rescatarlo, a?n sabiendo que tendr?a pocas probabilidades de sobrevivir. Al llegar hasta ?l, lo encontr? muri?ndose y lo arrastr? hasta un lugar m?s seguro. No pudo salvarle la vida, pero s? pudo o?r de boca del soldado amigo moribundo las palabras que lo justificaron todo: ?Sab?a que vendr?as, present?a que vendr?as...?

El pecado contrario a la lealtad es la traici?n, el quebrantar la lealtad o fidelidad que debemos tener a nuestro Dios, a nuestros principios, a nuestros afectos y a las personas que conf?an en nosotros No hay t?rminos medios, o se es leal, o se es traidor, aunque las traiciones muchas veces aparentemente no sean de gran envergadura. A partir de Judas con su traici?n a Cristo esta miseria humana es considerada naturalmente como una de las m?s bajas. Tanto es as? que no se pone ese nombre a un hijo.


Notas
(1) ?La educaci?n de las virtudes humanas?. David Isaacs. Editorial Eunsa. P?g.239





Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)


En Relaci?n al patriotismo

1. El hombre es un ser hist?rico. Nace en una familia, aprende un idioma, se sumerge en una cultura, acoge la religi?n que le ense?an en casa o en la parroquia. Plat?canos un poco sobre tu familia, cultura, tu patria, tu fe
2. ?Por qu? es urgente educar a los j?venes en el amor trascendente a la Patria?
3. Explica la diferencia entre patriotismo (sano amor a la propia patria) y nacionalismo (una degeneraci?n peligrosa)
4. ?Por qu? el cristiano debe amar a la Patria?
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En relaci?n a la lealtad

1. ?Por qu? la lealtad es la virtud propia de los hombres de bien?
2. ?Por qu? la lealtad es contraria a la complicidad?
3. ?Por qu? vivir la virtud de la lealtad exige renuncia, fidelidad, gratitud?
4. ?Cu?les crees que sean los motivos principales por los que hoy en d?a no es muy practicada esta virtud?
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?

Para reflexi?n personal

1. ?Amo a mi Patria como la madre que me ha dado todo? ?Mi amor por ella es agradecido? ?De qu? manera lo agradezco?
2. ?Trato de conocer m?s mi Patria, sus valores, sus riquezas, sus dolores y sus problemas? ?Me duele verla difamada, despreciada? ?La hago respetar estimar por mi manera de comportarme?
3. ?Soy una persona leal? ?Soy capaz de sacrificarme y renunciar a un beneficio personal por el bien de mi familia, de mis hijos, de las personas e instituciones a las cuales le debo gratitud? ?En se?o a mis hijos a vivir esta virtud ante todo ense?ando a cada uno a reconocer sus propias faltas para no incriminar a los dem?s?
4. ?ense?o los l?mites entre ser confiable y confidente y ser c?mplice? ?Vivo esto? ?O con frecuencia me convierto y me permito ser c?mplice, ser todo lo contrario a la virtud de la lealtad?
5. ?Se denunciar lo que est? mal aunque pierda un amigo? ?Ense?o esto con mi ejemplo a mis hijos?


Publicado por mario.web @ 10:04
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