Mi?rcoles, 01 de junio de 2011

Extractamos una parte del libro
?Las ideas tienen consecuencias?
reci?n publicado por editorial Ciudadela.

????????En palabras de su autor, Richard Weaver, durante aproximadamente cuatro siglos, el hombre ha cre?do que su redenci?n depend?a de que supiera conquistar la naturaleza. Debe de ser por ello que el hombre moderno piensa que el cielo no es m?s que espacio y tiempo y, como puede verlo todo a trav?s de su gran linterna m?gica, cree que la redenci?n es cosa f?cil de obtener. Su comportamiento explica la psicolog?a de las masas urbanas, que es psicolog?a de un ni?o malcriado.

????????[Esperamos que nadie se sienta culpable ley?ndolo en vacaciones veraniegas: a partir de septiembre habr? tiempo y ocasi?n para ejercer los valores del esfuerzo].

????????Los cient?ficos lo han llevado a creer que no hay nada que no pueda saber, los falsos propagandistas le han dicho que no hay nada que no pueda poseer. Como el principal prop?sito de los segundos es aplacar, se le han dado suficientes motivos para pensar que basta con reclamar y quejarse para obtener lo que se le antoje, en lo que no pasa de ser una faceta m?s del imperio del deseo.

????????Al ni?o malcriado no se le ha ense?ado a comprender que puede existir alguna relaci?n entre esfuerzo y recompensa. El ni?o quiere algunas cosas, pero tener que pagar por obtenerlas es manifiestamente un abuso o una expresi?n de mala fe por parte de sus due?os. Este escollo lo supera (?) gracias al enga?o.

????????La degradaci?n moral nunca puede servir de excusa, pero del urbanita, como del pagano, podemos llegar a admitirla, ya que estos seres nunca han tenido la oportunidad de salvarse. Se han visto expuestos incesantemente a una falsa interpretaci?n de la vida, y aunque podamos lamentarlo, dif?cilmente puede sorprendernos lo desproporcionadas que son sus exigencias.

????????Se les ha hecho creer que el progreso es algo que sucede de manera autom?tica, lo que no los predispone a afrontar obst?culos, y nada sorprendentemente han interpretado el derecho a alcanzar la felicidad como el derecho a gozar de ella, como si se tratara del derecho a voto.

????????Las cosas ser?an distintas si estos presupuestos formaran parte de alguna visi?n espiritual, pero como se les ha dicho que la felicidad puede alcanzarse en un mundo limitado a lo aparencial, est?n preparados para sufrir las desilusiones y el resentimiento que alimentan las psicosis de masas del fascismo.

????????Se les ha inculcado, en suma, que el mundo es una realidad previsible, de modo que cuando fuerzas imprevisibles vienen a romper el idilio que mantienen con ?l, naturalmente se sienten frustrados. Sus superiores en la jerarqu?a tecnol?gica han abusado de su confianza, por lo que son proclives a padecer crisis peri?dicas que les sirven para ajustar cuentas.

????????Pensemos en un habitante cualquiera de Megal?polis. La linterna m?gica le ha evitado la contemplaci?n del abismo, gracias a lo cual concibe el mundo como una m?quina relativamente sencilla que basta un poco de habilidad para ponerlo en marcha. Y al hacerlo, le brinda el mundo comodidades y satisfacciones, esas mismas que los l?deres demag?gicos le dicen que le pertenecen por derecho propio. Pero de vez en cuando se puede entrever alg?n misterio, y por m?s que se esfuercen los ingenieros, la m?quina no logra evitar del todo estas interrupciones.

????????Al igual que sus ancestros, tiene que enfrentarse a dificultades, pero como esto es algo que no figuraba en el contrato original, sospecha la intervenci?n de una mano maligna y se da a la infantil tarea de culpar a otros individuos de cosas que son inseparables de la condici?n humana.

????????La verdad es que nunca se le ha ense?ado a saber en qu? consiste ser un hombre. Nadie le ha dicho que es el producto de la disciplina y la formaci?n, y que deber?a agradecer el estar sometido a exigencias que lo obligan a crecer; ?stas son ideas de las que desertaron los libros de texto con la llegada del Romanticismo. El ciudadano actualmente es hijo de unos padres indulgentes que satisfacen todos sus caprichos e inflan el ego hasta incapacitarlo para cualquier forma de lucha.

????????El hombre comienza a consentir este estado de cosas cuando la vida urbana se impone sobre la vida rural. Cuando abandona el campo para encerrarse en vastos recintos de piedra, cuando ha perdido lo que Thomas Browne llamaba el pudor rusticus, cuando su supervivencia depende en ?ltima instancia de una compleja urdimbre de intercambios humanos, el hombre acaba olvidando el anonadador misterio de la creaci?n. Y comienza a vivir su condici?n de d?racin?, de desarraigado, en un medio artificial que le impide ver la totalidad del contexto y que escapa a su control.

????????Innegablemente, estas circunstancias son caracter?sticas de la mentalidad burguesa, como nos recuerda la misma etimolog?a de la palabra ?burgu?s?. El habitante de las ciudades, que disfruta de comodidades de humana fabricaci?n, no puede concebir siquiera la hip?tesis de que haya fuerzas que escapan a su comprensi?n. Es un ser que aspira al aislamiento y desprecia y hostiga a los fil?sofos, profetas y m?sticos, a los salvajes eremitas, que insisten en desplegar ante sus ojos el tema de la fragilidad del hombre.

????????Parte de su embotamiento se debe a que ha sustituido la primitiva tendencia a relacionarse con otros por una impostada autosuficiencia. Si fuera capaz de concebir la presencia de algo m?s grande que su propio yo y de apreciar el m?rito de ponerse al servicio de una causa com?n (es decir, de valorarla, y no simplemente consentir a ello por sometimiento), podr?a superar su deficiente educaci?n aun viviendo en la ciudad. Pero en cuanto decide rivalizar en ?igualdad?, ya no puede salvar esa distancia absoluta que es el individualismo. La ciudad esteriliza tan completamente al esp?ritu como a la carne.

????????Estos son hechos comprobables en cualquier sociedad, pero en la nuestra presentan un vicio a?adido, por mor de la extensi?n de la ciencia. Si las ciudades fomentan en el hombre la creencia de que es capaz de sobreponerse a las limitaciones de la naturaleza, la ciencia le inculca la ilusi?n de que puede librarse del esfuerzo.

????????De hecho, la lecci?n que el hombre aprende en esta escuela es que el mundo est? en la obligaci?n de garantizarle la vida a la que cree tener derecho, y le resulta m?s f?cil aprenderla cuando adem?s se le hace creer que la ciencia le facilitar? esa tarea. La ciudad lo protege y la ciencia le da de comer: ?qu? m?s puede pedir un utilitarista? ?Y qu? otra lecci?n puede extraer el hombre, como no sea la de que el trabajo es una maldici?n que conviene posponer todo lo posible, hasta que la ciencia descubra c?mo erradicarla?

????????La maldici?n originaria desaparecer? el d?a en que el hombre ya no tenga que ganarse el pan con el sudor de su frente, y la publicidad se encarga de decirnos que ese d?a no est? lejos.

????????Es dif?cil imaginar parte de defunci?n m?s claro de la idea de misi?n. Los hombres ya no se sienten llamados a actualizar su potencial, nada hay en su horizonte capaz de evocar remotamente las metas laborales que se pon?an los constructores de catedrales.

????????Y sin embargo, mientras sean incapaces de proponerse algo comparable a esas metas, lo que nos aguarda es un autocomplaciente derroche de halagos y denuestos, probablemente rematado con alguna enfermedad real. Ahora que la religi?n ha sido convenientemente emasculada, s?lo la profesi?n m?dica parece recordarnos la sabia y vieja verdad de que el trabajo es nuestra mejor terapia.

????????Los polos opuestos de lo actual y lo potencial generan tensiones que interrumpen el disfrute de la comodidad integral. De ah? la impaciencia que el hombre masificado siente ante los ideales.

????????Se dir?, y con raz?n, que no hay forma aparentemente m?s inocente de depravaci?n que el culto a la comodidad, pero cuando aparece acompa?ada por sofisticados ingenios tecnol?gicos, la dificultad de convencer a la gente, no ya de que renuncie a ella, sino tan s?lo de que considere sus consecuencias, resulta sencillamente invencible.

????????Una dificultad agravada, desde luego, por la casi total imposibilidad de lograr que los principios vuelvan a parecernos aceptables, tan es cierto que cuando todo contribuye a la satisfacci?n de nuestros deseos, la b?squeda de la comodidad ni siquiera alcanza la condici?n de pecado venial.

????????En el empe?o de restaurar los valores, es fundamental observar que el grado de comodidad alcanzado y los logros de la civilizaci?n no guardan entre s? ninguna relaci?n. Antes bien, la obsesi?n de la facilidad es uno de los m?s infalibles s?ntomas de decadencia, presente o inminente.

????????La civilizaci?n griega, por poner un ejemplo de altura, fue notablemente deficiente en comodidades materiales. Los atenienses asist?an a sus tragedias sentados en piedras al aire libre. El neoyorquino de hoy se instala en una mullida butaca a ver obras correctamente clasificadas de entretenimiento.

????????Cuando el griego se retiraba a pasar la noche, no se tend?a en un colch?n de l?tex: se arrebujaba en su capa y dorm?a echado en un banco, como un pasajero de tercera clase, a?ad?a Clive Bell. Tampoco hab?a adquirido el h?bito de quejarse por su magra dieta, y las privaciones que padec?a su cuerpo no supon?an obst?culo alguno al magn?fico despliegue de su imaginaci?n.

(?)

????????La cultura consiste, en realidad, en una infinidad de peque?as cosas, pero entre ellas no se encuentran sof?s ni camas ni ba?os extravagantemente decorados. ?stas son comodidades, ciertamente, para los sentidos corporales, pero como la cultura se desenvuelve imaginativamente, la persona culta, hasta cierto punto, suele vivir fuera de este mundo.

????????El culto a la comodidad, as?, representa s?lo un aspecto m?s de nuestra voluntad de vivir completamente inmersos en ese mundo. En el que, sin embargo, es f?cil advertir una anomal?a: por el mismo hecho de vivir ?nicamente en ?l y de no mantener relaciones con ese otro mundo literalmente ?improbable?, se acaba atendiendo s?lo a lo temporal y pasajero, con una consiguiente merma en la eficacia.

????????Podemos incluso sentirnos satisfechos con nuestra condena a no crear grandes obras de arte o a no practicar rito alguno, ?pero qu? pasa si adem?s resulta que nuestra adicci?n a la comodidad nos incapacita para la supervivencia?

????????Se ha visto antes lo de que el animal gordo y fofo sucumba ante el flaco y hambriento, esa alegor?a de la experiencia, y tampoco hace falta evocar los d?as de la degeneraci?n romana, por m?s que se trate de un ejemplo ilustrativo. Quiz? sea m?s ?til centrarse en lo fundamental y preguntarse si el dichoso culto a la comodidad no ser? una consecuencia inevitable de esa p?rdida de la fe en las ideas que conduce a la desmoralizaci?n social. Visto as?, parece significativo que su origen resida en esa clase media que aspira a la moderaci?n en todas las cosas, incluida la virtud, como observ? Nietzsche.

????????Una vez repudiados los ideales, la gente se vuelve sensible a los pinchazos del hambre como el animal al t?bano, pero este incentivo, por las razones ya se?aladas, no basta para reemplazar la funci?n del trabajo sistem?tico como aspiraci?n suprapersonal. Volverse pragm?tico tambi?n es volverse in?til. Tocqueville, siempre atento a las consecuencias de los distintos ideales sociales, vio con claridad este fen?meno que describe as? en La democracia en Am?rica:

????????En ?pocas de fe, la finalidad ?ltima de la vida se encuentra m?s all? de esta vida. Los hombres de esas ?pocas, por consiguiente, de un modo natural y casi involuntario, se acostumbran a vivir durante largos a?os con la mirada puesta en un objeto inm?vil hacia el que constantemente dirigen sus pasos, y aprenden lenta e insensiblemente a reprimir la multitud de deseos insignificantes y pasajeros que los acosan? Ello explica por qu? las naciones religiosas han logrado frecuentemente resultados tan perdurables, ya que ocupadas ?nicamente de las cosas del otro mundo, descubr?an el gran secreto del ?xito en ?ste.

????????Las grandes ideas arquitect?nicas no nacen del amor por la comodidad, pero la ciencia est? constantemente dici?ndole a las masas que el futuro ser? mejor porque las condiciones de vida se suavizar?n. La suavidad como ideal de vida hace que una virtud como el hero?smo viril se convierta, como los sentimientos de los que hablaba Burke, en algo ?absurdo y anticuado?.

????????El camino hacia la comodidad y mediocridad qued? expedito en cuanto la Edad Media abandon? la moral de Plat?n y adopt? la de Arist?teles. La doctrina de la prudencia racional condujo a este fil?sofo a declarar, en su Pol?tica, que el mejor gobierno del Estado es el que recae en la clase media. En su opini?n, la vida virtuosa deb?a consistir en el rechazo de los extremos y la b?squeda de una v?a intermedia entre opuestos, considerados da?inos.

????????Tal doctrina impide contemplar la posibilidad de que existen virtudes que no pierden su valor al incrementar su fuerza, que hay virtudes, como la valent?a y la generosidad, que pueden ser llevadas al extremo en que el hombre se anula a s? mismo. Por descontado, la idea de humildad y modestia que esto conlleva es perfectamente ajena a las filosof?as que recomiendan la b?squeda de la prosperidad y el ?xito mundanos.

????????Con esta concepci?n contrasta marcadamente la de Plat?n (expresada certeramente, tambi?n, por el cristianismo), consistente en perseguir la virtud hasta que las consideraciones mundanas resulten superfluas.

????????Arist?teles no pasa de ser una especie de historiador natural de las virtudes, que se dedic? a observarlas y describirlas del mismo modo que observ? y describi? las t?cnicas dram?ticas, sin atender a su dimensi?n espiritual. Una vida adaptada a este mundo que sepa evitar las dolorosas experiencias que deparan los extremos, incluidos los de la virtud: no en otra cosa consisten los consejos a su hijo Nic?maco.

????????Es f?cil advertir por qu? semejante teor?a pudo seducir a los caballeros renacentistas y despu?s a la burgues?a. Incluso el tomismo, basado como est? en Arist?teles, consigui? que la Iglesia cat?lica se apartara de la v?a asc?tica y la rigurosa moral de la patr?stica y buscara cierto grado de conformidad con el mundo. Una diferencia que ha llevado a alguno a afirmar que la diferencia entre Plat?n y Arist?teles es que, mientras con el primero se levantaron las catedrales, con el segundo se construyen casas solariegas.

????????Esta veta no se ha agotado. Est? presente en (?) las Cuatro Libertades de Roosevelt, que articula los conceptos de comodidad y seguridad. Para la oposici?n a la filosof?a, esto es, por supuesto, lo apropiado, pero otros, animados por aspiraciones espirituales, tambi?n han dado en ense?ar esta doctrina, como vio Emerson: ?Como Plotino, parece que el hero?smo se averg?ence de su aspecto. ?Qu? pensar?a si sue?os dorados y castillos en el aire, afeites, cumplidos, rencillas, natas y natillas fueran la ?nica preocupaci?n de la sociedad??.

????????Como quien ans?a realizar su ideal no suele preguntar si la silla en la que le toca sentarse es blanda o si hace bueno ah? afuera, es evidente que la dificultad y la dureza son condiciones heroicas. Esfuerzo, humildad, resistencia: ?stas son las cualidades del h?roe, en las que el ni?o malcriado s?lo ve calamidades de la naturaleza y malignidad humana.


Publicado por mario.web @ 9:52
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