Martes, 24 de mayo de 2011

Autor: Fernando Pascual

Si Dios existe y si se interesa por nosotros, el camino para corregir los males entre los hombres tiene que llegar de lo alto

Las situaciones de amargura, tristeza y depresiones en las que viven tantas personas explican el gran ?xito de este tipo de t?cnicas

Las t?cnicas y programas de autosuperaci?n, autoayuda, autocapacitaci?n, autoeducaci?n, as? como teor?as sobre el potencial humano y sobre la autorrealizaci?n, no son algo nuevo. Con variantes importantes exist?an ya en algunas escuelas filos?ficas del mundo griego antiguo y en diversos caminos espirituales de lo que llamamos como ?Oriente?.

Esas t?cnicas y programas no son homog?neas. Entre ellas se dan variantes m?s o menos profundas. Pero en el fondo se construyen sobre algunas premisas o suposiciones comunes. Vamos a fijarnos en dos de esas premisas.

La primera afirma la existencia en cada ser humano de fuerzas y capacidades naturales que, bien conocidas y aprovechadas, permitir?an lograr un buen desarrollo personal, orientarse hacia metas buenas, llegar a ser felices, resolver satisfactoriamente los propios problemas.

Identificar esas fuerzas no es f?cil. Adem?s, las distintas propuestas y escuelas identifican fuerzas positivas diferentes y, en ocasiones, casi contrarias respecto de lo indicado por otras escuelas.

Para algunos, por ejemplo, el instinto que lleva a los placeres b?sicos ser?a una fuerza positiva, como defend?a en el pasado el epicure?smo, y como en parte defienden algunos grupos libertinos o hedonistas. Para otros, lo positivo natural consistir?a en esa capacidad de autocontrol racional que nos permite vivir rectamente, seg?n una idea ya presente en los estoicos y repropuesta por autores como Kant.

Contraponer estas dos tendencias tan diferentes permite darnos cuenta de que no resulta f?cil identificar cu?les sean las fuerzas positivas y naturales que los seres humanos deber?an usar correctamente para alcanzar, por s? mismos, la felicidad.

La segunda premisa es que los males, sufrimientos, angustias, desalientos, surgen o por falta de conocimientos o por un influjo negativo de la sociedad. En el caso de un conocimiento insuficiente o inadecuado, bastar?a con conocerse a uno mismo de modo correcto para reorientar la propia vida y conquistar as? la armon?a y la felicidad tan deseadas. En el segundo caso (haber sido condicionados por un ambiente negativo), habr?a que reformar la sociedad o cambiar el ambiente para eliminar influjos da?inos y para promover una serie de mecanismos que permitan entrar en el modo correcto de pensar y de actuar.

Estas dos premisas, m?s o menos unidas entre s?, explican la abundancia de libros, m?todos, conferencias, gur?s y sistemas orientados a ayudar a las personas a salir de situaciones negativas y a introducirlas en el camino de la plena autorrealizaci?n personal. En general, las t?cnicas de autoayuda no cierran los ojos a las muchas dificultades que impiden ser felices a millones de seres humanos, pero suponen que con una gu?a acertada ser?a posible salir del t?nel (de la caverna, si usamos una imagen ya presente en Plat?n) de prejuicios o influjos negativos, y as? empezar a vivir de modo nuevo, pleno, realizado.

Las situaciones de descontento, amargura, tristeza, depresiones m?s o menos profundas en las que viven tantos y tantos hombres y mujeres del presente explican el gran ?xito de este tipo de t?cnicas. ?Qui?n no se siente atra?do al escuchar que puede, a trav?s de un libro, de unas conferencias o de varios fines de semana de ?tratamiento?, romper con un presente gris y aburrido para entrar en un horizonte maravilloso de experiencias gratificantes? ?Qui?n no siente el deseo de probar un secreto o una f?rmula casi m?gica para empezar a vivir de modo feliz y realizado?

Pero aqu? empiezan a surgir numerosos problemas. Por un lado, ?qu? t?cnica ser?a la mejor? El mercado de los m?todos de autoayuda es enorme. El pluralismo de promesas, ?no indica que algo no va bien? Alguno dir? que no existe una t?cnica para todos, sino que cada uno debe encontrar la que mejor cuadre con su situaci?n. Pero entonces, ?no caemos en un subjetivismo peligroso? Adem?s, ?no ha habido (y hay) t?cnicas y grupos que llevan al fanatismo, al enga?o de grupo, al plagio, incluso a formas de depravaci?n sectaria?

Por otro lado, ?basta con saber para empezar a vivir bien? La experiencia personal nos dice que un buen libro puede suscitar emociones o llevar a clarificaciones mentales m?s o menos interesantes, pero luego el peso de la propia psicolog?a, ciertos h?bitos arraigados, presiones del ambiente, hacen que lo reconocido como v?lido sea incapaz de provocar decisiones firmes, sin las cuales es imposible iniciar un cambio profundo de conductas.

Ser?a err?neo, a partir de lo anterior, declarar que todo lo que se ofrece en este tipo de t?cnicas no sirva para nada. A veces un buen consejo, un poco de luz para conocerse a uno mismo, permite salir de situaciones de estancamiento que nos da?aban por meses o incluso por a?os. Adem?s, en cada ser humano hay energ?as interiores que, bien usadas, llevan a avanzar hacia metas buenas, hacia conquistar importantes, hacia mejoras en la vida personal y en las relaciones con los dem?s.

Sin embargo, muchas veces percibimos cierto desorden ?ntimo que nos impide vivir seg?n principios sanos y que nos arrastra hacia ese mal que no queremos hacer. La famosa frase de Ovidio, ?video meliora proboque, deteriora sequor?, vale para todos los tiempos y culturas, para los hombres con t?tulos acad?micos y para quienes no consiguieron nunca ir a la escuela.

Es cierto que si ponemos a la obra lo que reconocemos como ?peor? es porque esperamos alcanzar alg?n beneficio, m?s placer, m?s poder, m?s dinero. Pero tambi?n es cierto que el beneficio alcanzado desde lo malo deja una extra?a tristeza en el alma, al percibir la propia bajeza y fragilidad, al reconocer que uno ha renunciado a valores buenos para buscar felicidades fugitivas y muy fr?giles.

Habr? quienes digan, entre los m?ltiples sistemas de autoayuda, que no existen cosas malas ni cosas buenas, y que basta con un poco de lectura para reconocer que todo estar?a permitido, que cada ser humano decide c?mo invertir sus capacidades seg?n le indiquen las preferencias y gustos del momento. De este modo, seg?n este tipo de teor?as, desaparecer?an los sentimientos de culpa y el hombre acoger?a con gran serenidad de esp?ritu cualquier estilo de comportamiento que escogiera. Pero, ?es eso una vida aut?nticamente humana? ?De verdad, podemos decir que vale todo? ?No hay hechos y situaciones que nos despiertan y sacuden ante felicidades de fogueo que al final cansan no s?lo al mismo sistema nervioso, sino tambi?n a ese coraz?n que tenemos y que busca lo grande, lo bueno, lo bello, lo justo?

Adem?s, ?qu? decir a quienes, por enfermedades f?sicas o psicol?gicas, por opresiones e injusticias profundas, transcurren la propia existencia entre dolores profundos? ?Basta una ciencia como la de los estoicos para contentarse con el propio destino y vivir tranquilos, incluso entre cadenas y chinches que muerden la propia carne?

Ante este tipo de preguntas quedan dos alternativas: o la aventura humana se limita a lo terreno y termina con la muerte, sin que exista ning?n Ser supremo dispuesto a actuar a favor de los hombres; o existe Alguien (Dios) no s?lo bueno, sino tambi?n interesado en actuar a favor de los hombres y en defensa de la justicia.

Muchas t?cnicas de autoayuda suponen lo primero: todo se decide en esta vida y para esta vida; a lo sumo, dejan a Dios en la periferia, como algo opcional que puede creerse o dejarse de lado seg?n la satisfacci?n que cada una de las alternativas produzca en la persona concreta. Pero de este modo cierran a la experiencia humana un horizonte importante, irrenunciable, de esperanza.

En cambio, si Dios existe y si se interesa por nosotros, el camino para corregir los males entre los hombres tiene que llegar precisamente de lo alto. La ayuda que pueda venir de los cielos es infinitamente m?s completa, m?s entusiasmante y m?s eficaz que la ofrecida por muchas t?cnicas de autoayuda vac?as de transcendencia e incapaces de abrirnos a una esperanza completa.

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Publicado por mario.web @ 10:29
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