Mi?rcoles, 25 de mayo de 2011

Cuentos para mirar la vida...

cuentos para descubrir la vocaci?n

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Antes de nada, un recuerdo para quienes usan historias, par?bolas o cuentos en su quehacer diario con j?venes (o no j?venes): t? eres el mejor ?hacedor de historias?, puedes crearlas o modificar otras. Nunca hemos de olvidar que son un instrumento para ayudar a caminar. Los protagonistas son los j?venes (o no j?venes, repito) que van a servirse de ellas para crecer.

?Por qu? digo esto? Porque hacer despu?s un gui?n para trabajar la historia me parece un poco traici?n. Y no al autor de la historia (que como esta vez es el mismo que escribe esto, no tiene ning?n problema) sino a aquellos que la van a utilizar. Es como decirles: ?tranquilos que yo os lo mastico primero?. A lo que iba: utilizad esta historia como mejor ve?is.

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UNA? CANOA? PARA? NAVEGAR

(Oscar Jes?s Fern?ndez)

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Alonso fue siempre un aventurero. Nunca desaprovech? una oportunidad para ver nuevas tierras y nuevas gentes. Por eso no lo dud? un instante cuando le ofrecieron aquel viaje para explorar una zona del alto Amazonas.

Fueron varios meses de preparaci?n: eligi? el mejor material para el trabajo que iba a realizar, calcul? al mil?metro las provisiones necesarias para los dos meses que durar?a el viaje, estudi? los mapas y todo lo que otros hab?an escrito de aquella zona, pas? largas horas escuchando a los nativos todo lo que le quer?an contar sobre el mundo y las gentes que se iba a encontrar.

Al llegar el d?a de la partida, Alonso ya estaba preparado. Muy impaciente y lleno de ilusi?n, se present? al capit?n del barco que le habr?a de acercar a su destino.

La primera impresi?n le dej? un poco decepcionado. El capit?n era un hombre algo mayor que no daba ninguna importancia al viaje que iba a emprender, ya hab?a hecho la misma ruta varias veces. Le hubiera gustado hablar m?s con ?l; pero le hab?a despedido con un ?lo siento, tengo que preparar la navegaci?n?.

El viaje comenz?. Alonso pasaba el tiempo observando los m?rgenes del r?o. Era un mundo impresionante... y muy atrayente. Cien veces hubiera abandonado el barco para perderse por los bordes de ese camino de agua que le llevaba a la Amazonia.

Despu?s de navegar varios d?as, llegaron a su destino. El capit?n le ayud? a bajar el material y le pregunt? si estaba seguro de querer quedarse. Al ver la cara de Alonso, le dio alg?n consejo y se despidi? hasta una fecha determinada en que volver?a a recogerle en el mismo lugar.

Observ? c?mo se alejaba la barca hasta que desapareci? en un recodo del r?o. En un instante se le agolparon un mont?n de sensaciones que casi no pod?a diferenciar: excitaci?n, ilusi?n, soledad, miedo, confianza en s? mismo...

No esper? mucho. Estaba en su terreno, hab?a estudiado todo lo que se sab?a sobre esa zona. Muy animoso inici? la marcha hacia el interior de la selva, hacia un punto perfectamente situado en los mapas que ?l se hab?a fabricado.

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Fueron varias jornadas caminando... se hab?a perdido. La seguridad se hab?a convertido en v?rtigo, la ilusi?n en p?nico...

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Cuando despert? estaba ba?ado en sudor. No sab?a d?nde estaba, ni qu? le hab?a sucedido, ni... Parec?a preso de la fiebre y no pod?a ponerse en pie.

Despu?s de varios d?as, entre sue?os y despertares, fue recuperando fuerzas y descubriendo lo que le hab?a pasado. Estas gentes le hab?an encontrado inconsciente en medio de la selva y le hab?an llevado consigo. Le cuidaron durante muchos d?as.

Fue entonces cuando comenz? a mirar hacia atr?s y ver su propia realidad. No sab?a d?nde estaba, no sab?a qu? d?a era, no sab?a c?mo llegar al lugar donde el capit?n le ir?a a recoger, no sab?a si el capit?n ya habr?a pasado... Su mundo se hab?a venido abajo. Alonso ya no era el aventurero seguro de s? mismo, ahora era alguien muy fr?gil.

El tiempo fue pasando. Con dificultad fue aprendiendo la lengua de los otros. Les cogi? mucho cari?o, pero el sab?a que ten?a que volver.

Lo que m?s le ayud? fue cuando un anciano le dijo:

- T? te alejaste del r?o, perdiste el camino. Sin el camino t? no puedes vivir. Te ayudaremos a volver al r?o y construiremos una canoa para que puedas volver con tu gente.

Varios d?as despu?s llegaron al margen de ?El R?o?. Los m?s j?venes cortaron un gran ?rbol y comenzaron a trabajarlo para hacer la canoa.

No se daban ninguna prisa. Parec?a que estaban tallando una gran obra de arte en vez de una canoa. Le invad?a la impaciencia cada vez m?s y su temperamento se agriaba demasiado.

Una noche el mismo anciano le dijo:

- En esta tierra la vida est? en el r?o. Todos nosotros necesitamos de ?l. Es el camino que nos une con otras familias, con otras gentes. Por ?l viniste a nosotros y de ?l necesitas para volver con los tuyos. Pero ?l exige que est?s siempre atento, que est?s siempre preparado; continuamente tiende trampas (peque?os brazos, remolinos, corrientes...) que te pueden hacer zozobrar. Por eso tu embarcaci?n ha de ser la mejor.

? T? s?lo piensas en el destino al que quieres llegar, pero quienes est?n haciendo tu canoa la est?n preparando para el viaje que tienes que hacer. Si la canoa no sirve para tu viaje, nunca llegar?s a tu destino, el r?o te engullir?.

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Mucho tiempo despu?s, a muchos kil?metros de aquel lugar, Alonso aprendi? lo que hab?an intentado ense?arle. La lecci?n del r?o y la canoa, no le sirvi? s?lo para salvar la vida, hoy le sirve para vivir.

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Diferenciar la historia personal y el desarrollo de la propia vocaci?n es algo tan artificial como in?til. Es algo as? como dividir entre mi vida normal y mi vida religiosa, o las horas dedicadas a mi vida y las dedicadas a Dios. Si vocaci?n es llamada y Dios el que llama, la vida es nuestra primera y gran vocaci?n (que luego se ir? concretando en diversos r?os, afluentes o regatos).

Esta historia pretende ser un viaje; el viaje que todos hacemos por nuestro r?o, el de la vida (y el de la vocaci?n). Igual que todos los viajes importantes, tiene sus etapas y momentos. Hay? veces que nos encontramos solos y otras que necesitamos acompa?antes.

La invitaci?n es a recorrer con el recuerdo el propio viaje (en la vida o en momentos concretos que estamos haciendo viajecillos -?vocaci?n religiosa? ?noviazgo? ?crecimiento comunitario?...-). La historia de Alonso nos puede ayudar.

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Momentos del viaje de Alonso (cada punto se corresponde con un p?rrafo):

-???????? Dispuesto a emprender cualquier viaje que le propongan. A la espera...

-???????? Lleno de ilusi?n se prepara para hacer el viaje de su vida.

-???????? Impaciente por iniciar la marcha.

-???????? Decepcionado por la primera dificultad: ?mi proyecto no ilusiona a todo el mundo?.

-???????? Observando los ?atractivos m?rgenes? y ansiando ?perderse en ellos?.

-???????? Resuelto ante todo y ante todos a seguir adelante pese a quien pese.

-???????? Enfrentado con la propia soledad.

-???????? Tan seguro de s? mismo que ?no hay posibilidad de duda o error?.

-???????? Lleno de miedo pero sin posibilidad de volver atr?s.

-???????? Perdido, desconcertado.

-???????? D?bil, necesitado.

-???????? Sin que ?l haya pedido ayuda, otros se la han dado.

-???????? ?Su mundo se ha venido abajo?. Es alguien muy fr?gil.

-???????? Aprende a querer a los otros, a utilizar su lenguaje.

-???????? Recupera la ilusi?n por su viaje (aunque sea en direcci?n contraria).

-???????? Espectador de su propia vida. Observa c?mo otros hacen su barca.

-???????? Impaciente por la espera. Exigiendo sin ofrecer nada.

-???????? Escucha a aquellos que le ayudan.

-???????? Con el tiempo y la distancia, descubre que esta historia le ha ayudado.

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Para trabajar esto, propongo un rato muy largo de reflexi?n personal. Como instrumentos de trabajo: papel y bol?grafo, la historia ?Una canoa para navegar? y el listado de ?Momentos del viaje de Alonso?. Que cada uno escriba su historia personal, haciendo hincapi? en las vivencias y reflexionando sobre las propias reacciones.

Es muy dif?cil compartir la historia personal en grupo (m?s bien es para compartirla con el acompa?ante). Por eso, con el grupo, se pueden recorrer los ?Momentos del viaje de Alonso? invitando a compartir momentos de la propia vida en los que se haya tenido la misma experiencia.

Descubrir uno mismo y a los otros (compartiendo) las vivencias, es descubrir la propia interioridad. Es aqu? donde Dios encuentra muchas veces ?el hueco por donde colarse?. Esta tarea de profundizar te corresponde a ti, acompa?ante.

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Y qu? te parece si t? tambi?n haces tu propia reflexi?n. No s?lo te invito a que escribas tu historia personal, sino tambi?n a que releas la historia y te pongas en el papel de los distintos personajes que en alg?n tramo del viaje acompa?an a Alonso.

?Eres el capit?n... que escucha y luego dice ?tengo cosas m?s importantes que hacer??

O ?eres el anciano... que despu?s de acoger, cuidar y ?aguantar?, sabe dar la palabra justa y los instrumentos necesarios para que siga su propio camino?

?nimo. Las historias de Dios tienen siempre finales inesperados.

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Oscar Jes?s Fern?ndez, dominico

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Publicado en la Revista ?Todos Uno?


Publicado por mario.web @ 23:45
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