Martes, 24 de mayo de 2011

Autor: Ignacio Andereggen
Fuente: a-equinas



La actividad correspondiente a lo que en nuestros d?as se denomina Psicolog?a fue desarrollada en modo eminente, aunque por supuesto diferente en su contexto, modalidad, resultados y objetivos, por Santo Tom?s de Aquino en su dimensi?n de -humanista-.

La afirmaci?n que acabamos de formular contiene una tesis de la mayor importancia. En efecto, envuelve una gran cantidad de datos especulativos y valorativos acerca de su pensamiento y de nuestra situaci?n actual, as? como, en parte, un proyecto de acci?n cultural.

El casi instintivo rechazo que produce en algunos la aserci?n arriba consignada, por otra parte, no es independiente de los factores m?s profundos que determinan el desarrollo de la honda crisis en la que se encuentra la cultura cristiana y cat?lica. En efecto, muchos ven aqu?, con raz?n, un punto en el que se dividen las aguas respecto de la relaci?n del cristianismo con la cultura moderna. Muchos, adem?s, no quieren sacar las consecuencias que se derivan en t?rminos de combate cultural de admitir que Santo Tom?s se refiere a la cosa misma a la que tambi?n se refieren Freud, Jung, Adler, Frankl.

La admisi?n de esta verdad, para muchos, equivale a la renuncia a navegar en el r?o que arrastra la cultura contempor?nea; y a ello no est?n dispuestos. Freud, sin embargo, para reducirnos s?lo al m?s influyente de los psic?logos, sab?a muy bien que ?l intentaba dar otra explicaci?n a lo mismo que toda la m?s genuina tradici?n cristiana hab?a declarado desde la fe. La renuencia a admitirlo por parte de los te?logos, fil?sofos, y psic?logos que se consideran cat?licos, adem?s de su superficial conocimiento de la doctrina de Freud y de otros psic?logos cl?sicos, manifiesta su falta de claridad epistemol?gica y eventualmente su debilidad profunda para extraer a fondo las consecuencia de su fe. En efecto, como nos ense?a el Concilio Vaticano II, en realidad el misterio del hombre solamente encuentra verdadera luz en el misterio del Verbo encarnado.(2) Y no se trata simplemente de aquello de lo que se ocupa la antropolog?a filos?fica, sino muy especialmente de la condici?n concreta del hombre al que Cristo vino a salvar.

De esa condici?n concreta, a sus ?ltimos niveles de profundidad, trata Freud, y tambi?n Santo Tom?s. Naturalmente, uno desde su ate?smo nietzscheano, y el otro desde la luz de la Escritura divina y de la raz?n natural.

Algunos tomistas, al tratar acerca del ?mbito psicol?gico, apelan al principio de
que -la gracia supone la naturaleza y la eleva-, para fundar la necesidad de una terap?utica psicol?gica que prepare el camino de la gracia, como condici?n para su eficacia. Sutilmente, caen en una concepci?n profundamente contraria a la de Santo Tom?s, para el cual, fund?ndose sobre San Agust?n, nunca podr?a haber una disposici?n natural humana para lo sobrenatural gratuito. Es siempre desde la gracia, al contrario, que la naturaleza puede restaurarse o recomponerse, desde la que el hombre, radicalmente, puede curarse, si estamos al nivel propiamente humano y no meramente psiqui?trico o m?dico.

Lejos de estar relegada a algunos puntos particulares, como por ejemplo el tratado de las pasiones, las doctrinas tomistas sobre las que podr?a apoyarse una verdadera psicolog?a que no caiga en las trampas que acompa?an la condici?n moderna -y que, a diferencia de la filosof?a, no puede ser sino cristiana, por referirse al hombre hist?ricamente considerado- abarcan la mayor parte del pensamiento del Aquinate.

Demos una r?pida idea de ello a partir de la estructura y los temas s?lo de la Suma de Teolog?a. La primera parte de esta obra trata acerca de Dios y su creaci?n. Y aqu? acerca de los ?ngeles y los hombres.

Cualquier psicolog?a digna de este nombre debe fundarse sobre un adecuado conocimiento de la naturaleza humana del sujeto concreto que quiere ayudar y conocer.

Lamentablemente, la casi totalidad de las corrientes psicol?gicas contempor?neas adolecen de grav?simos defectos en este orden, que limitan en la pr?ctica su eficacia positiva, y, por el contrario, las convierten tantas veces en instrumentos de profundas deformaciones humanas. La trampa consiste aqu? en la aceptaci?n acr?tica lamentablemente tambi?n por parte de muchos cristianos, del principio freudiano de que la psicolog?a, tal como Freud mismo la estableci? como psicoan?lisis, consiste en una verdadera ciencia con objeto propio, y distinto perfectamente de la antropolog?a filos?fica y de la antropolog?a teol?gica. La falta de precisi?n especulativa juega aqu? un papel capital, sumada, por supuesto, a la carencia de connaturalidad profunda con la plenitud de la vida humana y cristiana.

En este sentido, los claros principios de la antropolog?a filos?fica tomista deben
jugar un papel capital para la reconstrucci?n de una aut?ntica psicolog?a en el ?mbito cristiano. No se podr? conocer nunca al hombre concreto sin entender la inteligencia, la voluntad, el alma humana, sus potencias sensitivas, en resumen,
el verdadero ser y funcionamiento profundo la verdadera psicolog?a profunda de la persona humana. S?lo la superficialidad de pensamiento podr?a intentar una verdadera s?ntesis especulativa entre la doctrina filos?fica cl?sica sobre el hombre, tal como aparece formulada en Santo Tom?s de Aquino, por ejemplo, y la psicolog?a de Freud, Jung, Frankl, Piaget, Lacan, Kohut y muchos otros.

Por quedarnos solamente en la dimensi?n que determina esencial y radicalmente toda la condici?n humana, la concepci?n de la inteligencia de estos autores es no s?lo profundamente insuficiente, sino tambi?n profundamente distorsionada. En este campo delicad?simo, del que dependen todos los otros que se refieren al hombre, las ilusiones concordistas solo podr?an conducir a errores fatales de muy negativas consecuencias, especialmente en el ?mbito de la vida cristiana.

El tratado acerca de los ?ngeles, en el que Santo Tom?s desarrolla toda su maestr?a, s?lo aparentemente, y, por supuesto, para los que no tienen profunda fe y profunda experiencia de la vida, puede quedar fuera del ?mbito de la verdadera psicolog?a. San Ignacio de Loyola mostr? de modo insuperable, en la pr?ctica, lo que significa la influencia constante de la parte principal de la realidad natural, el mundo de los ?ngeles, sobre la vida de los hombre, en sentido positivo y en sentido negativo. La experiencia de la direcci?n espiritual, demuestra, por otra parte, que las m?s enrevesadas situaciones humanas no pueden resolverse con prescindencia de la acci?n de los ?ngeles buenos y malos sobre la vida de los hombres. Por otra parte, el pecado original, del que Santo Tom?s trata largamente en la Prima Secundae de la Summa, es capital para entender la situaci?n y el
funcionamiento concreto de la vida de los hombres.(3)

Todo lo que el hombre hace y padece, desde el m?s elemental sentimiento hasta la aceptaci?n plena de la Redenci?n de Cristo, est? afectado por la referencia a ese drama del principio de la humanidad. Freud mismo, a su manera, da testimonio de que no se puede entender la vida humana prescindiendo de la culpa, y especialmente de la culpa original, de la cual para ?l el hombre no puede sino estar orgulloso, pues tomando consciencia de ella llega verdaderamente a ser lo que es, hombre racional. La presencia determinante de la culpa original en el mundo somete a ?ste, seg?n toda la l?nea constante de la antropolog?a teol?gica ortodoxa, hasta la del ?ltimo Catecismo de la Iglesia Cat?lica, al poder del demonio y de los demonios, que lo tienen esclavizado, obrando especialmente sobre la imaginaci?n y la afectividad sensitiva, que son las facultades en las que se centra fundamentalmente la vida ps?quica de la mayor?a de los hombres.(4)

No se trata, pues, de un dato meramente te?rico sino s?lo para aquellos que no conocen profundamente el funcionamiento de la existencia concreta de los hombres, individual y socialmente considerados. Santo Tom?s, entre otros grandes maestros de la aut?ntica sabidur?a cristiana, puede ser una gu?a luminosa en este campo.

Toda la Segunda Parte de la Suma, dedicada a estudiar al hombre como imagen de Dios, es un gran tratado de psicolog?a fundamental, no s?lo te?rica sino tambi?n pr?ctica. Desde aqu? podr?a comenzarse una verdadera obra de reconstituci?n de la psicolog?a cristiana. Esta deber?a discernir, desde la fe y lo que la recta raz?n descubre acerca del hombre concreto a la luz de la revelaci?n, todo aquello que el desarrollo de la cultura posterior a Santo Tom?s aporta como positivo y como negativo para la comprensi?n de la naturaleza humana din?micamente considerada, y para la ayuda pr?ctica en orden a subsanar las deficiencias del hombre concreto. El principio que gu?a al Aquinate es el del hombre como creado a imagen de Dios, y destinado y elevado al orden sobrenatural. Es imposible absolutamente comprender la situaci?n de la persona concreta -que implica la totalidad de lo que alguien es- fuera de este orden.

La consideraci?n del fin del hombre con la que comienza la Prima Secundae es del todo capital en psicolog?a.(5) Y es aqu? donde se sit?a, coherentemente con la deficient?sima concepci?n de la inteligencia, una de las fatales fallas de las corrientes psicol?gicas contempor?neas, con la notable excepci?n parcial -en este punto determinado-, de la de Alfred Adler, que considera principalmente la funci?n de la finalidad en la vida humana. Si el fin es lo m?s importante en la conducta, y el ?nico fin ?ltimo de todos los hombres tengan o no la gracia es la Beatitud,(6) es claro que sin la consideraci?n de la situaci?n del hombre concreto respecto de ella ser? ininteligible el verdadero significado del complejo de realidades y fen?menos que la determinan, y ser? imposible tambi?n toda ayuda verdaderamente eficaz y no da?ina -por ejemplo, en el psicoan?lisis freudiano, seg?n su idea fundamental, haciendo consciente la inconsciente rebeli?n contra la autoridad paterna de Dios, que determina la concreci?n de la vida humana en general en cuanto desconectada de la gracia-.

Si la psicolog?a ha de desarrollarse en un nivel verdaderamente cient?fico y eficaz, en contraste con la impresionante confusi?n que reina en el estudio de la psicolog?a contempor?nea, cuando logra a veces superar el nivel meramente extr?nseco en la consideraci?n del hombre, com?n a las ciencias biol?gicas y f?sicas, para asomarse al nivel de la vida humana-, no podr? prescindir de la comprensi?n precisa y t?cnica de los actos humanos en cuanto tales, distintos de los actos meramente del hombre, como son los actos inconscientes de todo tipo.

Es lo que Santo Tom?s trata a continuaci?n de la Beatitud en la Prima Secundae.(7) Es especialmente importante en este punto la adecuada captaci?n del funcionamiento de la voluntad espiritual, la potencia humana m?s dejada de lado en la psicolog?a de nuestros d?as, y, por otra parte, la m?s deteriorada en la condici?n del hombre concreto.(8)
Llegamos as? al tratado de las pasiones.(9) Estas no pueden ser entendidas independientemente de su radicaci?n en el alma humana espiritual, y de su
funci?n respecto de los actos de las potencias superiores. El significado concreto de los actos de las pasiones s?lo puede captarse en su situaci?n respecto de los actos espirituales. Esta idea est? presente unilateralmente y de manera deformada en el mismo Freud, para el cual toda la vida ps?quica es camino para la plena realizaci?n de lo que ?l entiende que es la raz?n.

Santo Tom?s nos provee de una consideraci?n m?s completa y detallada de la vida ps?quica al nivel de los actos inferiores a la raz?n y la voluntad, d?ndonos, adem?s, los instrumentos para considerarlos en su verdadero significado concreto, al entenderlos respecto del verdadero funcionamiento de la raz?n y la voluntad
humanas, y respecto del ?ltimo fin. Abundan en este punto las observaciones verdaderamente -psicol?gicas- de Santo Tom?s, seg?n la imprecisa e ideol?gica significaci?n contempor?nea del t?rmino -psicolog?a-.

El tratado acerca de los h?bitos, las virtudes, los dones del Esp?ritu Santo, las bienaventuranzas y los frutos del Esp?ritu Santo constituyen el n?cleo de una psicolog?a positiva, dirigida al desarrollo natural y sobrenatural del hombre contra la tendencia unilateral contempor?nea a la consideraci?n del hombre desde el punto de vista de la patolog?a.(10)

En efecto, las psicolog?as contempor?neas consideran la naturaleza humana corrupta con la ayuda de doctrinas filos?ficas profundamente pesimistas, como son las de Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger y los posmodernos, sin tener connaturalidad para comprender un desarrollo verdadero y sano de la naturaleza humana -de hecho imposible sin la gracia divina, de la que huyen como de la muerte, y a?n m?s, porque como Freud se?ala, el fin de la vida, para ellos, es la muerte-.(11)

Una verdadera consideraci?n del funcionamiento positivo de la naturaleza humana restaurada por la gracia har?a imposible la tr?gica confusi?n de tantos psic?logos concordistas cat?licos, que con su muchas veces afectada ingenuidad
introducen el principio de la muerte dentro de la doctrina de la vida corrompi?ndola desde adentro en la vida concreta de sus pacientes, en el sentido literal de la palabra.

Si se intenta relacionar la neurosis de la que trata la psicolog?a o las psicolog?as contempor?neas con la noci?n de pecado de la antropolog?a teol?gica cristiana, normalmente se produce una violenta reacci?n adversa. Tal reacci?n se ver?a notablemente atenuada, o a?n desaparecer?a por completo si se estudiase con seriedad el tratado sobre el pecado que Santo Tom?s hace
seguir al de las virtudes en la Prima Secundae. Se captar?a as? la amplitud de su
significado y su dram?tica incidencia real a m?ltiples niveles, sobre todo
estructurales, en la vida concreta del hombre.(12) Pero es sobre todo el tema del
pecado original, que el Aquinate trata en las cuestiones 82 y 83, el que est? en el
centro de la atenci?n de Freud, e inconscientemente, se lo quiera admitir o no,
en el n?cleo de toda la actividad psicol?gica contempor?nea que est?
configurada seg?n la actitud freudiana. En efecto, el psicoan?lisis de Freud,
como m?todo y t?cnica, es intr?nsecamente solidario de su intento fundamental
de hacer consciente del modo m?s pleno la rebeli?n del hombre contra Dios
Padre, radicada en la estructura inconsciente de sus vicios y pasiones no
restauradas por el influjo de la gracia.

Para Freud, como para Nietzsche, que es
su fuente secreta de pensamiento, el hombre se hace verdaderamente lo que es
en su oposici?n consciente contra Dios y en la pretensi?n de ocupar su lugar.(13)

Por otra parte, muchas distorsiones teol?gicas contempor?neas, que tienen como punto de fuerza una inadecuada concepci?n del pecado original por influjo y asimilaci?n, a veces consciente, de las filosof?as idealistas, entran en una simbiosis del todo natural con el pensamiento freudiano y psicol?gico en general -que aunque se oponga a los dogmas de Freud parcialmente, est?
moldeado muchas veces sobre sus exigencias y pretensiones, y produce resultados semejantes, m?s all? de las intenciones de los psicoterapeutas-.

La Prima Secundae se cierra con la consideraci?n de dos temas capitales en psicolog?a: la ley (14) y la gracia.(15) El hombre no puede realizarse aut?nomamente sin la ayuda de Dios que es el autor de ambas. Ning?n psic?logo podr?a con su terapia reemplazar la ley ni ayudar al sujeto a crearse una pseudo-ley subjetiva seg?n las propias inclinaciones personales y las circunstancias de su vida -como en cambio pretenden solapadamente muchas teolog?as morales contempor?neas-. Tanto menos podr?a reemplazar la acci?n de la gracia, la ?nica que ordena al hombre a su verdadero fin y que evita las profundas distorsiones de la personalidad. El verdadero psic?logo, a?n a nivel meramente humano, ayudar? a su atendido a descubrir las implicaciones


Publicado por mario.web @ 10:07
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