Mi?rcoles, 01 de junio de 2011

?Esto vale para todos, para el hombre y para la mujer. Pero en cierto sentido la mujer ?gana? al hombre, y mucho, en esta vocaci?n. Hasta tal punto que los hombres necesitamos aprender de las mujeres el camino del amor.

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????????Esa en una de las ideas que encontramos en la carta apost?lica ?Mulieris dignitatem? (La dignidad de la mujer), publicada por Juan Pablo II con fecha 15 de agosto de 1988. Sin querer reducir a pocas palabras un documento denso y muy profundo, vale la pena recordarlo cuando cumple 20 a?os.

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????????Juan Pablo II prepar? esta carta en el contexto del A?o Mariano (1987-1988), con un deseo muy concreto: ahondar en el tema de la dignidad y de la vocaci?n de la mujer. Lo hizo a trav?s del recurso continuo a pasajes de la Biblia y a textos del Concilio Vaticano II, especialmente de la Constituci?n pastoral ?Gaudium et spes?.

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?????????Mulieris dignitatem? est? dividida en 9 cap?tulos o partes. El cap?tulo I introduce el documento y lo coloca en el contexto del A?o mariano y del S?nodo de los obispos de 1987, dedicado a los laicos.

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????????El cap?tulo II dirige su mirada a la Virgen Mar?a y prepara uno de los temas centrales de toda la carta: la importancia del servicio y de la donaci?n como algo esencial para la vida de cada ser humano.

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????????La idea vuelve en el cap?tulo III, que explica en qu? sentido el hombre es ?imagen y semejanza de Dios?, no s?lo en cuanto ser racional, sino en cuanto existe en esa complementariedad que lo hace ser ?hombre? y ?mujer?. Como explica el Papa, el hombre, creado como hombre y mujer, no existe s?lo como alguien que se ?junta? o se ?une? a quien es su complemento, sino que recibe la llamada a existir ?el uno para el otro? precisamente en cuanto hombre y mujer (cf. n. 7).

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????????La idea es explicada desde la mirada hacia el misterio de Dios y con la ayuda de ?Gaudium et spes? n. 24: ?El ser persona significa tender a su realizaci?n (el texto conciliar habla de ?encontrar su propia plenitud?), cosa que no puede llevar a cabo si no es ?en la entrega sincera de s? mismo a los dem?s?? (n. 7).

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????????El tema mariano reaparece en el cap?tulo IV, que evoca el paralelismo entre Eva y Mar?a para comprender, por un lado, el drama del pecado, que tanto da?a las relaciones entre el hombre y la mujer; y, por otro, la promesa de la llegada de un Salvador, que nacer? precisamente a trav?s de una Mujer.

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????????El Salvador, Jesucristo, es presentado en el cap?tulo V. Este cap?tulo expone y explica de un modo sumamente bello distintos pasajes evang?licos en los que podemos contemplar c?mo el Se?or trataba a las mujeres.

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????????El cap?tulo VI expone la relaci?n y diferencia que existe entre la maternidad y la virginidad, para ilustrar nuevamente la vocaci?n al darse que es propio de cualquier estado de vida de la mujer y del var?n.

?La maternidad, explicaba Juan Pablo II, ?ya desde el comienzo mismo, implica una apertura especial hacia la nueva persona; y ?ste es precisamente el ?papel? de la mujer. En dicha apertura, esto es, en el concebir y dar a luz al hijo, la mujer ?se realiza en plenitud a trav?s del don sincero de s풔 (n. 18).

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????????A trav?s del don de s?, que involucra plenamente a la mujer en la experiencia de la maternidad, tambi?n el hombre aprende a ser padre. Maternidad y paternidad es algo que afecta a dos personas, pero que lleva a la mujer a ?pagar? (as? lo explicaba el Papa) ?directamente por este com?n engendrar, que absorbe literalmente las energ?as de su cuerpo y de su alma?. El var?n debe recordar ?que en este ser padres en com?n, ?l contrae una deuda especial con la mujer. Ning?n programa de ?igualdad de derechos? del hombre y de la mujer es v?lido si no se tiene en cuenta esto de un modo totalmente esencial? (n. 18).

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????????Adem?s, el var?n debe aprender y reconocer su propia paternidad a trav?s de la mujer, y participar en todo el proceso con plena responsabilidad, aceptando que la contribuci?n materna es decisiva para la configuraci?n de la nueva personalidad humana, sobre todo durante el embarazo y en los primeros meses tras el nacimiento (cf. n. 18).

?Por su parte, el ideal evang?lico de la virginidad tambi?n se explica desde el dinamismo del don: la mujer que es llamada a vivir de modo c?libe responde a una llamada del Esposo, Cristo, y vive en una total donaci?n de s? misma que le permite darse por entero al amor de su alma y abrirse a una forma de maternidad espiritual. Desde tal maternidad en el esp?ritu la mujer consagrada a Dios puede vivir de numerosas maneras su vocaci?n a la entrega, al servicio, al amor.

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????????Juan Pablo II explicitaba esta idea con las siguientes palabras: ?La maternidad espiritual reviste formas m?ltiples. En la vida de las mujeres consagradas que, por ejemplo, viven seg?n el carisma y las reglas de los diferentes Institutos de car?cter apost?lico, dicha maternidad se podr? expresar como solicitud por los hombres, especialmente por los m?s necesitados: los enfermos, los minusv?lidos, los abandonados, los hu?rfanos, los ancianos, los ni?os, los j?venes, los encarcelados y, en general, los marginados. Una mujer consagrada encuentra de esta manera al Esposo, diferente y ?nico en todos y en cada uno, seg?n sus mismas palabras: ?Cuanto hicisteis a uno de ?stos... a m? me lo hicisteis? (Mt 25,40)? (n. 21).

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????????La idea de la maternidad como donaci?n reviste un car?cter central en el cap?tulo VII, donde el Papa expon?a c?mo la Iglesia es esposa de Cristo, y c?mo entender de modo correcto el misterio de la Eucarist?a y la explicaci?n que hace san Pablo de la relaci?n entre el hombre y la mujer en el matrimonio, en el cap?tulo 5 de la carta a los Efesios.

? El cap?tulo VIII vuelve sobre el tema de la caridad y establece una de las conclusiones centrales de la carta: la mujer, con su orientaci?n constitutiva al amor y a la entrega, tiene la misi?n de ayudar a los seres humanos a vivir su propia identidad precisamente bajo la categor?a del don. ?La mujer no puede encontrarse a s? misma si no es dando amor a los dem?s? (n. 30).

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????????La mujer, como el var?n, necesita recordar que ha recibido una misi?n especial, que tiene una ?tarea encomendada?: la de atender y darse al hombre. ?La fuerza moral de la mujer, su fuerza espiritual, se une a la conciencia de que Dios le conf?a de un modo especial el hombre, es decir, el ser humano. Naturalmente, cada hombre es confiado por Dios a todos y cada uno. Sin embargo, esta entrega se refiere especialmente a la mujer ?sobre todo en raz?n de su femineidad? y ello decide principalmente su vocaci?n? (n. 30).

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????????El cap?tulo conclusivo recuerda el sentido de toda la carta papal: reconocer la misi?n que Dios ha dado a la mujer, de forma que sea posible descubrir el sentido de su femineidad y abrirse al ?don sincero de s? misma?, lo cual le permite ?encontrarse? a s? misma (cf. n. 31).

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????????Vale la pena releer esta carta apost?lica. Desde el coraz?n de Juan Pablo II, abierto sinceramente a Cristo y a los hombres, aprenderemos a valorar a la mujer y a realizar un camino, desde ella y con ella, para cumplir plenamente nuestra vocaci?n humana al amor. Lo cual es lo mismo que aprender a donar, de modo completo y generoso, nuestra humanidad al servicio de quienes viven a nuestro lado y participan de la misma ?imagen y semejanza? de Dios.


Publicado por mario.web @ 9:56
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