Mi?rcoles, 01 de junio de 2011

Evangelio: Lc 1, 39-56 Por aquellos d?as, Mar?a se levant? y march? deprisa a la monta?a, a una ciudad de Jud?; y entr? en casa de Zacar?as y salud? a Isabel. Y cuando oy? Isabel el saludo de Mar?a, el ni?o salt? en su seno, e Isabel qued? llena del Esp?ritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:
????????
?Bendita t? entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ?De d?nde a m? tanto bien, que venga la madre de mi Se?or a visitarme? Pues en cuanto lleg? tu saludo a mis o?dos, el ni?o salt? de gozo en mi seno; y bienaventurada t?, que has cre?do, porque se cumplir?n las cosas que se te han dicho de parte del Se?or.
???????? Mar?a exclam?:
???????? ?Proclama mi alma las grandezas del Se?or,
???????? y se alegra mi esp?ritu en Dios mi Salvador:
???????? porque ha puesto los ojos
???????? en la humildad de su esclava;
???????? por eso desde ahora me llamar?n
???????? bienaventurada todas las generaciones.
???????? Porque ha hecho en m? cosas grandes
???????? el Todopoderoso,
???????? cuyo nombre es Santo;
???????? su misericordia se derrama de generaci?n
???????? en generaci?n
???????? sobre los que le temen.
???????? Manifest? el poder de su brazo,
???????? dispers? a los soberbios de coraz?n.
???????? Derrib? de su trono a los poderosos
???????? y ensalz? a los humildes.
???????? Colm? de bienes a los hambrientos
???????? y a los ricos los despidi? vac?os.
???????? Protegi? a Israel su siervo,
???????? recordando su misericordia,
???????? como hab?a prometido a nuestros padres,
???????? Abrah?n y su descendencia para siempre.
???????? Mar?a permaneci? con ella unos tres meses, y se volvi? a su casa.

?

En este gran d?a de la Solemnidad de la Asunci?n de Santa Mar?a en cuerpo y alma a los Cielos, es preciso hacer justicia ?lo intentamos al menos, aunque sabemos de sobra que ser? imposible con Dios? por todos los beneficios que hemos recibido en nuestra condici?n de hombres. El Se?or del mundo pens? en cada uno de nosotros de modo singular. Cre?ndonos a su imagen y semejanza, fuimos constituidos muy por encima de todo lo dem?s que existe en este mundo. Sin embargo, a?n le pareci? poco a Dios. Su coraz?n, infinitamente amoroso, quiso amarnos sin medida, sin matices que pudieran hacer su cari?o menos intenso, como sucede cuando se estima algo pero no es razonable, sin embargo, poner en aquello todo el coraz?n. Nos quiere Dios como hijos: somos hijos de Dios por Jesucristo, y un buen padre a nada ni a nadie quiere tanto como a sus hijos. Pues a los hombres nos quiere un Padre que es Dios, infinitamente perfecto en su amor.

???????? La Asunci?n de nuestra Madre al Cielo glorifica su vida de servicio rendido como Esclava del Se?or. Viene a ser como "la guinda" que culmina una vida entera entregada a Dios, sin ning?n obst?culo en ning?n momento a lo que esperaba de Ella. Y, por eso mismo, una vida inmensamente feliz, pues no es posible separar la verdadera felicidad y la verdadera alegr?a del cumplimiento de la voluntad de Dios. Que poderoso es nuestro Padre del Cielo para llenarnos de contento, por mucho sacrificio que soportemos, si es por agradarle.

???????? Nos imaginamos a la Virgen, mientras es asunta al Cielo ?no sabemos c?mo?, al Reino de los ?ngeles y de los santos, absolutamente dichosa: rebosante de un amor agradecido a la Sant?sima Trinidad que la escogi? para ser Madre de Jesucristo, del Verbo encarnado. ?C?mo se goza el Ap?stol recordando a sus g?latas esta incuestionable verdad de fe!: al llegar la plenitud de los tiempos, envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer, les asegura. As?, pues, la Madre del Hijo de Dios es Mar?a, porque el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad, es la ?nica persona de Jes?s: el Hijo de Mar?a. Verdad que, por otra parte, ya Isabel hab?a proclamado nada m?s contemplar a Mar?a tras el anunio del ?ngel: Bendita t? entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ?De d?nde a m? tanto bien, que venga la Madre de mi Se?or a visitarme? Pues, s?lo si Mar?a es la Madre de Dios ?la Madre del Se?or, dice Isabel? ten?a sentido tan incomparable alabanza de la madura Isabel a la jovenc?sima Mar?a.

???????? Su figura elev?ndose triunfal y sencilla a la vez; Se?ora y al mismo tiempo Esclava; Hija peque?a y Madre poderosa a un tiempo; gozando ya de la Visi?n Beat?fica mientras anhela lo mismo para sus hijos los hombres, viene a ser el ?ltimo verso de un gozoso poema que quiso Dios escribir con Mar?a para toda la humanidad. Ella, en cada estrofa, en cada palabra incluso, repet?a: h?gase en m? seg?n tu palabra. No quer?a saber otra respuesta para Dios que aquella que dio al arc?ngel Gabriel el d?a en que se supo escogida para el proyecto m?s ambicioso y dif?cil de la historia. Un proyecto que ser?a realidad por el poder de Dios y su humilde disponibilidad.

???????? Mar?a en modo alguno era una ni?a ingenua que se vio involucrada en un misterioso plan ininteligible para Ella. Manifiesta, por el contrario, desde los primeros momentos de su camino en este mundo ?fiel ya al querer de Dios? una inteligencia excepcionalmente clara de su destino y de la presencia del Creador en su vida. Se sabe responsable de una gran misi?n, la m?s grande que puede ser pensada para un ser humano ?aparte de la de su propio Hijo?, y se llena de optimismo apoyada en Dios. Vocaci?n, Entrega y Optimismo: he aqu? tres realidades sobre las que se vertebra la vida entera de Mar?a. Cada instante de su existencia terrena fue la respuesta generosa y alegre de su vida entregada a Dios que la llamaba. A cada paso se goza de sentirse elegida por el Creador ?ha puesto los ojos en la humildad de su esclava? y no se plantea, por tanto, la posibilidad de perder tan gran privilegio con una respuesta menor que un si incondicional, rotundo y entusiasta a lo que Dios espera de Ella.

???????? Mar?a, bien consciente de los dones recibidos y de la misi?n encomendada, haciendo honor a la verdad y justicia a Dios, de quien es criatura y de quien procede cuanto ha recibido, que la hace ser la bienaventurada entre todas las generaciones, exsulta gozosa. No es, ciertamente, una expansi?n personal de entusiasmo la suya, de autosatisfacci?n, sin m?s, como nos sucede posiblemente con frecuencia a nosotros al considerar m?ritos, triunfos, ?xitos, p?blicos reconocimientos... Proclama mi alma las grandezas del Se?or, y se alegra mi esp?ritu en Dios mi Salvador. As? se expresa nuestra Madre. Cada palabra de su Magn?ficat subraya el amor divino generoso, espl?ndido con su peque?a criatura, Mar?a.

???????? Pero Mar?a, siendo extraordinaria por ser la llena de Gracia, en previsi?n a su maternidad divina, no es, sin embargo, la ?nica persona a la que Dios ama. Todo hombre es amado por Dios de modo singular, y muy por encima de lo que ama al resto de la creaci?n que contemplamos. Los bautizados somos adem?s verdaderos hijos suyos: recibimos su amor de Padre. ?Con qu? hondura y detenimiento consideramos y agradecemos esta decisiva y enriquecedora verdad de nuestra fe, que nos transporta fuera de este mundo, en cierta medida, para vivir ya, como Mar?a, saboreando que ha hecho en m? ?tambi?n en cada uno? cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo?

???????? As?, pues, como quien no quiere la cosa, sin que se note especialmente, porque es algo ordinario como nuestra vida de cristianos, tambi?n el Se?or del mundo se ha fijado en m? y en cada uno para hacer cosas grandes. Le pedimos a Santa Mar?a que podamos tambi?n decir que nos sentimos muy contentos y alabamos a Dios por eso: porque ha puesto sus ojos en nuestra humildad.


Publicado por mario.web @ 10:16
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