Mi?rcoles, 01 de junio de 2011
En la ?poca sombr?a y crepuscuplar que nos toca vivir, en la que parece haberse instalado la civilizaci?n de la acedia, se vive sin esperanza, a?n la mundana. Porque a nuestros contempor?neos, la presencia fulgurante de Dios les resulta un estorbo. Parece que los ojos del coraz?n se hubieran clausurado a la luz.

La esperanza es la virtud teologal, originada en la realidad de la gracia y tendiente a la felicidad sobrenatural, por la cual esperamos en Dios. Por ella el hombre es un coraz?n inquieto que s?lo descansa en el Se?or.
Virtud que debe ser vivida centrando en Jesucristo todo nuestras expectativas, de modo de vencer la resignaci?n frente al avance del mal, y ese dolor ingrato producido por el fatalismo y el determinismo. Podr?a decirse: ni el cansancio de los buenos, ni el acostumbramiento al mal.

En distintos lugares del Evangelio, el Se?or nos pide dar testimonio de nuestra esperanza. El primero de ellos es el que dan los humildes al cumplir su deber de estado.
Pero, si como ense?a Arist?teles, hemos de mirar las cosas en su m?ximo exponente, debemos fijarnos en el testimonio eminente de los arquetipos cat?licos.
En la Divina Comedia, el Dante, present?ndonos al Ap?stol Santiago como paradigma de Esperanza, la define como una certeza del premio, producto del favor divino y de las propias virtudes y actos, mediante los siguientes versos magistrales:
?Dije esperanza, expectaci?n segura,
es de la gloria eterna que produce,
m?rito precedente, gracia pura?.

La esperanza es una virtud connatural al hogar cristiano, que es su escuela propia, porque la Virgen Sant?sima, bajo la advocaci?n de Ntra. Sra. de la Esperanza, est? particularmente unida a ?l. Unida en la espera de sus propios padres, en su Dulce Nombre que todo lo puede, en las Bodas de Can?, al pie de la Cruz; Mar?a espera y siempre infunde esperanza.

Por eso, como testigos suyos, manifestemos nuestra esperanza afirmando la existencia de Dios Uno y Trino frente al olvido del Ser que nadifica la existencia; prefiriendo, como Mar?a de Betania, la mejor parte; reivindicando las esencias a trav?s del rescate del nombre de las cosas; restableciendo las distinciones; despreciando el hedonismo y amando la austeridad y la pobreza; recordando a los que cayeron por Dios y por la Patria; envejeciendo con grandeza, fija la vista en el encuentro con el Se?or; reivindicando la certeza de que el hombre est? en el mundo como un centinela que no puede abandonar su puesto sin permiso de Dios; y sabiendo que Cartago no prevalecer? sobre Roma, porque Roma ya no es s?lo de C?sar, sino tambi?n de Pedro.

En esta lucha por la esperanza y con la esperanza, necesitamos el don de la disponibilidad, del consuelo, de la gratitud, y de la memoria. Disponibilidad, que significa gastar y desgastar la vida por Cristo; consuelo, que equilibra el ?nimo con la certeza de que Alguien nos conforta y nos preserva; gratitud, que es una virtud conexa a la Justicia; y memoria, que es la capacidad de retener lo que es y merece seguir siendo, para hacerlo conocer y fructificar, de modo que podamos decir de las cosas de Dios y de la Patria: ?Juntos est?is en la memoria m?a?.

Cristo en medio de nosotros es la esperanza de la Gloria. Elevemos hacia el Se?or nuestro coraz?n diciendo con el salmista:
En Ti me refugio, Se?or,
que nunca me vea defraudado,
inclina tu o?do hacia m?
y ven pronto a socorrerme.

Se para m? una roca protectora,
un alc?zar donde me encuentre salvo,
porque T? eres mi roca y mi baluarte,
por tu Nombre gu?ame y cond?ceme.

Que brille tu rostro sobre tu siervo,
y s?lvame por tu misericordia,
sed fuertes y valientes de coraz?n,
todos los que esper?is en el Se?or.

Publicado por mario.web @ 10:45
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