Martes, 24 de mayo de 2011

La afabilidad

La afabilidad es la virtud que nos impulsa ?a poner en nuestras palabras y acciones exteriores cuanto pueda contribuir a hacer amable y placentero el trato con nuestros semejantes? (1)

Es una virtud social por excelencia y una de las m?s exquisitas muestra de un esp?ritu cristiano, que ayuda mucho a la agradable y sana convivencia en todos los ?mbitos, haciendo agradable, suave, ameno, f?cil y dulce el trato y la conversaci?n.

El hombre es un ser sociable por naturaleza. Todos y cada uno estamos obligados a tratar de ser afables con quienes nos rodean, salvo en el caso de que sea ?til corregir y amonestar a alguno de ellos. En ese caso Santo Tom?s nos dice que no debemos mostrarnos afables con quienes pecan continuamente tratando de serles agradables y mostrarnos condescendientes con sus vicios,porque los confundiremos y les daremos ?nimo para continuar pecando.

Pero en general es necesario y conveniente que exista entre los hombres, tanto en sus palabras como en sus obras, un comportamiento como es debido.Este buen trato, afable, exige autodominio, tacto, (para callarnos lo que puede herir gratuitamente sin hacer el bien a nadie), y tratar de pronunciar las palabras que resulten m?s convenientes y adecuadas para cada circunstancia.Muchas veces un simple saludo, una sonrisa, una palabra de aliento o un gesto amable puede alegrar el coraz?n de una persona y levantarle el ?nimo.

La afabilidad ordena las relaciones de los hombres con sus semejantes, tanto en los hechos como en las palabras, contribuyendo a hacer la vida m?s agradable a quienes vemos todos los d?as. Una persona afable sonreir? y generar? un trato f?cil, c?lido, cordial, indulgente con las faltas del pr?jimo, paciente, afectuoso y amable, especialmente en las conversaciones, tratando de agradar, ya que a veces las respuestas cortantes, ?speras y los silencios prolongados producen un ambiente cortante y distante, que no ayuda a proseguir el di?logo para ninguna de las dos partes.

La conversaci?n afable no es hablar frivolidades para quedar bien, (que es esp?ritu mundano y no es virtuoso), sino hablar de lo verdadero con buenas maneras, con naturalidad, con calidez, con sencillez, que no es lo mismo. Se debe tratar de hacer comprender la verdad y corregir siempre con dulzura y afabilidad para predisponer al otro a ser corregido y a aceptarlo.

El elogio oportuno, el ponderar adecuadamente a una persona por un trabajo o una virtud que haya demostrado es muestra de afabilidad y estimula al bien, siempre y cuando la alabanza pretenda contentar y ser motivo de aliento para continuar en las buenas obras. Es bueno y justo esforzarse en destacar lo que otros han hecho bien, (como dejar el cuarto ordenado, ayudar a un ciego a cruzar la calle, cederle el asiento a una embarazada, ponerle buena cara a la prima que no se soporta o dejar pasar primero a una se?ora mayor), porque adem?s de estimular al otro lo predispone a aceptar una cr?tica constructiva.

El espiritu afable y de dulzura es el espiritu de Dios.

La dulzura es una de las llamadas ?peque?as? virtudes que contribuyen a que nuestro trato y convivencia sea amable, afable y delicado hacia los dem?s, virtud que tambi?n debemos aplic?rnosla a nosotros mismos. Esta peque?a virtud en la convivencia diaria se agiganta porque el trato se suaviza armoniosamente. Hay en nosotros un poder de irritaci?n y de reacci?n que nos permite luchar contra los obst?culos reaccionando contra los males presentes. Esta pasi?n en s? misma no es mala, pero r?pidamente se desordena si nos enojamos por cosas de poca importancia o que no valen la pena. Nace entonces en nuestra alma un peque?o deseo de venganza.

Cuando alguien nos ha contrariado o herido, sufrimos, y porque sufrimos guardamos en el fondo de nuestro coraz?n un deseo, (aunque secreto), de devolverle lo mismo en la primera oportunidad, olvidando aquello de que una gota de miel puede hacer lo que no hace una tinaja de vinagre. Si bien es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos o nos entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser v?ctimas de un mal humor desagradable y triste, despechado y col?rico. Hay que sentir indignaci?n por el mal y estar resuelto a no transigir con ?l, pero hay que tratar de convivir dolcemente con nosotros mismos y afablemente con el pr?jimo.

Los defectos que se oponen a la dulzura son la impaciencia y el mal humor, la excesiva severidad, la adulacion o lisonja y el espiritu de contradiccion.

La impaciencia y el malhumor lo demostraremos cuando contrar?an nuestro juicio u opini?n y entonces mostraremos nuestra peque?a c?lera. Puede ser un simple gusto, un programa, una elecci?n en la televisi?n, pero enseguida mostramos nuestro descontento con gestos, miradas agrias o enojadas, movimientos de hombros despectivos o levantando la voz. Aqu? la dulzura debiera intervenir para paralizar el apetito irascible e impedir que salga afuera.

Un alma no disciplinada no puede tener paz. Seg?n los temperamentos es m?s o menos dif?cil, pero esos movimientos tumultuosos del alma deben ser dominados por largos y pacientes esfuerzos. Hemos de comportarnos de manera tal que las personas amen nuestra conversacion y estar en nuestra compania por el ambiente agradable que generamos. Arist?teles ya dec?a que ?nadie puede aguantar un solo d?a de trato con un triste o con una persona desagradable?.

San Francisco de Sales era desde su juventud hombre de car?cter muy irascible. Es por eso que en su biograf?a, es una constante la lucha asc?tica para lograr el autodominio. Se cuenta que cuando muri?, al realizarle la autopsia, le encontraron el h?gado endurecido como una piedra. Esto probablemente ser?a causado por la enorme violencia que se hizo este hombre de fuerte car?cter para dominar su natural, propenso facilmente a la ira, contenerse, y hacerse para con los dem?s dulce, afable, amable, delicado y bondadoso en el trato, cuando le sobraban motivos para no serlo.

Y en un caso m?s sencillo contaremos la historia de un joven que ten?a muy mal car?cter. Un d?a su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia y se violentara contra el pr?jimo deber?a clavar un clavo detr?s de una puerta. El primer d?a el muchacho clav? 37 clavos detr?s de la puerta. A medida que aprend?a a controlar su temperamento y a modelar su car?cter clavaba cada vez menos clavos. Despu?s descubri? que era m?s f?cil controlar su mal car?cter que clavar clavos detr?s de la puerta. Lleg? un d?a en que pudo controlarse y as? se lo inform? a su padre. Su padre le sugiri? entonces que retirara un clavo cada d?a que sintiera dominio total sobre s?. Pasados los d?as no quedaron m?s clavos en la puerta y as? se lo inform?. Entonces el padre lo tom? de la mano y lo llev? hasta la puerta dici?ndole: ?Has trabajado duro hijo m?o, pero mira estos hoyos en la puerta. Nunca m?s ser? la misma. Cada vez que t? te descontrolas contra alguien dejas cicatrices exactamente como las que ves aqu?. T? puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo en que se lo digas tal vez lo desbastar?s y la cicatriz perdurar? para siempre. Una ofensa verbal es tan da?ina como una ofensa f?sica. Ten la imagen de esta puerta siempre presente?.

Hoy est? comprobada la enorme influencia que tienen los problemas psicol?gicos y espirituales en la salud. Se lo llama ?somatizar?. Problemas de piel, ?lceras, causados por stress y disgustos, diabetes por temas nerviosos, cancers por grandes violencias morales etc. Responde a que somos una unidad sustancial de cuerpo y alma. Repetimos por lo claras las palabras de aquel catedr?tico de Medicina que le dijo a sus alumnos el primer d?a de clase: ?Lo esencial en el hombre es el alma, pero tiene un cuerpo?.

Santo Tom?s ya lo planteaba en el siglo XIII en la Suma en el ?Tratado de la Tristeza?, donde recomienda al que est? triste: darle cierta satisfacci?n a los sentidos (como darse un buen ba?o caliente, ponerse ropas suaves y confortables, comer algo agradable) y, lo m?s importante: descargar el coraz?n contando ?las cuitas?, (o penas), a alg?n amigo.

La excesiva severidad se demostrar? en los gestos destemplados, en los juicios severos y cortantes, en el tono de voz terminante, en la falta de flexibilidad para contemplar los temas de inter?s de los dem?s, en no tener en cuenta los gustos, los problemas, las debilidades, las preocupaciones y los intereses del pr?jimo.

Pero el exceso de elogios es la adulacion o lisonja, que generalmente pretende conseguir ventajas bas?ndose en lisonjas excesivas y desordenadas, y en cuya ra?z siempre hay hipocres?a, inter?s y doblez. El adulador generalmente se desborda y miente porque no busca la verdad sino la conveniencia.

El espiritu de contradicion estar? siempre en actitud de contradecir al pr?jimo, con motivo o sin ?l, generando discusiones in?tiles e interminables, lo que genera mucho malestar en todas las reuniones e impide la sana convivencia y la armon?a. El esp?ritu de contradicci?n corta todos y cada uno de los inicios de di?logo y de las conversaciones, genera mal clima, rompe la armon?a entre las personas, las lleva a discutir por horas interminables sin llegar a ninguna conclusi?n.

Habitualmente destruye todas las posibilidades de hablar temas serios, interesantes o simplemente familiares, porque no se busca la verdad en cada tema sino el simple enfrentamiento inmaduro, caprichoso, la dial?ctica o ser el centro de atenci?n. Hay gente que hace de esto un deporte intelectual en todas las reuniones, pero no dimensionan ni toman conciencia de que rompen y frustran interminables encuentros entre familiares y amigos, muchas veces irrepetibles.



Notas:
(1) ?Teolog?a de la perfecci?n cristiana?. Rvdo.P. Royo Mar?n. Editorial BAC. P?g 586





La generosidad



La generosidad es la virtud que nos impulsa a actuar ?en favor de otras personas desinteresadamente y con alegria, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportacion para esas personas, aunque cueste un esfuerzo? (1)

Dicho en otras palabras, la virtud de la generosidad nos hace tener en cuenta m?s la necesidad del otro que nuestra conveniencia, sabiendo la importancia que nuestra ayuda tiene para esa persona, aunque nos signifique un esfuerzo o una privaci?n.

No consiste solo en dar cosas, sino en darse a s? mismo y es una de las virtudes que m?s acerca al hombre a la felicidad, porque habremos o?do decir que la felicidad es una puerta que se abre hacia fuera. La generosidad es la disposici?n de dar lo que se puede, (seg?n las necesidades del pr?jimo), a?n sobrepasando la medida de lo justo. La justicia exige dar a cada uno lo suyo pero la generosidad va mas alla y pone el acento en dar mas de lo que la justicia reclama. Es la necesidad del otro, (espiritual o material), la que no los demanda. Esta carencia que sufre el pr?jimo se mete con nosotros mismos, y podemos responder con esfuerzo o sin ?l, con afecto, con violencia hacia nuestra voluntad, haciendo todo un trabajo para ser generosos, o con naturalidad.

Se trata de una entrega, de una decision libre de entregar lo que uno tiene, ya sea tiempo, inteligencia, conocimientos, conexiones, dinero, o hasta la misteriosa y valiosisima receta de cocina, para que nuestra vecina tambi?n pueda lucirse cuando invita a comer. Se busca el bien de una persona necesitada en un determinado momento. Pero para ser generosos deberemos ante todo valorar lo que tenemos, porque si no le damos valor a lo que tenemos, no habr? m?rito en ofrecerlo.

La medida de la generosidad ser? s?lo en funci?n de lo que se pod?a dar y se di? o no, y uno no la conoce. De ah? que Dios sea el ?nico justo Juez capaz de juzgar la medida de la generosidad de cada uno y las intenciones que lo movilizaron a dar. Y es por eso que esta virtud es muy dif?cil de distinguir cuando la observamos desde afuera, porque en general no sabremos las intenciones que llevan a las personas a realizar actos aparentemente generosos.

La importancia del ?bolo (la limosna) de la viuda que destaca Nuestro Se?or en el Evangelio no fue por la cantidad que dio, (que eran tan s?lo unas monedas), sino porque Dios vio que hab?a dado todo lo que ten?a.

Para comprenderlo mejor tomemos esta an?cdota como ejemplo: ?Una mujer rica lleg? al cielo, y all? San Pedro le se?al? la mansi?n de su chofer. Ella pens?: ?Si ?se es el hogar de mi chofer, pienso c?mo ser? el m?o?. San Pedro le se?al? una de las chozas m?s humildes, y le dijo: ??se es su hogar?. ?Oh?- dijo ella - ?Nunca podr?a vivir all?. Y San Pedro le respondi?: ?Disculpe se?ora, pero es lo mejor que pude hacer con los materiales que me envi?.(2)

La generosidad no es una virtud opcional de la cual podremos prescindir. Si no lo somos, seremos ego?stas. En esto, no hay un terreno neutral. Es el alimento del alma y, si le queremos dar a nuestra alma el ox?geno que necesita para respirar, tendremos que practicarla. Pero para que sea virtud cristiana debe ser ofrecido por una raz?n divina. El hombre de Dios cree que lo m?s bajo debe ser utilizado para lo m?s elevado, es decir, el dinero debe ser utilizado en primer lugar para ayudar a espandi la Verdad divina, para evangelizar, para que las almas puedan ser libres y para procurar su salvaci?n, para consolar al afligido, para curar al enfermo para dar de comer al hambriento y de beber al sediento.

En el fondo, sin un sentido trascendente de la vida, y sin estar convencidos que tenemos el deber moral de ayudar y amar al pr?jimo como a nostro mismos, es dif?cil que adquiramos esta virtud de sacrificarnos en aras del bien ajeno. De ah? que sea m?s importante ?darse? que ?dar?, (si bien ambas son necesarias), ya que todos tenemos oportunidad de darnos al pr?jimo y no todos tendremos oportunidad de dar cosas materiales porque a veces no las tendremos.

Lo que m?s necesita el pr?jimo generalmente es nuestro tiempo, nuestra atenci?n, el ser escuchado, (y no el escucharnos a nosotros hablar de nuestras cosas a borbotones). Si queremos escuchar a alguien y nos divierte, nos interesa o nos conviene hacer sociales no ser? virtud. Pero si no querelo escuchar porque tenemos otras prioridades y postergamos nuestros intereses para hacerlo, reci?n ah? entraremos en el terreno de la virtud de la generosidad con nuestro tiempo.

Hacer algo por las personas puede significar muchas cosas distintas y no necesariamente generosidad, preocupaci?n por el pr?jimo o desinter?s. Podemos tener a veces actitudes generosas sin por ello ser generosos, ya que para que sea virtud hace falta que sea habitual y natural en nosotros en praticarla en todos los ?rdenes. La virtud necesita rectitud de motivos para que lo sea.

Por ejemplo, decir siempre que si puede ser por distintos motivos (sentimientos de culpa que queremos compensar, falta de compromiso con la verdad, indiferencia, desinteres, pereza, indolencia, irresponsabilidad, no querer confrontar contradicciones, querer esquivar los problemas ,etc.), pero no necesariamente generosidad. En los actos de generosidad, por ser virtud, no s?lo cuenta lo que damos, sino si lo que damos es bueno para esa persona, y si en realidad es lo que necesita.

Los ni?os peque?os no podemos decir que sean generosos porque en general no tienen noci?n de lo que poseen. De todos modos, hay que ense?arles poco a poco a dar de lo que les pertenece. Si tienen cuatro caramelos, siempre podr?n ofrecer uno o dos. Pero la generosidad es un acto libre. Es una invitacion a compartir nuestros bienes con otros que tienen menos. Para entender bien esto hay un ejemplo muy gr?fico:

Una madre le regala a su hijo una caja de caramelos para su cumplea?os y le pide que los reparta entre los 50 invitados. Como su hijo no lo hace, le saca la caja a la fuerza y le dice:
? Yo te ense?ar? a ser generoso? reparti?ndola entera mientras su hijo ve partir... con enorme sufrimiento, todos sus caramelos... Ante este avasallo de lo que era leg?timamente suyo el ni?o piensa: ?Si esto es la generosidad, a m? no me gusta, no la quiero?... Como pedagogia es desastrosa, porque todo requiere su justa medida y habria que haber sugerido al nino compartir los caramelos regalados, en primer lugar, con los 2 primos de afuera que se quedaron a dormir esa noche.

La escuela de la generosidad, como todas las virtudes debe ser paulatina. ?Estamos haciendo ni?os ego?stas e incapaces porque se lo damos todo hecho. Si el abuelo acompa?a al ni?o al colegio, lo primero que hace es llevarle la mochila; si subimos al metro, el primero - y el ?nico, si nos descuidamos - que
se sienta es el ni?o; si tiene que hacer algo m?s complicado: ?ya lo har? tu padre?; si cuando entra en casa va sembrando pasillos y suelos con sus cosas, va su mam? detr?s poni?ndolas en su sitio... y as? sucesivamente.

Ciertamente, sobre todo cuando son peque?os, habr? que empezar por hacer con ellos las cosas que les mandamos, para ense?arles c?mo se hacen, para que las hagan bien; tardar?amos menos si lo hici?semos directamente, pues como dice el refr?n: ?es m?s f?cil hacerlo que mandarlo a hacer?: pero asi no educamos.

Al contrario, los incapacitamos, los empeque?ecemos, los egolatramos, aprenden que estamos para su servicio, que sus deseos son ?rdenes, que son el centro de la casa... Y todo esto se acent?a m?s cuanto m?s reducida es la familia. Y al rev?s; se les vacuna contra esto en las familias numerosas... ? (3)

A los ni?os, desde que son peque?os, habr? que ense?arles a ser generosos no s?lo con sus cosas sino hasta con su tiempo. Escuchar por segunda vez el cuento de la abuela sin poner caras de aburridos, visitar alg?n pariente enfermo, esperar a que otros se ba?en primero porque est?n m?s apurados y necesitan cambiarse, colaborar con alguna sociedad de beneficencia aunque sea una vez por mes etc.

Todas estas actitudes ante la vida y actos cotidianos peque?os de generosidad nos ir?n entrenando para las grandes decisiones de generosidad que se nos pueden presentar como: decir que s? a una maternidad abierta a la vida llamada, a una llamada a la vida consagrada, o a defender la Patria hasta las ?ltimas consecuencias.

Los j?venes tienden a reducir su generosidad al mundo de sus amigos.Pero esto no es virtud cuando s?lo se limita a ellos, (o cuando s?lo dan el buzo y la remera que no se han comprado y no les importa perder), y a la par son incapaces de renunciar a un programa que han organizado para acompa?ar a su madre o a un hermano, que los necesita. Muchas veces los padres o los abuelos los necesitan m?s que los amigos, pero ellos se auto enganan justificandose ya que el mundo de la generosidad en los j?venes y en los adolescentes es fragmentado y generalmente pasa por los amigos. Al ser parcial, no es virtud sino simplemente con actitudes y actos generosos.

Dijimos que un acto generoso tiene que ver con la necesidad del otro y no la nuestra, aunque nosotros nos veamos beneficiados en hacer el bien. En general tendemos a dar lo que a nosotros nos gusta dar o lo que no nos cuesta, (a veces a?n con cierto inter?s), sin considerar la necesidad de otras personas.
Por ejemplo:

Podremos aparentar ayudar a nuestro compa?ero de clase con los estudios, (que de hecho est? bien), cuando en realidad estamos especulando con que nos invite el fin de semana a la pileta o que nos presente a su hermana. En ese caso no seremos generosos sino interesados.

Podremos ser generosos cuando regalamos nuestra ropa, (que de hecho est? muy bien), cuando en realidad lo que nos mueve es hacer orden en nuestro ropero y la otra persona lo que realmente necesita es medicamentos que le podremos comprar, o que le demos unos d?as de franco para descansar y acompa?ar a un familiar con problemas graves.

Podremos aparentar generosidad en regalarle un tapado de piel a nuestra mujer o en llevarla de vacaciones, (porque se luce y nos lucimos nosotros ante los dem?s), cuando en realidad estaremos tratando de acallar nuestra conciencia por nuestras infidelidades. Tanto ayudar a un compa?ero en los estudios, como regalar la ropa que no usamos, invitar a comer, regalar un tapado u organizar unas vacaciones en familia son actos buenos en s? mismos, l?citos y generosos (y es mejor hacerlos que no hacerlos) pero el fin que nos movera a tacerlo ser? lo que los definir? como virtuosos. Para que sean virtuosos tiene que haber ?rectitud de intencion?.

Seremos generosos de corazon en cambio cuando:
Estemos dispuestos a hacerles la vida f?cil y agradable a los dem?s, especialmente en las familias, limando conflictos y enfrentamientos est?riles y haci?ndonos cargo de nuestras propias responsabilidades para evitarles problemas y sufrimientos.

Cuando sacrifiquemos nuestros propios gustos, nuestros programas, nuestras mezquindades, nuestros intereses para darles satisfacci?n a otros, (siempre y cuando sea bueno lo que quieren). Ayudas como cortarles el pasto, podarles la enredadera, arreglarles un enchufe, arreglarles la biblioteca, llevarles una carta al correo, ir a pagarles una cuenta, ayudarles en la mudanza o colaborar en firmar un testamento si no hay herederos para que el c?nyuge pueda morirse en paz.

Cuando tratemos bien a alguien que no nos guste, para evitar tensiones y malestares familiares que causan mucho dolor en el coraz?n.
Cuando escuchemos a una persona que nos aburre a morir pero que sabemos tiene necesidad de ser escuchada.
Cuando nos privemos de comprarnos algo que nos gusta para comprarle al pr?jimo lo que necesita y no se lo hagamos sentir.
Cuando sacrifiquemos alg?n programa que nos encanta para acompa?ar a alguien que se queda solo, como puede ser nuestra abuela. Visitar a una abuela es antes que nada un deber moral que est? mandado en el cuarto mandamiento. Puede adem?s ser un placer porque la queremos. Pero ser?a generosidad dejar de lado el programa que teniamos organizado (como ir al cine o al partido) porque sabemos que esta sola y nuestra visita le cambiara la tarde.

Cuando tratemos de quedarnos en casa y hacer vida de familia, (aunque esto nos implique no pasarnos todo el d?a perdiendo el tiempo en la calle con nuestros amigos), specialmente si nos damos cuenta que en nuestra casa hay alguna tristeza que consolar o un vacio espiritual para rellenar con nuestra presencia. Tal vez un padre o una madre que acaba de enviudar, o una hermana a quien le dejo el novio por otra despues de cinco anos de noviazgo.

Tendremos que ser generosos adem?s en otras actitudes como esperar para no corregir en p?blico porque humilla, no magnificar los errores ajenos, tratar de sonre?r cuando no tenemos motivos, etc. Esto l?gicamente debe aplicarse a todas las relaciones entre las personas.

La generosidad nunca nos debe llevar a satisfacer los caprichos de los dem?s, de ah? que la prudencia sea la que debe regir para iluminarnos cuando debemos ayudar buscando un bien y cuando no deberemos hacerlo, porque haremos un mal. Hace falta saber y analizar cu?les son las necesidades reales y no ficticias de la otra persona, para no generar un habito de ayuda que socave la dignidad de la persona perjudic?ndola.

Tambi?n har? falta analizar las consecuencias positivas y negativas de nuestra ayuda, y nos sorprenderemos en constatar la cantidad de veces que habiendo dado o habiendo pensado hacer un bien, habremos hecho un mal. Por ejemplo, pagando cuentas de hijos ya mayores de edad que no nos corresponden, erosion?ndoles la responsabilidad de administrarse en sus propios gastos, o levantando a un hijo dormil?n durante meses para que no llegue tarde al trabajo. Con estas actitudes se impide que el hijo asuma sus propias responsabilidades, crezca y madure. Es mejor que afronte sus deudas y que lo echen del trabajo por llegar tarde. Y cuanto antes aprenda, mejor.

Concluimos entonces que para ser generosos y hacer el bien debemos recordar siempre qu? es una persona y qu? es lo bueno para ella seg?n Dios la pens? y la cre?. Muchas veces lo bueno para una persona no sera decirle que si, sino contradecirla todas las veces que sea necesario para fortalecer su voluntad, lo que la mantendra en su sitio y en un buen rumbo en la vida. Y nuestra generosidad consistir? en hac?rselo notar, porque lo que la persona necesita es un buen consejo o una br?jula que le marque el rumbo correcto,aunque nos cueste su alejamiento.
El mayor acto de amor es dar la vida por otro. Pero el acto de m?xima generosidad espiritual es el de saber perdonar el da?o que se nos ha hecho, demostrando a la otra persona que le damos la oportunidad de mejorar y recomponerse, totalmente entrelazado con la virtud de la caridad. El perdonar las ofensas est? mandado, pero implica una enorme generosidad el poder perdonar, (por amor a Dios), a quienes nos han injuriado, nos han da?ado y nos han hecho mal d?ndoles una segunda oportunidad... Y seg?n lo mandado ?setenta veces siete...?.

Esta escuela del perd?n es importante que la ejerciten especialmente los padres cuando los hijos son testigos de peleas y discusiones. Los chicos saben que cuando ellos se pelean nada grave sucede, pero cuando los grandes se pelean muchas veces se separan. Si los hijos ven que los padres se pelean pero luego hacen las paces el da?o hecho ser? menor. Mantener la alta estima del matrimonio ante los hijos, (si bien es un deber de estado y est? mandado), es un acto de generosidad enorme, porque sabemos que a veces cuesta much?simo, pero dejar? menos heridas en los hijos y, sobre todo, los ayudar? a que ambos sean respetados.

Lo opuesto a la generosidad en el orden espiritual es el pecado de egoismo. Ese amor desordenado que tenemos por nosotros mismos que nos lleva a pensar s?lo en nosotros.

Otro exceso ser? no permitir que nadie nos ayude, ya que todos tenemos necesidad de ayudar y darle la oportunidad a otros tambi?n de poder ser generosos con nosotros.

Lo opuesto a la generosidad en el uso de los bienes es el pecado de avaricia, ese af?n desordenado de poseer y adquirir bienes tan s?lo para atesorarlos y no para compartirlos y dar trabajo, estabilidad y bienestar a muchos.

Pero la prodigalidad, que aparenta ser virtud, no lo es, (por exceso) porque somos administradores de los bienes que Dios ha permitido que tengano y debemos hacer un uso responsable de ellos. El manirroto, que dilapida los bienes sin control es lo contrario a la virtud. Abandonar la buena administracion de nuestros bienes seria ademas falta de gratitud a quienes nos los han dado, falta de responsabilidad social en descuidar bienes que bien administrados podria generar trabajo a los demas y falta de justicia hacia quienes deberian heredarlos despues de nostros.

De ah? que no sea generosidad renunciar, desperdiciar lo propio, abandonar o entregar lo que leg?timamente nos pertenece. Que nos saquen lo nuestro, lo que nos pertenece leg?timamente (ya sea espiritual, cultural, nuestra propia identidad nacional o bienes materiales como hacen muchos gobiernos liberales, masones, socialistas y comunistas), es un atentado a la justicia y a la propiedad privada a las cuales somos muy sensibile desde peque?os, porque son derechos naturales b?sicos de las personas.



Notas:

(1) ?La educaci?n de las virtudes humanas?. David Isaacs. Editorial Eunsa. P?g.61.
(2) ?Camino hacia la felicidad?. Monse?or Fulton Sheen. Colecci?n Pilates. P?g 93.
(3) ?Educar la conciencia?. Jos? Luis Aberasturi y Martinez. Ediciones Palabra. P?g.147





Ejercicio y tarea (para publicar en los foros del curso)
En relaci?n a La afabilidad

1. ?Qu? es la virtud de la afabilidad?
2. ?Cu?les son las consecuencias d epracticar esta virtud?
3. ?Qu? es la dulzura?
4. ?Cu?les son los vicios contrarios a esta virtud? ?Por qu??
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?

En relaci?n a La generosidad

1. ?Qu? es la virtud de la generosidad?
2. ?De que manera podemos demostrar que somos generosos?
3. ?Qu? elemento esencial necesitan nuestros actos de generosidad para que sean virtuosos?
4. ?Cu?les son las actitudes opuestas? ?Cu?l es la influencia de esta en tu vida personal?
5. ?Alg?n comentario o sugerencia?


Para reflexi?n personal
1. ?Quiero ser generoso con Dios como ?l lo es comigo?
2. ?Mis relaciones con los dem?s dependen del servicio o utilidad que aporten a mis intereses personales? ?Aparento amabilidad para ganar favores? ?Valoro a los em?s por lo que puedan ser ?tiles?
3. ?Es criterio y norma de mi vida el parecerme a Cristo en su entrega total a los dem?s? ?Acostumbro a medir mi amor a ?l `por el amor sobrenatural que tengo a los que me rodean, especialmente a mi esposo (a) y a mis hijos?
4. ?Me autocompadezco por no recibir agardecimiento por mis acciones? ?Busco honores en el cumplimiento de mis deberes?
5. ?Estoy dispuesto a dar m?s de lo que el otro se merece??Ayudo solamente cuando me sobra tiempo o el dinero??Solamente cuando me lo piden??Despilfarro en lo m?o y recorto en lo que puedo dar?
6. ?Siempre espero que otros se ofrezcan o hagan las cosas por m?? ?Busco servir, siempre que puedo, sin condiciones??Acepto con alegr?a lo que me pide mi esposo (a)??Mis hijos??la iglesia?
7. ?Vivo cada instante de mi tiempo como una oportunidad para hacer el bien a los dem?s?


Publicado por mario.web @ 10:08
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