Jueves, 26 de mayo de 2011

Dios nos pide a cada uno de nosotros que le acojamos, que pongamos a disposici?n nuestro coraz?n y nuestro cuerpo, para que ?l pueda habitar en el mundo.
Autor: SS Bebedicto XVI | Fuente: Catholoic.net



Queridos hermanos y hermanas:

Recordando la gran fiesta de la Asunci?n de Mar?a al Cielo, leemos en el Evangelio estas palabras de Jes?s: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo" (Juan 6, 51). No podemos permanecer indiferentes ante esta correspondencia, que gira en torno al s?mbolo del "cielo": Mar?a ha sido "elevada" al lugar del que su Hijo hab?a "bajado".

Naturalmente este lenguaje, que es b?blico, expresa con t?rminos figurativos algo que no entra completamente en el mundo de nuestros conceptos e im?genes. Pero, ?deteng?monos un momento a reflexionar!

Jes?s se presenta como el "pan vivo", es decir, el alimento que contiene la vida misma de Dios y es capaz de darla a quien come de ?l, el verdadero alimento que da vida, que alimenta profundamente. Jes?s dice: "si uno come de este pan, vivir? para siempre; y el pan que yo le voy a dar es mi carne por la vida del mundo" (Juan 6, 51).

Pues bien, ?de qui?n ha tomado el Hijo de Dios su "carne", su humanidad concreta y terrenal? La tom? de la Virgen Mar?a. Dios tom? de Ella el cuerpo humano para entrar en nuestra condici?n mortal. A su vez, al final de la existencia terrena, el cuerpo de la Virgen fue llevado al cielo por parte de Dios e hizo que entrara en la condici?n celestial.

Es una especie de intercambio en el que Dios siempre toma la iniciativa, pero en cierto sentido, como hemos visto en otras ocasiones, tiene tambi?n necesidad de Mar?a, del "s?" de la criatura, de su carne, de su existencia concreta, para preparar la materia de su sacrificio: el cuerpo y la sangre para ofrecerla en la Cruz como instrumento de vida eterna y, en el sacramento de la Eucarist?a, como alimento y bebida espirituales.

Queridos hermanos y hermanas: lo que le sucedi? a Mar?a es v?lido tambi?n, de manera diferente aunque real, para todo hombre y mujer, porque Dios nos pide a cada uno de nosotros que le acojamos, que pongamos a disposici?n nuestro coraz?n y nuestro cuerpo, toda nuestra existencia, nuestra carne -dice la Biblia-, para que ?l pueda habitar en el mundo.

Nos llama a unirnos a ?l en el sacramento de la Eucarist?a, Pan partido para la vida del mundo, para formar juntos la Iglesia, su Cuerpo hist?rico. Y si nosotros decimos "s?", como Mar?a, en la misma medida de este nuestro "s?" tiene lugar tambi?n para nosotros y en nosotros este misterioso intercambio: quedamos asumidos en la dignidad de Aqu?l que ha asumido nuestra humanidad.

La Eucarist?a es el medio, el instrumento de esta transformaci?n rec?proca, que tiene siempre a Dios como fin y como actor principal: ?l es la Cabeza y nosotros los miembros; ?l es la Vid, y nosotros los sarmientos, quien come de este Pan y vive en comuni?n con Jes?s, dej?ndose transformar por ?l y en ?l, queda salvado de la muerte eterna: ciertamente muere como todos, participando tambi?n en el misterio de la pasi?n y de la Cruz de Cristo, pero ya no es esclavo de la muerte y resucitar? el ?ltimo d?a para gozar de la fiesta eterna con Mar?a y todos los santos.


Intervenci?n con motivo del ?ngelus, el 16 de agosto 2009


Publicado por mario.web @ 8:46
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